En defensa de Rosa Díez

En política se debe tener ética, fidelidad, compeñerismo y respeto al líder. Es necesario poseer todos estos valores, pero bien guardados en algún cajon para sacarlos y/o esconderlos cuando te venga bien. También es necesario tener muy desarrollada la capacidad de pedir responsabilidades ajenas, y atrofiada la de asumir las propias. En este sentido, se puede disentir de la decisión de un líder y, en función del resultado de tal decisión, pedir su dimisión si sus efectos son negativos. Si la consecuencia de la decisión del líder es positiva, a pesar de que el discrepante se haya opuesto a ella con vehemencia, no se debe -ni siquiera remotamente- sopesar la posibilidad de dimitir, aunque el político díscolo tenga la notoriedad y el impacto social suficiente que le pudiera conferir ser representante público del partido a cuyo líder se opone.

¿Qué habría pasado si UPyD hubiera entrado en la Junta de Andalucía y Ciudadanos se hubiera quedado fuera? ¿Habrían dimitido los Barones magenta que criticaron en su día a Rosa Díez por no pactar con el partido de Albert Rivera y que hoy piden la dimisión de la “lideresa”? ¿Asumirían que su estrategia política estaba equivocada y que, de haberse impuesto, habría perjudicado al partido? ¿Habrían optado por abandonar sus puestos por responsabilidad política para dejar paso a otros con mejor criterio?

Si la respuesta a las tres últimas interrogantes fuese un sonoro “sí”, yo dejaría aquí esta opinión y la publicaría bajo el título de Rosa Díez dimisión. Pero como no está claro que se pueda contestar a esas preguntas de forma afirmativa, me limitaré a destacar el profundo malestar que los resultados de las elecciones andaluzas ha podido dejar en los aspirantes de UPyD a entrar en los distintos Parlamentos autonómicos y Ayuntamientos en los comicio de mayo. Ya asoma el desastre en el horizonte de la legislatura. Se les mueve el sillón y solo se les ocurre destacar la escasa altura de miras de su líder como si eso no fuera a estas alturas una obviedad. Discrepaban en su día de la postura de Díez pero no defendieron la suya propia hasta la dimisión si hubiera sido necesario. Permitieron que su partido se hundiera en las elecciones andaluzas y en las encuestas, agazapados, pero sin renunciar a sus responsabilidades. Dejaron que se defenestrara a Sosa Wagner y no siguieron su camino fuera de la formación. Todo muy comprometido.

Es verdad que Sosa Wagner tenía otros frentes abiertos en UPyD, al margen de su apuesta por Ciudadanos. Sí, está el asuntillo del Parlamento Europeo y su error al pensar que podía decidir y votar según su propio criterio y no según el del partido. Suficiente argumento para que quien gobierna a los magentas con mano de hierro -como si de su juguete se tratara- le defenestrara, mientras los críticos con la dirección otorgaban con sus valores guardados en un cajón, esperando a que surja una oportunidad para sacarlos y darles lustre.

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