Enséñame la pasta

Sí hay dinero, el problema es que no lo tenemos nosotros. Proverbio asturiano.

La enorme complejidad del mundo en el que vivimos, con sus infinitos matices que influyen en el entramado que hemos dado en llamar sociedad, no impiden que, en ocasiones, sea posible -hasta necesario; sano, incluso- hacer análisis simplistas. Más en estos días en los que nos bombardean con mensajes, todos ellos interesados, que debemos interpretar unos, y tragar sin masticar otros. Un exceso de información que es necesario decodificar y reducir para poder advertir el verdadero eje de la comunicación.

De todos los mensajes que nos llueven a diario yo destacaría los que están a favor de la idea de la recuperación económica y los que están en contra. Opuestos, pero no excluyentes. Por un lado, nos dicen que las cosas van mal: las familias en riesgo de exclusión social crecen de forma imparable; la pobreza energética es un concepto que está ya en boca de cualquiera, surgido como de la nada y asumido con facilidad pasmosa; los jóvenes tienen más de un 50% de paro; nos juran que no hay dinero para la educación ni para la sanidad; Nos perjuran que las pensiones no son sostenibles; los sueldos bajan hasta lograr que una persona que trabaje diez horas al día no pueda dejar de ser pobre; los contratos temporales se generalizan creando una tensión en el trabajador que le lleva a aceptar ofertas que le obligan a vivir literalmente por encima de sus posibilidades, teniendo que recurrir a la familia o a los servicios sociales (cada vez menos dotados) para llegar a fin de mes.

Y nos dicen todo esto mientras nos cuentan que las cosas, en realidad, van bien: los bancos y las grandes multinacionales vuelven a los beneficios multimillonarios; los ricos se multiplican como por esporas; el dinero de los ricos se multiplica como por esporas que se multiplican por esporas; que los ricos y su dinero se multipliquen como por esporas hace crecer la confianza de los mercados y baja el interés al que se financia el país; el crédito barato hace que suba la deuda a niveles históricos; la entrada de crédito hace que se pueda destinar dinero a sanear bancos para que puedan volver a tener beneficios multimillonarios, y la deuda ya la pagaremos entre todos cuando la economía despegue. En definitiva, que nos dicen que no hay dinero a la vez que nos cuentan que cada vez hay más, lo que nos lleva a concluir que el dinero, de forma similar a la energía, no aparece ni desaparece, simplemente cambia de manos. Y ahora se concentra en unas pocas. No nos digáis que no hay dinero, decidnos que no lo queréis compartir con nosotros.

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