Comunicando

Sobre estrategias de negociación no hay libros buenos, porque los buenos estrategas de la negociación no desvelan jamás sus cartas, como los buenos magos nunca revelan sus mejores trucos. Lo decía Javier Davara, antaño decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense y profesor del curso sobre “Estrategias de comunicación persuasiva” incluido en el primer ciclo del doctorado sobre “Planteamientos teóricos, estructurales y éticos de la comunicación de masas”.

Así que no hablaré de estrategias de negociación persuasiva complejas porque si fuera un experto en esa materia jamás revelaría tales conocimientos en público. Y si os los contase, después tendría que mataros y eso es un engorro. Pero sí puedo hablar de comunicación.

La vida es una negociación constante. Desde que nacemos hasta que morimos; desde el llanto de un bebé para pedir comida a su madre, hasta las imaginativas aproximaciones de un adolescente que quiere besar a su pareja en la más oscura esquina del portal de su casa. Cuando buscamos nuestro lugar en el grupo de amigos que nos acompañarán durante buena parte de nuestra vida estamos negociando. Desde que nos casamos hasta que nos divorciamos atravesamos una cadena de procesos de pura negociación. Y la negociación es comunicación (quien no crea que la negociación es comunicación pude dejar de leer en este punto, seguro que en Tele5 están dando Mujeres, hombres y viceversa. De todas formas, gracias por haber leído hasta aquí, un saludo y hasta otra). Por tanto, la extrapolación fácil es que la vida es una comunicación constante.

Lo fácil (y lo aburrido) sería que en todos estos procesos de comunicación el mensaje fuera explícito. Un ejemplo en el ámbito de la comunicación interpersonal:

-Gertrudis, ¿echamos un polvo?
-No, vete al carajo, mamón.

He aquí una muestra de negociación en un proceso de comunicación en el que el mensaje es explícito. Nada que objetar, un coñazo total si nuestra vida fuera así. Pero afortunadamente no lo es. Los seres humanos hemos perfeccionado la técnica de enviar y recibir mensajes implícitos que poco o nada tienen que ver con el contenido explícito del proceso de comunicación. Es una de las pocas cosas que nos diferencian de los animales. Otro ejemplo:

-Gertrudis, arrímate, mujer, que tendrás frío.
-Estoy, bien, Senén. Pero me duele un poco la cabeza.

El resultado en las dos negociaciones ha sido el mismo, a pesar de que los procesos de comunicación eran bien diferentes. En este segundo caso, el primer mensaje explícito buscaba una aproximación en el espacio, pero había un mensaje implícito que quería algo más (más íntimo, se entiende). En el mensaje de respuesta explícito se exponen argumentos relacionados con la salud, pero hay un contenido implícito de negación de la propuesta implícita de Senén. De cualquier modo, la conclusión es que Gertrudis ha dicho que no en ambos supuestos. Senén tendrá que esforzarse más en el futuro si quiere saciar su sed de amor.

Pero dejemos atrás la comunicación interpersonal. En ese terreno los ejemplos son claros, nítidos y de sobra conocidos. Vayamos directamente a la comunicación de masas, a los generadores de opinión y, en concreto, a los políticos. Analicemos las hermosas palabras del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando dijo que no iba a subir los impuestos, que no entraba en sus planes subir el IVA y que no abarataría el despido.

Rajoy utiliza a los medios de comunicación para difundir sus nuevas, porque los periodistas compramos todo lo que nos vende, aunque en sus comparecencias se niegue a responder a preguntas (Eso ya no lo hace, que para algo es Presidente). Y cualquier cosa que diga Mariano es negociación. La diferencia con los ejemplos antes citados radica básicamente en que, en este caso, hay un emisor, un mensaje y varios receptores, que reciben el mensaje a través de distintos canales. Encontraremos que cuando un líder internacional, sofisticado y carismático emite un mensaje, éste suele ser parte del eje de comunicación de su estrategia de comunicación. O lo que es lo mismo: el plan de comunicación que cualquier experto haya diseñado para ese prócer de la política incluirá, a buen seguro, uno o más ejes de comunicación sobre los que girará toda la estrategia. Si el líder mundial es aplicado irá soltando mensajes impregnados con ese eje de comunicación con la alegría con la que los árboles esparcen sus semillas a lo largo del ancho bosque. En concreto, Mariano cuando hable lo hará pensando, como mínimo, en los siguientes colectivos: 1-su propio gobierno; 2-su partido; 3-sus votantes; 4-la oposición; 5- los ciudadanos en general y 6-la comunidad internacional (hoy en día también los mercados).

La multiplicación de receptores ya nos alerta de la posibilidad de que, en realidad, el mensaje tenga más de una lectura. Es decir, que habrá un mensaje explícito y dentro de él varios implícitos dirigidos a cada uno de los receptores. Deberán ser éstos los que descifren el código para saber cuál es el mensaje que les corresponde. Y para ello será muy importante la relación que cada receptor tenga con el emisor.

Así, cuando Rajoy diga que no va a subir el IVA, nosotros deberemos leer los siguientes mensajes:

1-Lectura explícita: el IVA no se toca.
2-Lectura del mensaje implícito para su gobierno: que a nadie se le ocurra decir que subiremos el IVA hasta que yo dé la orden.
3-Lectura del mensaje implícito para su partido: podéis ir insinuando que será necesario subir el IVA por la “herencia recibida”.
4-Lectura del mensaje implícito para sus votantes: igual subo el IVA, pero como a vosotros os la trae floja…
5-Lectura del mensaje implícito para la oposición: cuando suba el IVA os voy a echar la culpa.
6-Lectura del mensaje implícito para los ciudadanos: da igual lo que hagáis, subiremos el IVA.
7-Lectura del mensaje implícito para Angela Merkel: sí bwana.
8-Lectura del mensaje implícito para los mercados: lo de la reforma laboral era sólo el principio.

Conclusión: el IVA subirá igual que el IRPF y con la misma alegría con la que se abarató el despido. Aprovechad para hacer acopio de alcohol…

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Hasta que explote

Un hombre llega a la consulta de su médico, previa cita concertada semanas atrás, después de comprobar con preocupación que su estado de salud empeora a ritmo frenético. Nervioso, excitado y entre sudores, se sienta en la petrea silla destinada a las visitas, desgastada de soportar el peso de las nalgas del mundo. Incapaz de mantener la mirada en los ojos del galeno, el paciente malgasta segundos preciosos en encontrar las palabras precisas para acabar preguntando: “¿Qué padezco, doctor?” Segundos de silencio aterrador. Segundos de silencio casi místico. Justo antes de que se abran los cielos y baje una paloma el médico habla y rompe el hechizo: “Le voy a tener que dar quimio y radioterapia”. Otro silencio pavoroso. Otro silencio casi mítico, en esta ocasión. Cuando parecía que se iba a abrir la tierra para dejar salir a una cabra roja danzarina, parlante y malhumorada el enfermo retoma el control de su propio cuerpo y pregunta de nuevo: “¿Pero qué cojones tengo”. El médico le mira con desdén, casi con sorna y le espeta: “En el tratamiento está implícito el diagnóstico”.

Llegados a este punto conviene aclarar que esta contingencia sanitaria es ficción, pero está basada en hechos reales. Hechos que sucedieron a mediados del mes de septiembre del año 2008, cuando el Presidente francés, y por aquel entonces líder de turno de la UE, Nicolas Sarkozy, señaló la necesidad de refundar el capitalismo, habida cuenta de la crisis que se cernía sobre el mundo en general, Europa en particular y más específicamente sobre los pigs (Portugal, Irlanda, Grecia y Spaña, aunque lo de Irlanda quedó al final en un susto contable, dicen). El pequeño marido de Carla Bruni nos reveló entonces el tratamiento para curar la enfermedad del sistema económico global, aunque implícitamente nos estaba señalando el diagnóstico: el problema está en el capitalismo que, según Sarkozy, puede ser del bueno o del malo. Vamos, como los tumores o el colesterol.

Lo que pasó después, si lo extrapolamos al caso de nuestro simpático paciente, es lo siguiente: ni quimio, ni radioterapia, ni siquiera unos miserables días en la cama; una palmadita en el traseo y seguir funcionando como si nada, aunque un poco renqueante. Al paciente le convencieron de que su tumor era del bueno y le invitaron a seguir fumando mientras le atenuaban las defensas para desgracia de cada una de las células que sostiene su organismo. A día de hoy sigue vivo y está convencido de que seguirá respirando porque cree que el tratamiento funciona. Eso cree él.

Un día de estos sus células dirán basta, dejarán la puerta abierta a la metástasis y, entonces, la metáfora será otra: hay dos formas de sacar el aire de un globo. La lógica dice que relajando la presión sobre la boquilla. La lógica capitalista dice que llenándolo con más aire. Hasta que explote.

El miedo a la libertad

A nadie le debería extrañar que los liberales, que tanto lucharon -incluso derramando su propia sangre- por las libertades individuales en el siglo XIX y a principios del XX, ahora estén empeñados en defender la dictadura del mercado. Fueron ellos quienes, incluso con doctrinas republicanas, se opusieron al despotismo, al absolutismo y a todos los ismos que no llevaran como prefijo el término “capital” (más tarde, lo del republicanismo, en muchos países como España quedó para los progres). Fueron ellos los que pusieron los pilares del Estado de Derecho (y son los que están socavando la base del Estado de Bienestar). A nadie le debería extrañar que ahora defiendan, incluso con violencia (puede que no física, todavía, pero violencia al fin y al cabo) el sistema socioeconómico que tanto esfuerzo les costó conseguir. Defenderán en capitalismo aunque sea a costa de tu vida (en principio en términos literarios, es decir, de tu casa de tu dinero, de tu trabajo… De tu bienestar al fin y al cabo. En principio, insisto, luego dios dirá).

No es nada nuevo. Y cito: La historia moderna, europea y americana, se halla centrada en torno al esfuerzo por alcanzar la libertad en detrimento de las cadenas económicas, políticas y espirituales que aprisionan a los hombres. Las luchas por la libertad fueron sostenidas por los oprimidos, por aquellos que buscaban nuevas libertades, en oposición a los que tenían privilegios que defender. Al luchar una clase por su propia liberación del dominio ajeno creía hacerlo por la libertad humana como tal y, por consiguiente, podía invocar un ideal y expresar aquella aspiración a la libertad que se halla arraigada en todos los oprimidos. Sin embargo, en las largas y virtualmente incesantes batallas por la libertad, las clases que en una determinada etapa habían combatido contra la opresión, se alineaban junto a los enemigos de la libertad cuando ésta había sido ganada y les era preciso defender los privilegios recién adquiridos.

Así comienza El miedo a la libertad, de Erich Fromm, un ensayo sobre los aspectos psicológicos y sociológicos que confluyen en el círculo vicioso que los hombres describen cada vez que alcanzan una libertad, aun con derramamiento de sangre, para oponerse radicalmente a las reivindicaciones de libertad de sus sucesores. Por poner un par de ejemplos burdos: cómo nuestros padres lucharon por conseguir ir a un guateque y luego nos prohibieron salir por la noche o cómo nuestra sociedad lucho para conseguir condiciones laborales dignas y ahora se suprimen sin tapujos, casi sin oposición.

Recuerdo con nostalgia las clases de historia en el instituto. Siempre me encantó esa asignatura. Y recuerdo cómo nos contaban cómo los liberales se levantaban contra la tiranía de la monarquía y la Iglesia; cómo lucharon por las libertades; cómo perdieron y cómo ganaron. Lo que yo no sabía entonces es que no querían la libertad de todos, sólo la suya para poder subyugar al resto. Pero ese desconocimiento se debía a que todavía no había leído a Fromm. El miedo a la libertad está en nuestros genes tan incrustado como lo está la tinta de un tatuaje taleguero a la piel de un atracador; tan asumido como lo está que la liga la ganarán el Madrid o el Barça; tan inevitable como que, para que la siguiente generación alcance sus propias reivindicaciones de libertad, será necesaria la violencia.

No seremos nosotros, pero alguna generación logrará la libertad, acabará con la dictadura del mercado, impondrá un nuevo sistema y lo defenderá a sangre y fuego de los ataques de los que entonces estén oprimidos. Estoy convencido de que estos tres conceptos siempre van a existir hasta que se extinga la raza humana: libertad, opresión y lucha. Ojalá me equivoque.

Seremos historia

La historia la escriben los que ganan, así que dentro de 50 años todos los libros dirán que el Estado de bienestar nos lo cargamos los ciudadanos por vivir por encima de nuestras posibilidades. Esto es así. Con esa respuesta cualquier alumno de secundaria aprobará la asignatura. Y si el estudiante es aplicado subirá nota si especifica que los españoles de principios de siglo votaron para que se construyeran aeropuertos en medio de la nada, para que se celebraran pruebas de competiciones automovilísticas en ciudades de comunidades hipotecadas, para que se levantasen superpuertos que sabe dios cuándo se amortizarán, para que se construyeran estaciones del ave en páramos recónditos o para que se levantasen instalaciones deportivas suntuosas capaces de albergar a toda la población de Andorra, entre otras gilipolleces. Para conseguir un notable, al joven escolar de dentro de 50 años le bastará con explicar en su examen que, además, los irresponsables españoles de medio siglo atrás se dedicaron a pedir créditos hipotecarios sin ton ni son, a pesar de las reticencias de los señores banqueros, que siempre previeron la catástrofe que se estaba gestando, pero nunca fueron oídos. El sobresaliente se lo tendrá ganado el alumno si recuerda con aplicación que la deuda de los ciudadanos fue tan desmesurada que, para corregirla, papá Estado tuvo que tomar medidas urgentísimas, todas ellas muy adecuadas, como permitir el abaratamiento del despido y la reducción de los salarios, entre otras iniciativas de calado, para algarabía de los empresarios. La matrícula de honor no será para cualquiera. Sólo para el que recuerde qué hicieron los españolitos para defender sus recién suprimidos derechos laborales.

Sondeo electoral Bolanueve para el 25M (en Asturias, chatos)

Expertos sociólogos y analistas de primera fila se esfuerzan ya por elaborar los siempre puntuales sondeos de intención de voto que manejan todos los partidos, medios de comunicación y demás ciudadanos de bien interesados en los entresijos de las elecciones, en este caso autonómicas, otra vez. Yo me he propuesto escribir en marzo un artículo (bueno, una entrada en el blog, tampoco quiero ser pretencioso) analizando en detalle mis propios datos, pero para eso necesito vuestra ayuda. Si todos los que dice WordPress que leéis mis textos -gracias por hacerlo- respondéis a esta encuesta, la información resultante no será poco significativa. El test se dividirá en tres partes bien diferenciadas, como comprobaréis a continuación (si no me habéis mandado todavía al carajo):

1- Intención de voto. Se trata de preguntas concretas incluidas en un bloque cuyo título es lo suficientemente ilustrativo como para que no me extienda con más explicaciones sobre el contenido del cuestionario.
2- El sentir de la calle. Según el Presidente del Principado, el sentir de la calles es suficiente para acusar a cualquiera de cualquier cosa sin tener prueba alguna, según aseguró en una entrevista en Radio Asturias. Daré muchísimo valor a este bloque en particular
3- Háblame de ti. Es importante conocer el perfil del votante, sobre todo su percepción de la vida política asturiana.

Sin más preámbulos vamos con el sondeo. Por favor, responded a todas las preguntas con sinceridad, la encuesta es totalmente anónima. Ni yo mismo sabré quién responde.

1- Intención de voto. Se trata de preguntas concretas incluidas en un bloque cuyo título es lo suficientemente ilustrativo como para que no me extienda con más explicaciones sobre el contenido del cuestionario.
2- El sentir de la calle. Según el Presidente del Principado, el sentir de la calles es suficiente para acusar a cualquiera de cualquier cosa sin tener prueba alguna, según aseguró en una entrevista en radio Asturias. Daré muchísimo valor a este bloque en particular
3- Háblame de ti. Es importante conocer el perfil del votante, su edad, sexo, nivel socioeconómico… Es trascendental, porque en un momento dado uno podría necesitar pedirle dinero a alguien y sería mucho más rápido acudir directamente a quien esté bien posicionado.

Sin más preámbulos vamos con el sondeo. Por favor, responded a todas las preguntas con sinceridad, la encuesta es totalmente anónima. Ni yo mismo sabré quién responde qué, por lo que me iré olvidando de pediros pasta.

INTENCIÓN DE VOTO

1


2

EL SENTIR DE LA CALLE

1

2

3

4

5

6

7

HÁBLAME DE TI

1

2

3

4

5

Gracias por colaborar. A mediados de marzo podréis leer los resultados en este mismo blog, aderezados con mi particular interpretación de la actualidad. Si echáis de menos alguna pregunta ingeniosa puedo incluirla en posteriores actualizaciones.

Cínico

Una generosa porción de la ciudadanía está completamente desvinculada de la vida política, económica y sindical, de forma que considera a los actores de ésos ámbitos personas ajenas a su entorno, que no influyen para nada en el azaroso devenir de su existencia pacífica. Tan rica y abundante es esa porción de la población, que todos conocemos a algún miembro de ese espectro ciudadano. “Vaya movidón, les van a montar una huelga general”, soltó alguien el otro día en directa referencia a las posibles consecuencias que se podrían derivar de la reforma laboral que el presidente Rajoy ha aprobado para incumplir su tercera promesa electoral en 3 meses (a saber: acabar con el paro, no subir los impuestos y no abaratar el despido). La afirmación en sí no tiene nada de particular ni en la forma ni en el fondo. La frase denota, incluso, cierta preocupación por la situación sociolaboral del momento, al hacer referencia expresa al “movidón” que está generando Rajoy y a la posible huelga general que le va a “montar” no se sabe muy bien quién. Pero en el plano de la connotación advertimos rápidamente que el sujeto emisor del mensaje no se sentía muy implicado con el objeto del mismo a la hora de expresarlo. Con el uso de la tercera persona del plural ni siquiera se incluía a sí mismo en el sujeto de la oración, descartando así su presencia en cualquier tipo de movilización o protesta con motivo del dichoso “movidón” de la reforma.

 

La fidelidad ciega del votante conservador y esa abstracción voluntaria de la vida sociopolítica, laboral y sindical de buena parte de los habitantes de este país nos indican que los ajustes laborales ya están asumidos y que España está preparada para la siguiente vuelta de tuerca, que llegará. Y, en parte, será gracias al desapego de los ciudadanos por los sindicatos (en parte merecido, aunque de esto ya hablaremos en posteriores entregas), que últimamente sirve de excusa para la resignación o para mirar para otro lado. Si a esto le sumamos un cada vez más generalizado sentimiento de estar curados de espanto (ya no asombra que despidan a gente cercana. Afecta sí, pero está asumido), rubricaremos un sometimiento absoluto perturbado únicamente por algunas movilizaciones que salpicarán aquí y allá el callejero de algunas ciudades, pero que enseguida serán catalogadas como actos de vándalos, de indignados o de perroflautas; colectivos, todos ellos, de los que la generalidad de la población tiende a desvincularse porque es más cómodo ser parte de la masa que de lo etiquetable.

 

Todo el rollo que he soltado para dos simples observaciones:

1-     El ciudadano atraído por los poderes fácticos (y por los facticos) y sujeto a ellos después de asumir sus dogmas, sólo podrá librarse de ese yugo a través del conocimiento empírico (y, por tanto, doloroso) de la realidad socioeconómica presente y futura (nuestros hijos vivirán todos peor que sus padres).

2-     Gente como el agudo observador cuya sentencia dio pie a este artículo me hacen ver que soy un cínico. ¿O no?

Nos han hecho un francés

Qué hijosdeputa son estos franceses. Así, con todas las letras y con todas ellas juntas. Y no me pongo ni colorao. Y los más hijosdeputa de todos son los del Canal+ gabacho, que se están dedicando a fabricar vídeos “vaselina”, aprovechándose de que la evolución del sentido del humor del españolito medio, si bien comienza en esta década a superar el nivel “Morancos”, se ha estancado en el escalón “José Mota” y parece que ahí se va a quedar, bien agustito, al menos unos años más, para disfrute de los espectadores de la 1 y hasta que a Antena 3 le fiche para que su programa acabe fracasando de forma definitiva.

En la semana en la que el Gobierno central nos quiere meter un palo por el mismísimo esfínter anal con movimientos agresivos para que nos quepa dobladita la reforma laboral; en la víspera de que el Consejo de Ministros le dé el sí quiero a la lavativa más profunda que catarán los intestinos de marco laboral español; incluso minutos antes de que hoy salga a delante este paquetazo de medidas desproporcionadas, sólo se les ocurre emitir una serie de vídeos humorísticos en los que los protagonistas son algunos de los deportistas más laureados y más campechanos de la piel de toro. Qué hijosdeputa. No sé si lo hacen por iniciativa propia o a instancias de Luis de Guindos pero esos trocitos audiovisuales de humor galo están sirviendo de lubricante para que la reforma penetre mejor en nuestras carnes, ya que buena parte de la ciudadanía está más preocupada hoy en restregar a nuestros vecinos del norte (bueno, los vecinos del norte de los asturianos son el pixín y el bonito) los éxitos deportivos de la raza hispánica con emotivas y alegres chanzas que, a buen seguro, corroerán el ánimo de los gabachos y les harán llorar frustrados por nuestra superioridad (bueno, por la mía no, eso seguro).

Lo que más me fascina de todo este asunto es que haya tomado cartas en el asunto el ejecutivo de Mariano Rajoy, presidente por la gracia de una mayoría absoluta que rivaliza en pomposidad con las logradas sin mayor esfuerzo por Gabino de Lorenzo. Quizá el gobierno haya tomado la determinación de respaldar la limpieza de la españolidad porque en su día Italia haya llamado a consultas a su embajador por la imitación que Martes y Trece hicieron de Franco Napiato http://www.youtube.com/watch?v=YcFjtMFPr5c o por la queja formal que la República Checa haya podido emitir tras el capítulo que Muchachada Nui dedicó a Martina Navratilova en Celebrities (he llorado de la risa con él) http://www.youtube.com/watch?v=Xsn1KkodFPk. No lo sé y no me importa, pero sí que me preocupa que el embajador de España en Francia tenga tan pocas cosas que hacer. Lo que también tengo claro es que todos esperábamos que nos hicieran un griego y, aunque así ha sido, muchos lo han digerido mejor gracias a un francés.

Mientras escribo estas líneas sólo Nick Rivers conoce el alcance, el tamaño y la potencia del Anal-Intruder que De Guindos ha adquirido recientemente. Lo que sí se sabe es que no lo va a usar para consumo propio. Eso sí, nos lo va a meter bien hasta el fondo con el loable fin de que nos ayude a generar la confianza necesaria para salir de la crisis. Pero viendo la que está cayendo y las iniciativas que no están proponiendo yo os aseguro que habrá final de crisis, pero va a ser peor que el de Perdidos. Al tiempo.