Vaciando de contenido la palabra “hipster”

Se pueden formular dos análisis distintos y opuestos del vídeo electoral del Partido Popular que apela al voto “hipster”. Se podría pensar, para empezar, que el PP se equivoca con ese corto porque no está derigido a su público tipo. Es verdad, pero los errores de comunicación del vídeo van incluso más allá. El metalenguaje del propio anuncio electoral desvela que a los de Rajoy o se la pela todo o han metido la pata hasta el fondo. Vamos a desarrollar más en profundidad el primero de los dos análisis.

Lo primero que nos viene a la cabeza es que en la historia aparecen cinco personajes y solo uno es votante del PP. Es decir, el mensaje implícito es contrario al mensaje explícito. “Somos el partido más votado”, dicen al final del spot, pero el mensaje connota que eso no es cierto, ya que solo un 20% de las personas que aparecen en su propio anuncio electoral son votantes suyos. Es un error propio de expertos en comunicación y/o marketing comercial, ámbito en el que los mensajes que implícitamente se refieren a un público minoritario suelen tener connotaciones positivas, ya que en muchas ocasiones el consumidor busca productos exclusivos, que le diferencien del resto. En el terreno de la comunicación política, posicionar a un partido en una minoría no suele ser una estrategia correcta porque el votante, al contrario que el consumidor, sí prefiere ir en la corriente de la mayoría, en la corriente ganadora.

Otro de los aspectos que evidencian errores en un somero análisis semiótico del vídeo hipster del PP es que no solo el supuesto votante popular está en minoría, sino que el resto de personajes, el 80% de los personajes restantes, muestra explícitamente disgusto porque un allegado vaya a votar al Partido Popular. Es decir, el PP admite que genera antipatía. Abiertamente se reconoce antipático para la mayoría de la población. Es lo que connota el vídeo de forma implícita enviando un mensaje que, además, choca con el titular explícito que los populares quieren destacar al final del corto. Por un lado reconocen que son un partido que no cae bien a la mayoría y, por otro, se perfilan como líderes electorales. Es un error de comunicación doble porque, además de reconocer su antipatía, implícitamente también están reconociendo que les da absolutamente igual lo que piense la mayoría de la población de ellos y que solo les interesan sus votantes.

Otro error del mensaje es relacionar los conceptos de “más votado” y “hipster”. Desde mi punto de vista lo que consigue el vídeo es anular por completo el significado de la palabra “hipster” si es que a día de hoy todavía tenía alguno. Ir por delante en las tendencias aunque signifique ir a contracorriente no se puede vincular a encontrar argumentos para votar igual que la masa. Un “hipster” podría votar al PP porque sus inquitudes culturales podrían no chocar con las políticas, pero nunca lo haría por ser “hipster”, sino porque aquellos a los que nos empeñamos en poner la dichosa etiqueta no dejan de ser personas, ciudadanos con unas u otras preocupaciones e intereses que defender y resolver. El vídeo, sin emabrgo, distingue entre votantes populares y personas con inquitudes culturales y sociales. Lanza el equivocado mensaje de que “hasta las personas sensibles y cultas; las que salvan a las ballenas; las personas con sensibilidad también podrían llegar a votar al PP”. En última instancia ese mensaje connota que un votante medio de los populares no puede reunir esas carácterísticas vinculadas a la cultura o la sensibilidad social.

De los muchos errores en materia de comunicación que creo tiene el vídeo solo voy a destacar uno más: el diálogo de los personajes. Y del citado inetercambio de palabras me centraré en una frase: “que yo sepa, Rajoy no tienen na da en contra de las ballenas, ¿no?”. Podría estar horas escribiendo sobre la nefasta comunicación del vídeo, sobre semiótica y metalenguaje y siempre acabaría haciendo mención a esa frase, porque resume un poco todos los puntos antes criticados y alguno más. Primero, el vídeo denota que el protagonista no está seguro de que Rajoy no tenga nada en contra de los cetáceos. Lo supone pero no lo sabe y por eso pide confirmación a sus propios amigos que le están convenciendo de que no vote al PP después de que su madre ya se haya ido llorando, abatida, de la salita en la que se encuentran. Es decir, el PP reconoce que sus votantes no saben muy bien ni lo que votan. Esto significa que una persona que defiende el transporte público y moverse en bicicleta por la ciudad está dispuesta a votar a un partido cuyos miembros en Madrid defienden el derecho a moverse en coche aunque haya contaminación. El PP estblece implicitamente como característica fundamental de su electorado el desconocimiento de los aspectos básicos de su programa. Entre otras cosas, este mensaje connota que el caladero de votos en el que quieren pesacar es el de la ignorancia.

Y finalizo con el otro análisi semiótico, el opuesto al hasta ahora desarrollado: El PP tiene bien definido cuál es su electorado y se la sopla lo demás. Ni hipsters, ni bohemios. El Partido Popular sabe quién es su votante y quiere hacerle reir con un vídeo. Según este segundo análisis a los populares les darían igual tanto los modernos como las ballenas, con lo que el único motivo para emitir un corto electoral como este sería demostrar que:

a) Twitter es una red social de corto alcance cuyas críticas apenas llegan al 10% de la población en el peor de los casos.

b) Hacer políticas para beneficiar a 10 millones de personas garantiza 10 millones de votos, suficientes para ganar casi todas las elecciones.

c) La izquierda es incapaz de hacer un vídeo como este porque un pijo, un cani, un jevi o un Ángel de infierno que voten al PP son, en todo caso, inasequibles a la infidelidad política.

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