El miedo a la libertad

A nadie le debería extrañar que los liberales, que tanto lucharon -incluso derramando su propia sangre- por las libertades individuales en el siglo XIX y a principios del XX, ahora estén empeñados en defender la dictadura del mercado. Fueron ellos quienes, incluso con doctrinas republicanas, se opusieron al despotismo, al absolutismo y a todos los ismos que no llevaran como prefijo el término “capital” (más tarde, lo del republicanismo, en muchos países como España quedó para los progres). Fueron ellos los que pusieron los pilares del Estado de Derecho (y son los que están socavando la base del Estado de Bienestar). A nadie le debería extrañar que ahora defiendan, incluso con violencia (puede que no física, todavía, pero violencia al fin y al cabo) el sistema socioeconómico que tanto esfuerzo les costó conseguir. Defenderán en capitalismo aunque sea a costa de tu vida (en principio en términos literarios, es decir, de tu casa de tu dinero, de tu trabajo… De tu bienestar al fin y al cabo. En principio, insisto, luego dios dirá).

No es nada nuevo. Y cito: La historia moderna, europea y americana, se halla centrada en torno al esfuerzo por alcanzar la libertad en detrimento de las cadenas económicas, políticas y espirituales que aprisionan a los hombres. Las luchas por la libertad fueron sostenidas por los oprimidos, por aquellos que buscaban nuevas libertades, en oposición a los que tenían privilegios que defender. Al luchar una clase por su propia liberación del dominio ajeno creía hacerlo por la libertad humana como tal y, por consiguiente, podía invocar un ideal y expresar aquella aspiración a la libertad que se halla arraigada en todos los oprimidos. Sin embargo, en las largas y virtualmente incesantes batallas por la libertad, las clases que en una determinada etapa habían combatido contra la opresión, se alineaban junto a los enemigos de la libertad cuando ésta había sido ganada y les era preciso defender los privilegios recién adquiridos.

Así comienza El miedo a la libertad, de Erich Fromm, un ensayo sobre los aspectos psicológicos y sociológicos que confluyen en el círculo vicioso que los hombres describen cada vez que alcanzan una libertad, aun con derramamiento de sangre, para oponerse radicalmente a las reivindicaciones de libertad de sus sucesores. Por poner un par de ejemplos burdos: cómo nuestros padres lucharon por conseguir ir a un guateque y luego nos prohibieron salir por la noche o cómo nuestra sociedad lucho para conseguir condiciones laborales dignas y ahora se suprimen sin tapujos, casi sin oposición.

Recuerdo con nostalgia las clases de historia en el instituto. Siempre me encantó esa asignatura. Y recuerdo cómo nos contaban cómo los liberales se levantaban contra la tiranía de la monarquía y la Iglesia; cómo lucharon por las libertades; cómo perdieron y cómo ganaron. Lo que yo no sabía entonces es que no querían la libertad de todos, sólo la suya para poder subyugar al resto. Pero ese desconocimiento se debía a que todavía no había leído a Fromm. El miedo a la libertad está en nuestros genes tan incrustado como lo está la tinta de un tatuaje taleguero a la piel de un atracador; tan asumido como lo está que la liga la ganarán el Madrid o el Barça; tan inevitable como que, para que la siguiente generación alcance sus propias reivindicaciones de libertad, será necesaria la violencia.

No seremos nosotros, pero alguna generación logrará la libertad, acabará con la dictadura del mercado, impondrá un nuevo sistema y lo defenderá a sangre y fuego de los ataques de los que entonces estén oprimidos. Estoy convencido de que estos tres conceptos siempre van a existir hasta que se extinga la raza humana: libertad, opresión y lucha. Ojalá me equivoque.

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3 pensamientos en “El miedo a la libertad

  1. Los miedos abundan y llegan de lejos, incluso desde mucho antes de que el homo sapiens comenzase a discernir, cierto. Tema distinto es el papel y la interpretación que suele dársele a la palabra “violencia”; de hecho hubo un tiempo ya lejano en el que se discutió, y mucho, sobre sus contenidos diversos: la violencia revolucionaria, la violencia defensiva, la violencia de estado, etc, etc. Sin entrar en profundidades quizás merezca la pena recordar que en la segunda parte del pasado siglo XX una de las secuelas de aquellas discusiones fueron los diversos grupos terroristas nacidos en Europa (España, Italia, Alemania…). Pero volviendo a los miedos tan solo un recordatorio intrascendente: varias generaciones sufrieron en sus carnes ese miedo a la libertad del que hablaba y escribía Fromm, quizás por eso se buscaron líneas complementarias, otros miedos difusos, un suponer aquel mítico “Miedo a volar” de Erica Jong.

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