Al Grupo mixto, antes de ser expulsado

Los procedimientos burocráticos harán que sea por muy poco tiempo pero, a día de hoy, el condenado por prevaricación por fraccionar contratos para la adquisición de monolitos para señalar fosas comunes, Ángel González, tendrá que compartir el mismo despacho parlamentario que el diputado de UPyD Ignacio Prendes, actualmente único beneficiario de los recursos destinados al Grupo mixto. Bien es cierto que González tiene pocas posibilidades de seguir en la Cámara asturiana -será expulsado, según ha podido saber este blog, mientras él se sigue aferrando a cuantos cabos ardiendo puedan ayudarle a salvar su honor de exviceconsejero-, por lo que IU no tendrá que temer que se reduzca la dotación económica que le corresponde a su grupo al ver mermado el número de diputados que lo componen. En caso de rápida expulsión del Parlamento asturiano, tampoco tendrá que temer el citado Prendes, pues, aunque el Grupo mixto vería incrementados sus recursos ligeramente, éstos y el tiempo de exposición mediática tendrían que ser compartidos con González (en el improbable caso de que éste no salga disparado del hemiciclo con su sentencia condenatoria y su recurso ante el Supremo bajo el brazo). Con razón quiere Prendes que dimita cuanto antes. A ver si van a tener que compartir protagonismo; a ver si van a tener que compartir asesores… En fin, el lunes se reúne la Mesa de la Junta para decidir sobre todo este tinglado que podría terminar con el tribunal Supremo dando la razón a Ángel González, pero con la carrera política de éste finiquitada en cualquier caso. Nunca se sabe, porque, como se suele decir, la política es una carrera de fondo. Y, en el fondo, González podría ser inocente.

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Ataques de sinceridad

El Presidente del Principado reconoció en el Debate de orientación política, durante su réplica al portavoz de Izquierda Unida, Ángel González, que no le gusta la reforma de la Ley electoral. Javier Fernández señaló que la aceptó en su día obligado por el acuerdo alcanzado con UPyD, que establecía este punto como condición indispensable para alcanzar un pacto de investidura y legislatura. Pocas veces los políticos airean públicamente los entresijos de sus negociaciones intramuros parlamentarios. Escasas veces. Y es una pena, porque el ciudadano tendría la oportunidad de conocer las cañerías de la vida política en lugar de tener que imaginárselas, con el consiguiente deterioro de la imagen de los representantes públicos.

Pero la cuestión es que al Presidente no le gusta la reforma, lo que deja un poco en entredicho su argumento de que sólo aprobará el proyecto en la Junta General del Principado si éste recibe el voto favorable de alguno de los partidos de la derecha que no son UPyD (Foro y PP). Es decir, que después de reconocer que la iniciativa no le apasiona, Javier Fernández asegura que si su partido no vota a su favor es porque quiere que el texto tenga un respaldo parlamentario más amplio del que otorgan los 23 disputados de PSOE, IU y UPyD, que suponen mayoría absoluta. Y yo no digo que no sea verdad, sólo señalo lo curioso de un argumento que condiciona dar luz verde a una medida que no gusta a que la bendiga al menos uno de los otros dos partidos a los que tampoco les gusta.

Esta reforma de la Ley electoral es clave porque es uno de los asuntos -quizá el de más peso- que los dos partidos que respaldaron la elección del Presidente socialista (IU y UPyD) consideran irrenunciables para seguir manteniendo su apoyo. Y ya no se trata de que Javier Fernández tenga que pasarse unos meses gobernando sin mayoría, sino que ha de presentar y aprobar los Presupuestos de 2014, los que fijen el rumbo del Principado durante el último año antes de las siguientes elecciones autonómicas. Que Asturias tuviera que prorrogar sus cuentas en medio de la crisis que nos azota con paro incontenible y aumento de la pobreza es una temible posibilidad cada vez más cercana.

A pesar de esa proximidad, sigo manteniendo que no será UPyD quien rompa la baraja presupuestaria. Y sigo creyendo que IU si podría acabar con su sustento al Ejecutivo. Precisamente, su portavoz también compartió un momento de extrema sinceridad con Javier Fernández para reconocer que su organización podría estar arrepentida de haber apoyado a los socialistas. Lejos de amilanarse, el Presidente respondió a las urgentes solicitudes de cumplimiento de acuerdos esgrimidas por Ángel González reabriendo el dosier de las negociaciones, para espetarle a la coalición que ellos también debían cumplir su parte, ya que ya se habrían cobrado como pago un Senador por designación de la Junta.

Tanta sinceridad se cruzaron en público quienes apoyaron al gobierno y el propio Presidente, que tuvo que ser el portavoz socialista, Fernando Lastra, quien aprovechara su turno de intervención para tender la mano a sus de momento aliados puntuales, en un gesto que bien pudiera ser una invitación a seguir resolviendo sus diferencias sobre la Ley electoral en privado, negociando al resguardo de una puerta bien cerrada y al calor de una taza de entrañable café.