Hasta que explote

Un hombre llega a la consulta de su médico, previa cita concertada semanas atrás, después de comprobar con preocupación que su estado de salud empeora a ritmo frenético. Nervioso, excitado y entre sudores, se sienta en la petrea silla destinada a las visitas, desgastada de soportar el peso de las nalgas del mundo. Incapaz de mantener la mirada en los ojos del galeno, el paciente malgasta segundos preciosos en encontrar las palabras precisas para acabar preguntando: “¿Qué padezco, doctor?” Segundos de silencio aterrador. Segundos de silencio casi místico. Justo antes de que se abran los cielos y baje una paloma el médico habla y rompe el hechizo: “Le voy a tener que dar quimio y radioterapia”. Otro silencio pavoroso. Otro silencio casi mítico, en esta ocasión. Cuando parecía que se iba a abrir la tierra para dejar salir a una cabra roja danzarina, parlante y malhumorada el enfermo retoma el control de su propio cuerpo y pregunta de nuevo: “¿Pero qué cojones tengo”. El médico le mira con desdén, casi con sorna y le espeta: “En el tratamiento está implícito el diagnóstico”.

Llegados a este punto conviene aclarar que esta contingencia sanitaria es ficción, pero está basada en hechos reales. Hechos que sucedieron a mediados del mes de septiembre del año 2008, cuando el Presidente francés, y por aquel entonces líder de turno de la UE, Nicolas Sarkozy, señaló la necesidad de refundar el capitalismo, habida cuenta de la crisis que se cernía sobre el mundo en general, Europa en particular y más específicamente sobre los pigs (Portugal, Irlanda, Grecia y Spaña, aunque lo de Irlanda quedó al final en un susto contable, dicen). El pequeño marido de Carla Bruni nos reveló entonces el tratamiento para curar la enfermedad del sistema económico global, aunque implícitamente nos estaba señalando el diagnóstico: el problema está en el capitalismo que, según Sarkozy, puede ser del bueno o del malo. Vamos, como los tumores o el colesterol.

Lo que pasó después, si lo extrapolamos al caso de nuestro simpático paciente, es lo siguiente: ni quimio, ni radioterapia, ni siquiera unos miserables días en la cama; una palmadita en el traseo y seguir funcionando como si nada, aunque un poco renqueante. Al paciente le convencieron de que su tumor era del bueno y le invitaron a seguir fumando mientras le atenuaban las defensas para desgracia de cada una de las células que sostiene su organismo. A día de hoy sigue vivo y está convencido de que seguirá respirando porque cree que el tratamiento funciona. Eso cree él.

Un día de estos sus células dirán basta, dejarán la puerta abierta a la metástasis y, entonces, la metáfora será otra: hay dos formas de sacar el aire de un globo. La lógica dice que relajando la presión sobre la boquilla. La lógica capitalista dice que llenándolo con más aire. Hasta que explote.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s