Esperar

Algunos de los principales problemas de la humanidad se podrían evitar si nos esforzáramos por ver sólo las connotaciones positivas del verbo Esperar.

Hoy mi hija me contó en el desayuno que ayer celebraron en el colegio el día de la paz. Al parecer, la profesora animó a sus pequeños alumnos de tercero de infantil a que escribieran (los que saben, que con cinco años no es obligatorio tener tal capacidad) aquellas cosas que ellos pensaran que podían contribuir a que en el mundo hubiera más paz. El grupo de mi hija escogio tres palabras: amar, compartir y esperar. ¿Esperar?, pregunté. ¿Por qué esperar? Por esperar tu turno, me dijo. Simple, conciso y brillante.

Los niños de hasta cinco años de edad no tienen muchos conflictos. Ninguno arraigado. Son todos efímeros. Fugaces. Pero la mayoría están provocados porque hay padres que no quieren o no pueden enseñar a sus hijos a esperar. Eso genera las primeras disputas de un ser humano. Algunas de ellas incluso provocarían las risas de los progenitores, que celebrarían las chiquilladas como simples actos pueriles dignos de ser contados en el grupo de Whatsapp de turno.

Pero mi hija me hizo ver que hay más. Que son tonterías infantiles solo para los adultos, no para los pequeños. Tanto empeño ponemos en dejar de ser niños que se nos olvida con facilidad pensar como ellos. Nuestros hijos dan importancia a que un niño les aparte de la cola para entrar él primero en el autobús o a que otro les quite la plastilina porque, cansado de jugar con la verde, ahora quiere la azul. Son niños, y como tales actúan sin malicia. Entienden que no es malo quitarle un lápiz a otro si es para satisfacer su prisa por usarlo. Nadie les ha enseñado a esperar.

Los padres no esperan. No les gusta. Odian la lentitud de los pequeños cuando les obligan a salir de compras; aborrecen el atasco que retrasa diez minutos el viaje de la familia; detestan el cuarto de hora perdido en un restaurante que quiere más rentabilidad teniendo un solo camarero mal pagado en el comedor; desprecian la tremenda cola que se forma en el cine en el estreno de lo nuevo de Pixar y, en general, les angustia cualquier circunstancia que les mantenga parados, sobre todo si el tiempo de espera no es suficiente para revisar en el smartphone Twitter y Facebook.

Y si los padres no esperan, los niños entienden que no es bueno hacerlo. Esperar es malo. Esperar angustia. Y crecerán afianzando tal creencia, hasta el punto de que serán capaces de hacer cualquier cosa con tal de obtener lo que quieren de forma inmediata. Lo que sea. Hacer lo que sea. Decir lo que sea. Herir a quien sea. Saltarse la norma que sea. Destruir lo que sea. Por no esperar. Esperar es la base del orden; del respeto. Esperar tu turno.

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