La última extorsión

Como no es la idea central del asunto que hoy quiero tocar, no me extenderé a la hora de descalificar la infamia que supone tratar de identificar el supuesto chantaje sobre un partido con un chantaje al Estado de bienestar. No es hoy el momento de ironizar sobre el oscuro interés de muchos políticos que buscan equiparar a su formación política con el Gobierno y/o el Estado (un juego en el que muchos periodistas caen cuando usan titulares como “Foro destina X millones de euros para tal plan…” en referencia al Equipo de Gobierno, en este caso en concreto del Ayuntamiento de Gijón). No es el caso pero, aunque Bárcenas estuviera intentando hacer chantaje al Gobierno (que, como digo, no es el caso), aún así, el uso que el Presidente Mariano Rajoy hizo de la expresión “El Estado de derecho no se somete a chantaje” supone un desprecio intolerable al ciudadano de a pie. Por dos razones. Una porque todos los ciudadanos somos parte de ese Estado de derecho y Bárcenas no nos está chantajeando, sino que nos está enseñando el interior de un partido político, el funcionamiento de sus intestinos y su aparato excretor. Y dos, porque, el verdadero chantaje al Estado de derecho lo sufrimos cada día que nos enfrentamos a la extorsión que supone elegir entre perder capacidad económica mediante una bajada de salarios y una merma de beneficios laborales, o perder el trabajo. No creo que a estas alturas nadie se vaya a escandalizar porque califique esta cada vez más común práctica de extorsión. Desde que comenzó esta etapa a la que llamamos crisis hemos sido víctimas de muchos chantajes que han ido minando nuestro estado de bienestar: sanidad, educación, dependencia… Seguramente estos pilares seguirán sufriendo la erosión del expolio durante algún lustro más, mientras nuestros gobernantes aseguran estar haciendo lo mejor para nuestros intereses. Probablemente toleremos que se sigan cercenando en pocos años derechos sociales adquiridos tras siglos de lucha. Pero no podemos permitir que a las amenazas de tirar de la manta de Bárcenas se las califique de chantaje al Estado de derecho cuando -me atrevo a decir- no bajará el paro hasta que no aceptemos trabajar más por muchísimo menos. Hasta que no asumamos la próxima extorsión.

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2 pensamientos en “La última extorsión

  1. Asumir extorsiones, recortes, ajustes (o cualquier otro eufemismo absurdo) para reconducir la situación hasta volver al origen de la misma. El cambio tiene que suponer evolución, en vez de retroceso, y es ahí hacia donde nos están (estamos) conduciendo.

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