El Psoe se sale y Vox entra: análisis del 26M

Escrutadas casi todas las papeletas, y a falta del voto exterior, ya podemos decir que las elecciones europeas, municipales y autonómicas del superdomingo de mayo de 2019 las han ganado casi todos, aunque más que nadie el PSOE. En lo que tiene que ver con Asturias, que es a lo que vamos, su victoria tiene pocas máculas. Quizá la de Oviedo, según reconocía ayer un destacado miembro de la FSA, aunque inmediatamente después pasaba a subrayar -ya con la boca más pequeña- que la capital es una plaza “un tanto complicada”. Efectivamente, los socialistas han perdido Oviedo pero -seamos sinceros- en realidad nunca la tuvieron. Al menos no desde que gobernaba Masip. Total que el PSOE asturiano es el gran vencedor de estos comicios, quizá gracias al viento del sur que soplaba Pedro Sánchez desde Madrid y quizá también gracias a que los asturianos, que demostraron en ocasiones ser favorables a gobiernos del Principado de la derecha, sí parecen ser reacios a un ejecutivo de la derecha con Vox.

De poco sirvió la meticulosa labor de oposición del Gobierno regional al central, a pesar de que fue intensa en ocasiones en asuntos de calado, como la política industrial. Agotada la minería, que ya descansa en los brazos de la prejubilación, y amortizada la lucha del carbón, el mensaje de la transición ecológica parece empezar a calar en una sociedad que antaño llegó incluso a ver con relativo orgullo cómo los mineros defendían su medio de vida con sángre y pólvora. Lo llegó a ver, sí, aunque desde la distancia, todo hay que decirlo, porque en los años previos a la gran crisis, cuando los jóvenes encontraban empleo en los sectores más diversos, se pasó a ver con cierto incomodo no ya la lucha obrera sino sus consecuencias. Porque, a ver, está muy bien que la gente se manifieste y tal, pero no tanto que me hagan llegar tarde a casa por culpa de una barricada.

A falta de algunas inversiones pendientes de fondos mineros, y con a penas un puñado de trabajadores de subcontratas para los que nadie mira, al ejecutivo socialista asturiano ahora en funciones sólo le quedan las térmicas y la industria para hacer oposición a Sánchez durante los pocos días que sigan en el poder, toda vez que la principal exigencia de Arcelor pasa por que se impongan aranceles proteccionistas desde el Gobierno europeo y sus trabajadores cobren lo menos posible. Por su parte, Alcoa se irá de aquí mande el partido que mande, dejando una fábrica que llevará bajo el brazo un jugoso incentivo público-privado para aquel que la quiera comprar y la gestione por un tiempo aún por determinar.

Así las cosas, el principal problema al que se enfrenta ahora mismo el candidato a la presidencia del Principado Adrián Barbón es elegir a su próximo Consejo de Gobierno y tratar de mantener el enorme respaldo electoral que ha recibido, porque difícilmente sus resultados podrían haber sido mejores en una coyuntura multipartidista como la actual. Su victoria, además, le refrenda como líder de la FSA, ya que responde al reto que planteó un destacado exlíder de la Federación Socialista Asturiana, quien en su día dejó en el aire que el nuevo PSOE debía ganar elecciones como lo hacía el viejo, en referencia a que los sanchistas deberían demostrar que son capaces de venecer en las urnas como lo hicieron los javieristas. Adrián Barbón fue un paso más allá y ganó como lo hicieron en su día los arecistas.

Tal fue el ímpetu socialista este pasado 26M, que doblaron en diputados a la segunda fuerza más votada. El PP de Teresa Mallada obtuvo 10 escaños en lo que parece la confirmación de su suelo electoral. Puede parecer un mal resultado pero no lo es. La candidatura de Mallada logra mantener el tipo en unas condiciones muy negativas para ella. Por un lado, los populares han tenido que nadar contra la corriente que se había llevado a su líder nacional. Los inauditos malos resultados de Pablo Casado amenazaban con ser una losa para la expresidenta de Hunosa. Sobre todo porque el sonriente líder del PP se empeña en hacer campaña en clave independentista y es posible que ese sea un mensaje que, aunque importante, no cale en exceso en el electorado asturiano. Por otro lado, Teresa Mallada ha tenido que lidiar con una feroz oposición interna. La dirección de su propio partido en Asturias, descontenta con la elección de la allerana como cabeza de lista, se esforzó por dejar en evidencia a la candidatura regional en cada ocasión que tuvo, por pequeña que ésta fuera.

Entre otras cosas, la presidenta del partido, Mercedes Fernández, apostó por una coalición con Foro para las generales en contra de la opinión de Mallada (y de quien esto escribe) y se reconoció desconocedora del programa electoral de su partido para los comicios autonómicos (con el significado que tiene que una presidenta desconozca las ideas que plantea su propia formación en unas elecciones). Y con todo, Mallada logró mantener el suelo del PP y, de paso, ganarse aspirar a dirigir la formación conservadora. Se avecinan jornadas interesantes entre los populares. También logró otra cosa: que su candidato en Oviedo reeditara un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, lograra números para recuperar el Gobierno perdido. Otros candidatos que no salieron del dedo señalador de Génova no tuvieron el mismo éxito y naufragaron en las turbulentas aguas del voto cantábrico.

Así pues, y a pesar de haber logrado la mitad de escaños que el PSOE, los números del PP no son malos y en la junta doblan en representantes a la tercera fuerza: Ciudadanos. Con la formación naranja siempre pasa lo mismo: sube pero se lamenta de no haber logrado sus objetivos, mientras que los analistas coinciden en hablar de fracaso debido a las expectativas creadas. Yo soy de la opinión de que esas expectativas no son más que estrategia electoral pura y dura para tratar de atraer el voto de aquellos indecisos que buscan que su papeleta no quede en saco roto, que tenga utilidad. Inflando voluntariamente sus aspiraciones reales se sitúan ante el electorado como una potencia política que quiza no sean pero que pueden llegar a ser así, poquito a poquito, paso a paso, elección tras elección, a base de crear expectativas y de lamentar como un fracaso lo que en realidad es un éxito.

Juan Vázquez era un excelente candidato llamado a mejorar, pasara lo que pasara, los resultados de Nicanor García. Logró pasar de 3 a 5 diputados, lo que representa una subida porcentual del voto de casi el 100%. Su partido creció también en Oviedo y en Gijón, y todo con un discurso disconforme con el de la dirección del partido en Madrid. A pesar de que los principales líderes nacionales de C’s impusieron un cordón sanitario al PSOE, Vázquez se mostró siempre dispuesto a negociar con cualquiera, excepto con los extremistas. Rebatió a los primeros espada de Madrcelona reivindicándose como un independiente con ideas propias. Una disparidad de criterios que igual desconcertó a sus votantes pero, a pesar de ello (o precisamente por ello), creció electoralmente. Para mí, un éxito por el que merece una felicitación.

Decía al principio que en estas elecciones han ganado casi todos. Los que no lo han hecho han sido Podemos. Todo hay que decirlo, haberse enfrascado en una disputa interna antes de las elecciones no les ayudó. Hacer una campaña en negativo, tampoco. Que el número dos de la lista tratara de eclipsar a la número uno, menos. Haber dejado que la derecha gobernara en Gijón, es posible que tampoco. Insistieron en focalizar su campaña en destacar los desmanes (presuntos de momento) de un gobierno socialista que concluyó hace 8 años, lo que diluyó la atención del electorado de izquierdas. Sí, la corrupción es un tema importante, que preocupa, pero no s epuede vivir toda la vida del caso Marea. Si hay que destacar algún éxito, sería el de haber logrado dilapidar las posibles ventajas de haber presentado a Lorena Gil, que era una muy buena candidata. Podemos ha reconocido su fracaso y falta por saber si alguien va a asumir alguna responsabilidad por ello o si van a aprender alguna lección del mismo.

Ahora imaginad el siguiente escenario: os hacéis el Hara Kiri justo antes de una maratón y aún así la corréis y la acabáis. Con esta metáfora veréis que los 2 diputados de Izquierda Unida en la Junta General no es un resultado tan malo. La coalición partía con la desventaja de concurrir a los comicios sin siquiera tener coordinador general. Tal era la situación provocada por la marcha de Gaspar Llamazares. Otro handicap era la disparidad de discurso que quedó patente antes y después del proceso de primarias: unos querían ir con Podemos a las urnas, otros ni de coña; unos estaban con Llamzares, otros ni de lejos… Y todo así hasta la debacle final. En Oviedo han pasado de gobernar en el tripartito a desaparecer; en Gijón, de dos a un concejal. Al menos le queda a la formación el consuelo de tener en la Cuenca algún referente de cómo hay que hacer las cosas. Y, ojo, no me refiero a poner a Hanibal Vázquez de Coordinador General. Izquierda Unida ya cubrió su cupo de alcaldes campechanos y bonachones que se hacen valer en un ayuntamiento pero no en una asamblea de la coalición.

Si aplicamos el baremo de las expectativas con el que pretendemos juzgar a Ciudadanos, Foro habría conseguido unos resultados extraordinarios. Y aún así están disgustados. Los asturconservadores han perdido un tercio de sus diputados, es decir, uno. Ahora son dos, cosa que pocas encuestas auguraban. Les daban la mitad como mucho. Los de Cascos renunciaron a la ciudad más poblada de Asturias sólo para tener presencia en la Junta General del Principado. Pudiendo centrarse en Gobernar Gijón perennemente, prefirieron sacrificar a su mejor pieza en Oviedo. Y lo pagaron, claro, cayendo estrepitósamente en la Villa de Jovellanos, donde perdiern 5 de los 8 concejales que tenían y, por supuesto, el Gobierno. Pero lograron conservar representación en la Junta, donde estará la exalcaldesa de Gijón Carmen Moriyón. Sólo el tiempo dirá si su apuesta tendrá resultados positivos, pero mi impresión es que corren el riesgo de diluirse en el Parlamento regional entre el ruido que hará Vox y la muy superior presencia del PP. Su futuro podría pasar, quién sabe, por ser un partido asturianista de derechas o acabar de integrarse en las filas populares previa claudicación, eso sí.

Vox, por último pero no menos importante, ha logrado un buen resultado. Han obtenido dos diputados que tendrán que debatirse entre hacer oposición al PSOE o a las “derechitas cobardes”, no sé muy bien por qué camino irán. Si optan por guerrear contra las derechistas, se lo van a pasar en grande, porque en pocos Parlamentos habrá tantas como en el asturiano. Además, han logrado presencia en varios ayuntamientos, siendo en ellos también el dos su número fetiche. Su reto será conservar la representación que han logrado y, en función del mérito o demérito de las otras derechas, tratar de mejorarla.

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Golpe de derechas

En la primavera de 2011, Foro Asturias Ciudadanos -partido fundado pocos meses antes de las elecciones- obtuvo una inesperada y trascendental victoria en las urnas que llevó a su líder, Francisco Álvarez Cascos, a la Presidencia del Principado. Fue inaudito, Fue brutal. Supuso una insospechada mayoría absoluta de la derecha que derivó en que ésta no gobernara nada más que un año desde entonces y hasta el día de hoy.

La falta de subvenciones para la investigación podría estar frenando las pesquisas de varios posibles equipos científicos que quién sabe si podrían averiguar por qué a derecha le da por suicidarse cada vez que llega al poder en Asturias. Es un misterio inescrutable que, si no se investiga hoy, ya se investigará mañana para alborozo de los IG Nobel. Aquel triunfo de FAC liderado por F.A.C. no fue una excepción.

Cascos ganó las elecciones autonómicas de 2011 haciedo bueno el vaticinio de Cristina Coto, quien, al cierre de los colegios electorales, aseguraba orgullosa que la escisión del PP se había hecho con el triunfo. A partir de ese momento los foristas se dispusieron a gobernar en solitario, no sin antes haber flirteado con los populares, cuyo sustento habría sido determinante para sacar adelante un programa electoral liberal-conservador de toda la vida.

Este blog ya dedicó en su momento varios artículos a defender la opinión de que sostener a Foro no era un buen negocio para el PP. Se insinuó en esta entrada que después sería plagiada vilmente por un articulista de La Nueva España; se explicó ya de forma más exahustiva en esta otra y se continuó argumentado en otras muchas, aquí, por poner otro ejemplo. No es por darme importancia pero el tiempo acabó dándome la razón, y en todos los ámbitos en los que el PP negó su apoyo a Foro, el partido casquista acabó sucumbiendo hasta rozar la desaparición, mientras que en aquellos lugares en los que los populares ayudaron a los foristas fue el PP el que acabó diluyéndose a la sombra de un FAC creciente (sí, hablo de Gijón).

Que no digo yo que Teresa Mallada sea lectora de este blog irregular y perezoso, pero bien aprendida tenía la lección cuando rechazó una posible coalición PP-Foro de cara a las próximas elecciones generales. Una coalición que sí quiso Mercedes Fernández, quien, sin embargo, jamás quiso apoyar a Foro en el Principado y liquidó a la líder de los populares gijoneses que sí voto a los foristas para que no se reeditara un Gobierno socialista en la Villa de Jovellanos (estos episodios también pueden ser revisados en este blog aquí o quizá aquí, ya no me acuerdo).

Lo cierto es que Mallada, como buena candidata que no es Presidenta del partido, acató las directrices de sus superiores y la coalición se firmó hace poco. Desconozco las encuestas que maneja Casado pero, por malas que sean para sus intereses en Asturias, dudo que compensen la pérdida de una oportunidad de oro para anular definitivamente a una de sus más feroces competencias en Asturias en general (ya menos) y en Gijón en particular. Por dos razones: porque Foro cobra vida al mantener probablemente su diputado en el Congreso, lo que les sigue dando visibilidad, y porque Foro por libre quizá podría hacer algo de tapón a la probable irrupción de Vox, fuerza más allá de la derecha que lo tendrá más fácil en las plazas en las que los casquistas no son representativos. Vox es a largo plazo más peligroso para el PP que Foro, al tratarse de un partido de ámbito nacional que, por alguna razón que se me escapa, está teniendo un immenso impacto mediático a pesar de ser una fuerza extraparlamentaria.

Sea como sea, en mayo la derecha tiene una nueva oportunidad para gobernar Asturias. Una muy clara, por lo que los ciudadanos quizá podamos volver a tener la ocasión de presenciar un Hara Kiri político conservador. Aunque yo sigo sin tener muy claro que las fuerzas de la derecha se vayan a poner se acuerdo si Vox irrumpe en la Junta General. Sinceramente, no veo a Juan Vázquez, un intelectual liberal y progresista, antaño cercano al Psoe, exrector, ilustrado y simpático, sentándose a negociar nada en una mesa en la que esté presente un discípulo de Santiago Abascal. No me acabo de imaginar a Vázquez tragando sapos en forma de medidas xenófobas o retrógradas. Antes veo más otro golpe de derechas.

Las tres voladuras de Cascos

Francisco Álvarez-Cascos ha dinamitado, queriendo o sin querer, en tres ocasiones distintas el partido en el que milita. Que sepamos. Y en todas hubo bajas. Y en todas estuvo Isidro Martínez Oblanca. La primera se remonta al año 2003, tiempo en el que nuestro protagonista todavía hacía valer sus galones de General Secretario del por aquel entonces todopodero Partido Popular. Cascos era poderoso dentro del poderoso partido, pero aún así se preocupaba por las minucias de la Junta Local Popular en la que una vez estuvo afiliado. Es lo que tiene el poder, que te obliga a querer controlarlo todo. Y no iba a ser menos en aquel capítulo de la historia del PP gijonés en el que se mezclaron la confección -como no- de una lista electoral que iba a encabezar Martínez Oblanca (Presidente de la Junta local del PP), las presiones a dicho presidente para configurar la candidatura y los tejemanejes tanto del Partido Popular asturiano como los del propio por aquel entonces Ministro.

Hubo de todo, pero digamos que el saldo de bajas comenzó con las dimisones de los presionantes concejales “casquistas” Alicia Fernández Armayor (portavoz del Grupo Municipal), José Manuel Losa y José Luís Díaz Oliveira, y del presionado presidente de la formación y candidato, el ya dos veces citado Oblanca. Hay que destacar que Isidro se fue, sí, pero al Senado, donde tenía plaza. Por resumir un poco: Los populares gijoneses no tenían ni líder, ni candidato ni Grupo Municipal a pocos meses para las elecciones. Un gabinete de crisis llevó a Pilar Fernández Pardo a liderar tanto la lista electoral como el partido. Fue la elegida por tres razones: 1) Iba a ir en la parte alta de la lista de todas formas 2) Estaba muy bien considerada tanto entre sus compañeros como entre sus rivales y 3) Fue la primera que aceptó después de que se hubiese ofrecido la responsabilidad a otros/as destacados/as líderes/esas del PP gijonés menos audaces.

A Cascos aquello no le gustó nada y decidió hacerle oposición a Pardo desde el minuto uno. Y eso a pesar de que la médico y abogada mejoró los resultados electorales de su partido en Gijón contra todo pronóstico. Pero eso de las elecciones es un asunto accesorio cuando de lo que hablamos es de poder. El casquismo quería recuperarlo en la ciudad sin esperar a que finalizara el año y aquel mismo 2003 presentó batalla en el congreso en el que se renovaría oficialmente la dirección de los populares. El candidato del Ministro fue Lucas Domingo, un hombre simpático que cosechó una inesperada derrota ante Pilar Fernández Pardo, quien se presentaba para revalidar su mandato. Pilar ganó aquel Congreso y el siguiente por mayor diferencia de votos. Y el siguiente, porque ya no hubo adversario. Fernández-Pardo surgió de la primera voladura de Cascos a su partido y se iría con la segunda.

Fue, como la primera, a principios de año, pero en 2011, y también por culpa de una candidatura electoral. Cascos quería liderar la del Partido Popular en Asturias pero el PP, no. Bueno, la parte del PP que mandaba en el Principado, no; la otra estaba encantada de su regreso. El exministro no es dado a primarias y congresos en los que tendría que medirse a otros aspirantes. Él quería liderar la lista y la formación por aclamación pero, como no fue así, montó un partido que llevaría sus siglas, que presidiría y cuya candidatura encabezaría con éxito: Foro Asturias Ciudadanos. Fue su voladura política más exitosa, no sólo porque ganó las elecciones, sino porque hundió a su rival, el PP, tanto en la Junta General del Principado como en el ayuntamiento de Gijón. Y fue una voladura que produjo un efecto inverso al de la primera: Isidro Martínez Oblanca volvió a la política reclamado por el carismático líder.

Ironías de la vida, Cascos, que se había tirado años intentando apear a Pilar Fernández Pardo del sillón de la Junta Local del PP de la Villa de Jovellanos sin conseguirlo, lo logró indirectamente una década después, ya que fue el partido que fundó al salir del PP el que dio la excusa a los populares para defenestrar a Pardo. Y, circunstancias de la vida, la Presidenta del PP asturiano que le dio la estocada fue la que fuera gran aliada de Francisco Álvarez Cascos una década atrás: la excandidata a la alcaldía de Gijón, exdelegada del Gobierno en Asturias y exsíndica, Mecedes Fernández. Recordemos brevemente que a Pardo se la cargaron por apoyar desde un exiguo grupo municipal popular a Foro para evitar que el Psoe gobernara en Gijón.

La tercera voladura del PAC, perdón, de FAC, ocurrió esta semana y todavía no tenemos todos los datos. Pero, siempre según la Presidenta del partido que fundó el exministro (llamado ahora escuetamente Foro), Cristina Coto, Francisco Álvarez-Cascos (que es General Secretario de la citada formación) la habría desautorizado por tomar una decisión de forma unilateral. Ni que fuera la presidenta o algo así. Esto es ser genio y figura hasta la sepultura. La sepultura de tu partido, quiero decir.

Es cierto que el declive de Foro ya había empezado el mismo momento que ganó las elecciones. Cascos formo un gobierno en minoría, no logró pactar nada en la Junta General del Principado, elaboró unos presupuestos que fueron criticados hasta por la patronal y tuvo que llamar a las urnas nuevamente. Perdió por los pelos, pero cavó su propia tumba, lo que le vendría muy bien para enterrar todos los éxitos logrados debajo de los resultados de los siguientes comicios: tres diputados y gracias. De gobernar a la irrelevancia en tres sencillos pasos: 1) Obtenga el poder 2) Ejerza el poder 3) Dinamite con ese poder.

 

Tengamos el derbi en paz

En la vida hay muchas cosas que son obligatorias y el fútbol no es una de ellas. Si no te gusta ver a tu equipo perder, no vayas al campo; si no te gusta verlo empatar, no vayas al partido. Son cuestiones básicas, aunque en los tiempos que corren no está de más recordarlas de vez en cuando. Que no te gustan los derbis, no los veas; que no soportas que tu equipo pueda llegar a perder contra el eterno rival, enciérrate en casa durante 90 minutos o 15 días.

Si el fútbol fuera ganar partidos, sólo habría dos equipos con aficionados. Afortunadamente es mucho más. Es pasión por los colores, identificación con unos valores, ganas de sentir. Ir al fútbol es querer sentir. Sentir euforia, sentir la camaradería de los tuyos, el calor de una victoria, aunque también la decepción de la derrota. El fútbol te hace sentir el pack completo, no te deja escoger. Si no estás dispuesto a sentir el amargor de una goleada en contra, olvida este deporte.

Un derbi es un partido de fútbol concentrado que no es necesario diluir. Dura las dos semanas que van desde el lunes previo hasta el viernes posterior al encuentro. Esto es así porque es el único partido que también juega la afición. En la calle, en el trabajo, en casa… Todos conocemos a alguien que anima al rival. Todos sabemos lo que le diremos si gana nuestro equipo. Todos sabemos lo que nos caerá si gana el contrario. Ha sido así durante decenios y no entiendo por qué ahora hay quien se empeña en cambiarlo.

Quitarle la rivalidad al derbi es como rebajar el Vega Sicilia con agua. Peor aún, con gaseosa. La rivalidad no es un concepto mensurable. No existe una escala a la que se pueda ir ajustando. Hay rivalidad o no la hay. O existe un partido especial entre enemigos íntimos o, con todos mis respetos para el citado, convertimos el derbi en un encuentro más, como el que nos enfrentará algún día al Lorca.

Así que si no puedes afrontar las decepciones, si no estás dispuesto a bajar al fango a levantar a los tuyos, si dices que tu equipo no necesita ganar el derbi porque lo importante es que sigue vivo, si crees que tu equipo es superior sólo porque ha estado más arriba un tiempo determinado, si opinas que tu afición es mejor porque tiene más abonados sin tener en cuenta el tamaño de las ciudades que albergan a los clubes que comparas, si te ofenden unas camisetas o si estás dispuesto a emplear la violencia en defensa de tus creencias deportivas, seas del equipo que seas, te tengo que decir que a ti no te gusta el derbi y no sé si siquiera el fútbol.

El derbi requiere valor. Coraje. Es necesario para superar los nervios previos. Es imprescindible para soportar el chaparrón si pierden los tuyos. Es innegociable para evitar las provocaciones violentas. Para no buscar justificaciones retorcidas en la derrota. Para no denostar con condescendencia la alegría del otro. El derbi sólo gusta a los valientes. Puedes estar preparado para el fútbol pero no dar la talla para el derbi. Querrás entonces rebajar la rivalidad para hacer un partido a tu medida. Insulso. Abúlico. Plano. Te receto que veas sólo partidos de Champions de equipos lejanos y, a ser posible, por la tele. Déjanos el derbi y los partidos con pasión a los que nos gusta vivirlos en paz.

Los vencedores de la lucha obrera

Dentro de poco se cumplirán cuatro años del anuncio de cierre de la fábrica de amortiguadores de Tenneco, en Gijón. La planta era rentable pero la dirección de la multinacional tenía diseñado un plan de reducción de costes que despreciaba los beneficios que daba la factoría. No es que a los directivos no les interesara ganar dinero con la venta de recambios para el automóvil, sino que querían una reducción de costes de producción que aumentara, obviamente, el beneficio. Era 2013. La crisis, ya se sabe. Total, que -recapitulemos- Tenneco quería deshacerse de su planta de Gijón y llevarse todo el montaje a cualquier país del Este que garantizara salarios más bajos. Se llegó a hablar hasta de Rusia, a pesar de que EEUU y la UE habían anunciado sanciones a la patria de Putin por el conflicto con Ucrania. Todo era un esperpento.

Lo que sucedió hace ya casi 4 años es que los trabajadores lucharon por sus puestos de trabajo. Se encerarron en la fábrica para evitar la salida de las máquinas, impugnaron el ERE, denunciaron a la dirección, se movilizaron, se pusieron en contacto con dirigentes políticos locales, autonómicos, estatales y europeos, buscaron el apoyo de los vecinos y se coordinaron en una iniciativa suprasindical sin precedentes que fue el germen de la Plataforma de Trabajadores en Lucha. Todo un ejemplo de lucha de la clase obrera cuyo hito fue lograr el Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario de Industria, Antonio Tajani, se interesara por su caso, asesorado por su jefe de gabinete, el asturiano Diego Canga. Y Tajani Medió.

Poco a poco la coyuntura fue cambiando. El ERE fue declarado nulo y los trabajadores se mantuvieron firmes, por lo que la empresa tuvo que ir reculando y acabó desistiendo de su idea inicial de cerrar la factoría. A cambio propuso reducir la plantilla y concederse un periodo de dos años para encontrar un comprador para la fábrica. Se empezaba a ver la luz al final del Negrón. La multinacional vio concedido su deseo de aligerar costes y acabó pactando una nómina de casi la mitad de los operarios que había al inicio del conflicto. Los empleados celebraron el mantenimiento de la actividad. Era 2014 y comenzaba el plazo de dos años para la venta de la instalación.

Pura matemática: en 2016 se llevó a cabo la operación. Tras dos años de explotación de la planta con sus costes laborales menguados, Tenneco hizo caja al vender la factoría a un fondo de inversión. La idea era que las piezas que se fabricaran fueran para la propia Tenneco. Un golpe maestro para Tenneco y Quantum. La lucha de los trabajadores había logrado mantener la actividad para una parte de la plantilla y a la vez la multinacional había logrado su objetivo inicial de abaratar costes. Tenneco tiene previsto seguir sirviéndose hasta 2021 de los amortiguadores de la planta que quiso cerrar. Tal era su imperiosa necesidad de abandonar Asturias.

A falta de saber qué pasará dentro de cuatro años con la fábrica gijonesa, todo el proceso anteriormente narrado se ha cobrado algunas víctimas. Se ha perdido un centenar de puestos de trabajo por el camino. Fue el coste asumido para que la multinacional permitiera mantener la actividad hasta la consecución de la venta. También se ha perdido el espíritu de la Plataforma de Trabajadores en Lucha, desinflada cuando los obreros que la impulsaron abandonaron las barricadas para reincorporarse a sus puestos de trabajo en la construcción de amortiguadores. La Plataforma mantiene su actividad, sí, pero sin haber logrado erigirse en el mecanismo suprasindical de asistencia a los trabajadores en conflicto al que parecía aspirar.

Así, lo que nos ha quedado ha sido un triunfo parcial para los trabajadores de Tenneco, que lograron mantener la actividad con la pérdida de casi el 50% de los puestos de trabajo pero que mantienen la espada de damocles sobre su cabeza; una victoria amplia para un fondo de capital, que está recuperando lo invertido en Tenneco vendiendo su producto al mismo empresario al que compró la fábrica, y un triunfo casi total de la propia multinacional, que logra reducir sus costes a la vez que continúa suministrando a sus clientes un producto de primera calidad. La lucha obrera siempre acaba en victoria.

Pequeños desatinos

La culpa es de la corrupción, que acapara las escasas críticas de la ciudadanía. Así, los pequeños desatinos diarios que salpican la vida política de cualquier Parlamento autonómico pasan desapercibidos sin que la mayor parte de la gente de bien que nos rodea acierte siquiera a recibir los mensajes de incopetencia que nuestros representantes públicos se afanan en enviarnos día sí y día también. Este jueves, un diputado del Partido Popular asturiano nos ha esbozado el concepto que tiene él mismo, y no sé si su partido, del ejercicio de la política como servicio al pueblo. Jose Agustín Cuervas-Mons ha tenido a bien criticar que PSOE, Podemos, IU y Ciudadanos tienen un pacto oculto para sacar adelante los presupuestos.

La madre que me parió. Maldito contuberrnio izquierdo-derechista-transversal hay montado en la Junta, habrá pensado el bueno de Cuervas, que no ha dudado en airear a los cuatro vientos mediáticos tamaña barbaridad. A quién se le ocurre, de verdad. Qué mente aviesa ha podido perjeñar un pacto en una Cámara de representantes de los ciudadanos. Con qué derecho han acordado o negociado nada. Por qué han tenido que llegar a acuerdos para sacar adelante propuestas. ¡Qué perversión es esa! Es intolerable que haya gente hablando para buscar puntos en común; partidos dispuestos a ceder en sus pretensiones para alcanzar otras que crean más elevadas; políticos que hablen con otros de grupos diferentes. Es IN-A-CEP-TA-BLE, COPÓN.

Obviamente PP y Foro no están en el contubernio. Ellos ya habían dejado clara su postura de no negociar los Presupuestos con el PSOE. Foro incluso había rechazo de mano las líneas generales de las cuentas que el Gobierno les había facilitado por considerarlas “continuistas”. Y eso que el vigente presupuesto lo pactó el PSOE con el PP hace ahora un año. El PP, oiga. El partido con el que Foro concurre en coalición a las elecciones del 20D. Y, por su parte, el Partido Popular considera altura de miras aprobar un Presupuesto con el PSOE y cree un contubernio que todos los Grupos parlamentario menos el suyo y el de Foro negocien la previsión económica de 2016. Todo muy coherente. Todo muy regenerador.

Prejuicios

Podemos quiere gobernar en Asturias con la singular, bizarra e hipotética alianza que formarían llegando a un acuerdo con Izquierda Unida, Foro Asturias y Ciudadanos. Es decir, con todas las fuerzas representadas en la Junta General del Principado que tienen menos diputados que ellos. Que los de Daniel Ripa y Emilio León no tienen buena sintonía con los de Javier Fernández y Jesús Gutiérrez no es nada nuevo. Es más, el propio candidato socialista se pasó la campaña electoral atacando a Podemos y hasta llegó a decir que no se tomaría un café con nadie de la formación de Pablo Iglesias. Con estos antecedentes la negociación parecería difícil si no es por que, en teoría, estamos hablando de personas que, supuestamente, quieren hacer todo lo posible por el bien común aunque esto incluya olvidar cualquier tipo de rencilla.

Ojo, que no estoy diciendo que la falta de entendimiento entre la FSA y el Círculo ciudadano se deba a sus malos rollos personales, ni mucho menos. Al parecer, según el candidato de Podemos, Emilio León, los socialistas no están en disposición de aceptar sus severas condiciones para la regeneración democrática. Sí ve, en cambio, más proclives a un entendimiento en esa materia a Foro, o mejor dicho, a FAC, el partido que se inventó Francisco Álvarez Cascos cuando no le dejaron ser el lider supremo del PP asturiano por aclamación. FAC es un partido regenerador de la democracia por naturaleza. Baste comprobar que su líder no está imputado a pesar de que sus siglas aparecen en los papeles de Bárcenas. Otra prueba es la capacidad de otros de sus dirigentes para regenerar la democracia desde un quirófano de una clínica privada a la vez que cobran un sueldo como máximos responsables de un ayuntamiento de una ciudad costera muy poblada.

En Oviedo Foro ha dado muestras de regeneración democrática hasta la desaparición. Tal ha sido su espíritu reformista. Una de sus concejalas fue condenada por insultar y amenazar a un inmigrante, y tuvo que regenerar su propia vida fuera de la política. Incluso tienen diputados regeneradores de las relaciones laborales acusados de acoso sexual. Y eso a pesar de haber paralizado la Administración en el año escaso que estuvieron al frente. Hasta la patronal consideró que su gestión y previsiones eran exageradamente regeneradoras y servían solo para incidir en la crisis. Y qué decir de Ciudadanos. Ese partido sí que está regenerando la vida política. Al menos la de UPyD, de donde salieron la mayoría de miembros de la formación naranja que no provienen del PSOE o que no han tenido que dimitir por insultar gravemente a los catalanes en las redes sociales. Todo muy reformista.

Podemos quiere pactar con estos partidos y me parece bien. Y puede que hasta lógico. Lo que no me parece muy lógico es que pretendan que IU les acompañe en semejante barco. No veo yo a Llamazares codeándose con Cristina Coto, la verdad. O saludando a su nuevo socio Francisco Álvarez Cascos. No lo veo, en serio. Y si Izquierda Unida no se sube a ese carro regenerador de la vida política, a Podemos solo le quedarán Foro y Ciudadanos para auparse a la Presidencia del Principado. Dos partidos de derechas.Y todo a pocos meses de unas elecciones en las que se pretende quitar del Gobierno del Estado a un partido de derechas. Un movimiento estratégico que de poco servirá porque C’s ya ha advertido que no apoyará a partidos que no sean la lista más votada y Podemos es la tercera fuerza en el hemiciclo.

Por eso, porque ese pacto antinatura no va a salir, Podemos podría estar perdiendo la oportunidad de imponer líneas rojas a un Ejecutivo condicionado también por IU. Juntos podrían tratar de orientar a los socialistas hacia las políticas sociales que vean convenientes. Separados se arriesgan a que el PSOE gobierne en minoría apoyándose en unos y en otros, y haciendo concesiones a unos y a otros, pero no exclusivamente a los partidos de izquierdas. Yo también creo que hay que regenerar a vida política mundial. Pero si no tengo la fuerza necesaria para aplicar mi programa, quizá lo prudente sería tratar de que se cumplan los puntos irrenunciables del mismo, invitando al Gobierno a asumirlos como propios a cambio del sostén que éste necesita. Eso es política. Y se consigue negociando. Y para negociar hay que ir sin prejuicios.