Ideología de género

Nunca he estado en Polonia y no conozco la realidad del país de origen de ese eurodiputado misógino que se atreve a soltar su ideología de género en el Parlamento común amparado por la libertad de expresión. No conozco Polonia y no pretendo juzgar a todo un país, así que me limitaré a decir que los polacos han votado a una persona llena de odio para que les represente en el proceso de construcción de la hermandad europea. Como enviar a Trump a una cumbre por la paz o a un futbolista a Saber y ganar. Afortunadamente, nuestros políticos machistas no se atreven a expresar en público opiniones como las del polaco por mucha superioridad intelectual que tengan. Qué suerte tenemos.

Aunque, son pocos los ultramachistas que viven en España. Excesivos en números absolutos, quizá, pero pocos en términos relativos. Son, no obstante, los más ruidosos, aunque también los más fáciles de combatir porque su poco disimulada ideología de género carece de base o argumentos sólidos. Todo lo fían a que las cosas son así porque lo dicen sus testículos o porque siempre han sido así y, claro, se ven superados en cuanto cualquier persona les presenta una reflexión compleja. No digo que no haya que combatirlos, ojo, aunque ellos mismos se encaminen a la extinción, acorralados, incluso, por los micromachistas. El problema es que mueren matando. Ya he comentado en anteriores entradas la extrañeza que me produce que se haya encontrado una clara relación entre el odio filoterrorista y los chistes sobre dictadores de altos vuelos sin que se le acabe de ver ningún vínculo letal a la apología del machismo.

Algún día abundaré en la necesidad de considerar los discursos ultramachistas como manifestaciones de odio punible pero hoy me ocupa otro asunto no menor. Acabáis de leer, puede que que con espanto, que he considerado que los ultramachistas son pocos. Me reafirmo. Machistas, no obstante, hay muchos. Millones. Puede que decenas de millones sólo en España. El problema es que la mayoría o bien dice que no lo es o bien cree que no lo es. Y ese es el principal problema al que nos enfrentamos, porque los machistas ignorantes, por un lado, y los mentirosos, por otro, son el principal foco de propagación de esta lacra.

Son los que se proclaman, orgullosos, defensores de la igualdad, de la educación para vencer al machismo. No pocos hombres y mujeres, machistas sin saberlo, mantienen discursos de este tipo. Que si hay que concienciar a los niños, que si hay que compartir las tareas… Como si pasar la aspiradora te hiciera converger con la igualdad elevándote a un estrato moral superior. Un machista ignorante fregando deja más limpia su conciencia que los platos y, a su parecer, queda legitimado para conservar el resto de actitudes micromachistas, que le acompañan desde que fue intoxicado con ellas en su más tierna infancia. Además, este tipo de machista es capaz de condenar el ultramachismo, lo que -también a su propio parecer- le sigue legitimando para sus pequeñas hazañas micromachistas.

Así, los ultramachismos, aunque inadmisbles, se me antojan meras bufonadas en comparación con los micromachismos.Todas/os conocéis algún ejemplo. Esas niñas que deben dejar pasar primero a los niños al entrar al autobús ante la pasividad de las madres de ellos; esa condescendencia disimulada en tu puesto de trabajo; esa manía de considerar un halago determinados “piropos”; ese déjame a mí, que tú no sabes; esa educación en guerreros y princesas; ese desprecio a películas con heroínas o esas miradas y comentarios que en el día a día yo no sufro y por tanto me cuesta explicar.

No se acaba con la desigualdad sin frenar ese machismo edulcorado que impregna la estructura social; el de quien, mientras pide igualdad de género, propaga actitudes machistas, a veces sin querer y, otras, sin querer reconocerlo. Es el machismo que está enquistado, pegado al hueso y nutriéndose de él. Es la enfermedad y el ultramachismo es su síntoma. Y no habrá cura sin abrir los ojos de esos millones de personas. Miles de mujeres feministas lo intentan pero el machismo defiende bien sus privilegios ayudado por que, de vez en cuando, un payaso ultramachista deja suelto su odio para despistar.

Feminazi

Un machista ha asesinado a su propia hija al suicidarse tirándose con ella por una ventana. Un machista joven, no uno de esos recalcitrantes viejos con olor a régimen pasado, no. Lo aclaro porque a veces mentas a un machista y tal pareciera que hablas de un acartonado personaje de torva mirada y gesto altanero, y no. Este era joven y parecía un hombre normal. La niña era un bebé, contaba un año de edad. Sucedió todo después de que el machista discutiera con su pareja. Fue, de hecho, una venganza.

Los machistas parecen personas normales. A simple vista no los reconoces. A veces saludan. Un machista puede tener hijos, porque biológicamente está capacitado para ello, pero es incapaz de ser padre. El machista es un ser egoista y cruel, condiciones ambas incompatibles con la paternidad. En caso de engendrar un hijo, el pequeño recibirá implícita o explícitamente una educación machista. Así es como se perpetúa el mal: parasitando a jóvenes inocentes. Contaminándolos. Porque un machista no nace, se hace. Y, una vez hecho, campa a sus anchas y defiende sus principios anacrónicos.

Todo esto ocurre en España, un país en el que se cualquier persona puede ser procesada por hacer un chiste sobre el asesinato de un alto cargo de una dictadura hace cuarenta años. Un cargo muy alto. Como un quinto piso más o menos. Cualquier broma sobre ese tema te puede llevar ante un juez por enaltecimiento del terrorismo. Nunca se sabe qué clase de terrorista puede estar detrás de un chascarrillo de tres al cuarto.

Sin embargo, oye, por enaltecimiento del machismo no se detiene a nadie. No sería propio. Quizá por eso cualquier mindundi puede alardear de superioridad intelectual sobre una mujer en público. Muy en público. Incluso ante los medios de comunicación. Sabe que no le van a procesar por ello. Claro, diréis, hombre, un desliz de un comentario machista no significa que luego le vaya a pegar a su pareja. No, desde luego, pero tampoco se va a dedicar a poner bombas el tuitero que diga que Carrero Blanco inventó el coche volador.

Lo cierto es que, en esta cada vez más reaccionaria sociedad, nos estamos encontrando con un progresivo endurecimieto de los límites de la libertad de expresión en beneficio, nos sugieren, de una convivencia más pacífica. Algo tan subjetivo como el odio puede ser constitutivo de un delito. El odio es malo. Es pecado. Hay que rezar unos padrenuestros. Y si lo tuiteas, al juez. Me parece bien tratar de amarrar la seguridad de todos, aunque me preocupa la pobre impresión de los ciudadanos que tienen nuestros dirigentes, según denota el nivel de la presión normativa a la que nos someten últimamente.

El caso es que el machismo esconde odio. Odio burda y ridículamente disfrazado de amor. Y todos podemos ser víctimas de ese odio. Todos. Un bebé, incluso tú, hombre que me lees, también. Y da igual cuantas muertes produzca ese odio. Da igual, nadie toma las medidas necesarias para atajarlo. Nadie legisla contra el machismo, solo contra sus consecuencias, que viene a ser como perseguir el terrorismo pero no a los terroristas.

En esta sociedad paradójica en la que no puedes llamar campeón olímpico a un alto, altísimo (como una casa) cargo de una dictadura ya podrida pero puedes llamar feminazis a las únicas personas que de verdad hacen algo para erradicar la lacra del machismo, nos encontramos con que hay quien cree que la lucha contra este problema la deberían liderar los hombres. Como si esas mujeres que llevan decenios dejándose la piel sólo para lograr algo tan obvio como la igualdad tuvieran necesidad de más guía que la de sus propia convicción.

En estas circunstancias, en las que tienes que hacer un análisis semántico y otro semiótico antes de publicar un tuit si no quieres acabar en un calabozo, las palabras se convierten en armas de doble filo. Y feminazi es un búmeran (bumerán si lo prefieres) perfecto, porque viene a definir a las mujeres que quieren que los hombres tengan los mismos derechos que ellas. Es el título que los machistas dan a quien quiere algo tan revolucionario como la igualdad.

El término lleva explícito la palabra nazi, con toda la carga negativa que ésta implica. Pero en un país en el que un gobernante puede decir que el colectivo de personas estafadas por los bancos son ETA (es decir,  son terroristas), desvirtuando completamente el peso semántico del acrónimo con el consiguiente agravio a las víctimas, y sin que pase nada, no parece descabellado asumir que quien utiliza la palabra nazi como un sufijo para tratar de ofender a una mujer también está minimizando, consciente o inconscientemente, el perverso contenido que denota y connota el término.

Si eres tan ignorante como para usar la palabra feminazi para tratar de ofender a una persona que lucha por sus derechos, seguro que eres tan ignorante como para ofenderte si alguien usa la palabra feminazi para definirse como defensora de la igualdad. Si es así, amigo machista, yo soy feminazi. Dicho esto, y mientras espero que se siga previniendo el odio que suscita hacer chistes con el asesinato del secuaz de un dictador hace 40 años, a la vez que se permiten discursos y actitudes machistas, caigan sobre mí los siete infiernos virtuales.

Embestidura

Mariano Rajoy no tiene, de momento, rival en el Pleno del Congreso. En la sesión de este jueves de la sesión que acabará con su investidura, el candidato del PP ha demostrado que está en otro nivel aunque no por méritos propios. El principal argumento que sostiene la supremacía dialéctica de Rajoy es que puede decir lo que quiera sin que sus votantes se vean agraviados, ofendidos o deseosos de entregar su papeleta a otro partido. Y, claro, eso amplía con holgura la libertad de decir cualquier cosa. Además, ha tenido a casi todos los portavoces enfrente, pero no en contra.

Abrió el debate el discurso de Antonio Hernando, portavoz parlamentario con Sánchez y sin él; hombre cuestionado por parte de sus propios compañeros; el político antes conocido como el adalid del No es No; el hacedor de pactos con Ciudadanos en la tormenta y madre de dragones. Con ese curriculum no es de extrañar que Hernando saliera al estrado condicionado. Casi acongojado. Con dos ideas fundamentales en la cabeza: el Psoe es la oposición y la abstención no presupone estabilidad. El problema es que todas sus críticas a Rajoy, su Gobierno, su corrupción y sus recortes chocaban frontalmente con la proposición ya asumida de que su grupo va a permitir que el popular vuelva a gobernar. En esa coyuntura, Rajoy tuvo fácil su réplica: insistió en el chantaje; no sólo quiere gobernar, sino que quiere hacerlo con estabilidad. Lo que no sabemos es si Hernando cogió el mensaje o si pronto veremos una cabeza de caballo bajo sus sábanas. Para que nadie diga que Rajoy es un insensible, el candidato del PP mostró su magnanimidad paralizando las reválidas sin tener la menor intención de retirar la Lomce. Ya tiene argumentos para exigir lealtad institucional a los socilistas.

El debate se tornó duro con la llegada de Pablo Iglesias al estrado. Llegó con sonrisa de pillo. Casi de muñeco diabólico. Empezó con tono suave porque la primera idea que quiso transmitir era que el suyo era el principal partido de la oposición. Para demostrarlo, empezó a subir el tono hasta que por su ceño hubiera podido transitar la quilla del Bribón I. Atacó a Rajoy con los recortes y la corrupción y logró su objetivo principal: provocar. Por su sonrisa triunfante durante los recesos que tuvo que hacer por culpa de las quejas e increpaciones de la bancada popular (entre otras), se puede deducir que lo que pretendía era polemizar. Como decimos, tuvo éxito. Quiso desatar al Rajoy socarrón y lo logró. El culmen fue cuando, a respuetsa de un chascarrillo del líder de Podemos, el popular hizo un chiste sobre sus SMS a Bárcenas. Sí, amigos, Rajoy ya se ríe de aquel capítulo bochornoso en el que pedía al ahora exTesorero del PP (imputado y en pleno proceso judicial) que fuera fuerte. Y que ironice sobre ese capítulo ya sólo puede significar dos cosas: 1) que Rajoy da por amortizado el tema; es algo del pasado, una batalla del abuelo más que es mejor no remover. 2) que Rajoy desprecia a esa minoría de ciudadanos escandalizados por ese capítulo. Hay una tercera opción, y es que se le haya escapado sin querer, pero eso reforzaría en cualquier caso la tesis número 1.

Todo el mundo interpreta que Rajoy estuvo ágil para responder, pero este capítulo me ha hecho reflexionar sobre otra posibilidad: Pablo Iglesias pudo provocar conscientemente a Rajoy sabedor de que cualquier barbaridad que se le ocurriera decir al popular era una piedra sobre el tejado del Psoe, que es el que va a facilitar su Gobierno. Si es así, a Iglesias le salió bien la jugada. Puso el capote y Rajoy entró a la “embestidura”, un palabro que me acabo de inventar para hacer un juego semántico y poder titular este texto. Si no lo hizo conscientemente, entonces tuvo suerte. Y eso es algo muy importante en política como el propio Mariano Rajoy se empeña en demostar día tras día.

Por último, dedicaré unas líneas a la intervención de Albert Rivera, conciliador y templado. Jugó el papel de portavoz del grupo que sostiene al Gobierno y dedicó más tiempo a atacar a Pablo Iglesias que a condicionar el Gobierno de Rajoy. Flaco favor le hizo al Psoe, ya que fue Rivera el primero en identificar a Unidos Podemos como primer partido de la oposición. Rajoy fue paternalista con él en su respuesta y sólo le restó acabar su réplica con un abrazo. En algo sí tiene razón el líder naranja: esta puede ser una gran legislatura. Que cada uno lo interprete como quiera.

 

 

En sus marcas

Las elecciones ya no son lo que eran. Al menos las próximas no serán lo que fueron las celebradas el mes de diciembre pasado. Y no lo serán porque los partidos concurrentes no llegan de la misma forma a la cita, sino que su posición se ha visto condicionada por todo lo acaecido desde que se escrutó el último voto el 20D, que no fue poco. Irrelevante, sí, pero abundante. Los partidos se han movido mucho, quizá porque han valorado que los ciudadanos tendremos en cuenta a la hora de votar quién ha hecho más por negociar o quién es el que ha preferido que hubiera otras elecciones. No consideran que el pueblo pueda tener entre sus indicadores el de quién ha sido más pesado en todo este tiempo.

El PP se presentará a esta nueva convocatoria después de haber hecho radical y absolutamente nada, siguiendo al pie de la letra una estrategia de hechos consumados que les llevó a aprovechar un supuesto pacto entre PSOE y Podemos -en el que sólo los populares tenían intención de creer- para evitar el escarnio que Rajoy podría haber sufrido en una sesión de investidura. La misma estrategia hizo que Rajoy nunca llamara a Pedro Sánchez porque, presuntamente, éste iba a rechazar cualquier propuesta del Presidente en funciones. Así las cosas, y fiel a su estilo, Mariano Rajoy se ha tirado cuatro meses y medio para ir a Bruselas, hablar por teléfono con un Puigdemont de mentira, verse con el Puigdemont de verdad, rechazar tres veces al rey y beber vino con Bertín Osborne, actividades que le garantizan el mismo número de votos de cara a las próximas elecciones que el logrado en 2015, si no alguno más. En este impás, la corrupción ha azotado a su partido por arriba y por abajo, es decir, como antes de las anteriores elecciones, con lo que no habrá mayores consecuencias.

Pedro Sánchez tampoco llega en las mismas condiciones. Ahora está vinculado a un pacto firmado con Ciudadanos que, por mucho que se rompa de cara a la cita con las urnas, va a estar presente en todo momento. Sobre todo porque todo el mundo coincide en que los resultados de los nuevos comicios podrían ser similares a los registrados en diciembre, con lo que es probable que ambos partidos tengan que volver a negociar una investidura sea de quien sea. Si eso se produce, a nadie se le escapa que el texto acordado en esta entente liberal-socialdemócrata podría volver a ser la luz que ilumine el camino. Otro factor que condiciona a Pedro Sánchez de cara a la nueva votación es que, de momento, está diversificando sus ataques. Si antes del 20D su objetivo era Rajoy, ahora está gastando munición también con Pablo Iglesias. A todo esto, antes de que le consideremos candidato tendrá que pasar por las primarias que, ha dicho, convocará su partido. A ver qué pasa.

Pablo Iglesias se presenta a la nueva cita con mayor desgaste. Su partido ha sufrido crisis internas que por su bisoñez se podrían considerar inéditas. Ya tienen dimitidos, cesados, familias e investigados, justo como el resto de las fuerzas políticas tradicionales. Además, -como decimos- ahora tiene al PSOE dándole caña, cosa que no pasaba con tanta virulencia en la previa del 20D. Para colmo, tendrá que volver a negociar con las mareas, que tiene a Compromís yendo por libre y a En Comun Podem sin referendum. Por lo demás, sigue planeando la sombra de un hipotético pacto con IU que antes no se cerró y ahora dios dirá. Perdón, el ciudadano dios dirá.

Ciudadanos ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Propuso pactar con el PP, luego pactó con el PSOE; propuso un presidente tecnócrata y vetó a Podemos; se posicionó a la izquierda, a la derecha, liberal, socialdemócrata; lo hizo todo, todo para lograr la visibilidad que no le pudo dar un extraordinario resultado electoral en diciembre: los 40 diputados más irrelevantes de cara a un pacto de Gobierno que jamás ha visto el Congreso. Ahora todo ese bagaje le pesará o le impulsará, nunca se sabe. Lo cierto es que si ha habido un partido visible y activo ese ha sido C’s. Han sido fuegos de artificio, pero han sido llamativos.

Izquierda Unida parte de una posición no mejor, pero sí distinta a los demás: será difícil que pierdan más diputados. La coalición sólo puede ganar en esta cita y Podemos lo ha visto. A falta de saber si se cerrará el famoso pacto con los morados, Alberto Garzón puede alardear de ser el político mejor valorado, título que casi siempre corresponde en este país a algún líder carismático y sin opciones de Gobierno.

Los partidos minoritarios tendrán en la próxima cita una nueva oportunidad para entrar en el Parlamento. El mejor posicionado es Pacma, el partido que más crece en cada convocatoria electoral y el único, de momento, cuyo nombre responde fielmente a las circunstancias socio-ideológicas de la formación. UPyD podría recuperar su presencia en el Congreso si logra que alguien sepa quién lo dirige. Vox podría reivindicar un espacio en la derecha, otra cosa es que alguien le escuche.

Sea como sea, ya casi todo está listo para que volvamos a votar. Y esta vez tendremos más información. Sólo falta que el rey diga lo de preparados, listos, ya.

Pequeños desatinos

La culpa es de la corrupción, que acapara las escasas críticas de la ciudadanía. Así, los pequeños desatinos diarios que salpican la vida política de cualquier Parlamento autonómico pasan desapercibidos sin que la mayor parte de la gente de bien que nos rodea acierte siquiera a recibir los mensajes de incopetencia que nuestros representantes públicos se afanan en enviarnos día sí y día también. Este jueves, un diputado del Partido Popular asturiano nos ha esbozado el concepto que tiene él mismo, y no sé si su partido, del ejercicio de la política como servicio al pueblo. Jose Agustín Cuervas-Mons ha tenido a bien criticar que PSOE, Podemos, IU y Ciudadanos tienen un pacto oculto para sacar adelante los presupuestos.

La madre que me parió. Maldito contuberrnio izquierdo-derechista-transversal hay montado en la Junta, habrá pensado el bueno de Cuervas, que no ha dudado en airear a los cuatro vientos mediáticos tamaña barbaridad. A quién se le ocurre, de verdad. Qué mente aviesa ha podido perjeñar un pacto en una Cámara de representantes de los ciudadanos. Con qué derecho han acordado o negociado nada. Por qué han tenido que llegar a acuerdos para sacar adelante propuestas. ¡Qué perversión es esa! Es intolerable que haya gente hablando para buscar puntos en común; partidos dispuestos a ceder en sus pretensiones para alcanzar otras que crean más elevadas; políticos que hablen con otros de grupos diferentes. Es IN-A-CEP-TA-BLE, COPÓN.

Obviamente PP y Foro no están en el contubernio. Ellos ya habían dejado clara su postura de no negociar los Presupuestos con el PSOE. Foro incluso había rechazo de mano las líneas generales de las cuentas que el Gobierno les había facilitado por considerarlas “continuistas”. Y eso que el vigente presupuesto lo pactó el PSOE con el PP hace ahora un año. El PP, oiga. El partido con el que Foro concurre en coalición a las elecciones del 20D. Y, por su parte, el Partido Popular considera altura de miras aprobar un Presupuesto con el PSOE y cree un contubernio que todos los Grupos parlamentario menos el suyo y el de Foro negocien la previsión económica de 2016. Todo muy coherente. Todo muy regenerador.

Que parezca un accidente

Esta semana ha quedado rubricado el pacto que hará que aquellos asturianos que ayudaron a llevar a Francisco Álvarez Cascos a la presidencia del Principado, atraídos por la posibilidad de nunca más volver a votar al PPSOE, voten al PP. Aquellos ciudadanos que contribuyeron a que Foro ganara las elecciones de 2012 y a que no desapareciera de la Junta en 2015; aquellos que se negaron a entregar su voto al PP en los últimos comicios autonómicos se verán obligados a regalar su sufragio al Partido Popular en las elecciones generales del 20 de diciembre. Eso o cambiarán de partido, lo que parece una opción más que probable. Si es así, el pacto PPFORO propiciará de carambola que Ignacio Prendes aumente significativamente sus aspiraciones irrefrenables de encontrarse con su amadísimo Albert Rivera en las Cortes Generales. Ciudadanos, partido que a priori debería fiar sus opciones de lograr un diputado en el Congreso por Asturias a la campaña de su líder estatal, es, a mi juicio, el principal beneficiado de la flamante alianza entre la popular Mercedes Fernández y la forista Cristina Coto. A esta espectacular ascensión parlamentaria de Prendes contribuyen otros factores, por supuesto, como la apabullante campaña electoral que llevan meses orquestando El País y otros medios de comunicación (aunque esto es harina de otro costal), lo que hará que Rivera (y en un segundo plano Prendes) tenga muchos votos en el Principado.
Ciudadanos, lo sabemos bien, es un partido abierto a recibir a gente de otras formaciones políticas, ya sea en formato votante o e formato candidato. Además, el partido naranja es una organización de ámbito estatal que recibirá votos con independencia del candidato que presente a las elecciones en cada comunidad autónoma. Todo puede pasar porque nos enfrentamos a las elecciones generales con el voto más fragmentado de la historia, también en Asturias. PSOE, PPFORO, IU-IA, Podemos y C’s aspiran a uno de los ocho representantes que el Principado tendrá en el Parlamento, por lo que habrá escaños que se decidirán por muy pocos votos. Quizá ese matiz es el que hizo pensar al PP que la alianza con el partido anteriormente conocido como FAC le podía reportar algún beneficio. Lo que está claro es que perjuicio no le va a causar, ya que a medio plazo el regenerador Foro Asturias Ciudadanos está condenado a desaparecer. O a aliarse con URAS, ellos sabrán. Desaparecerá de todas partes excepto, quizá de Gijón, donde el partido deberá reconvertirse de forma que parezca que es un partido independiente de FAC, pero conservando el espíritu que les llevó a gobernar en la Villa de Jovellanos en dos legislaturas. Vamos, que el hecho de haber sido un día sostén de Francisco Álvarez Cascos parezca un accidente.

Prejuicios

Podemos quiere gobernar en Asturias con la singular, bizarra e hipotética alianza que formarían llegando a un acuerdo con Izquierda Unida, Foro Asturias y Ciudadanos. Es decir, con todas las fuerzas representadas en la Junta General del Principado que tienen menos diputados que ellos. Que los de Daniel Ripa y Emilio León no tienen buena sintonía con los de Javier Fernández y Jesús Gutiérrez no es nada nuevo. Es más, el propio candidato socialista se pasó la campaña electoral atacando a Podemos y hasta llegó a decir que no se tomaría un café con nadie de la formación de Pablo Iglesias. Con estos antecedentes la negociación parecería difícil si no es por que, en teoría, estamos hablando de personas que, supuestamente, quieren hacer todo lo posible por el bien común aunque esto incluya olvidar cualquier tipo de rencilla.

Ojo, que no estoy diciendo que la falta de entendimiento entre la FSA y el Círculo ciudadano se deba a sus malos rollos personales, ni mucho menos. Al parecer, según el candidato de Podemos, Emilio León, los socialistas no están en disposición de aceptar sus severas condiciones para la regeneración democrática. Sí ve, en cambio, más proclives a un entendimiento en esa materia a Foro, o mejor dicho, a FAC, el partido que se inventó Francisco Álvarez Cascos cuando no le dejaron ser el lider supremo del PP asturiano por aclamación. FAC es un partido regenerador de la democracia por naturaleza. Baste comprobar que su líder no está imputado a pesar de que sus siglas aparecen en los papeles de Bárcenas. Otra prueba es la capacidad de otros de sus dirigentes para regenerar la democracia desde un quirófano de una clínica privada a la vez que cobran un sueldo como máximos responsables de un ayuntamiento de una ciudad costera muy poblada.

En Oviedo Foro ha dado muestras de regeneración democrática hasta la desaparición. Tal ha sido su espíritu reformista. Una de sus concejalas fue condenada por insultar y amenazar a un inmigrante, y tuvo que regenerar su propia vida fuera de la política. Incluso tienen diputados regeneradores de las relaciones laborales acusados de acoso sexual. Y eso a pesar de haber paralizado la Administración en el año escaso que estuvieron al frente. Hasta la patronal consideró que su gestión y previsiones eran exageradamente regeneradoras y servían solo para incidir en la crisis. Y qué decir de Ciudadanos. Ese partido sí que está regenerando la vida política. Al menos la de UPyD, de donde salieron la mayoría de miembros de la formación naranja que no provienen del PSOE o que no han tenido que dimitir por insultar gravemente a los catalanes en las redes sociales. Todo muy reformista.

Podemos quiere pactar con estos partidos y me parece bien. Y puede que hasta lógico. Lo que no me parece muy lógico es que pretendan que IU les acompañe en semejante barco. No veo yo a Llamazares codeándose con Cristina Coto, la verdad. O saludando a su nuevo socio Francisco Álvarez Cascos. No lo veo, en serio. Y si Izquierda Unida no se sube a ese carro regenerador de la vida política, a Podemos solo le quedarán Foro y Ciudadanos para auparse a la Presidencia del Principado. Dos partidos de derechas.Y todo a pocos meses de unas elecciones en las que se pretende quitar del Gobierno del Estado a un partido de derechas. Un movimiento estratégico que de poco servirá porque C’s ya ha advertido que no apoyará a partidos que no sean la lista más votada y Podemos es la tercera fuerza en el hemiciclo.

Por eso, porque ese pacto antinatura no va a salir, Podemos podría estar perdiendo la oportunidad de imponer líneas rojas a un Ejecutivo condicionado también por IU. Juntos podrían tratar de orientar a los socialistas hacia las políticas sociales que vean convenientes. Separados se arriesgan a que el PSOE gobierne en minoría apoyándose en unos y en otros, y haciendo concesiones a unos y a otros, pero no exclusivamente a los partidos de izquierdas. Yo también creo que hay que regenerar a vida política mundial. Pero si no tengo la fuerza necesaria para aplicar mi programa, quizá lo prudente sería tratar de que se cumplan los puntos irrenunciables del mismo, invitando al Gobierno a asumirlos como propios a cambio del sostén que éste necesita. Eso es política. Y se consigue negociando. Y para negociar hay que ir sin prejuicios.