Mas, madera

No puedes conquistar a tu amor platónico apelando a la razón. No puedes acercarte a la persona que te atrae desesperadamente y convencerla de que debe estar contigo el resto de sus días porque tú eres el hombre o la mujer razonablemente más adecuado/a para ella. Rectifico: poder, puedes; pero las posibilidades de ser correspondido/a son escasas o, directamente, nulas. Es así y no le demos más vueltas. No puedes llegar a un bar de moda, acercarte a él/ella y tratar de convencerle/a de que representas su mejor opción de vida, por mucho que en tu catálogo de argumentos inapelables y lógicamente razonados la conclusión sea que eres el hombre o la mujer que garantizará su plenitud como ser humano. Sencillamente no puedes. Rectifico again: puedes intentarlo, pero sólo conseguirás comprobar empíricamente mi tesis. Y mi tesis es que la conquista de una persona se lleva a cabo mediante el asedio de su corazón y/o de su bolsillo. Es decir, apelando al sentimiento y/o a través del dinero. Miles de ejemplos llueven cada día sobre este planeta gris y certifican que el sentimiento emocional y la necesidad económica arrinconan a la razón, por mucho que se nos llene la boca diciendo que ésta nos diferencia del resto de los animales.

Otro ejemplo antes de atacar el tema que hoy nos ocupa: el capitalismo. Libertad individual y dinero. Es lo único que promete. Y con esa promesa este sistema lleva décadas rigiendo los designios de todos los hombres, aunque no siempre de forma acertada. Es verdad que alguien, apelando a la cordura, pudo sugerir -y con razón- en algún momento que si seguimos construyendo tantos pisos, la oferta va a superar a la demanda; que si siguen subiendo los precios, la demanda se contraerá más; que si seguimos concediendo hipotecas sin control, alguna habrá que no se vaya a pagar… Es cierto que alguien pudo pensar algo parecido en algún momento, pero ¿qué supone este argumento razonado frente a la libertad de construir y a la libertad de comprar; frente a las ganancias por la venta o ante al sentimiento de ser propietario? Nada. Y así ha quedado demostrado.

Pero hoy yo no he venido a este blog a hablar de sistemas económicos ni de ligues de un fin de semana, sino de Artur Mas y de las aspiraciones soberanistas de Catalunya, que me parecen muy legítimas y que cada cual sostenga su vela. Si Catalunya fuera de hecho, en este momento, un Estado independiente y miembro de la Unión Europea desde hace un par de décadas, el próximo 25 de noviembre los catalanes apearían con su voto a Mas del sillón presidencial de la Generalitat. No respaldarían en las urnas a un presidente que ha hecho una ruinosa política de recortes y ha empobrecido a sus ciudadanos (no lo harían a no ser que el perfil del votante de Mas sea como el del votante del PP, pero esto es otra historia que deberemos abordar en otra ocasión). Pero, de momento, Catalunya no es independiente ni Mas participa en el Consejo europeo, por lo que probablemente gane las elecciones del 25N, en parte gracias a su apuesta por un Estado Catalán. Una teoría a la que me sumo es que el President dio el paso adelante hacia el soberanismo para esconder el mal estado de las arcas catalanas, por un lado, y, por otro, para presionar a Rajoy en dos negociaciones clave: la solicitud incondicional de un crédito mil millonario al Fondo de Liquidez Autonómico y la añeja reivindicación de un Pacto Fiscal que permita a los catalanes gestionar directamente sus tributos.

Sea como sea, los tejemanejes de Mas y Rajoy tampoco son hoy el objeto de mis argumentos, toda vez que el Presidente del Gobierno confesó ayer que Mas le amenazó con que o aceptaba el Pacto fiscal o debía atenerse a las consecuencias. No, lo que hoy me preocupa es que, al margen de los motivos que animaron a Mas a atizar el brasero de la separación, el President haya logrado que sus conciudadanos catalanes le compren su propuesta de Estado. Es decir, me parece bien que los catalanes quieran la independencia y a ese sentimiento soberanista ha apelado Mas, apoyándose, además, en argumentos económicos basados en lo mucho que aporta Catalunya y en lo poco que recibe. Lo que no entiendo es que catalanes de toda condición y de diversas tendencias ideológicas vayan a prestar su voto al líder de CiU sólo porque les ha tocado el corazón y les ha despertado el bolsillo con su repentino separatismo. Entre todos los progresistas catalanes que, además, son soberanistas o independentistas ¿no hay ninguno que se cuestiones el modelo de Estado de Mas? ¿No hay ninguno que discrepe de su modelo de sanidad de copago? ¿Ninguno que no esté de acuerdo con que quiera mantener bajos o inexistentes los impuestos a los más ricos? ¿Nadie que no coincida con que la Ley laboral que se aplique en ese futuro Estado sea igual o peor que la que ahora rige en España? ¿Hay alguien que opine que antes de votar por la constitución de un nuevo Estado habría que definir cómo va a funcionar?

 

No he escuchado debate alguno sobre estos supuestos. Sólo se oyen postura a favor o en contra del referéndum, o a favor o en contra de la independencia. Tal parece que se estén tratando asuntos que nada tienen que ver con la razón. Claramente se está debatiendo desde el corazón y desde el bolsillo. Mientras, Mas echa madera al fuego del autogobierno para que el humo tape sus miserias.

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