Feliz resaca

Consumir altas dosis de información de garrafa produce una resaca terrible. De esas que no mitigan ni los paracetamoles de alta gama. De esas que te dejan todo el día con la cabeza embotada, mientras brotan en tu cabeza los recuerdos difusos de las noticias ingeridas la semana anterior. Como fantasmas. Pero reales y amenazantes como sólo lo puede ser la vida misma . Hay quien dice que el problema no es tanto consumir una gran cantidad de contenidos garrafoneros sino mezclar varios de distinto palo. Qué sé yo, por poner un ejemplo, el problema sería recibir una severa dosis de noticias sobre corrupción, combinadas con no imputaciones atroces, sobreseimientos sibilinos y alevosos delitos prescritos y, cuando estás medio grogui, enterarte de que hay empresarios que no sólo piensa, sino que proclaman a los cuatro vientos que los contratos indefinidos son un privilegio. Es un cóctel atroz. Letal. Así estoy yo ahora, que me duele todo el cuerpo. Hay quien sugiere que para aliviar esta horrible resaca basta con seguir metiéndote entre pecho y espalda noticias  de garrafón de baja intensidad etílica, pero tengo comprobado que sólo sirve para empeorar las cosas.

 

El problema, desde mi punto de vista, es que, al contrario que pasa con otros productos nocivos, el consumo de información de garrafa no sólo es legal, sino que está bien visto en esta sociedad hipócrita. Y no pasa nada. Y te puedes pasar el día entre contenidos tóxicos. Empiezas con la tontería del empresario que busca repartidores de bollos que hayan terminado empresariales; sigues con un poco de Urdangarín, su esposa y su palacete; a media mañana algo de movilidad exterior; luego recuerdas un #quesejodan; sin quererlo y sin beberlo te llegan los datos del paro; te enteras de que la bolsa bulle mientras el 50% de los preferentistas perderán su dinero; a esto le sumas que en Bankia repartieron la práctica totalidad de sus preferentes entre clientes minoristas; pasas a algo más ligero con Ana Botella diciendo que Madrid ya ha recibido bastante beneficio presentándose tres veces sin éxito como candidata a unos Juegos Olímpicos; enseguida te metes con algún disco duro borrado o alguna agenda destruida; llegan los Eres; un poco de Siria y algo de Merkel; Fukushima y la madre que los pario a todos. Cuando te quieres dar cuenta es demasiado tarde. Estás ebrio de inmundicia. Nadie te va a quitar la peor resaca del siglo.

 

Y no hay clínicas de desintoxicación. La única opción que te queda es recluirte en un bosque. Uno que no esté amenazado de tala para la construcción de chalets de lujo. Uno en el que no vayan a poner un Ikea. Huir. Escapar al menos hasta que recibas algún mensaje positivo. Qué sé yo, un mensaje sobre la ciudadanía harta de la clase dirigente. Sobre ciudadanos que ponen su voto al servicio de sus conciudadanos. Sobre gobernantes que priman la dignidad de sus gobernados sobre los intereses de las empresas. Noticias de otro tipo. Informaciones que no hemos recibido en nuestra vida. Que levante la mano quien haya visto una noticia positiva que luego no se haya convertido en mugre, como por ejemplo el milagro económico español del señor Aznar. Sencillamente no existe. Puede que a algunos les valga de placebo la información deportiva, pero a mí no me alegra decir que jugando a la pelota somos los mejores. Feliz resaca.

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