La madre, Rusia

Papelón el que tiene por delante la dirección de Tenneco, a la sazón multinacional norteamericana, que está intentando despedir de forma ilegal a todos los trabajadores de su rentable factoría gijonesa para trasladar toda la producción de amortiguadores a Rusia. Quizá no me habéis entendido bien: A RUSIA.

Sí, amigos, el lustroso presidente de potentes pectorales algo caídos ya, Vladimir Putin, podría haber tendido una mano a la siempre activa y luchadora plantilla de la planta gijonesa al invadir Crimea primero y anexionársela después. Por un lado ha llevado la inestabilidad a la zona y, por otro, ha propiciado que su homólogo yanky, el mismísimo Barak Obama, haya aunciado sanciones a Rusia por aquí y por allá. Y las de allá podrían significar la paralización de las inversiones de su país en la estepa que hay más allá de los Urales.

Y la dirección de Tenneco se enfrenta a esto después de haber perdido todos los juicios habidos y por haber contra la combativa plantilla, que entiende que es una barbaridad desmantelar una factoría rentable, dotada de la última tecnología y que ha recibido subvenciones públicas, para llevarla a la Europa del este con el fin de ganar un poco más. Solo un poquito más. La dichosa avaricia. La misma que lleva a Coca-cola a destruir 1.200 puestos de trabajo en todo el país y un centenar en Asturias. Y aquí no ha pasado nada. Y todos a beber ese refresco.

Si Obama prohíbe las inversiones en Rusia o la inestabilidad de la zona hace inviable cualquier emprendimiento, tendrá mucho valor histórico la fotografía de la cara que pondrán esos directivos que planearon ganar un poco más explotando a trabajadores más baratos cuando ya ganaban el dinero suficiente para que les fuera imposible vivir por encima de sus posibilidades.

Dictadura del matriarcado

A menudo me da por pensar en el concepto de Dictadura del proletariado como vehículo para transitar hacia una sociedad igualitaria. Sobre todo reflexiono en el resultado que podría haber dado si todos aquellos que llegaron a instaurarla lo hubieran hecho como medio, no como fin. Conste que la idea pasa por mi cabeza no como la añoranza de una utopía, sino como el escrutinio de un universo paralelo en el que la historia hubiera discurrido por algún cauce alternativo.

El paso del tiempo es democratizador, convierte en momentos históricos los aciertos y los errorres de los hombres. Y digo de lo de los hombres porque ha sido el género masculino el encargado de cometerlos. Los errores, mayormente. Si nos empeñamos en distinguir por su género a las personas que han tenido trascendencia en el devenir de la humanidad, deberemos juzgar a los hombres por sus desatinos. El 100% de las nefastas decisiones que han asolado a la civilización han sido ejecutadas por machos alfa. Sí, el primer ser humano en llegar a la luna fue un hombre, aunque lo habría hecho igual de bien -si no mejor- una mujer. Sin embargo, se podría poner en duda que la orden de soltar la primera bomba atómica, que también fue pronunciada por un varón, hubiera llegado a tener efecto si al mando hubiera estado un fémina.

Es así. No ha nada que haya hecho bien un hombre que no pueda hacer con la misma efectividad una mujer. Y no hay nada que nos haga pensar que una mujer no hubiera podido mejorar lo que un hombre solo pudo empeorar. Nada. No hay pruebas. Y no las hay porque el mundo se cierra entorno a un patriarcado global que camina de la mano de un pensamiento híbrido fruto del cruce incestuoso entre el capital (en manos masculinas) y el conservadurismo más rancio. Y lo peor es que a medida que pasan los siglos se reducen la posibilidades de que este sistema pueda mutar.

La única forma que se me ocurre para tratar de cambiar las cosas es una revolución de las mujeres. Y quiero destacar que me refiero al término revolución en el pleno sentido de ese concepto. Un levantamiento femenino que instaure una Dictadura del matriarcado como médio para alcanzar una sociedad más igualitaria, y que dé paso a un mundo en el que la discriminación positiva sea un concepto tan proscrito como la discriminación a secas, la desigualdad, el sometimiento, el machismo, el feminismo o la violencia de género. Dictadura del matriarcado como medio, no como fin. El objetivo es que el róximo 8 de marzo sea el Día internacional de la sociedad igualitaria.

Realities

En un país en el que cualquier mentira en una campaña electoral sirve para determinar el sentido de un voto -de forma que el electorado crédulo siempre apostará por los ciento volando-, la experiencia personal, por breve que haya sido la trayectoria vital del individuo, podría determinar de forma definitiva su filiación por un partido u otro, sin importar el matiz ideológico de cada formación política. Una máxima que se resume con extraordinaria sencillez en la sentencia: “yo, cuando gobernaba Aznar, tenía trabajo”. Es una frase que anula cualquier intento de discusión sobre la crisis, por sincera y cordial que ésta sea (la discusión), y que confirma la grave acusación de que la culpa de la actual coyuntura es de la ciudadanía, no porque el pueblo soberano haya vivido por encima de un listón de posibilidades más o menos alto, sino porque se ha empeñado en subsistir un por debajo de un umbral educativo que se arrastraba antes y que va camino de perforar el suelo para soterrar cualquier esperanza ahora.

Esto, amigos, no quiere decir que haya tomado partido en el eterno, inagotable y crudo debate entre Randolph y Mortimer Duke. No lo había hecho hasta ahora y no lo pienso hacer. Al contrario, hoy pienso rebatir las ideas de estos dos colosos de los Trading Places para concluir que ambos estaban equivocados al enconarse en una fraticida batalla dialéctica sobre si el éxito de una persona está determinado por su educación o por su capacidad natural. Randolph y Mortimer no solo eran teóricos, sino que llevaron su disputa a la experimentación empírica, aunque el segmento poblacional en el que basaron su estudio era muy pequeño (dos personas), por lo que se me antoja harto difícil extrapolar los resultados a un abanico de mayores dimensiones. Pero no aseguro categóricamente que esos dos gigantes de la conomía estaban equivocados por reducir el campo de estudio a dos especímenes, sino por lo que he dado en llamar “especifidad española y olé”: el ecosistema socio-político de buena parte de la Península Ibérica. Y olé.

El 99% de los toreros que son medianamente conocidos, el 70% de los futbolistas que juegan en primera división en grandes equipos, varios políticos, Tita Cervera y Paquirrín, entre otros, son el vivo ejemplo de que se puede triunfar (en términos económicos y de consecución de objetivos personales) en la vida sin necesidad de tener estudios. Por otra parte, Tita Cervera -again-, varias Ministras, algunos jugadores del Real Oviedo y, otra vez, Paquirrín, han sido capaces de alcanzar grandes metas personales sin tener ninguna capacidad natural para ello. Estos ejemplos, creo, torpedean las tesis sostenidas por los Duke, sí, pero no hunden sus teorías por completo. Para lograr tal hazaña ha surgido de lo más profundo de la España cañí una nueva estirpe de triunfadores que ni tienen formación para el éxito ni, desde luego, atesoran capacidad natural para la prosperidad y aún así, consiguen salir adelante con (relativo) éxito: los concursantes de realities televisivos, entre los que también encontramos a Paquirrín, por cierto.

En general no me gustan los realities. Ni siquiera aquellos en los que participo sin querer. Excepto uno. Uno internacional en el que han metido a una treintena de países en una casa común que, por algún motivo que desconozco, han dado en llamar “Unión”. Es una pasada. Hay un “Súper”, que es la Comisión Europea, y que se dedica a dar las instrucciones a los participantes. Está muy emocionante. Han estado a punto de expulsar a Grecia. Los amigos del país heleno se quejan de que la dirección del programa, el FMI, está manipulando la información que recibe el público para cambiar su percepción del país y perjudicarlo. Está fenomenal. Hay un grupo de paises periféricos que creen que Alemania es una mandona. Otros creen que Francia está “actuando” para ganar. Pero todos se ponen a parir mutuamente cuando están en el “confesionario”. Últimamente es la risa porque les han metido a un visitante, Ucrania, y la audiencia tiene que estar subiendo mucho porque ha aparecido en escena una de sus ex, Rusia, que al parecer está celosa. Con deciros que el reality es lo más visto ahora en EEUU… Una pasada.

Participa en este experimento sociológico internacional también España, que está pasando sin pena ni gloria por el programa, y que lo mismo acaba expulsada que se va ella por su propio pie. Nadie lo sabe. La verdad, no da mucho juego. Será porque hay montado es ese país otro reality, uno interno, que consiste en expulsar a gente del mercado laboral para poder decir que baja el paro. También está muy bien. Genera mucha expectación porque el público es también concursante y hay expulsados cada cinco minutos. Una genialidad. Todo el mundo cree que será líder de audiencia hasta que el próximo curso empiece otro reality que prevé que se vaya expulsando gente del sistema educativo. Gente joven, se entiende. Brutal. Eso solo lo superaría un programa en el que haya expulsados del sistema de salud. Al tiempo.