El orden de los factores

En el fútbol, el orden de los factores sí altera el producto. Ejemplos hay de sobra, como que no es lo mismo jugar con un 4-4-2 que con un 2-4-4, por mucho que finalmente haya 11 jugadores sobre el terreno de juego. En el fútbol todo son números pero la forma en la que éstos se ordenan determina muchas cosas. En concreto hoy quiero referirme a la consecución de la permanencia por parte del Real Oviedo en la penúltima jornada. Depende de cómo se ire, un hito.

El Real Oviedo tuvo suerte. No por haber logrado la permanencia, algo que consiguió de forma justa y más holgada de lo que pudiera haber parecido meses atrás, sino por la forma en la que se repartieron los puntos que hicieron posible que el club no pierda la categoría de plata. El conjunto azul firmó la permanencia gracias a una parte final de la segunda vuelta muy meritoria. En una hipotética clasificación desde que se retomaron los partidos con el fin del confinamiento sanitario, el Oviedo ocuparía puestos de privilegio. Haber finalizado la campaña en una trayectoria ascendente es una auténtica inyección de moral para la afición, para los jugadores que se queden en la plantilla y, en definitiva, para todo el club, ya que durante buena parte de la temportada el equipo jugueteó con el descenso y nos hizo recordar a todos la dureza de la segunda división b.

Desde la victoria contra el Zaragoza no dejo de leer (a veces atónito) comentarios sobre la planificación de la próxima temporada. La afición lleva días generando la ilusión que moverá al equipo la siguiente campaña, una ilusión que no deja de ser la sabia que alimenta este deporte, por mucho que a los máximos responsables de La Liga a veces se les quiera olvidar. Ya se habla de fichajes, de bajas, de renovaciones. Ya se mira al futuro. Y todo gracias a que el equipo se ha salvado en la penúltima jornada después de un brillante final de liga.

No sé con cuántos puntos acabaremos la temporada porque todavía queda una jornada por disputar (pongamos que los mismos que tenemos ahora, es lo de menos para el siguiente ejercicio), pero imaginemos que la forma de conseguirlos hubiera sido diametralmente opuesta. Imaginemos que el Real Oviedo arranca la liga en puestos de ascenso, desplegando buen fútbol, batiendo a domicilio al Zaragoza y al Sporting, para luego entrar en una dinámica abúlica e isulsa y terminar logrando la permanencia en la jornada previa a la clausura de la competición. Depende de cómo se mire, un fracaso.

A poco que el lector sea oviedista y siga las redes sociales, podrá imaginar cómo estaría el oviedismo: ira y fuego. Se pediría que rodaran cabezas, se exigiría una plantilla nueva, se insultarían los partidarios de unos y otros jugadores para desaliento del resto. La pretemporada estaría viciada y cada fichaje cuestionado. El aficionado habría visto insatisfecho su derecho a una temporada digna y querría venganza, que no compensación; la presión sobre los jugadores sería tremenda al inicio del siguiente curso liguero. Es fútbol ficción, claro, pero es la teoría que me sirve para volver a decir que el Oviedo tuvo suerte en la forma de cosechar sus puntos.

Desde hace años, el club envía un mensaje que muchos los aficionados reciben pero no todos interpretan: humildad. Haber hecho grandes campañas en épocas pretéritas no gana partidos, así que a quienes jueguen la próxima temporada en nuestras filas les quiero pedir 53 puntos y que los consigan de forma rápida aunque no sean capaces de aspirar a más, pero que finalicen la temporada en alto, es decir, con victorias. Además, a quienes dirijan la entidad y a los aficionados les quiero pedir lo mismo: sensatez y conocer nuestra historia. La buena y la mala, claro.

Solidaridad insolidaria

He decidido recuperar un viejo texto porque he estado observando que, en estos días aciagos de pandemias y confinamientos, hay mucha gente que confunde la solidaridad con la limosna. Y eso está muy mal, porque la solidaridad pocas veces trae nada bueno, lleva a revoluciones que perjudican a la economía y a los ciudadanos de bien; la adhesión a la causa de terceros es el germen de ideologías perversas que derivan en ideas extremistas y, lo que es peor, populistas, mientras que la limosna ayuda a los necesitados en los momentos de infortunio. Que particulares altruistas suplan los servicios que debería facilitar una administración pública que de verdad se preocupe por los ciudadanos, eso es lo verdaderamente motivador. Qué puede haber más hermoso que ver a quienes tienen capacidad económica mitigar la desesperación del desamparado de forma puntual, toda vez que el Gobierno de turno es incapaz de hacerlo al carecer de recursos necesarios. Nada. Cero. Nichts.

No tengo los datos necesarios para asegurar categóricamente que son todos, pero, en general, la gran mayoría de las personas adineradas, y que además son caritativas, quiere que los pobres sigan siendo pobres, aunque unos no lo digan y otros no lo sepan. Y no hay nada de malo en ello. No hay de qué avergonzarse, es el orden natural de las cosas. Tampoco estoy descubriendo la pólvora con esta sentencia. La limosna, se entienda este concepto como se entienda, es un garante de que los necesitados van a seguir viviendo y, más en concreto, van a seguir viviendo pobres, que es de lo que se trata. Y eso está muy bien, porque siendo los recursos y el dinero finitos -como son-, cuanto menos tengan los que tienen poco, más tendrán los que tienen mucho, que al fin y al cabo son los que generan la riqueza. Es que es de Perogrullo. Y si esta expresión os parece un tanto clasista, lo diré de otra forma: cuanto más tengas los que crean el empleo de la nada, menos tendrán los de se empeñan en vivir de las subvenciones. Es tan básico que no sé ni para qué me molesto en escribir nada.

Impuestos, dirán los populistas. Para qué, responderán las personas de bien. Para qué los necesitamos. Si vemos que la administración -pongamos por ejemplo el sector de la sanidad- necesita de algún instrumento, lo lógico es que se lo donen los que pueden hacerlo, porque si no, el Gobierno de turno, si es bolivariano, se empeñará en adquirirlo con recursos obtenidos de los impuestos. Y eso es una incongruencia, porque a los ricos les sale más barato regalarlo que pagar esos impuestos. Es decir, la administración no sabe gestionar. Entre pagar 1.000€ por un producto o pagar 10.000 para que otro compre ese producto, ¿tú que elegirías? Está claro, ¿no? Es la demostración de que los impuestos no valen para nada.

La limosna sirve, entre otras cosas, además, para lavar conciencias. Dejarlas como una patena. Y una persona con la conciencia aseada se siente con la legitimidad moral de decir “yo esto no lo tributo, porque me lo he ganado”. La conciencia brillante que nos deja la limosna nos permite defender con más ahínco los recortes de servicios sociales públicos, tan necesarios (los recortes) para poder desviar los recursos a asuntos más importantes, como sanear los bancos privados gracias a créditos de dinero público que jamás serán devueltos. Una conciencia pulcra para gobernarlos a todos. Una limosna para atraerlos y atarlos en la pobreza en la Tierra de España, donde se extienden las Sombras, donde la crisis ha dejado miles de familias sin recursos para pagar la calefacción en invierno porque se empeñaron en vivir por encima de sus posibilidades. Una Tierra en la que la supresión de derechos sociales es recibida en el parlamento entre aplausos y gritos de “qué se jodan”, pero no pasa nada porque el domingo voy a misa y allí doy mi moneda. Estamos salvados gracias a un mísero euro que cambia de manos. Un euro que es una condena para el que lo recibe, aunque él no lo sepa.

Sin nombre

Primavera de 1994.

Siempre había pensado -incluso afirmado- que sería incapaz de mantener una relación sentimental con una chica que tuviera pareja. Era una idea quién sabe si inculcada por una irregular educación católica mal asimilada o por culpa de la nula educación sexual o sentimental que recibía en casa. Vista con perspectiva la educación general que había recibido de mis padres, pero también del colegio y del catecismo en mi parroquia, era un milagro que a mis 20 años mantuviera la capacidad de relacionarme con otras personas -independientemente de su sexo o condición sexual- de una forma humanamente aceptable. Entonces no lo sabía, pero haber tenido varias novias suponía un hito que nadie jamas me iba a reconocer. Pero cuando eres ajeno a tu propia falta de empatía también eres insensible a las fronteras de tu reducidísimo mundo, lo que facilita una existencia placentera siempre que tu pequeño universo esté en orden.

Mi falta de empatía nunca fue total. De hecho, uno de los motivos por los que rechazaba la idea de tener una aventura con alguien comprometido era la ley de “no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”. Es decir, en la piel del novio de la chica sí que me podía llegar a poner. El otro motivo de mi extraña lealtad a los desconocidos era mi desconfianza hacia las personas que pueden traicionar a un ser querido. Si pueden engañar a su actual novio, pueden engañar a cualquiera, solía razonar yo para zanjar cualquier debate al respecto. Y así fui pululando por la vida hasta cumplir los 20: pensando que no era buena idea tentar a la mujer del prójimo, por desconocido que éste fuera. Hasta que conocí a Ana.

Sucedió un luminoso día de abril en Madrid. La ciudad seguía siendo fría a primera hora de la mañana. Un ligero viento gélido rasgaba mis lágrimas sin que la perspectiva de una tarde cálida pudiera disipar mis dudas sobre si haber salido de casa abrigado con una ligera chaquea vaquera había sido buena idea. Encorvado, con las manos refugiadas en las axilas, aguardaba a que la primera luz del día se filtrara entre los huecos de la silueta urbana. Esperaba eso y también que abrieran las taquillas en las que se venderían aquella mañana las entradas del siguiente Madrid-Barça. Había calculado erróneamente que llegando antes de las siete de la mañana sería el primero. Tuve que doblar la esquina y esquivar varios campamentos mochileros (uno de ellos con fogata incluida) para encontrar mi sitio en la fila. Nunca podré olvidar las primeras palabras que, pocos minutos después, ella me dijo: “perdona, ¿eres el último?”.

Efectivamente, lo era. Y se lo hice saber con una sonrisa breve pero intensa. Porque empatico e intérprete de sentimientos, poco; simpático, a rabiar. En cuanto le confirmé que ahora ella ocupaba el último lugar, recuperé mi posición, le di la espalda y seguí tiritando. Sin embargo, al rato me giré levemente para tratar de comprobar visualmente que mi primera impresión sobre su belleza no estaba equivocada.

Soy de los que piensan que la belleza no es subjetiva. Existe una belleza objetiva, inapelable y brutal que nadie puede negar. Una belleza capaz de alcanzar consensos unánimes con los que ninguna otra cualidad humana podría soñar. Muchas mujeres y hombre la poseen, lo que no implica que el resto nos tengamos que sentir atraídos por ellos. Ahí es donde se empieza a esbozar la frontera entre la belleza objetiva y el atractivo subjetivo. Ana cruzaba ese límite, transitaba por él como si fuera su propia casa.

Me cazó mirando y decidí concentrarme en el cielo despejado y dejarla en paz. El hormigón del centro de Madrid trataba de contener sin éxito una incipiente y anaranjada luz que comenzaba a contraer mis pupilas pero que todavía no insuflaba vida en mis huesos. Decidí esquivarla sentándome en un bordillo. Faltaban dos horas para que abrieran las taquillas y me venía bien descansar y doblar mi cuerpo para darme calor a mí mismo. A los pocos minutos, Ana Me imitó. También vestía vaqueros, pero la abrigaban una trenca de paño y un pañuelo al cuello. También se quedó mirando al infinito, como si pudiera ver a través del bloque de pisos. Como si pudiera escrutar el interior de las viviendas y más alla.

Hay algo extremadamente sensual y a la vez perturbador en una mujer que observa. Una mujer que escruta con gesto sombrío y espalda recta es provocador, concepto en el que pretendo englobar a los dos anteriores calificativos. Se infiere seguridad en una mujer que otea. Se deduce que está a punto de tomar una decisión; se intuye que va a solucinar, que el futuro no la asusta y que puedes estar tranquilo pero alerta. Ana me mantenía extrañamente en esos dos estados de manera simultánea, como un ninja jaínita.

A esas alturas yo tenía dos cosas claras: una que tenía detrás a una chica que entraba en lo que comunmente se podría denominar como “mi tipo”. Otra, que bajo ningún concepto iba a intentar entablar contacto con ella. Por experiencia, sabía que no me atrevería, que al acabar la cola ella se iría, que jamás la volvería a ver y que yo acabaría conociendo a otra chica que me impactaría más o menos lo mismo. Era ley de vida. No servía de nada pasar un mal rato. Era fútil. Inane. Los crucigramas me estaban haciendo mucho daño. Llevar una hora sin hacer nada, esperando detrás de un desconocido con pinta de neonazi, también.

Cierto es que en no pocas ocasiones me había parado a pensar en cuántos amores perfectos habría dejado pasar con esa actitud. Pero como la respuesta bien podría ser ninguno, en todos aquellos momentos había seguido con mi vida sin mirar atrás. Aquel día no iba a ser una excepción. Sobre todo porque Ana disipó cualquier intención comunicativa por mi parte cuando sacó una cajetilla de tabaco y se dispuso a fumar. ¿A las ocho de la mañana? ¿Quién fuma a esas horas? Mala cosa. Eso no trae nada bueno. Mal aliento, mal estado de forma. Todos los puntos perdidos.

Yo no fumaba. Lo había intentado con entusiasmo tiempo atrás, animado por el placer que parecían sentir mis amigos al encender un pitillo y por el aire de rebeldía que otorgaba tener un cilindro de esos entre los labios, pero había sido incapaz de tolerar su sabor ni sus efectos. Mi fracaso como consumidor de tabaco no me había amedretado, no obstante, y había llegado a probar otras sustancias estupefacientes de mayor calado psicotrópico, aunque también con poco éxito. Sin embargo, mi tolerancia al tabaco y a los fumadores era negativa. Me giré y vi a Ana rebuscando en su bolso algo con lo que encender el cigarrillo. Ya me disponía a levantarme cuando ella me dijo: “¿quieres uno?

Había tendido su mano hacia mí, abriendo la cajetilla, incluso sacando levemente el filtro tostado. Me miraba con media sonrisa. Ni tan amplia para parecer excesivamente simpática, ni tan escueta como para aparentar que me ofrecía un objeto cancerígeno por quedar bien. Una sonrisa precisa, exacta, perfecta, si es que se podía denominar sonrisa a aquel gesto conciso pero que lo abarcaba todo y cuyas formas delimitaban un universo entero. Miré la cajetilla. La miré a ella. Volví a mirar la cajetilla. Escuché que insistía con un “¿quieres?” y finalmente acepté.

–Lo estoy dejando –me dijo, sin mucho interés mientras acababa de localizar un Clipper en su bolso–. Fumo por aburrimiento.

–Yo también –aseguré mientras me llevaba el filtro a la boca–. Lo de dejarlo –inferí con una sonrisa–. Soy fumador social.

A partir de ahí ya no pude evitar girarme y entablar conversación. Era poco fumador y no quería parecer poco social. Lo cierto es que mi socialbilidad era relativa; si en lugar de una chica objetivamente guapa y subjetivamente atractiva me hubiera ofrecido un cigarrillo un chico, por simpático que éste fuera, habría declinado la invitación. Todo esto se me pasó por la cabeza en menos de un segundo, tal era mi capacidad de enmimismamiento. Me sacó del trance la voz de Ana, que continuaba con la charla.

Una conversación animada ya por la potente luz de la típica primavera madrileña en esos días despejados en los que los ecos de la ciudad se pierden en el azul del cielo. Por eso, y porque ya empezaba a entrar en calor, me sentí tímidamente alegre. Por su acento adiviné que era del norte, aunque no supe concretar si de Burgos o de Álava. Resultó que de la segunda. Ella no lo hizo mejor. Me ubicó en Galicia. Fuera como fuera, éramos dos norteños con poco oído en Madrid, esperando en una cola para comprar entradas para un partido que no nos interesaba a ninguno. La verdad, nos reímos un rato. Estuvimos bromeando sobre la posibilidad de llegar a la taquilla horas después y que no quedaran entradas; hablamos de bares nocturnos y comprobamos decepcionados que no frecuentábamos ni siquiera el mismo kilómetro cuadrado. Al poco rato nos pusimos en pie porque la hilera se ponía en marcha.

En ese momento comenzaron los rumores de que no habría entradas para todos, dando algo de forma a los chistes que previamente habíamos hecho. Llegaban en forma de comentario no solicitado por boca de alguno de los allí presentes, sobre todo de los que estaban detrás de nosotros. Argumentaban que, habiendo tanta gente, y teniendo en cuenta que se venderían cuatro entradas por persona, era probable que los pases se agotaran antes de que diéramos la vuelta a la esquina. Yo me sobresalté porque estaba allí con la intención de comprar no cuatro sino cinco entradas, una para mí y el resto para mis amigos. Ana me tranquilizó afreciéndose a comprar ella una, ya que sólo tenía previsto adquirir dos: una para ella y otra para su novio. Así fue como me enteré de que tenía pareja. Lo que no había logrado el tabaco lo logró su estado civil. Sus puntos se habían vuelto a perder. Pero, aunque yo creía haber renunciado a flirtear con ella, lo cierto es que seguimos nuestra conversación cada vez con más complicidad.

Teníamos en común muchas cosas, pero la juventud era la más significativa. Para empezar nos distinguía de casi todos los que estaban a nuestro alrededor en ese momento. El neonazi que estaba delante rondaría los 40 y el grupo que teníamos detrás sobrepasaba la treintena seguro. Por no hablar de la mayoría sesentona, que era especie dominante en aquel entorno. También era normal, era un día laborable. Jubilados y estudiantes universitarios somos los colectivos que más tiempo tenemos a nuestra disposición para perder en colas eternas. Al diferenciarnos de los demás, la juventud nos unía, o más bien nos invitaba a hacerlo. Es un fenómeno casi mágico. Sueltas a dos veinteañeros en un espacio poblado por sexagenarios y no tardarán en encontrarse, reunirse y apartarse del resto de personas de su entorno. Ahora, si hiciéramos el mismo experiento pero al revés, soltando a dos jubilados en un grupo de veinteañeros, los jóvenes se separarían según su estrato sociocultural y los adultos se evitarían como polos magnéticos idénticos. Crecer no es más que aprender a vivir sin los demás.

Así pues, con nuestros recien desarrollados pulmones llenos de humo, dejamos pasar las horas mientras muy lentamente avanzaba la mañana. A Ana comenzaba a pesarle la trenca, ya enrollada en las correas de su bolso. A mí empezaba a pesarme el madrugón. El skinhead nos pidió que le guardáramos el sitio porque quería acercarse a un bar con la intención de aliviar su vejiga y desayunar otra vez. Nos preguntó amablemente si queríamos que nos trajera algo y Ana respondió que sí, que una cerveza. ¿De verdad? ¿Una cerveza? ¿A las once de la mañana? ¿Cuando apenas estábamos empezando a añorar el frescor matutino de la primavera madrileña? Pero si es lunes, por dios.

A ver, que no se me malinterprete. No estoy en contra del consumo de alcohol. En aquella época yo mismo me atiborraba la mayor parte de los fines de semana, siempre que mi presupuesto me lo permitía. Cerveza, whisky, ron, vermú… Me daba igual; todo me venía bien. Aquí yo creo que entraba en juego el corsé de la corrección social que la inestable mezcla de mi aleatoria educación paterna, mi abúlica educación escolar y mi dogmática educación religiosa -que había derivado en ateísmo previo paso por el agnosticismo- habían impuesto en mi cabeza. Porque el problema que se me planteaba no era el alcohol en sí, si no la hora de su consumo. Como si la ética de la ingesta dependiera de un horario prefijado, asumido y acatado por el género humano. Por alguna razón, es más respetable un señor que bebe después de comer que otro que lo hace antes. Pero no sólo el tiempo influye en la decencia del acto etílico, también el espacio: el pub, el club de caballeros o el bingo son escenarios favorables para la consideración positiva del alcoholismo, mientras que la calle o la tasca de la esquina, no.

El cabeza rapada continuaba mirándome a la espera de mi respuesta y contesté que sí, que otra cerveza para mí. Le dimos unas monedas y nos devolvió dos latas de San Miguel de medio litro. Definitivamente, el buen rato que estábamos pasando comenzaba a torcerse sin remisión. Medio litro. A las diez de la mañana. A quién se le ocurre, le dije a Ana, ¿no se da cuenta de que se nos va a calentar antes de que la acabemos? Ana rió. Y yo con ella cuando comprendí que ella había entendido como un chiste lo que yo decía completamente en serio. Quizá el camel se me había subido a la cabeza, no lo sé, pero recuerdo que reí un poco más de la cuenta y que ella se contagió. En un momento dado nos vimos sentados en un bordillo, rodeados de gente bizarra, con un litro de birra entre los dos en la mano y llorando de risa.

La risa es la mejor droga que hay. He probado varias y os puedo decir que el mejor efecto de la mayoría de ellas es lograr hacerte reir. Hay dos sentimientos que el ser humano sueña con revivir una y otra vez: la emoción del primer amor y la excitación de la risa descontrolada. Ambos son efímeros, ambos son, icluso me atrevería a decir, subestimados por el género humano. Los dejamos correr como quien deja el grifo abierto al creer que el agua no se agota, y con el paso de los años la sequía nos hace añorar la sobreabundancia del pasado. Anhelar la sensación del enamoramiento juvenil es como querer prolongar un orgasmo milésimas de segundo después de que haya acabado: imposible lograrlo pero muy difícil dejar de intentarlo.

Total, que reímos durante más de un minuto sin parar. Llorando, incluso. Sentados en un bordillo, jóvenes y hermosos. En esa tesitura fue casi natural que acabáramos apoyados el uno en el otro durante unos segundos que me parecieron eternos. Un roce de hombro con hombro o cabeza con hombro, no lo sé muy bien ni creo que ya importe. Nos dimos cuenta de tal exceso y nos recompusimos, secándonos las lágrimas y, dando sorbos muy pequeños a la cerveza, retomamos una conversación aplazada minutos antes sobre qué equipo queríamos que perdiera aquel partido. Ninguno lo teía muy claro. Íbamos totalmente abiertos a cualquier resultado. Coincidimos en que es maravilloso ir a un encuentro deportivo y que te dé igual el resultado; poder disfrutar con cada jugada de ataque o con cada acción defensiva. A mí me parecía que era como ir a una orgía siendo bisexual y sin querer lo dije en alto. A Ana le salió la cerveza por la nariz. Volvimos a reír. El nazi ya nos miraba un poco mal. La cola avanzaba lenta pero segura, como se suele decir. No parecía haber riesgo de descarrilamiento. También expresé ese pensamiento en alto. Reímos y brindamos. El alcohol empezaba a hacer sus efectos en dos estómagos vacíos.

El renacimiento de la especie humana

Hoy he escuchado al director ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, decir en 24h de TVE que en 10 años habrá que plantearse la renta mínima garantizada universal. También ha dicho que cree que la nueva revolución tecnológica que afrontamos supondrá un nuevo renacimiento para la especie humana. Será fantástico. Ya sabe cómo hay que afrontarlo. Bueno, mejor dicho, ya sabe quiénes tendrán que afrontarlo: nosotros. Más en concreto, una “nueva clase social” a la que ha definido como “precariado”. ¿Qué va a pasar con esa gente? Bueno, no lo sabe muy bien, pero opina que la desigualdad no va a desaparecer, sino que va a aumentar. Eso está claro y es mejor que lo vayamos asumiendo. Lo de asumirlo no lo dijo él sino que os lo voy recomendando yo. Pero aunque Klaus no sabe muy bien qué va a pasar con esa gente, porque sería un mago si lo supiera, sí cree saber qué debemos hacer con ellos, y hablo en primera persona del plural por una mera licencia literaria. Según él, los esfuerzos (supongo que de las administraciones) deben ir dirigidos a ofrecer a esas personas un propósito en la vida. Es enternecedor. Porque opina que ese propósito no tiene por qué ser tener un trabajo remunerado (para qué lo querría un precariado, me pregunto yo), sino que apuesta por trabajos sociales, intereses culturales… Como ejemplo pone asuntos a los que debería dedicarse la administración pero que, qué narices, seguramente estarían mejor atendidos por personas de bajos recursos que podrían encontrar en esas actividades alivio emocional para su pobre existencia anodina y rutinaria. De hecho, Schwab apunta directamentea la atención a la población más envejecida, encontrando así solución para uno de los dos mayores problemas a los que se enfrenta nuestro sistema social: el envejecimiento de la población. Si ponemos a los precarios a cuidar gratis a los ancianos matamos dos pájaros de un tiro: damos atención a la población mayor liberando recursos de la administración pública que, qué sé yo, se podrían dedicar -no sé- a subvencionar empresas, por ejemplo, a urbanizar polígonos industriales o contratar más policías (que se iban a necesitar), y, por otra parte, hacemos que las personas se sientan más satisfechas. Es una genialidad. Pero no fue la única que salió de su cabeza a través de su boca, no. Hubo más. Recordad que he dicho que uno de los dos problemas a los que se enfrenta nuestro sistema social es el envejecimiento. Es cosecha mía, eso no lo dijo Klaus. El otro, también desde mi opinión, es la desigualdad. Y para ella Schwab tiene una solución flipante. Flipante porque es imposible no estar de acuerdo con él. Opina que debemos ser menos materialistas. Ya está esa es la solución. Si somos menos materialistas descargaremos presión sobre los recursos y el medio ambiente. Es imposible no estar de acuerdo porque, claro, el precariado somos muchos, y los ricos, pocos. Así lo veo yo. Ellos podrán consumir más no por una cuestión cualitativa, porque tengan el dinero para hacerlo, que también, sino por un matiz cuantitativo, porque son menos y su consumo no afectará tanto al planeta. Es así de simple. ¿Cuál es el problema? Que el precariado lo entienda sin perretas. ¿Cómo conseguirlo? Pues dando sentido a sus vidas, como decía nuestro simpático amigo, y aprovechando el viaje para que esa masa de afortunados obreros de bajo coste asista a los más mayores. ¿Qué se les puede ofrecer a cambio? La renta mínima garantizada. El director ejecutivo del Foro Económico Mundial nos ha dado la clave para lo que el considera el “renaciemiento de la especie humana”, que tódo parece indicar que consistirá en una clase dominante y otra precariada con acceso a productos y servicios básicos y menos acceso a productos y servicios que, supongo, serán considerados lujos. Ya están trabajando, me pareció entender, en cómo conseguir que los precariados tengan un propósito en la vida. Sólo tú sabes si lo están consiguiendo.

El descenso del duernu

La renuncia de la lideresa de Foro Carmen Moriyón a recoger su acta de diputada señala el lugar al que parece condenado el partido fundado por Francisco Álvarez Cascos a medio plazo: fuera de Junta General del Principado. Hay, obviamente, muchas causas que han llevado a la formación forista a perder unos 150.000 votos desde que ganara las primeras elecciones a las que se presentó, allá por 2011. La mayoría de esas causas se deben a su propia inoperancia, pero hay dos decisiones ajenas a Foro que fueron determinantes. Una de ellas ya se señaló en este blog poco después de que Francisco Álvarez Cascos venciera en sus primeros comicios autonómicos bajo sus propias siglas, FAC, y nuevamente cuando perdió los segundos un año después. Efectivamente, me refiero a la decisión del partido Popular de no apoyar en ningún momento a Foro, ni cuando ganó las elecciones en 2011 ni cuando las perdió en 2012.

Ya he señalado que siempre he pensado que si el PP apoyaba a Cascos, dándole la fuerza necesaria para gobernar de forma estable, se arriesgaba a que éste se acabara imponiendo como el referente de la derecha asturiana, condenando a los populares a ser un partido comparsa, como le pasaba en Navarra. No sé si ávidos lectores de estas líneas o no, los dirigentes populares rechazaron acercarse a su exsecretario general y éste acabó cayendo por su propio peso.

A esto ayudó otra decisión: la del líder socialista y por aquel entonces candidato, Javier Fernández, que dejó gobernar a Cascos en solitario pudiendo haber forzado una investidura socialista mediante un pacto con Izquierda Unida. Fernández midió bien. Permitió gobernar a la lista más votada y con su decisión evitó que el Partido Popular reconsiderase su rechazo a apoyar a FAC. En un sencillo ejercicio de política ficción, no nos resultaría difícil concluir que, ante la posibilidad de reeditar un gobierno bipartito de izquierdas, el PP podría habre preferido sumar sus fuerzas a las de don Francisco. Como tal cosa no pasó, FAC gobernó en solitario demostrando una absoluta incapacidad para llegar a acuerdos con nadie.

Así que el principio del Fin de Foro lo marcó el PP, negándole el apoyo, y lo certificó la Federación Asturiana de Empresarios rechazando sus presupuestos. Como ya se ha señalado ene ste blog, el inaudito rechazo de la FADE a unos presupuestos de un partido de derechas liderado por un exministro de Fomento fue la clave para que Francisco Álvarez Cascos convocara unas nuevas elecciones ante su errónea convicción de que mejoraría sus resultados. Nada más lejos de la realidad. En tan sólo un año una parte de sus votantes ya se habían hartado de él. Unos volvieron al PP (pocos) y otros llevaron a Ignacio Prendes al Parlamento asturiano y lo situaron al frente del grupo mixto que ocupaba en exclusiva UPyD.

El resto ya es sabido. Foro ejerció el liderazgo de la oposición porque fue incapaz de negociar un tripartito de derechas. Una vez concluida esa labor opositora, los votantes premiaron a la antigua FAC con 3 diputados en las elecciones de 2015. El partido de Cascos había perdido hasta ese momento más de 130.000 votantes, una tendencia que no parece tener límite. La estrategia que la formación hormiguera puso en marcha para revertir la situación pasaba por llevar a la Junta General a su primera espada, la alcaldesa de Gijón. Carmen Moriyón había confirmado al teoría de este blog de que si el PP apoyaba a Foro, estaba condenado a desaparecer. Es lo que le ocurrió a los populares en la Villa de Jovellanos, decisión que costó el puesto a la popular que la tomó, Pilar Fernández Pardo. Sin embargo, la táctica electoral de Foro no pudo ser peor: Foro continuó desangrándose en Asturias y, de paso, perdió Gijón, la ciudad más poblada del Principado y referente socialista en la región.

Dilapidado el prestigio político de Cascos, y amortizado el de Moriyón, a Foro le queda la travesía del desierto hasta su desaparición, como le pasó a Uras. A no ser, claro está, que encuentren un relevo generacional capaz de revertir una situación muy complicada, habida cuenta de la multiplicación de partidos políticos que vienen a ocupar su mismo espectro ideológico. De momento, en la presente legislatura van a tener que esforzarse por hacer una oposición que llame la atención del votante y que sobresalga entre el elegante busnismo del ciudadano Juan Vázquez y la beligerancia de Vox. Y todo desde un grupo mixto que compartirán con los discípulos de Santiago Abascal y con Izquierda Unida. Les deseamos a todos la mejor de las suertes, la van a necesitar.

El Psoe se sale y Vox entra: análisis del 26M

Escrutadas casi todas las papeletas, y a falta del voto exterior, ya podemos decir que las elecciones europeas, municipales y autonómicas del superdomingo de mayo de 2019 las han ganado casi todos, aunque más que nadie el PSOE. En lo que tiene que ver con Asturias, que es a lo que vamos, su victoria tiene pocas máculas. Quizá la de Oviedo, según reconocía ayer un destacado miembro de la FSA, aunque inmediatamente después pasaba a subrayar -ya con la boca más pequeña- que la capital es una plaza “un tanto complicada”. Efectivamente, los socialistas han perdido Oviedo pero -seamos sinceros- en realidad nunca la tuvieron. Al menos no desde que gobernaba Masip. Total que el PSOE asturiano es el gran vencedor de estos comicios, quizá gracias al viento del sur que soplaba Pedro Sánchez desde Madrid y quizá también gracias a que los asturianos, que demostraron en ocasiones ser favorables a gobiernos del Principado de la derecha, sí parecen ser reacios a un ejecutivo de la derecha con Vox.

De poco sirvió la meticulosa labor de oposición del Gobierno regional al central, a pesar de que fue intensa en ocasiones en asuntos de calado, como la política industrial. Agotada la minería, que ya descansa en los brazos de la prejubilación, y amortizada la lucha del carbón, el mensaje de la transición ecológica parece empezar a calar en una sociedad que antaño llegó incluso a ver con relativo orgullo cómo los mineros defendían su medio de vida con sángre y pólvora. Lo llegó a ver, sí, aunque desde la distancia, todo hay que decirlo, porque en los años previos a la gran crisis, cuando los jóvenes encontraban empleo en los sectores más diversos, se pasó a ver con cierto incomodo no ya la lucha obrera sino sus consecuencias. Porque, a ver, está muy bien que la gente se manifieste y tal, pero no tanto que me hagan llegar tarde a casa por culpa de una barricada.

A falta de algunas inversiones pendientes de fondos mineros, y con a penas un puñado de trabajadores de subcontratas para los que nadie mira, al ejecutivo socialista asturiano ahora en funciones sólo le quedan las térmicas y la industria para hacer oposición a Sánchez durante los pocos días que sigan en el poder, toda vez que la principal exigencia de Arcelor pasa por que se impongan aranceles proteccionistas desde el Gobierno europeo y sus trabajadores cobren lo menos posible. Por su parte, Alcoa se irá de aquí mande el partido que mande, dejando una fábrica que llevará bajo el brazo un jugoso incentivo público-privado para aquel que la quiera comprar y la gestione por un tiempo aún por determinar.

Así las cosas, el principal problema al que se enfrenta ahora mismo el candidato a la presidencia del Principado Adrián Barbón es elegir a su próximo Consejo de Gobierno y tratar de mantener el enorme respaldo electoral que ha recibido, porque difícilmente sus resultados podrían haber sido mejores en una coyuntura multipartidista como la actual. Su victoria, además, le refrenda como líder de la FSA, ya que responde al reto que planteó un destacado exlíder de la Federación Socialista Asturiana, quien en su día dejó en el aire que el nuevo PSOE debía ganar elecciones como lo hacía el viejo, en referencia a que los sanchistas deberían demostrar que son capaces de venecer en las urnas como lo hicieron los javieristas. Adrián Barbón fue un paso más allá y ganó como lo hicieron en su día los arecistas.

Tal fue el ímpetu socialista este pasado 26M, que doblaron en diputados a la segunda fuerza más votada. El PP de Teresa Mallada obtuvo 10 escaños en lo que parece la confirmación de su suelo electoral. Puede parecer un mal resultado pero no lo es. La candidatura de Mallada logra mantener el tipo en unas condiciones muy negativas para ella. Por un lado, los populares han tenido que nadar contra la corriente que se había llevado a su líder nacional. Los inauditos malos resultados de Pablo Casado amenazaban con ser una losa para la expresidenta de Hunosa. Sobre todo porque el sonriente líder del PP se empeña en hacer campaña en clave independentista y es posible que ese sea un mensaje que, aunque importante, no cale en exceso en el electorado asturiano. Por otro lado, Teresa Mallada ha tenido que lidiar con una feroz oposición interna. La dirección de su propio partido en Asturias, descontenta con la elección de la allerana como cabeza de lista, se esforzó por dejar en evidencia a la candidatura regional en cada ocasión que tuvo, por pequeña que ésta fuera.

Entre otras cosas, la presidenta del partido, Mercedes Fernández, apostó por una coalición con Foro para las generales en contra de la opinión de Mallada (y de quien esto escribe) y se reconoció desconocedora del programa electoral de su partido para los comicios autonómicos (con el significado que tiene que una presidenta desconozca las ideas que plantea su propia formación en unas elecciones). Y con todo, Mallada logró mantener el suelo del PP y, de paso, ganarse aspirar a dirigir la formación conservadora. Se avecinan jornadas interesantes entre los populares. También logró otra cosa: que su candidato en Oviedo reeditara un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, lograra números para recuperar el Gobierno perdido. Otros candidatos que no salieron del dedo señalador de Génova no tuvieron el mismo éxito y naufragaron en las turbulentas aguas del voto cantábrico.

Así pues, y a pesar de haber logrado la mitad de escaños que el PSOE, los números del PP no son malos y en la junta doblan en representantes a la tercera fuerza: Ciudadanos. Con la formación naranja siempre pasa lo mismo: sube pero se lamenta de no haber logrado sus objetivos, mientras que los analistas coinciden en hablar de fracaso debido a las expectativas creadas. Yo soy de la opinión de que esas expectativas no son más que estrategia electoral pura y dura para tratar de atraer el voto de aquellos indecisos que buscan que su papeleta no quede en saco roto, que tenga utilidad. Inflando voluntariamente sus aspiraciones reales se sitúan ante el electorado como una potencia política que quiza no sean pero que pueden llegar a ser así, poquito a poquito, paso a paso, elección tras elección, a base de crear expectativas y de lamentar como un fracaso lo que en realidad es un éxito.

Juan Vázquez era un excelente candidato llamado a mejorar, pasara lo que pasara, los resultados de Nicanor García. Logró pasar de 3 a 5 diputados, lo que representa una subida porcentual del voto de casi el 100%. Su partido creció también en Oviedo y en Gijón, y todo con un discurso disconforme con el de la dirección del partido en Madrid. A pesar de que los principales líderes nacionales de C’s impusieron un cordón sanitario al PSOE, Vázquez se mostró siempre dispuesto a negociar con cualquiera, excepto con los extremistas. Rebatió a los primeros espada de Madrcelona reivindicándose como un independiente con ideas propias. Una disparidad de criterios que igual desconcertó a sus votantes pero, a pesar de ello (o precisamente por ello), creció electoralmente. Para mí, un éxito por el que merece una felicitación.

Decía al principio que en estas elecciones han ganado casi todos. Los que no lo han hecho han sido Podemos. Todo hay que decirlo, haberse enfrascado en una disputa interna antes de las elecciones no les ayudó. Hacer una campaña en negativo, tampoco. Que el número dos de la lista tratara de eclipsar a la número uno, menos. Haber dejado que la derecha gobernara en Gijón, es posible que tampoco. Insistieron en focalizar su campaña en destacar los desmanes (presuntos de momento) de un gobierno socialista que concluyó hace 8 años, lo que diluyó la atención del electorado de izquierdas. Sí, la corrupción es un tema importante, que preocupa, pero no s epuede vivir toda la vida del caso Marea. Si hay que destacar algún éxito, sería el de haber logrado dilapidar las posibles ventajas de haber presentado a Lorena Gil, que era una muy buena candidata. Podemos ha reconocido su fracaso y falta por saber si alguien va a asumir alguna responsabilidad por ello o si van a aprender alguna lección del mismo.

Ahora imaginad el siguiente escenario: os hacéis el Hara Kiri justo antes de una maratón y aún así la corréis y la acabáis. Con esta metáfora veréis que los 2 diputados de Izquierda Unida en la Junta General no es un resultado tan malo. La coalición partía con la desventaja de concurrir a los comicios sin siquiera tener coordinador general. Tal era la situación provocada por la marcha de Gaspar Llamazares. Otro handicap era la disparidad de discurso que quedó patente antes y después del proceso de primarias: unos querían ir con Podemos a las urnas, otros ni de coña; unos estaban con Llamzares, otros ni de lejos… Y todo así hasta la debacle final. En Oviedo han pasado de gobernar en el tripartito a desaparecer; en Gijón, de dos a un concejal. Al menos le queda a la formación el consuelo de tener en la Cuenca algún referente de cómo hay que hacer las cosas. Y, ojo, no me refiero a poner a Hanibal Vázquez de Coordinador General. Izquierda Unida ya cubrió su cupo de alcaldes campechanos y bonachones que se hacen valer en un ayuntamiento pero no en una asamblea de la coalición.

Si aplicamos el baremo de las expectativas con el que pretendemos juzgar a Ciudadanos, Foro habría conseguido unos resultados extraordinarios. Y aún así están disgustados. Los asturconservadores han perdido un tercio de sus diputados, es decir, uno. Ahora son dos, cosa que pocas encuestas auguraban. Les daban la mitad como mucho. Los de Cascos renunciaron a la ciudad más poblada de Asturias sólo para tener presencia en la Junta General del Principado. Pudiendo centrarse en Gobernar Gijón perennemente, prefirieron sacrificar a su mejor pieza en Oviedo. Y lo pagaron, claro, cayendo estrepitósamente en la Villa de Jovellanos, donde perdiern 5 de los 8 concejales que tenían y, por supuesto, el Gobierno. Pero lograron conservar representación en la Junta, donde estará la exalcaldesa de Gijón Carmen Moriyón. Sólo el tiempo dirá si su apuesta tendrá resultados positivos, pero mi impresión es que corren el riesgo de diluirse en el Parlamento regional entre el ruido que hará Vox y la muy superior presencia del PP. Su futuro podría pasar, quién sabe, por ser un partido asturianista de derechas o acabar de integrarse en las filas populares previa claudicación, eso sí.

Vox, por último pero no menos importante, ha logrado un buen resultado. Han obtenido dos diputados que tendrán que debatirse entre hacer oposición al PSOE o a las “derechitas cobardes”, no sé muy bien por qué camino irán. Si optan por guerrear contra las derechistas, se lo van a pasar en grande, porque en pocos Parlamentos habrá tantas como en el asturiano. Además, han logrado presencia en varios ayuntamientos, siendo en ellos también el dos su número fetiche. Su reto será conservar la representación que han logrado y, en función del mérito o demérito de las otras derechas, tratar de mejorarla.

Análisis de la precampaña

Ha comenzado la campaña electoral, amigos, y con ella los distintos partidos reciben licencia para repetirnos lo que ya nos han contado en la precampaña hasta la saciedad. Es ley de vida; nos toca pasear al perro entre árboles engalanados con los rostros de los candidatos o robar un beso de amor a nuestra pareja apoyados en una pared empapelada con eslóganes que ensalzan los más altos ideales sociales entre siglas de unos y otros.

Todo apunta a que la vigente campaña será hosca en el ámbito nacional e insulsa en el autonómico; no hay datos, a día de hoy (cuando ta sólo llevamos 17 horas inmersos en ella), que inviten a pensar otra cosa. En cualquier caso, eso habrá que estudiarlo más adelante, hoy toca analizar lo que ha dado de sí la precampaña, periodo previo en el que los partidos hacen como que están en campaña electoral y que puede durar entre una semana y cuatro años, en función de cada uno de ellos. Analicemos cualitativa y cuantitativamente la precampaña de los candidatos asturianos de los partidos más relevantes:

PSOE: Adriana Lastra, lo bueno si breve.

Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadaver de tu enemigo pasar. Con este proverbio como estrategia ha desarrollado su precampaña el Partido Socialista durante las últimas 24 horas. No ha necesitado mucho más. La guerra interna en el PP ha hecho innecesario que la candidata Adriana Lastra tuviera que pasar excesivo tiempo en el Principado. La idea que me he formado en la cabeza es la siguiente: Lastra y su equipo elaboran un argumento para embelesar al electorado. Creen que es el argumento definitivo. Les dará una victoria aplastante. Es como el chiste más gracioso del mundo, que hace morir de risa a quien lo escucha, pero en formato propaganda electoral; hará votar al Psoe a quien le llegue. Lo redactan, lo corrigen y lo firman, y, cuando están a punto de expresarlo con toda la pompa que merece, el PP asturiano vuelve a enzarzarse en otra pelea interna. Lastra mete las manos en los bolsillos y se va silbando como quien pasaba por allí por casualidad.

PP-Foro: Paloma Gázquez, la sísifo de la derecha liberal conservadora.

Al PP le ha pasado justamente lo contrario. Paloma Gázquez lleva desde el 15 de marzo de precampaña. Ha fundido siete podómetros. Sale en casi todas las imágenes de Google Street View. Sin salir de Asturias ha recorrido tres veces la distancia entre la Tierra y Marte. Ha estado en el campo, en el mar, en la montaña, en la ciudad, en los pueblos, con los empresarios, con los trabajadores. En ocasiones he temido encontrármela al correr la cortina de la ducha. No ha pasado a día de hoy. Cuando su duelo con Teresa Mallada por ver quién trabajaba más parecía condenado al empate, siempre ha aparecido algún compañero de partido para sacudir la precampaña con alguna trifulca interna para devolver a ambas al punto salida. La metáfora que me he formado en la cabeza es la del juego de la oca: recorres todas las casillas, sorteas el pozo y la carcel y, cuando estás a punto de llegar a la meta, caes en la casilla que te devuelve al inicio de la partida. Como apunte diré que Isidro Martínez Oblanca, el candidato de Foro, es un hombre muy dispuesto al mitin, pero en esta ocasión ha parecido que pesaba más el hecho de que, en las siguientes elecciones de mayo, su partido y el PP van a ser rivales, por lo que ha dado la sensación de que no ha querido prodigarse en argumentos que dentro de un mes iba a tener que corregir.

Unidas Podemos: Sofía Castañón, con Pablo y a lo loco.

A Podemos le pasa un poco como al PP y da la sensación de que van a rebufo de las encuestas. También se han encontrado con el problema de que sus dos candidatos, hoy amigos, serán rivales en las elecciones autonómicas. Igual el por eso que el chaval de Izquierda Unida no ha tenido una precampaña suficientemente intensa como para que el electorado se quede con su nombre. Sofía Castañón, sin embargo, se ha dejado abrazar muchos estos días. Ha contado con la fortuna de haber tenido al amado líder en Asturias, pero tendrá la desventura de no verlo por estos parajes durante la campaña. Casi podríamos decir, por tanto, que el principal acto de campaña de Unidas Podemos ha sido la precampaña, en la que se han esforzado por conversar con todos los colectivos sociales y asociaciones inscritos en el registro oficial. Las cosas como son, la de Castañón es, con la de Pablo Casado, una de las mejores sonrisas del ámbito político. A tenor de las encuestas, la va a necesitar.

Ciudadanos: Ignacio Prendes, pasaba por aquí.

Si a Podemos le pasaba como al PP, a Ciudadanos le pasa como al Psoe. Ignacio Prendes tampoco ha necesitado hacer precampaña. El viento es favorable para él y los suyos ya que todos los sondeos apuntan a que crecerán. Prendes es ya un peso pesado de la política estatal y se ha dejado ver por aquí un ratito para compartir fotografía con Juan Vázquez, el candidato independiente a las autonómicas. La idea que me viene a la cabeza es la de ese jefe enrollado que sólo se pasa por la oficina para preguntar a los empleados qué tal están, felicitarles por el trabajo realizado y desearles un buen fin de semana. Sin embargo, no es que Ignacio Prendes haya hecho una precampaña corta, más bien parece que se ha sumado a la precampaña larga de Vázquez, aprovechando que el Sella pasa por Arriondas.

Actúa

Ángel López es el candidato por Asturias y Gaspar Llamazares estuvo con él el otro día. Un poco esa ha sido su precampaña. Tampoco podíamos pedir mucho más a un partido que se acaba de formar y tiene, de momento, poco peso mediático. Básicamente tiene el de sus impulsores. Su precampaña ha consistido en explicarnos que la izquierda tiene que sumar, que si es sin Podemos mejor, pero que también están invitados, y que Izquierda Unida antes molaba.

Vox

Muy buena precampaña de Vox en Asturias al encontrar un candidato que no haya tenido un pasado neonazi. José María Figaredo Álvarez-Sala ha sido el designado.

Que parezca un bolivariano

“Pablo, Pablito, Pablete”. Sólo el análisis de la condescendencia implícita en las tres primeras palabras que abren el texto supuestamente enviado por Luis Venta Cueli a Pablo González me llevaría tres horas de jocosa redacción. Por el intento de dar a entender ilícitos que, sin embargo, no se denuncian en el juzgado, sobre todo. Sin embargo, no es el asunto que me devuelve hoy, de forma precipitada y alborozada, al blog. No, lo que me ha llamado la atención de la ya célebre misiva es que hasta en dos ocasiones el autor escribe el topónimo asturiano de la Villa de Jovellanos: Xixón.

En el caso de que se confirme que el origen del documento está en la uvieína calle Manuel Pedregal, estaríamos bien ante una asturtzalización de los populares asturianos, bien ante un intento de atribuir el texto a colectivos menos liberal-conservadores de toda la vida y más de “los de la llingüa”. Es decir, quien haya sido el ideólogo de la carta debió pensar -quién sabe por qué motivo- que podría ser creíble que alguien de -qué sé yo- Podemos o Xixón sí Puede habría considerado más acertado advertir vía epistolar a Pablo González de que sus supuestas irregularidades iban a ser aireadas públicamente, en lugar de airearlas directamente en una sala de prensa o plantearlas a la Fiscalía.

Claro, por qué iban a querer los partidos menos afines sacar rédito político de unas supuestas ilegalidades de un líder del PP haciéndolas públicas ante los medios de comunicación, o denunciándolas ante la Ley, pudiendo advertir al sospechoso vía anónimo de que esa información iba a ser filtrada por personas sin identificar, mediante métodos sin determinar y en canales sin confirmar. Todo muy normal. Para incidir en que el origen de la amenaza es bolivariano, el autor cita supuestas empresas de líderes socialistas, como tirando piedras contra el Ppsoe, algo que gusta por igual a foristas y podemistas, pero los primeros se están quitando vía coalición intravenosa.

Golpe de derechas

En la primavera de 2011, Foro Asturias Ciudadanos -partido fundado pocos meses antes de las elecciones- obtuvo una inesperada y trascendental victoria en las urnas que llevó a su líder, Francisco Álvarez Cascos, a la Presidencia del Principado. Fue inaudito, Fue brutal. Supuso una insospechada mayoría absoluta de la derecha que derivó en que ésta no gobernara nada más que un año desde entonces y hasta el día de hoy.

La falta de subvenciones para la investigación podría estar frenando las pesquisas de varios posibles equipos científicos que quién sabe si podrían averiguar por qué a derecha le da por suicidarse cada vez que llega al poder en Asturias. Es un misterio inescrutable que, si no se investiga hoy, ya se investigará mañana para alborozo de los IG Nobel. Aquel triunfo de FAC liderado por F.A.C. no fue una excepción.

Cascos ganó las elecciones autonómicas de 2011 haciedo bueno el vaticinio de Cristina Coto, quien, al cierre de los colegios electorales, aseguraba orgullosa que la escisión del PP se había hecho con el triunfo. A partir de ese momento los foristas se dispusieron a gobernar en solitario, no sin antes haber flirteado con los populares, cuyo sustento habría sido determinante para sacar adelante un programa electoral liberal-conservador de toda la vida.

Este blog ya dedicó en su momento varios artículos a defender la opinión de que sostener a Foro no era un buen negocio para el PP. Se insinuó en esta entrada que después sería plagiada vilmente por un articulista de La Nueva España; se explicó ya de forma más exahustiva en esta otra y se continuó argumentado en otras muchas, aquí, por poner otro ejemplo. No es por darme importancia pero el tiempo acabó dándome la razón, y en todos los ámbitos en los que el PP negó su apoyo a Foro, el partido casquista acabó sucumbiendo hasta rozar la desaparición, mientras que en aquellos lugares en los que los populares ayudaron a los foristas fue el PP el que acabó diluyéndose a la sombra de un FAC creciente (sí, hablo de Gijón).

Que no digo yo que Teresa Mallada sea lectora de este blog irregular y perezoso, pero bien aprendida tenía la lección cuando rechazó una posible coalición PP-Foro de cara a las próximas elecciones generales. Una coalición que sí quiso Mercedes Fernández, quien, sin embargo, jamás quiso apoyar a Foro en el Principado y liquidó a la líder de los populares gijoneses que sí voto a los foristas para que no se reeditara un Gobierno socialista en la Villa de Jovellanos (estos episodios también pueden ser revisados en este blog aquí o quizá aquí, ya no me acuerdo).

Lo cierto es que Mallada, como buena candidata que no es Presidenta del partido, acató las directrices de sus superiores y la coalición se firmó hace poco. Desconozco las encuestas que maneja Casado pero, por malas que sean para sus intereses en Asturias, dudo que compensen la pérdida de una oportunidad de oro para anular definitivamente a una de sus más feroces competencias en Asturias en general (ya menos) y en Gijón en particular. Por dos razones: porque Foro cobra vida al mantener probablemente su diputado en el Congreso, lo que les sigue dando visibilidad, y porque Foro por libre quizá podría hacer algo de tapón a la probable irrupción de Vox, fuerza más allá de la derecha que lo tendrá más fácil en las plazas en las que los casquistas no son representativos. Vox es a largo plazo más peligroso para el PP que Foro, al tratarse de un partido de ámbito nacional que, por alguna razón que se me escapa, está teniendo un immenso impacto mediático a pesar de ser una fuerza extraparlamentaria.

Sea como sea, en mayo la derecha tiene una nueva oportunidad para gobernar Asturias. Una muy clara, por lo que los ciudadanos quizá podamos volver a tener la ocasión de presenciar un Hara Kiri político conservador. Aunque yo sigo sin tener muy claro que las fuerzas de la derecha se vayan a poner se acuerdo si Vox irrumpe en la Junta General. Sinceramente, no veo a Juan Vázquez, un intelectual liberal y progresista, antaño cercano al Psoe, exrector, ilustrado y simpático, sentándose a negociar nada en una mesa en la que esté presente un discípulo de Santiago Abascal. No me acabo de imaginar a Vázquez tragando sapos en forma de medidas xenófobas o retrógradas. Antes veo más otro golpe de derechas.

Las tres voladuras de Cascos

Francisco Álvarez-Cascos ha dinamitado, queriendo o sin querer, en tres ocasiones distintas el partido en el que milita. Que sepamos. Y en todas hubo bajas. Y en todas estuvo Isidro Martínez Oblanca. La primera se remonta al año 2003, tiempo en el que nuestro protagonista todavía hacía valer sus galones de General Secretario del por aquel entonces todopodero Partido Popular. Cascos era poderoso dentro del poderoso partido, pero aún así se preocupaba por las minucias de la Junta Local Popular en la que una vez estuvo afiliado. Es lo que tiene el poder, que te obliga a querer controlarlo todo. Y no iba a ser menos en aquel capítulo de la historia del PP gijonés en el que se mezclaron la confección -como no- de una lista electoral que iba a encabezar Martínez Oblanca (Presidente de la Junta local del PP), las presiones a dicho presidente para configurar la candidatura y los tejemanejes tanto del Partido Popular asturiano como los del propio por aquel entonces Ministro.

Hubo de todo, pero digamos que el saldo de bajas comenzó con las dimisones de los presionantes concejales “casquistas” Alicia Fernández Armayor (portavoz del Grupo Municipal), José Manuel Losa y José Luís Díaz Oliveira, y del presionado presidente de la formación y candidato, el ya dos veces citado Oblanca. Hay que destacar que Isidro se fue, sí, pero al Senado, donde tenía plaza. Por resumir un poco: Los populares gijoneses no tenían ni líder, ni candidato ni Grupo Municipal a pocos meses para las elecciones. Un gabinete de crisis llevó a Pilar Fernández Pardo a liderar tanto la lista electoral como el partido. Fue la elegida por tres razones: 1) Iba a ir en la parte alta de la lista de todas formas 2) Estaba muy bien considerada tanto entre sus compañeros como entre sus rivales y 3) Fue la primera que aceptó después de que se hubiese ofrecido la responsabilidad a otros/as destacados/as líderes/esas del PP gijonés menos audaces.

A Cascos aquello no le gustó nada y decidió hacerle oposición a Pardo desde el minuto uno. Y eso a pesar de que la médico y abogada mejoró los resultados electorales de su partido en Gijón contra todo pronóstico. Pero eso de las elecciones es un asunto accesorio cuando de lo que hablamos es de poder. El casquismo quería recuperarlo en la ciudad sin esperar a que finalizara el año y aquel mismo 2003 presentó batalla en el congreso en el que se renovaría oficialmente la dirección de los populares. El candidato del Ministro fue Lucas Domingo, un hombre simpático que cosechó una inesperada derrota ante Pilar Fernández Pardo, quien se presentaba para revalidar su mandato. Pilar ganó aquel Congreso y el siguiente por mayor diferencia de votos. Y el siguiente, porque ya no hubo adversario. Fernández-Pardo surgió de la primera voladura de Cascos a su partido y se iría con la segunda.

Fue, como la primera, a principios de año, pero en 2011, y también por culpa de una candidatura electoral. Cascos quería liderar la del Partido Popular en Asturias pero el PP, no. Bueno, la parte del PP que mandaba en el Principado, no; la otra estaba encantada de su regreso. El exministro no es dado a primarias y congresos en los que tendría que medirse a otros aspirantes. Él quería liderar la lista y la formación por aclamación pero, como no fue así, montó un partido que llevaría sus siglas, que presidiría y cuya candidatura encabezaría con éxito: Foro Asturias Ciudadanos. Fue su voladura política más exitosa, no sólo porque ganó las elecciones, sino porque hundió a su rival, el PP, tanto en la Junta General del Principado como en el ayuntamiento de Gijón. Y fue una voladura que produjo un efecto inverso al de la primera: Isidro Martínez Oblanca volvió a la política reclamado por el carismático líder.

Ironías de la vida, Cascos, que se había tirado años intentando apear a Pilar Fernández Pardo del sillón de la Junta Local del PP de la Villa de Jovellanos sin conseguirlo, lo logró indirectamente una década después, ya que fue el partido que fundó al salir del PP el que dio la excusa a los populares para defenestrar a Pardo. Y, circunstancias de la vida, la Presidenta del PP asturiano que le dio la estocada fue la que fuera gran aliada de Francisco Álvarez Cascos una década atrás: la excandidata a la alcaldía de Gijón, exdelegada del Gobierno en Asturias y exsíndica, Mercedes Fernández. Recordemos brevemente que a Pardo se la cargaron por apoyar desde un exiguo grupo municipal popular a Foro para evitar que el Psoe gobernara en Gijón.

La tercera voladura del PAC, perdón, de FAC, ocurrió esta semana y todavía no tenemos todos los datos. Pero, siempre según la Presidenta del partido que fundó el exministro (llamado ahora escuetamente Foro), Cristina Coto, Francisco Álvarez-Cascos (que es General Secretario de la citada formación) la habría desautorizado por tomar una decisión de forma unilateral. Ni que fuera la presidenta o algo así. Esto es ser genio y figura hasta la sepultura. La sepultura de tu partido, quiero decir.

Es cierto que el declive de Foro ya había empezado el mismo momento que ganó las elecciones. Cascos formo un gobierno en minoría, no logró pactar nada en la Junta General del Principado, elaboró unos presupuestos que fueron criticados hasta por la patronal y tuvo que llamar a las urnas nuevamente. Perdió por los pelos, pero cavó su propia tumba, lo que le vendría muy bien para enterrar todos los éxitos logrados debajo de los resultados de los siguientes comicios: tres diputados y gracias. De gobernar a la irrelevancia en tres sencillos pasos: 1) Obtenga el poder 2) Ejerza el poder 3) Dinamite con ese poder.