Todos iguales

Hay muchos políticos, pero se supone que los más capaces dirigen las riendas del país en el Congreso. Y entre esos más capaces hay una señora que celebró los recortes a los derechos laborales de los trabajadores con un aplastante “que se jodan”. Sí, ese es nuestro Congreso, en el que, como en el Gobierno, nadie dimite ni por mandato divino. Y en esa Cámara -la baja- y en la otra -la alta- lo mismo pueden coincidir imputados, que representantes del sector empresarial con intereses de puertas afuera, que hijos de papá venidos a más. Claro que, por supuesto, hay buenos políticos comprometidos con la misión propia de su profesión de construir una sociedad justa, solidaria y que progrese dentro de un orden legal, pero la mera presencia de un solo individuo corrupto, o de una sola persona capaz de regocijarse en el sufrimiento ajeno, o de una sola mano capaz de votar en contra de los más desfavorecidos, desvirtúa al completo a todos sus compañeros de escaño. Porque, que una de estas personas ostente el cargo de diputados -o, por consiguiente, de representante del publo- es un síntoma de lo podrida que está la base; de lo corruptos que están los cimientos; de lo secas que están las raíces. Cuando una sociedad es incapaz de encontrar, entre 45 millones de personas, a unos pocos cientos con la capacidad necesaria para dirigir los designios de un país de forma honrada, con altura de miras, anteponiendo el interés general al partidista o, incluso, al personal, se demuestra que esa sociedad, efectivamente, está en ciernes. Es una sociedad que todavía está aprendiendo a caminar. Y no sólo lo digo por los episodios que hoy estamos viviendo, sino, sobre todo, por las decisiones tomadas años atrás y que nos han dirigido hasta la penosa coyuntura que ahora atravesamos. A partir de hoy, los ciudadanos supuestamente más capacitados para gobernar se van a enzarzar en un debate muy interesante sobre quién es más corrupto en este país. Y lo harán mientras 5 millones de personas están en el paro en una época en la que el despido nunca salió tan barato. Discutirán sobre quién la tiene más corta mientras cientos de miles de personas pierden su vivienda, quizá por ignorancia o por despreocupación, pero seguro que de forma injusta, ya que los beneficiados en todos los casos están siendo los bancos. Este es un país en el que la prensa puede señalar a una Ministra como receptora de “regalos” por parte de una trama corrupta, sin que la aludida dé síntomas siquiera de empezar a pensar en la remota posibilidad de dimitir. Un país en el que la familia del Jefe de Estado perenne lleva a cabo negocios oscuros, a la vez que entre las sombras se intuye la figura del propio monarca, y mientras los jóvenes y no tan jóvenes se ven obligados a emigrar a otros países a buscarse un futuro. Pero, lo peor de todo, y la muestra más claro de lo verde que está la sociedad española, es que todo lo que nos pasa es culpa de los ciudadanos. De todos en general y de los amigos del “yo no voto porque son todos iguales” en particular. A veces pienso que todos los escándalos de corrupción y los recortes de derechos son una cortina de humo para que no hablemos de Cristiano Robaldo y Messi.

Anuncios

Bancos restrictores

Qué graciosas las entidades financieras que afirman que aprobar la Dación en pago provocará una restricción importante del crédito. Sí, qué graciosas. Más que nada porque fue la barra libre de crédito, con la que se lucraron estas entidades financieras (al menos sus directivos), la que provocó la actual insostenible situación para miles de familias de toda España. Ya he abordado las responsabilidades derivadas de la burbuja inmobiliaria en Por debajo de nuestras posibilidades, pero no es este un tema que salga del punto de mira de la actualidad así de repente. Sí, las familias no se debieron endeudar. Tampoco los bancos debieron prestarles el dinero. Y, desde luego, el Ejecutivo, formado por personas tan cualificadas como para gobernar, nunca debió dejar que la burbuja se hinchara.

 

Pero, ahora resulta que eso de la dación en pago igual es malo para el crédito. Un crédito que hace como 5 años que no fluye o que lo hace como un Guadiana financiero. Vamos, que los empresarios de la banca amenazan con cerrar el grifo del todo. Porque lo que denota esa valoración de las entidades es una amenaza clara. Es decir, que sugieren que “no nos andéis jodiendo con la dación en pago que os dejamos sin financiación”. Sí, eso es lo que se da a entender. Y, si es así, lo siguiente que entiendo es que los bancos están dispuestos a renunciar al negocio al que, supuestamente, se deberían dedicar y que, supuestamente, les da beneficios, sólo para no perder la oportunidad de exprimir hasta el infinito a cualquier desgraciado al que le hayan concedido una hipoteca, en muchos casos firmada aun a sabiendas de que el individuo no la podría pagar. Que no digo yo que los bancos estén diciendo esto, pero es lo que dan a entender. Es lo que denota su postura ante la opción de la dación en pago. Es como si le estuvieran diciendo al Gobierno: “ojito con lo que apruebas, que si dejamos sin crédito a familias y empresas, a ver cómo sales de la crisis; a ver cómo creces. Y con la que te está cayendo con la corrupción, majete.”

 

En fin, ya no podemos volver atrás. No podemos retrotraernos al mandato de Aznar para impedir que firme la Ley del suelo. No podemos ir al pasado a explicar a los bancos que deben restringir el crédito si no quieren hacerlo en 2013. Es imposible regresar a los noventa para anunciar que jamás convergeremos con Alemania. Tampoco podremos estar a principios de este siglo para señalar que no estamos en la Champions league de la economía. Ahora sólo podemos mirar hacia delante y recordar que, supuestamente, estamos construyendo una sociedad (sí, amigos, todavía está a medio hacer). Actuemos como tal y protejamos a quien lo necesite. Dación en pago ya. Y los bancos, a seguir con su negocio.

El papel del Papa

Absténganse de seguir leyendo los creyentes susceptibles. Gracias.

 

Los ateos deberían opinar sobre asuntos de la Iglesia en la misma medida que la Iglesia opina sobre asuntos laicos. Es decir, que los ateos opinamos poco sobre asuntos de la Iglesia y pretendo corregir ese déficit con este texto. Podéis sentaros para seguir leyendo. Amén. Resulta que el Papa dimite. Lo deja. Se retira. Dicho así parece poca cosa. Parece que simplemente está dejando paso a los jóvenes que vienen detrás empujando fuerte, con ganas de evangelizar con nuevas estrategias de santificación 2.0 o algo así. Pero no es sólo eso. Él dice que está mayor y en su comunicado sólo le falta remarcar que está hasta los huevos. Es comprensible. Estar rodeado de hombres con falda (buena parte de ellos misóginos empedernidos) todo el santo día debe ser agotador. Y a mí me parece bien que se quiera dedicar a sus cosas, qué carajo. Tiene 85 tacos, por dios; es hora de que se suelte la melena y se pase lo que le queda de vida, qué sé yo, recluido en un convento escribiendo epístolas o algo de eso. Dadle un respiro, joder.

 

La única pega que le veo al asunto este de la dimisión es el lugar en el que se queda el Espíritu Santo como responsable divino de Recursos Humanos. Vamos a ver, el Espíritu Santo (en adelante ES), como responsable de elegir a todos los sucesores de Pedro, ¿no tiene nada que decir a que sus designados se pasen la inspiración divina por el forro de la sotana? No, en serio, yo soy Dios y le digo al ES: “pero vamos a ver tío, ¿qué clase de procesos de selección me haces? Este papa no me ha durado ni una década, machote. ¿A qué os dedicáis en esa sala que sólo se ve salir humo negro primero y blanco después? Claro, como te pasas el día disfrazado de paloma y visitando a doncellas… Mira a ver si me arreglas esto rapidito, ¿eh? ¿Que si tengo papel? Debe haber folios en el escritorio. No, de otro tipo no tengo.”

 

Ahora ya más en serio, amigos: arrodillaos. Personalmente me alegra que uno pueda abandonar, por motivos de salud o edad, una responsabilidad tan importante como la de dirigir la Iglesia. Es grato saber que se puede escapar del dictado del ES, porque eso viene a ser como renunciar a una orden directa de Dios. Y si el Papa puede pasar de la opinión del creador, ¿por qué no lo iban a poder hacer otras personas con menos peso y responsabilidad en el organigrama divino? Es hora de que los homosexuales dejen de recibir críticas; de que las mujeres decidan sobre el aborto sin presiones; de que en los colegios se enseñe a pensar de forma crítica para que, un día, cuando los niños dejen de serlo, puedan asumir responsabilidades y después renunciar a ellas. Podéis ir en paz.

Feliz cumpleaños

Lo peor de la exitosa reforma laboral vigente desde hace un año es que pretende que asumamos como nuestra la paradójica idea de algunos empresarios de que los derechos laborales son nefastos para el mercado de trabajo y que los trabajadores son perjudiciales para la empresa cuando ésta no genera ingentes beneficios. Estos conceptos subyacen en el fondo de la norma, porque el texto, creado para flexibilizar el mercado laboral y vendido a los ciudadanos como medio para crear empleo, relaciona directamente el acceso a los puestos de trabajo con la facilidad para despedir a quien ocupe esos puestos y con la posibilidad de precarizar los convenios colectivos. Es decir, que cuando la cosa vaya mal, da igual que la gestión sea o haya sido nefasta; da igual que lo que se necesite sean medidas de estímulo o inversiones, la solución pasará por echar a la calle a algunos o a todos los trabajadores y/o establecer acuerdos laborales con menos concesiones para los empleados.

 

Cuando el despido se plantea como única solución se insinúa que el trabajador es el único culpable. Así, el empresario podrá ir el domingo a su club de campo a reunirse con algunos de sus colegas y tener la certeza de que nadie le señalará como un mal gestor, sino por haber tenido mala suerte escogiendo a los obreros que hundieron su negocio. Sobre esta idea, además, gira una perversión que la Reforma pretende que asumamos como dogma: la mera reducción de beneficios es detonante suficiente para aplicar un ERE a la plantilla, de la misma forma que el piloto de un globo aerostático suelta lastre cuando su cesta desciende, aunque la solución más eficiente sea echar más combustible al motor. Por alguna razón, la reforma elimina la inversión en capital humano como medio de regenerar la capacidad productiva de una empresa. Quién sabe por qué.

 

La máxima de que “contratamos porque podemos despedir” tiene otras connotaciones, todas ellas bastante negativas, porque otorga de forma indirecta a los empresarios un estatus socialmente superior como creadores de empleo y como garantes de los puestos de trabajo de sus cada vez más temerosos empleados. De esta forma, la clase empresarial quiere que se la reconozca en el mismo nivel que, por ejemplo, un cirujano. Uno sería el dador de vida y el otro el otorgador de empleos. Lo malo es que no haya una reforma laboral para despedir a los empresarios de su puesto honorífico de “creadores de puestos de trabajo” para quitarles tan pesada responsabilidad, porque la están ejerciendo bastante mal, hasta el punto de que los parados son cinco millones y subiendo.

 

En resumen, tal parece que, en la primera década del presente siglo, los empresarios, pudiendo contratar a muchos trabajadores, no lo hicieron por culpa de las condiciones de despido. Se trata de una argumento patético, pero muchos podrían haberlo asumido como válido si la tasa de paro descendiera, en lugar de continuar con su escalofriante tendencia alcista. Tras un año de vigencia, da la sensación de quienes dictaron la norma y quienes disfrutaron de su contenido pretenden que la asumamos como un techo que se podría rebajar, no como una base sobre la que construir. De hecho, han dejado de hablar de sus nulos o negativos efectos y se concentran en desviar nuestra atención a base de tijeretazos, de forma que no nos podamos concentrar en protestar contra un solo recorte en concreto. Feliz cumpleaños, reforma.

Todo es una conspiración

No se le puede llamar rueda de prensa a lo que Rajoy ofreció ayer para negar cualquier responsabilidad propia o del Partido Popular en el caso Bárcenas. El Presidente dio un discurso desde las instalaciones del PP, con los dirigentes del partido como público más cercano y con sus simpatizantes, militantes y, en último término, votantes como únicos destinatarios del mensaje. Es así. Mariano aprovechó la enorme expectación generada por su comparecencia y utilizó a los medios de comunicación para lanzar varias directrices a sus incondicionales. Y lo hizo sin dar las gracias después a periódicos, radios o televisiones.

 

Con argumentos de inmejorable simpleza, el Presidente de los españoles en general y de los populares en particular negó cualquier responsabilidad en los hechos supuestamente delictivos de Bárcenas y defendió la blancura de sus ingresos con la amenaza de la publicación de su declaración de la renta. Como leéis. Rajoy pretende dejar constancia de que no cobró en B haciendo visibles sus ingresos en A. O como @MiguelBarrero bien definió ayer, “voy a enseñaros mi piso de Gijón para demostrar que no tengo un chalet en Miami”.

 

Tuvo tiempo Mariano para hablar de transparencia y demás zarandajas mientras lanzaba dardos contra el medio de comunicación que hizo públicos #lospapelesdebárcenas. También repartió estopa entre la oposición al gobierno que preside. Pero, sobre todo, levantó un muro argumental dirigido a alimentar/proteger el ánimo de los fieles. En especial, dirigido a aquellos leales que por un momento se vieron acorralados en tertulias de bar de barrio, cuando sus adversarios  de debate de barra y chato de vino les pusieron contra las cuerdas atacándoles con la corrupción del PP. Rajoy les ofreció la salvación a aquellos que por un momento tuvieron dudas, pero que en ningún caso siquiera pensaron en dejar de votar a la derecha; les brindó la excusa definitiva: es todo una conspiración.

 

Así de fácil. Esta es la ecuación resuelta: soy inocente + mi partido también + la oposición no + los medios no controlados son malos= conspiración. Y se quedó tan ancho el tío. Sí, porque le da igual lo que piensen quienes no son sus votantes potenciales. Rajoy sólo necesita a sus fieles y, si acaso, a 200.000 votos más. Y eso sólo si el principal partido de la oposición consigue aglutinar el resto de votos del centro izquierda, que, si no, tampoco le hace hacen falta más que sus incondicionales. Por eso ayer se limitó  a enviar un mensaje a sus leales españoles, quienes ya tendrán el argumento perfecto para contrarrestar los ataques verbales de los rojos de chigre, de los progres de tertulia de tinto: es todo una conspiración y los culpables sois vosotros.

 

Lo de ayer de Rajoy no fue una rueda de prensa, no admitió preguntas, ni siquiera había periodistas en la sala, su mensaje estaba dirigido sólo a la mitad de los españoles y, aún así, el evento tuvo una cobertura que te cagas. La que necesitaba Mariano. La que aprovechó para cargar contra la prensa. Los periodistas no tenemos lo que nos merecemos, sino lo que nos hemos buscado.

Todos corruptos

Quiero aclarar un par de puntos sobre eso de la corrupción, porque hay mucha demagogia y oportunismo con ese tema. No sé, creo que se está sobrevalorando el asunto y quiero aportar claridad al debate. El problema, desde mi punto de vista, no es que haya unos pocos corruptos, sino que hay unos pocos honrados. Esa es la cuestión. Y, mientras haya gente honrada, el listón de la moralidad seguirá estando alto y habrá que seguir guardando las apariencias. Habrá que seguir robando a escondidas. Como si fuéramos delincuentes o algo así. La solución a tal disparate, según creo, está en acabar con la honradez y, de paso, con la moral y hasta con la ética. Y con el decoro, qué carajo, que no sirve para nada. El decoro es lo peor. En fin, a lo que iba, que si todos fuéramos corruptos no habría estos problemas. Lo argumento. Pongámonos en un extremo:

El problema de los estados fallidos es que están poblados por personas honradas. Si no hubiera ni una sola alma de bien en un Estado, ¿a quién le importaría lo fallido que éste fuera? Pues -diréis- a la comunidad internacional, que también está sobrevalorada. Sobre todo su opinión. Quién se cree la comunidad internacional con su moralina de todo a cien. Habría que acabar con ella. Con ella y con el decoro de una vez por todas. Pero no nos desviemos. No está demostrado que un estado con el 100% de sus habitantes corruptos sea inviable, de la misma forma que tampoco está muy claro que lo sea otro con el 100% de sus ciudadanos honrados. No tenemos pruebas de eso. Nadie me lo puede refutar. De hecho, un estado con el 100% de sus ciudadanos corruptos es viable. Esto es así. Tienes un país en el que todo dios sabe que el de al lado es mafioso y quién se iba a alarmar por nada. Nadie. Un país donde el lema constitucional sea “Tonto el último”. Todos corruptos: jueces, políticos empresarios… Hasta los trabajadores de más bajo estrato. Y tienes un país feliz. Donde todo el mundo hace lo que le viene en gana.

Pensad que para querer trabajar por cuenta ajena en el país de la corrupción los salarios deberían ser astronómicos, así que todos los estamentos de la sociedad estarían contentos. Todos robándose unos a otros. Por lo bajini, sí, pero todos robando y todos sabiéndolo. Un país en el que el que paga en B es lerdo porque ya hay quien paga en C o en D, incluso. No habría problemas. El 100% de la economía estaría sumergida. Todo sería fantástico. El resto de países, conscientes de las características de este singular Estado, enviarían como delegados comerciales o diplomáticos de la peor calaña. Embajadores corruptos de medio mundo mantendrían fluidas relaciones con los dirigentes de nuestro singular territorio. No habría turismo, eso es verdad. Pero quién quiere tener las calles llenas de guiris. Nadie. Na-di-e. Había que acabar con los guiris. Con ellos, con la comunidad internacional y con el decoro. Puto decoro.

Y las elecciones… Todas amañadas. Como los partidos de fútbol. La liga tendría mucha emoción porque nunca se sabría qué equipo está más vendido. ¿Y el dopaje? Asignatura desde primero de la ESO. Ya lo estoy viendo: un país en el que para comer una hamburguesa de vacuno haya que pedir una de caballo. Y para comer cerdo haya que pedir perro. Un estado en el que se puedan levantar urbanizaciones en el desierto y casinos sin ley. Un país en el que nadie estaría seguro de que vive con sus padres, ya que cualquiera podría haber sido robado al nacer, a los dos años o, incluso, a los 16. Y qué más da. Si los padres son un coñazo. Como los guiris. Y la comunidad internacional. Y el decoro. Habría que acabar con todos ellos.

En fin, amigos, pensad bien en todo esto y reflexionad sobre esta última advertencia: Habrá el mismo grado de felicidad ciudadana en un país con el 100% de sus ciudadanos corruptos y en otro con el 100% de sus habitantes honrados. La tasa de satisfacción será parecida. Ahora, en función de estos dos extremos, valorad de cuál estamos más cerca en nuestro país y, por tanto, de qué forma podemos lograr la excelencia como sociedad plena y sin conflictos. No hay duda de qué camino debemos escoger. ¡Vayamos a por la felicidad!