Si cuentas tus sueños, no se cumplirán

He tenido mi primer enfrentamiento con mi propia muerte. Viajaba adormecido en el asiento trasero de un todocamino ajeno con la cabeza apoyada en los dos asientos delanteros, justo en medio de ambos, disfrutando de las curvas que trazaba el conductor en un cálido día de una estación por determinar. Los ojos entrecerrados placenteramente como queriendo dormir, pero sin llegar a consumar el sueño, trataban de filtrar una hermosa luz de tarde avanzada o mañana incipiente, entre una claridad confortable en todo caso. Inadvertidamente, el vehículo dibujó un ángulo ligeramente erróneo en un recodo y ya no continuó entre las líneas estampadas en el asfalto durante el resto del trayecto. La consecuncia del desajuste entre el sentido de los suaves volantazos y el de los meandros de la carretera fue una salida de la vía hacia un precipicio en cuyo fondo se mecía el mar. Cuando comprendí que el automóvil estaba condenado a caer, asumí que dejaría de existir definitivamente y acerté a pensar “es el final”. Inopinadamente, mi vida pasada no se proyectó ante mis ojos, sino la futura, la que me iba a perder una vez transcurridos los dos segundos que tardaría el coche en estrellarse. Dos segundos de vida. Sólo grité una palabra: Carla. Inmediatamente después, me desperté.

 

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#LibertadDeExpresión

El diario El Comercio ha comenzado una justificadísima campaña contra la intención del diputado del PP David González Medina de enchironar a uno de sus trabajadores y a uno de sus exdirectores por publicar una noticia que resulta ser cierta. El Decano de la prensa astur ha aprovechado el HT #LibertadDeExpresión para recordar que, efectivamente, González Medina pretende coartar la libertad de información y reprimi la de expresión, todo esto desde mi humilde punto de vista, ya que la última palabra sobre este espinoso asunto la tendrá en este caso un juez. Medina pide cárcel para el redactor Marcos Moro y para el exdirector Íñigo Noriega.

La noticia en cuestión es que el popular trapicheó con drogas, además de consumirlas, tiempo atrás. Quién no tiene un pasado. Quién no ha cometido errores de juventud. Quién no ha vendido droga alguna vez en la noche gijonesa. Y, lo más importante, por qué eso debería afectar al futuro de una persona. Son cuestiones que no me corresponde responder a mí, como tampoco me toca describir el ámbito en el que El Comercio publicó la dichosa información, curiosamente cuando el afectado estaba inmerso en un proceso congresual para tratar de ser elegido Presidente de la Junta local del PP con el aval de nombres de toda condición vital. Y digo que no es de mi incumbencia hablar de ese asunto porque ya lo hizo en su día Jaime Pondela en este artículo y no tengo mucho más que añadir.

El Comercio, por otra parte, ha tenido a bien recordarnos que David González medina ha tenido la desfachatez de atacar la #LibertadDeExpresión de sus periodistas mientras se dedica a exigirla en Venezuela. Esto lo agradezco mucho porque hoy en día si no mentas a Venezuela en cualquier debate con un político, literalmente no eres nadie. Estas muerto.

Medina está mostrando un talante tiránico que nos pone sobre aviso de cuáles serían sus formas si alguna vez llega a tener responsabilidad de Gobierno. Esto es así. No tendría nada contra que un excamello y esconsumidor de drogas fuera mi presidente, pero sí que me molestaría que lo fuera alguien que no respeta las libertades más esenciales. Medina lacera más su imagen acosando a los informadores que repartiendo fariña, sinceramente. Digo más, su imagen se habría visto más perjudicada si, qué sé yo, su candidatura hubiera salido airosa en un Congreso en el que hubieran participado personas fallecidas que por  haber pasado por comisaría a prestar declaración.

Así que todo mi apoyo a los trabajadores de El Comercio, a los que se acusa del grave delito de haber llevado a cabo su trabajo. Qué bien parado habría salido este prestigioso periódico gijones de este embate si no es porque él mismo coarto la #LibertadDeExpresión de uno de sus colaboradores, el antes citado Jaime Poncela, cuando se negó a publicar el también anteriormente citado artículo de opinión que, habrán comprobado los lectores, es crítico con el Decano de la prensa asturiana. Que no es que a Poncela se le ocurriera escribir un texto y enviárselo a El Comercio a ver si cuela, no. Resulta que era un articulista habitual, con columna propia. Es decir, que El Comercio no sólo restringió su #LibertadDeExpresión, sino que también le despidió no sé si con una palmadita en la espalda o no.

Total que, si no me equivoco, David González Medina pidió #LibertadDeExpresión a Venezuela y se la negó a El Comercio, quien, a su vez, pidió #LibertadDeExpresión a David González Medina pero se la negó a Jaime Poncela. Así las cosas, y teniendo en cuenta que Poncela pidió #LibertadDeExpresión a El Comercio, sólo falta que el periodista gijonés niegue #LibertadDeExpresión a Venezuela para que se cierre el círculo. Nada me gustaría más que ver a Jaime Poncela pronunciar la borbónica Frase ante Nicolás Maduro.

El Día del hombre

El 8 de marzo de 2015, mi hija, con cuatro años de edad, me preguntó que cuál era el día de los hombres y yo no supe qué responder cuando me interrogó sobre por qué no había ninguno. Aquella mañana señaló el calendario de SUATEA colgado en la pared de la cocina y, con su pequeño dedo puesto en la fecha en curso, dijo que ese era su día favorito “porque es morado”.Yo le expliqué que era el Día de la Mujer y ella me soltó la pregunta que abre este texto. Hoy, un año después, me ha vuelto a plantear la misma cuestión.

Siempre me he considerado un firme defensor de la igualdad y siempre he pensado que la clave para lograrla está en la educación. Pero nunca había llegado a imaginar lo arraigado que está el machismo en nestra sociedad, quizá porque yo también estoy infectado por ese mal. La mayoría de los hombres y de las mujeres lo estamos. Por eso me he propuesto tratar de evitar que mi hija se contagie de esa lacra.

Por qué no hay un día de los hombres. En una milésima de segundo pasaron por mi cabeza todos los micromachismos infantiles que pude detectar en los últimos 366 días y se me nubló la mente. Se me fue llenando con el recuerdo de aquella madre que justificó que su hijo, también de cuatro años, adelantara a mi pequeña en la cola del autobús porque “no pasa nada, es una niña”. Recordé la abuela que alentaba a su nieto con la exclamación “tienes que ganar porque es una niña”. Y me esforcé por dejar de recordar cuando percibí que ya hasta se me caía una lágrima al evocar a niños de cuatro años explicando de forma inocente que “el fútbol no es de niñas”.

En efecto, si esos tres ejemplos te han parecido “cosas de niños” o “tonterías infantiles”, tú también estás infectado/a. Porque el machismo es como un virus, que invade a todos los hombres, a unos más que a otros, y que según cómo se desarrolle la enfermedad va destruyendo al individuo hasta arrebatarle su humanidad; hasta convertirlo en un monstruo, en algunos casos extremos. Pero también ataca a algunas mujeres, no con el fin de deshumanizarlas, sino para poder contagiar a sus hijos.

Vivimos en una sociedad machista, no pasa nada por reconocerlo. En este tipo de entorno, la mujer que ha asimilado el machismo tendrá más oportunidades de ser aceptada socialmente que la que no tiene el virus; tendrá el reconocimiento de hombres y mujeres machistas y podrá vivir tranquila en el patriarcado. Las mujeres no machistas tendrán que enfrentarse a la exclusión, sobre todo si deciden luchar por la igualdad. Feminazis, las llamarán, entre otras lindezas.

Asaltado por todos estos pensamientos me dispuse a responder a mi hija: habrá un día de los hombres cuando haya igualdad, le conté. Le expliqué a mi pequeña que los hombres se niegan a acabar de evolucionar, temiendo que las mujeres les quiten el privilegio de ser dominantes, un privilegio que llevan ejerciendo el mismo tiempo que la naturaleza lleva intentando arrebatárselo; que no todos, pero que muchos hombres se creen mejores que las mujeres sólo por el hecho de ser hombres, sin otro argumento, lo que equivale a reconocer que eres inferior en todos aquellos parámetros que no se relacionan con el género. Le dije que ningún niño podía decirle lo que debía o no podía hacer.

No tuve valor para hablarle de asesinatos. Tampoco quise que a los cinco años empezara a oir hablar de discriminación salarial o laboral. A estas alturas lo único que me interesa es que no acepte que por ser niña tiene que ir detrás, tiene que perder o no puede jugar. Porque ya he asumido que se está educando a la próxima generación de machistas y que la consecución de la igualdad de género solo se podrá conseguir a través de una revolución. Dadle el significado que queráis al concepto.

 

Regeneración democrática

Mauricio Fanjul Villapedre descubrió la fórmula de la regeneración democrática en el año 2014. Fue por casualidad, mientras hacía el amor con su mujer. En pleno acto tuvo una epifanía. Las diez claves que certificarían cualquier regeneración democrática aparecieron ante él como surgidas de la nada, flotando ante el cabecero de la cama. El ímpetu por alcanzar un bloc de notas y un lápiz previamente depositados sobre la mesita de noche provocó un orgasmo glorioso a su pareja y una luxación de cadera a él mismo, lesión que le postró tres semanas en una cama de hospital.

Con el alta en el bolsillo, su principal preocupación fue la de llegar a su escritorio y anotar su descubrimiento. Llegar cuanto antes. En eso pensaba mientras conducía. Fueron los primeros agentes de la la Policía local que accedieron a aquella cuneta los que aventuraron que había sido el exceso de velocidad lo que había provocado la pérdida de control del vehículo. Lo último que Mauricio recordaría, al despertarse seis meses después, era a su mujer ilesa rescatándole del automóvil justo antes de que éste hiciera explosión. Ella no le abandonaría a pesar de que jamás volvería a moverse.

La idea de aprender a escribir con la boca, para dejar constancia de su descubrimiento, le vino a la mente de forma repentina. Primero probó a dibujar y finalmente acabó garabateando algunos signos legibles. Fue entonces cuando se atragantó con el tapón del rotulador. Con su vida tratando de escapar por el exiguo hueco que el plástico verde dejaba en su tráquea enrojecida, pidió a su mujer que convocara a todos los representantes de todos los partidos del país. Y ella lo logró. Los juntó a todos en aquella casa y les solicitó que, uno a uno, fueran pasando por la habitación para recibir de forma oral los diez mandamientos de la regeneración democrática.

El forense confirmaría con el tiempo que Mauricio había fallecido antes de que el primer político atravesara el umbral de su cuarto. Éste había accedido al habitáculo nervioso, tropezando con todo, incluido el cable de la máquina que mantenía activa la respiración del paciente. Tras conectar el aparato de nuevo, y tras sopesar incluso salir por la ventana de aquel octavo piso, el representante público decidió que su mejor coartada era abrir la puerta y confirmar que había recibido la preciada información.

El siguiente prócer halló un ser inerte en la cama. Quiso dar la alarma, lo que habría confirmado que no había sido informado de de aquellas claves paradigmáticas. Optó por salir adusto y sereno, asegurando que era conocedor del secreto. Los demás le imitaron. La amantísima esposa lloró de felicidad y se quitó la vida para poder descansar junto a su marido, pues todos aquellos con opciones de dirigir los designios del pueblo conocían la fórmula perfecta para hacer del suyo un país mejor.

 

 

Esperar

Algunos de los principales problemas de la humanidad se podrían evitar si nos esforzáramos por ver sólo las connotaciones positivas del verbo Esperar.

Hoy mi hija me contó en el desayuno que ayer celebraron en el colegio el día de la paz. Al parecer, la profesora animó a sus pequeños alumnos de tercero de infantil a que escribieran (los que saben, que con cinco años no es obligatorio tener tal capacidad) aquellas cosas que ellos pensaran que podían contribuir a que en el mundo hubiera más paz. El grupo de mi hija escogio tres palabras: amar, compartir y esperar. ¿Esperar?, pregunté. ¿Por qué esperar? Por esperar tu turno, me dijo. Simple, conciso y brillante.

Los niños de hasta cinco años de edad no tienen muchos conflictos. Ninguno arraigado. Son todos efímeros. Fugaces. Pero la mayoría están provocados porque hay padres que no quieren o no pueden enseñar a sus hijos a esperar. Eso genera las primeras disputas de un ser humano. Algunas de ellas incluso provocarían las risas de los progenitores, que celebrarían las chiquilladas como simples actos pueriles dignos de ser contados en el grupo de Whatsapp de turno.

Pero mi hija me hizo ver que hay más. Que son tonterías infantiles solo para los adultos, no para los pequeños. Tanto empeño ponemos en dejar de ser niños que se nos olvida con facilidad pensar como ellos. Nuestros hijos dan importancia a que un niño les aparte de la cola para entrar él primero en el autobús o a que otro les quite la plastilina porque, cansado de jugar con la verde, ahora quiere la azul. Son niños, y como tales actúan sin malicia. Entienden que no es malo quitarle un lápiz a otro si es para satisfacer su prisa por usarlo. Nadie les ha enseñado a esperar.

Los padres no esperan. No les gusta. Odian la lentitud de los pequeños cuando les obligan a salir de compras; aborrecen el atasco que retrasa diez minutos el viaje de la familia; detestan el cuarto de hora perdido en un restaurante que quiere más rentabilidad teniendo un solo camarero mal pagado en el comedor; desprecian la tremenda cola que se forma en el cine en el estreno de lo nuevo de Pixar y, en general, les angustia cualquier circunstancia que les mantenga parados, sobre todo si el tiempo de espera no es suficiente para revisar en el smartphone Twitter y Facebook.

Y si los padres no esperan, los niños entienden que no es bueno hacerlo. Esperar es malo. Esperar angustia. Y crecerán afianzando tal creencia, hasta el punto de que serán capaces de hacer cualquier cosa con tal de obtener lo que quieren de forma inmediata. Lo que sea. Hacer lo que sea. Decir lo que sea. Herir a quien sea. Saltarse la norma que sea. Destruir lo que sea. Por no esperar. Esperar es la base del orden; del respeto. Esperar tu turno.

Mordida máxima garantizada

La codicia implícita en la naturaleza humana es solo uno de los factores que nos invitan a pensar que es imposible acabar con los corruptos. Debemos rendirnos a la evidencia y claudicar ante la certeza de que siempre habrá prevaricadores, defraudadores, ladrones, chantagistas, sobornadores, alzadores de bienes y demás especímenes de condición corrupta. Jamás podremos deshacernos de ellos y cuanto antes lo asumamos, mejor; más rápido podremos comenzar a diseñar una estrategia para hacerles frente. Porque es imposible eliminar a los corruptos, pero sí se puede vencer a la corrupción. Y a continuación procederé a explicar cómo.

Lo primero, obviamente, es reconocer que hay un problema: cualquiera de nosotros puede ser corrupto. Yo mismo. Tú mismo. Tu propio padre. La hermana de tu tía política. Cualquiera. No, es que yo soy muy íntegro y me desvelo por el bien común, porque mi vocación es la de servic… NO. MENTIRA. Todos somos presuntos corruptos. Nadie puede poner la mano en el fuego por sí mismo. Un ejemplo: te doy la oportunidad de vivir con todos los lujos, con euros ilimitados durante 30 años. 30 añazos solo para empezar. A todo tren. Sin complejos. Y con una renta que heredarán tus hijos y tus nietos y les asegurará un futuro de abundancia. Ahora quizás no tengas hijos ni nietos, pero puede que dentro de 30 años sí. Y les querrás con locura. Y desearás lo mejor para ellos. ¿No querrías asegurar su futuro? Solo tienes que hacer una cosa, pasar una temporadita en la cárcel. En una especialmente diseñada para ricos. Con presos que te protegen. Y estarás muy poco tiempo, ya que tendrás a los mejores abogados. Dispondrás de la buena voluntad de los jueces. Y cuando salgas, a disfrutar de tus millones con tus hijos y tus nietos, como ya hiciste durante los 30 años anteriores. Piénsalo. Habrá quien lo rechace, sí, porque afortunadamente hay gente íntegra, aunque no sepamos dónde, pero la amplia mayoría aceptará.

Lo segundo que hay que hacer es conocer cuánto se llevan en el sobre los corruptos. Cuánto por conceder una obra a un colega. Cuánto por adjudicar un servicio. Cuánto por hacer la vista gorda. Calcular cuál es la cifra mágica por la que un político se vende. Obviamente las cantidades variararán en función del latrocinio, por supuesto. No será lo mismo adjudicar el servicio de recogidas de basura de Villadelpuerto de arriba que conceder el permiso para perforar el subsuelo marino en una macroobra de ingeniería capaz de provocar terremotos. No podemos esperar que haya mordidas iguales ante beneficios dispares, lógicamente. Habrá, por tanto, que analizar cada caso de forma individualizada. Y establecer un baremo. Es fundamental un baremo de comisiones, sí.

Una vez que tenemos una rientación económica, lo siguiente es aplicar un novedoso concepto fundamental: la Mordida máxima garantizada. Se trata de una propuesta ambiciosa destinada a todo aquel político o funcionario que haya sido tentado por la corrupción. La idea es que se le pueda ofrecer desde la Administración un incentivo superior hasta en un 100% al soborno ofrecido por el corruptor, de modo que el político o funcionario tentado prefiera seguir los cauces legales de una licitación o djudicación antes que cometer un delito por pura avaricia económica. Por poner un ejemplo: si te ofrecen 2 millones por proyectar y construir un aeropuerto que luego no va a ser usado, y cuya una finalidad será lucrar al constructor de turno, la Mordida máxima garantizada hará que puedas rechazar ese proyecto a cambio de ingresar 4 millones de euros. A la administración le sale barato, ya que se ahorra 146s de millones de euros y libra a un municipio de tener que soportar un páramo de cemento cuyo coste de mantenimiento podría llegar a costar, no sé, unos 17 millones de euros, así a ojo, cada año. En 10 años el ahorro sería de 300 millones e euros. Y todo por invertir 4 millones de nada en la Mordida máxima garantizada. Un chollo, señores. Un auténtico chollo.

Así sí saldremos de la crisis. Sin recortar en educación ni sanidad. Porque si un político recibe una oferta por privatizar un servicio sanitario a cambio de un puesto en una empresa cuando a acbe su vida política, pues se calcula cuánto va a cobrar y se multiplica por el número de años que podría vivir ese corrupto. La cantidad obtenida se duplica y se le entrega al político en su domicilio de Madrid. Sea lo que sea compensará el ahorro tanto en gasto de subvenciones y cánones como en salud de todos los ciudadanos. La idea no es mía, sino de @CPerezOviedo. Ahora solo falta que algún político con amplitud de miras la lleve en su programa electoral. Le lloverán los votos.

Plan para sacar partido al aislamiento de Asturias, aprovechando que en el Gobierno central ni dios mira para nosotros (Vol. I)

-Presidente Rajoy, ¡Asturias ha declara la independencia unilateral!
-¡Pero qué me dice! ¿Cuándo ha sido eso?
-Hace tres semanas, creemos.
-Es inconcebible. Hay que atajarlo como sea. Contacte con el Estado Mayor de la Defensa; que manden tanques a Despeñaperros.
-A El Huerna, presidente.
-También. Y póngame con el lider de esos asturianos locos.
-A la orden, presidente. Está activado el manos libres.
TUUUUUUU, TUUUUUUUUUUUUU
-¿Diga?
-Al habla el presidente Rajoy. Exijo que depongan inmediantamente su actitud.
-¿Qué actitud?
-La del independentismo.
-Eso está hecho, hombre. La verdad es que nos da igual ser independientes que no.
-Perfecto. Si lo hace así no habrá consecuencias excesivas.
-Lo único sería saber qué hacemos con las iniciativas que hemos puesto en marcha en estas semanas.
-¿Pero qué demonios han hecho?
-Pues hemos puesto un peaje en la autopista del Huerna para sacarles los cuartos a los españolitos que vengan a hacer turismo.
-Pueden estar seguros de que eso se ha acabado. Mañana mismo el ejército demolerá cualquier infraestructura que suponga desigualdad alguna entre los ciudadanos de este país.