Lo siento

La expresión “lo siento” es la primera estrategia de comunicación de crisis que aprendemos desde niños sin necesidad de cursar ningún master en Dircom, ya que los seres humanos la transmitimos de generación en generación escondida bajo el disfraz de una convención social. Cumple los requisitos de cualquier buena estrategia de comunicación: es de elaboración sencilla, fácil de aplicar y fácil de asimilar por los sujetos pasivos de la comunicación, es decir, por los receptores del mensaje. Los gabinetes de crisis siguen apostando por esta expresión -si bien en algunas ocasiones como último recurso- como la vaselina que ayuda a meter doblada cualquier cosa en cualquier sitio. El dichoso “lo siento” es tan versátil que cualquier lo puede utilizar en casi cualquier contingencia, pero yo voy a destacar los dos principales usos que tiene esta maravillosa expresión:

1. Apelar al sentimiento: No hace falta que abunde mucho en la aplicación que los niños le dan a esta fórmula cuando, con ojos compungidos y cabeza ladeada, la utilizan para ablandar el corazón de su madre que, en un principio de ataque ira, contempla boquiabierta cómo el gato intenta salir de la pecera.

2. Muletilla comodín: si empujas a un hombre en un bar o si pisas a una mujer en el autobús activarás involuntariamente un resorte que te obligará a pronunciar un “lo siento” aunque el tropiezo no haya sido involuntario. Muy útil para evitar enfrentamientos con desconocidos suspicaces y propensos a la violencia.

Sea cual sea el motivo por el que gastamos o recibimos un “lo siento” no deberemos nunca confundirlo con una petición de perdón, ya que esta última fórmula implica, en la mayor parte de las ocasiones, connotaciones de arrepentimiento e, incluso, rectificación. Últimamente los ciudadanos hemos escuchado muchos “lo siento”. Por ejemplo, a cada recorte del Gobierno de Mariano Rajoy le ha seguido un “y yo lo siento mucho”. El más sonado de todos, no obstante, ha sido el del Rey. Su majestad nos ha servido en bandeja un ejemplo claro y nítido del primer supuesto que he descrito: sus asesores de comunicación le han convencido para que diga un “lo siento” (que, recordemos, no implica arrepentimiento ni rectificación) para apaciguar a la opinión pública, cada vez más atónita con lo que está pasando en España con la pérdida de derechos de las clases medias y bajas, después de su traspiés matando elefantes. El rey dijo “lo siento”, pero no sabemos por qué. Es decir, ha bastado un “lo siento” para que la gente deje de hablar de los derroches de la corona en tiempos de crisis, pero ¿qué es lo que siente el rey? ¿Siente haberse ido de caza? ¿Siente haberse caído? ¿Siente que la gente se haya enterado de sus andanzas? ¿Siente que los incontables viajes de este tipo que ha realizado hayan sido secretos para los ciudadanos?

¿Qué es lo que siente? No lo sabemos. Pero sí sabemos por la prensa seria (y voy a catalogar en esta etiqueta a El País) que ese “lo siento” no tiene precedentes. Bueno, quizá en el siglo XVI habría sido impensable que, qué se yo, Felipe II pronunciara un “lo siento” sin que se le escapara una risita, pero es que por aquel entonces los reyes eran reyes por derecho divino. Porque lo decía dios, ni más ni menos. Asumir casi como un milagro que Don Juan Carlos haya dicho “lo siento”, viene a ser como reconocer que su poder como jefe del Estado le llega por la vía de la sangre y del Padre Santo y no por la línea directa de un dictador moribundo que se empeñó en ponerlo donde está.

¿Y qué es lo que siente Mariano Rajoy cuando aplica recortes, cada uno más perjudicial para los que menos tienen? Tampoco lo sabemos. El “lo siento” de Mariano es un ejemplo perfecto del segundo supuesto antes expuesto. Usa la fórmula como una muletilla con la finalidad poco precisa de evitar un enfrentamiento con la sociedad a la que está pisando o con los ciudadanos a los que está empujando, pero en el fondo le da igual; el “lo siento” salta como un resorte porque sus asesores de comunicación se lo han activado en el cerebro.

No serán éstos los últimos “lo siento” que escuchemos, porque todavía quedan muchas cosas dobladas que nos van a meter por muchos sitios oscuros. Y yo sí que lo siento.

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2 pensamientos en “Lo siento

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