Menos es más

Es muy sencillo: las relaciones humanas son pura negociación constante, y la negociación no es más que un proceso de comunicación más o menos complejo. El llanto de un bebé que pide leche materna, una entrevista de trabajo o, incluso, el saludo mañanero a un vecino en el ascensor, son procesos comunicativos destinados bien a lograr un objetivo concreto, bien a posicionarnos en un determinado orden social. Y en todos ellos hay más o menos implícita o explícita una negociación. Es fácil de entender en el caso de la comunicación interpersonal, pero los rudimentos son también aplicables a la comunicación de masas. En lo que se refiere a comunicación política, y más en concreto a la que relaciona a los políticos con sus votantes, para lograr una buena comunicación y, por tanto, tener más posibilidades de éxito en la negociación del voto, es imprescindible tener identificado el perfil del receptor para poder construir un mensaje adecuado. Es fundamental. Es decir, los partidos deben elaborar mensajes precisos, cifrados con códigos concretos que calen en el mayor número de ciudadanos posibles. Identificado el caladero de votos, se disparan los mensajes con cebo y anzuelo. Una estrategia casi más cercana a la mercadotecnia que a la ideología, en sintonía con los tiempos que corren.

Es sencillo de entender, pero difícil de aplicar, vistos los constantes errores de comunicación de los partidos políticos. Suelo usar como ejemplo de mala estrategia de comunicación política a los partidos asturianistas. Compromisu, por ejemplo. Una formación que ha mostrado tanta ilusión por abrirse un hueco en el panorama político asturiano como incapacidad para lograrlo. Su error, desde mi punto de vista, está en la comunicación. Y más en concreto en la pésima identificación del receptor y, por tanto, en la pobre construcción de sus mensajes. El fallo de Compromisu -creo- es elaborar consignas destinadas a sus propios votantes. Mensajes, que calan en su electorado y refuerzan su identificación con el partido, pero que no consiguen votos más allá de sus propias filas. El salto cualitativo y cuantitativo de cualquier partido de tinte asturianista sólo se puede producir cuando los dirigentes de estas organizaciones asuman que el público objetivo en sus procesos de comunicación es la totalidad de los habitantes del Principado y que es al asturiano medio a quien se deben dirigir con mensajes que hagan referencia a sus inquietudes y necesidades.

Pero, ceñir los mensajes a los propios votantes no siempre es un error. Hay formaciones que escogen esta vía obligados por un cambio de perspectivas o arrastrados por el fracaso de una estrategia anterior. Quizá el ejemplo más notorio de esto sea el del partido que gobierna España. El PP llegó al poder (a parte de por el desgaste socialista) gracias a la comunicación; a su mensaje de salvación. Sin embargo sus incumplimientos no le permitieron mantener el tono ni la estrategia, con lo que tuvieron que improvisar un nuevo plan. Con la credibilidad tocada por las mentiras y la corrupción, y las encuestas reventadas, los populares se lanzaron por el camino de la redención ante sus propios fieles. Conscientes de que si mantienen el grueso de su electorado volverán a ganar las elecciones debido a la fragmentación del voto progresista, el equipo de Mariano Rajoy retoma los viejos mensajes que movilizan a sus votantes y descarta renunciar -por ejemplo- al argumento de la herencia recibida. Aunque obsoleto después de dos años, sirve para animar a aquellos que votan al PP para que no gobierne la izquierda.

Los populares están tocados. Saben que no convencen, así que adoptan estrategias de partido nacionalista. Azuzan con Gibraltar; se nutren de Cataluña, sabedores que allí ya pocos votos rascarán, y convierten sus mensajes en proclamas que identifican al partido con España. Toman decisiones ideológicas, aunque puedan espantar a algún votante despistado, siempre que sirvan para amarrar una docena de votantes vacilantes.  Aprueban la reforma educativa aunque (casi me atrevería a decir “sobre todo porque”) nunca vaya a entrar en vigor, tal y como han anunciado el resto de partidos del arco parlamentario. En definitiva, el PP está reduciendo su banco de votos para poder pescar más. Al menos para poder pescar lo de siempre. Construyen mensajes que no buscan captar más votantes, sino reforzar la identificación de los más fieles con el partido. Lo hace conscientemente porque tiene una gran base de votantes incondicionales. Y lo hacen bien, porque muy probablemente lograrán su objetivo. Pueden pasar muchas cosas de aquí a 2015, pero a día de hoy el Partido Popular ganaría las elecciones, que es de lo que se trata.

Política cuántica

No se puede criticar a los políticos así sin más, sin tener los suficientes conocimientos ni sin tener una perspectiva histórica a la que recurrir para valorar sus decisiones. Nunca ha sido una profesión fácil. Sobre todo en la época de la Política analógica, cuando los gobernantes se ponían y quitaban a golpe de maza. Una etapa en la que lo único que se elegía era el arma con la que eliminar al gobernante o con la que someter al súbdito. El periodo dominado por la Política digital tampoco fue propicio para la política ni para la ciudadanía, ya que toda la información que se podía codificar con ceros y unos se llegó a confundir con la nota que los ciudadanos otorgaban a sus gobernantes en las distintas encuestas de valoración que se llevaban a cabo por anquilosados centros de investigación sociológica. Fue una época caótica en la que la información de los beneficios empresariales se codificaba como 100000000 y los datos de salarios obreros se reflejaban como 000000001, por poner un ejemplo. En la actualidad, la era de la Política cuántica, se intenta que las relaciones entre los distintos agentes participantes de la vida política compartan información codificada con más variables. Algunas de ellas afectivas o emocionales, pero todas rechazan el determinismo de la época digital. Pero, ¿Qué queremos decir con Política cuántica?

La política cuántica se refiere al conjunto de teorías que explican el comportamiento y el funcionamiento de las ideas, personas o cosas más pequeñas que tienen que ver con la política y que nos ayudan a comprender la vida de los seres humanos que sufren las consecuencias de la política en general, y del gobierno y/o el desgobierno de la administración pública en particular. Por decirlo de una forma coloquial, todo nuestro mundo -desde la posibilidad de ir al médico y no tener que pagarlo, hasta la marquesina del autobús que nos protege de las inclemencias meteorológicas, pasando por la clase de física que reciben nuestros hijos- está formado por esas pequeñas decisiones políticas. Para entender la política cuántica hay que asimilar sus sencillos principios. Desgranémoslos comenzando por el (léase con voz grave e impostada hacia el tremendismo) Principio de superposición.

El Principio superposición se refiere a dos aspectos de la vida política fundamentales. A saber:

  • Un político puede estar en más de un lugar al mismo tiempo, sobre todo si está inmerso en una campaña electoral. Esto es así. La contemplación de cualquier informativo televisivo en las semanas previas a unos comicios nos permite comprobar cómo un político puede estar en tres pueblos distintos si se presenta a unas autonómicas, y en tres Comunidades diferentes si lo hace a unas generales. Podemos saber cuál es la ruta que siguen los políticos o dónde están en un momento dado, pero no ambas cosas.
  • A su vez, este principio también señala que una decisión o una idea política pueden estar en más de un sitio a la vez. La idea de acabar con el paro puede estar en todas partes al mismo tiempo. Puede localizarse en la boca de cualquier político, en la libreta de cualquier asesor o en el lema de cualquier campaña.

El siguiente Principio que debemos observar es que las promesas o decisiones políticas se comportan a la vez como cumplimientos y como incumplimientos, siendo imposible saber cuando una idea, promesa o decisión política se comportará de una forma u otra, con lo que todo queda reducido a una cuestión de probabilidades. Por tanto, el Gobierno resultante de unas elecciones se podrá manifestar como cumplidor o como incumplidor. Es decir, tenemos al Gobierno en dos estados superpuestos. El problema es que está encerrado en su burbuja de cristal opaco, por lo que no sabremos cuál es su verdadero estado hasta que no les saquemos de ahí.

Tercer Principio: la observación altera las decisiones políticas a estudiar, por lo que no podemos predecir qué es lo que va a hacer un político, sino que la política se plasmará como tal cuando la observemos, es decir, cuando interactuemos con ella. Por poner varios ejemplo:

  1. Luís Bárcenas no cobró su indemnización por despido hasta que los periodistas no se pararon a investigarla. Eso explicaría que fuese en diferido.
  2. Se decide legislar sobre la cadena perpétua cuando observamos algún truculento suceso en los medios de comunicación.
  3. La prima de riesgo comenzó a existir hace un par de años cuando observamos que podía poner o quitar presidentes.
  4. El árbol contra el que chocó Carromero no existía hasta que abrió los ojos y lo vio delante.

Para explicar estos Principios vamos a utilizar un ejemplo teórico/práctico (por cuanto se trata de un experimento que todavía nadie se ha atrevido a llevar a cabo. Insisto, todavía) denominado El Mariano de Schrodinger. La teoría es que si metemos a Mariano en una televisión de plasma y le dejamos decir las barabaridades que él quiera, no sabremos si está propagando ideología liberal con el fin de beneficiar a los ricos, o si simplemente está lanzando incongruencias. Como el plasma no puede recibir preguntas, no sabremos si Mariano se encuentra en un estado de salvajismo liberal (dispuesto solo a beneficiar a los adinerados) o en un estado de incongruencia. No lo sabremos hasta que saquemos a Mariano del plasma y lo pongamos ante las incisivas preguntas de los periodistas que quieran ser incisivos. Es decir, que Mariano se encuentra en un estado de superpisición: hay un Mariano Berserker liberal y otro incoherente. Sólo a través de la observación inquisitiva podremos conocer si es uno o es otro.

Espero que esta explicación sirva para que no se repitan las críticas gratuítas a los políticos en general y al Gobierno en particular. Gracias y un saludo

Marca País

Realmente me daría asco vivir en un país en el que las grandes fortunas pagaran menos impuestos que los curritos. Bueno, supongo que como a todo el mundo. Igual que me repugnaría un país en el que los políticos mintieran para ganar las elecciones y luego hicieran lo contrario de lo prometido, perjudicando a los ciudadanos más desfavorecidos. Digo yo que no habrá nadie a quien no le indigne eso. También me asquearía bastante un país en que se ayude a empresas dedicadas a la banca con dinero de todos los ciudadanos y a fondo perdido. Nadie podría convivir con tal cosa. Y qué decir de un país en el que la corrupción haya salpicado al Gobierno sin que se haya producido ninguna dimisión. Todo el mundo estará de acuerdo en que es una asquerosidad. Una repugnancia igual de grande que la de esos países en los que el Jefe del Estado es intocable, y aunque se intuya la corrupción en su entorno familiar nadie hace nada. Como también resulta repelente un país en el que cualquier organización política, sindical o patronal esté ensombrecida por las corruptelas. Me parece inmundo un país en el que los trabajadores y los pensionistas pierdan calidad de vida y capacidad económica mientras se les hace pagar por servicios públicos. Es nauseabundo un país en el que el 25% de la población no tenga trabajo y se sigan buscando fórmulas para hacer más fácil el despido. Es vomitivo y paradójico a partes iguales. Repulsivos son esos países en los que ha habido dictadura y represión, y los muertos del bando perdedor siguen enterrados en fosas anónimas. ¿Y la censura? ¿No es asquerosa? Esos países en los que se puede vetar la expresión artística transgresora son deleznables. Tercermundistas. E incultos. Porque son incapaces de distinguir los distintos contextos en cuya frontera la provocación se mueve entre el escándalo y la farsa. Me daría asco vivir en un país así. Afortunadamente no creo que exista ninguno. Y si lo hubiera, sería urgente que se esforzara bien en corregir todos estos repugnantes desatinos, bien en mejorar su imagen, tanto en el interior como más allá de sus fronteras, en beneficio del bien común. En un mundo global, una buena imagen-país es un activo que sirve para respaldar la posición internacional de un Estado política, económica, cultural, social, científica y tecnológicamente. Con un par de huevos.

Ataques de sinceridad

El Presidente del Principado reconoció en el Debate de orientación política, durante su réplica al portavoz de Izquierda Unida, Ángel González, que no le gusta la reforma de la Ley electoral. Javier Fernández señaló que la aceptó en su día obligado por el acuerdo alcanzado con UPyD, que establecía este punto como condición indispensable para alcanzar un pacto de investidura y legislatura. Pocas veces los políticos airean públicamente los entresijos de sus negociaciones intramuros parlamentarios. Escasas veces. Y es una pena, porque el ciudadano tendría la oportunidad de conocer las cañerías de la vida política en lugar de tener que imaginárselas, con el consiguiente deterioro de la imagen de los representantes públicos.

Pero la cuestión es que al Presidente no le gusta la reforma, lo que deja un poco en entredicho su argumento de que sólo aprobará el proyecto en la Junta General del Principado si éste recibe el voto favorable de alguno de los partidos de la derecha que no son UPyD (Foro y PP). Es decir, que después de reconocer que la iniciativa no le apasiona, Javier Fernández asegura que si su partido no vota a su favor es porque quiere que el texto tenga un respaldo parlamentario más amplio del que otorgan los 23 disputados de PSOE, IU y UPyD, que suponen mayoría absoluta. Y yo no digo que no sea verdad, sólo señalo lo curioso de un argumento que condiciona dar luz verde a una medida que no gusta a que la bendiga al menos uno de los otros dos partidos a los que tampoco les gusta.

Esta reforma de la Ley electoral es clave porque es uno de los asuntos -quizá el de más peso- que los dos partidos que respaldaron la elección del Presidente socialista (IU y UPyD) consideran irrenunciables para seguir manteniendo su apoyo. Y ya no se trata de que Javier Fernández tenga que pasarse unos meses gobernando sin mayoría, sino que ha de presentar y aprobar los Presupuestos de 2014, los que fijen el rumbo del Principado durante el último año antes de las siguientes elecciones autonómicas. Que Asturias tuviera que prorrogar sus cuentas en medio de la crisis que nos azota con paro incontenible y aumento de la pobreza es una temible posibilidad cada vez más cercana.

A pesar de esa proximidad, sigo manteniendo que no será UPyD quien rompa la baraja presupuestaria. Y sigo creyendo que IU si podría acabar con su sustento al Ejecutivo. Precisamente, su portavoz también compartió un momento de extrema sinceridad con Javier Fernández para reconocer que su organización podría estar arrepentida de haber apoyado a los socialistas. Lejos de amilanarse, el Presidente respondió a las urgentes solicitudes de cumplimiento de acuerdos esgrimidas por Ángel González reabriendo el dosier de las negociaciones, para espetarle a la coalición que ellos también debían cumplir su parte, ya que ya se habrían cobrado como pago un Senador por designación de la Junta.

Tanta sinceridad se cruzaron en público quienes apoyaron al gobierno y el propio Presidente, que tuvo que ser el portavoz socialista, Fernando Lastra, quien aprovechara su turno de intervención para tender la mano a sus de momento aliados puntuales, en un gesto que bien pudiera ser una invitación a seguir resolviendo sus diferencias sobre la Ley electoral en privado, negociando al resguardo de una puerta bien cerrada y al calor de una taza de entrañable café.

Quién le pondrá la prórroga al Presupuesto

Yo no creo que UPyD vaya a forzar la prórroga presupuestaria en Asturias. No creo que su único diputado vaya a tensar el pacto que mantiene con el PSOE hasta que se rompa en medio del maremoto económico que atraviesa el Principado. Ignacio Prendes se ha movido bastante bien desde su irrupción en la vida parlamentaria asturiana con un objetivo, desde mi modesto punto de vista: afianzar su marca para vender su producto. Todas sus decisiones, pero sobre todo sus indecisiones, han estado dirigidas y dedicadas por completo a promocionar la marca Unión Progreso y Democracia, con el objetivo de aprovechar la coyuntura y lograr un segundo diputado en las próximas elecciones autonómicas, algo a lo que también constribuye la inoperancia de los grandes partidos.

Sí, estoy convencido de que el ahora portavoz del Grupo mixto ya tenía puesta su mirada en la siguiente legislatura, antes de comenzar la vigente. Es una intuición basada en cómo Prendes y su equipo han gestionado las distintas contingencias que han ido surgiendo desde que se acabó de escrutar el último voto el 25 de marzo de 2012. Agotando los plazos de cuantas negociaciones surgieron al calor de las urnas. Manteniendo el suspense sobre sus inclinaciones, sus preferencias y sus intenciones de pacto y colaboración. Convirtiendo cada decisión en el climax resolutivo de una trama bien orquestada. En definitiva, llevando el nombre del partido a todos los titulares de la prensa asturiana, a todas las bocas opinantes de todas las ideologías posibles y a todas las tertulias de café copa y capilé. Si UPyD tenía que elegir entre el bloque de la derecha o el de la izquierda, Prendes postergaba su respuesta apurando al máximo los tiempos, consciente de que cada día que mantenía el suspense era un día que su partido ganaba de cuota de pantalla. Una publicidad que no tiene precio. Luego, es verdad, los magentas siempre tomaban la decisión que parecía más lógica. Es decir: PP y Foro se odiaban a muerte, lo normal era que Prendes hubiera descartado al instante una alianza con ellos, pero prefirió darle un toque dramático a la investidura de Javier Fernández arañando así algún titular más a su colección.

Esto es lo que creo que podría estar pasando ahora con la tensión legislativa no resuelta entre la reforma de la Ley electoral y la Ley de Presupuestos del próximo curso. Ignacio Prendes quiere una ley que beneficia a su formación en términos electorales, pero también trata de acaparar protagonismo y adornar con neones el nombre de un partido que navega siempre entre dos aguas. Y, sobre todo, el Diputado deUPyD intentará que la marca a la que representa se mantenga alejada de cualquier referencia negativa, como podría ser una prórroga presupuestaria. No creo que Prendes quiera aparecer como el artífice de que Asturias se quede sin presupuesto cuando la crisis más aprieta. No, Igancio Prendes no será quien fuerce la prórroga. Aunque puede, quien sabe, que Izquierda Unida sí. El PSOE parece que no tiene muchas ganas de aprobar la reforma de la Ley electoral, así que todo puede pasar. Mañana tendremos algunas pistas en la segunda jornada del pleno de orientación política en la Junta General del Principado.

Aplicaciones prácticas de la actividad parlamentaria

La Junta General del Principado, con toda la actividad política que en ella se desarrolla, es, como el resto de sedes parlamentarias de toda Europa, un laboratorio del que podemos sacar ideas para la vida cotidiana de todos los ciudadanos. Nuestros señores diputados y sus correspondientes Grupos parlamentarios son como cobayas en observación, de los que extraemos información preciada para construir comportamientos, argumentos y relaciones sociales de gran utilidad. Un ejemplo: el día que tu pareja castigue a tu hijo, suéltale 50 euros al chaval para que se vaya de juerga. Tú dáselos, y luego condiciona su salida nocturna a que el otro progenitor dé su consentimiento. Puede que no sea una buena estrategia para la estabilidad del matrimonio; puede que a tu vástago no le parezca bien tu ambigüedad, pero los 50 pavos le durarán meses. Años, si tu pareja sigue inflexible. Este modelo de comportamiento nace de la extrapolación a la vida familiar de experiencias recogidas en el Parlamento asturiano. En concreto de la firma de la propuesta de reforma de la Ley electoral. Que el Partido Socialista pueda llegar a rechazar en la Junta regional una proposición de ley que ha avalado con su rúbrica si ésta no es apoyada por algún otro partido de derechas, a demás de por UPyD, no deja de ser una irónica experiencia que se puede reproducir, como vemos, en el genérico mundo civil.

Hay muchos más ejemplos. Me gusta particularmente el de los defensores del maltrato animal en forma de tauromaquia. Asegurán estos ciudadanos que el toro ha nacido para morir, sea en el ruedo, sea en una vega de Tordesillas; que ése es su destino. Que se joda el toro, vamos. Es, como habréis advertido, un argumento elaborado gracias a las muestras obtenidas en un estudio realizado en el Congreso de los diputados, más en concreto en la bancada popular, en la zona en la que se ubica la levantina Andrea Fabra. Y qué decir de las diferentes sesiones plenarias, desarrolladas en las distintas Cámaras parlamentarias que pueblan la extensa geografía peninsular, en las que apenas hay diputados escuchando las comparecencias de determinados portavoces. Gracias a ellas hemos aprendido a desconectar nuestra mente cuando nuestra pareja nos echa la bronca por haber llegado tarde la noche anterior. Una aplicación, ésta, que por sí misma sería merecedora de acabar con la cacareada desafección política.

Sueños perdidos

Através de una mirilla espío mis sueños perdidos con la emoción de un admirador secreto. Conteniendo el aliento, superando el rubor. Incapaz, sin embargo, de ahogar la excitación propia del enamorado que sabe que jamás será correspondido. Los observo con ardor platónico, como si la mera contemplación atenuara, en alguna medida, el deseo insatisfecho. En el cajón más profundo de mis anhelos escondo los sueños de mi niñez. Los más inconfesables porque son puros y porque representan un detallado perfil de mí mismo, esbozado a través de mis incapacidades e inconstancias; son un retrato de lo que nunca seré. Lo que es peor, son el reflejo de lo que soy.

Me torturan menos los sueños de madurez, consciente como soy de que jamás los veré cumplidos. Los contemplo con nostalgia por recientes que sean. Y los almaceno con rapidez para dejar sitio a nuevos anhelos inalcanzables con los que las circunstancias cambiantes me bombardean. La mera supervivencia durante un día frustra muchas expectativas y abre un cauce para trasvasar sueños desde el rincón de lo latente hasta el sótano de lo imposible. Y el tráfico entre ambos espacios es constante. Son tantos los sueños de madurez perdidos, que de forma preventiva he abierto un baúl para guardarlos. Ahí yacen juntos. Revueltos. Agitados y batidos. El sueño de vivir en una sociedad justa comparte espacio con el de vivir sin destruir el ecosistema; el de disfrutar de la vejez se apila junto al de tener calidad de vida más allás de los 65 años; el de que mi hija tenga las mismas oportunidades que el hijo de cualquier banquero se amontona sobre el de que su futuro no pase por vivir en precario el resto de sus días. Ahí están todos almacenados. En un baúl de sueños perdidos. Uno al que quiero tapar la mirilla por la que espiar.