Dime cómo piensas y te diré qué refresco bebes

Como un sociólogo que disecciona con afilado bisturí el perfil genético del buenpensamiento español. Así es Coca-cola. Como un agente que lucha contra el crimental, tal y como lo percibe España, concebida ésta como una, grande, etc… Ni el pijo sin amigos necesitado de mantener una postura social que le permita encajar en un club de campo habría podido firmar un episodio de fidelidad al pensamiento del régimen tan contundente y eficaz. Nadie podría. Es imposible. Para empezar porque muy pocas personas son capaces de comprender y digerir la enrevesada ideología de la derecha española, que es liberal y conservadora a la vez. Esto, fuera de España, no lo digiere ni dios. Un país en el que la derecha quiere libertad para despedir, pero no para abortar; libertad para no pagar impuestos, pero no para manifestarse en las calles o en las redes sociales; libertad de mercado, pero rescatando bancos con dinero de todos; libertad para hacer chiquilladas con una bandera franquista, pero no para recuperar los cuerpos de los desaparecidos en la dictadura. Y así hasta la eternidad.

Ese conglomerado liberaconservador es muy difícil de sintetizar en una sola frase que explique el concepto. En una sola idea. En un solo spot televisivo. Es jodido de verdad. Pero Coca-cola nos ha proporcionado la metáfora perfecta: queremos libertad para destruir 1.200 puestos de trabajo, con el consiguiente poder adquisitivo que se pierde en el país y con la de jóvenes que tendrán que emigrar porque no podrán acceder a esos empleos, pero velaremos por la integridad moral españolista de hasta el último subcontratado por una empresa externa para hacer cualquier estupidez. Vamos, que si no eres de la cuerda, no sales en los anuncios del refresco de moda. Eso le pasa al actor por pensar. Pero no por pensar cualquier cosa, no, sino por pensar de forma distinta a la mayoría. Lo único que le falta es estar en paro, que se le acabe la prestación, que no pueda acceder a más recursos y que una diputada elegida por el pueblo como persona capacitada para gobernarnos a todos suelte un “que se joda”.

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Al Grupo mixto, antes de ser expulsado

Los procedimientos burocráticos harán que sea por muy poco tiempo pero, a día de hoy, el condenado por prevaricación por fraccionar contratos para la adquisición de monolitos para señalar fosas comunes, Ángel González, tendrá que compartir el mismo despacho parlamentario que el diputado de UPyD Ignacio Prendes, actualmente único beneficiario de los recursos destinados al Grupo mixto. Bien es cierto que González tiene pocas posibilidades de seguir en la Cámara asturiana -será expulsado, según ha podido saber este blog, mientras él se sigue aferrando a cuantos cabos ardiendo puedan ayudarle a salvar su honor de exviceconsejero-, por lo que IU no tendrá que temer que se reduzca la dotación económica que le corresponde a su grupo al ver mermado el número de diputados que lo componen. En caso de rápida expulsión del Parlamento asturiano, tampoco tendrá que temer el citado Prendes, pues, aunque el Grupo mixto vería incrementados sus recursos ligeramente, éstos y el tiempo de exposición mediática tendrían que ser compartidos con González (en el improbable caso de que éste no salga disparado del hemiciclo con su sentencia condenatoria y su recurso ante el Supremo bajo el brazo). Con razón quiere Prendes que dimita cuanto antes. A ver si van a tener que compartir protagonismo; a ver si van a tener que compartir asesores… En fin, el lunes se reúne la Mesa de la Junta para decidir sobre todo este tinglado que podría terminar con el tribunal Supremo dando la razón a Ángel González, pero con la carrera política de éste finiquitada en cualquier caso. Nunca se sabe, porque, como se suele decir, la política es una carrera de fondo. Y, en el fondo, González podría ser inocente.