Exfieles a UPyD complementan a C’s

Un poco por relatar de forma somera la sucesión de vertiginosos acontecimientos que precedieron a la actual orgía de negociaciones en pro de la regeneración democrática, decir a modo de resumen que Ciudadanos Asturias es un partido que, entre otras cosas, se quedó sin candidato después de que éste dedicara su tiempo libre en las redes sociales a insultar gravemente a los catalanes, esa gente conciudadana de Albert Rivera, líder de Ciudadanos en Cataluña primero y en toda España después. Lo curioso del caso es que mientras la coordinadora del partido en el Principado era sustituida por una gestora, dejando a la responsable de C’s en Asturias al nivel de una mera afiliada de base, el candidato anticatalanista de la formación perdió el liderazgo de la lista, pero no su estatus en el partido y de hecho es uno de los ideólogos de la negociación que hoy continúa con los miembros y exmiembros de UPyD. Que no digo yo que no sea así, pero tal parece que la ascensión o defenestración en Ciudadanos se rige por la infraestructura que cada persona y/o colectivo pueda poner a disposición del partido, habida cuenta de lo escasos que andan en C’s de recursos humanos, inmobiliarios y materiales en el Principado. Desde luego tienen menos que los que acumulan sus hermanos miembros y exmiembros de UPyD. Por eso, en la reunión que hoy continúa quién sabe si, además de la lista autonómica o de candidaturas en otras listas locales de Ciudadanos -para poder dar abrigo a todos aquellos miembros y exmiembros de UPyD que quieren por fin tener un sitio en la cosa pública esa que los liberales de bien quieren minimizar y privatizar por el bien de todos, sean éstos liberales o no- se podría poner sobre la mesa los recursos no humanos que esos aspirantes a pasar del magenta al naranja están dispuestos a aportar por el bien de la lucha contra el bipartidismo. No digo que sea así, pero tampoco nadie se puede molestar porque la inclusión en una lista ganadora lleve aparejado un canon en forma de contribución altruista de medios de los que el partido carece. No seré yo quien se lo eche en cara.

Los miembros y exmiembros de UPyD que son críticos desde hace tiempo con la dirección de su partido pero nunca se atrevieron a dimitir en defensa de sus ideas no son tontos y leen la prensa. Ven desde hace tiempo una campaña mediática en favor de Ciudadanos que amenazaba con crear un monstruo capaz de dar sombra al mismísimo Pablo Iglesias y sus chicos de Podemos. Un partido destinado a equilibrar las fuerzas del descontento ciudadano con el fin de crear un bipartidismo reformista que dé respiro al bipartidismo de toda la vida. Si Podemos se llevó por delante a IU, en UPyD no pocos temieron que Ciudadanos hiciera lo mismo con su formación, y rápidamente se pusieron a trabajar para arreglarlo de la forma más aséptica posible: aliándose con C’s o yéndose a esa formación, siguiendo al pie de la letra el dicho de que si no puedes con ellos, únete a ellos. Como Rosa Díez -famosa porque corre el riesgo de pisar cualquier día de estos su propia altura de miras- tiene cerrada la democracia interna a cal y canto no vaya a ser que se le gaste, algunos de sus críticos decidieron que lo mejor era abandonar la nave y hundir el barco ellos mismos; otros pensaron que lo mejor era hundir la nave ellos mismos y luego abandonarla. Y así llegamos al día de hoy, en el que algunos de esos críticos han salido de UPyD, otros han sido expulsados, y alguno queda que sigue afiliado porque no vaya a ser que se queden fuera en el caso de que Rosa Díez pierda el Congreso extraordinario convocado para después de las elecciones y la nueva dirección de UPyD reformule sus relaciones con Ciudadanos creando una alianza con aspiraciones. Y la dirección nacional magenta parece noqueada. Quiso atajar la insubordinación con un par de gestoras, pero su reacción fue lenta y pesada como la burocracia de una administración local. Ha perdido la iniciativa hace tiempo y va al rebufo de los acontecimientos como un boxeador que aguanta una paliza a la espera del final del último asalto, con la remotísima esperanza de que quizá pueda ganar a los puntos.

Y todos estos de los que estamos hablando, los unos y los otros, se autoproclaman adalides de la regeneración democrática. Y todos enarbolan la bandera de la lealtad institucional cuando es preciso. Y todos aseguran actuar por el bien de la ciudadanía con el consentimiento de sus afiliados. Pues bien, Ciudadanos tenía hasta hace pocos días 150 afiliados en el Principado de los que alrededor de 30 son críticos con la deriva adoptada por sus actuales líderes impuestos a dedazo desde Barcelona. Otro grupo suponemos que estará a favor, y un tercero no se pronuncia porque debe estar flipándolo en colores. Si tenemos en cuenta que hace cuatro años en Ciudadanos pocos sabían dónde queda Asturias exactamente, y en Asturias pocos sabían que había un partido que se llamaba Ciudadanos, nos encontramos con la surrealista paradoja de un partido que dice contar con la opinión de unos militantes que no tiene, y que jura trabajar para una ciudadanía que desconoce. Pero la gran propaganda que se ha hecho a este partido, y la actual crispación ciudadana y su descontento con la política, han generado el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de un banco de votantes que lo mismo les da votar a Foro que a Ciudadanos, y que podrían facilitar la entrada de este último partido con fuerza en la Junta General, aunque sea a costa de dejar fuera a UPyD (y quién sabe si a Foro). Era esta una ola que un buen surfero magenta no puede dejar escapar.

UPyD, por su parte, tiene otros 200 afiliados en Asturias. A la Asamblea de críticos fueron unos 100, con lo que suponemos que el 50% de la militancia o no está de acuerdo con unirse a Ciudadanos o, como suponemos les pasa a algunos afiliados a C’s, lo está flipando en colores. Su posición en el mapa político es bien distinta, ya que no tienen apoyo mediático, parten de unas previsiones electorales nefastas, pero ya tienen representación en el Parlamento asturiano, así como una infraestructura sólida. Cada parte tiene, por tanto, lo que al otro le falta y hoy siguen tratando de organizarse para ponerlo todo en común. Eso sí, con el beneplácito de Albert Rivera, un líder muy al estilo de Rosa Díez pero que todavía no está cuestionado porque sigue cosechando buenos resultados. Y puede estar tranquilo, contará a partir de ahora con la lealtad de los que un día juraron fidelidad a UPyD.

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