Carpe diem

Prefiero no verlo. Prefiero no saberlo. Nuestro cerebro envía una rápida y precisa orden como autodefensa. No mires. No lo sepas. Hay cosas que es mejor dejar ocultas en lo más hondo del subconsciente. Latentes, sí. Vivas, también. Pero escondidas. Tapadas una y otra vez en cada ocasión que quieran ver la luz. Sepultadas por angustia disfrazada de ignorancia; por mentiras disfrazadas de verdad. Unas veces preferimos evitar nimiedades: emiten una corrida de toros por televisión, cambiemos de canal; el perro está enfermo, dejémosle en el veterinario. Otras, nos blindamos ante nuestro propio futuro, el de nuestros hijos. Nos están empobreciendo. No será hoy. No será mañana. Pero será. Mejor no saber cuándo ni cómo. Mejor no vivir por adelantado. Carpe diem, nos dijeron en el cine. Mejor no empezar a decidir ahora entre las dos únicas salidas que pronto nos van a quedar. Sólo dos. Una es claudicar implorando. La otra la verás cuando abras los ojos.

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