Jóvenes

El pescadero de mi barrio, en distendido debate con el charcutero, había concluido que el Gobierno recortaría las pensiones. Sin embargo, el ejecutivo, en lugar de preguntarle a él, prefirió encomendar la tarea de “explorar” este peliagudo asunto a un grupo de expertos. Supongo que porque en los mítines queda más fino decir que la reducción de la cantidad y la calidad de las pensiones se llevó a cabo por consejo directo de un comité de sabios, que no por el asesoramiento de los empleados del Alimerka. Qué sé yo. La cuestión es que los prohombres encargados del asunto por el Gobierno concluyeron que había que bajar las pensiones en tiempos de crisis, y se quedaron tan anchos.

La verdad, fue un sorpresón. Quién se iba a imaginar que acabarían recomendando recortar las pensiones. Quién a parte de mi pescadero de cabecera. En serio, si te encuentras con esta noticia de sopetón, si te la cuentan a bocajarro, podrías encontrar entre cien y doscientos posibles análisis distintos de la cuestión principal: la reducción de la cantidad y la calidad de las pensiones y el aumento de las dificultades para acceder a ellas. Hay cientos de lecturas y decenas de agudas observaciones que hacer en virtud de lo que connota el anuncio. Hay miles de enrevesadas conjeturas alrededor del porqué de la decisión. Existen chorrecientas opiniones diferentes sobre el adónde. Millones sobre el quién. Trillones sobre el cuándo. Y, a pesar de que las posibilidades de realizar un sesudo e ingenioso análisis de los objetivos implícitos de esta medida son infinitas, yo hoy prefiero quedarme en lo superficial. En la primera capa. En lo que denota a simple vista la conclusión a la que han llegado -ellos solos- un grupúsculo de expertos. Doce, para más señas. Como si en este país no hubiera más.

Efectivamente, amigos, me refiero a la implacable persecución que están sufriendo los jóvenes desde que se abrió la veda de la crisis. Ningún experto parece querer preocuparse por este tema, y creo que es para no quedar como un intelectual de medio pelo que sólo se ocupa de lo obvio. Pero a mí no me dan miedo las etiquetas. Y para demostrarlo, me arriesgaré a quedar como un observador de la realidad miope (y redundante) reiterando que el ajuste de las pensiones es el último ataque a los jóvenes de este país. Ya les dieron duro dificultando su acceso a la educación superior con una subida de tasas que ríete del encarecimiento del cine. Les atizaron empobreciendo su educación obligatoria. Les golpearon otra vez facilitando el despido e incentivando los contratos basura. Se fueron al paro. Malvivieron. Volvieron a casa de sus padres. Y cuando ya creían que nada más les podía caer del cielo gubernamental, a los próceres de la patria se les ocurrió que, si ya no les podían quitar nada más a los jóvenes, se lo quitarían a quienes les sustentan en la actualidad: sus padres. Es decir, Mariano va a conseguir que haya recortes en la paga semanal.

Es probable que la etapa que atravesamos sea una crisis para quienes en algún momento vivimos épocas de bonanza, de la misma forma que puede ser la normalidad para quien siempre haya vivido en la calle, y una época de bonanza para los más jóvenes que hayan nacido con la recesión. Todo esto y mucho más es posible. Lo que es seguro es que estamos ante un robo. Y lo que es peor, un robo a las generaciones más jóvenes.

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