El Psoe se sale y Vox entra: análisis del 26M

Escrutadas casi todas las papeletas, y a falta del voto exterior, ya podemos decir que las elecciones europeas, municipales y autonómicas del superdomingo de mayo de 2019 las han ganado casi todos, aunque más que nadie el PSOE. En lo que tiene que ver con Asturias, que es a lo que vamos, su victoria tiene pocas máculas. Quizá la de Oviedo, según reconocía ayer un destacado miembro de la FSA, aunque inmediatamente después pasaba a subrayar -ya con la boca más pequeña- que la capital es una plaza “un tanto complicada”. Efectivamente, los socialistas han perdido Oviedo pero -seamos sinceros- en realidad nunca la tuvieron. Al menos no desde que gobernaba Masip. Total que el PSOE asturiano es el gran vencedor de estos comicios, quizá gracias al viento del sur que soplaba Pedro Sánchez desde Madrid y quizá también gracias a que los asturianos, que demostraron en ocasiones ser favorables a gobiernos del Principado de la derecha, sí parecen ser reacios a un ejecutivo de la derecha con Vox.

De poco sirvió la meticulosa labor de oposición del Gobierno regional al central, a pesar de que fue intensa en ocasiones en asuntos de calado, como la política industrial. Agotada la minería, que ya descansa en los brazos de la prejubilación, y amortizada la lucha del carbón, el mensaje de la transición ecológica parece empezar a calar en una sociedad que antaño llegó incluso a ver con relativo orgullo cómo los mineros defendían su medio de vida con sángre y pólvora. Lo llegó a ver, sí, aunque desde la distancia, todo hay que decirlo, porque en los años previos a la gran crisis, cuando los jóvenes encontraban empleo en los sectores más diversos, se pasó a ver con cierto incomodo no ya la lucha obrera sino sus consecuencias. Porque, a ver, está muy bien que la gente se manifieste y tal, pero no tanto que me hagan llegar tarde a casa por culpa de una barricada.

A falta de algunas inversiones pendientes de fondos mineros, y con a penas un puñado de trabajadores de subcontratas para los que nadie mira, al ejecutivo socialista asturiano ahora en funciones sólo le quedan las térmicas y la industria para hacer oposición a Sánchez durante los pocos días que sigan en el poder, toda vez que la principal exigencia de Arcelor pasa por que se impongan aranceles proteccionistas desde el Gobierno europeo y sus trabajadores cobren lo menos posible. Por su parte, Alcoa se irá de aquí mande el partido que mande, dejando una fábrica que llevará bajo el brazo un jugoso incentivo público-privado para aquel que la quiera comprar y la gestione por un tiempo aún por determinar.

Así las cosas, el principal problema al que se enfrenta ahora mismo el candidato a la presidencia del Principado Adrián Barbón es elegir a su próximo Consejo de Gobierno y tratar de mantener el enorme respaldo electoral que ha recibido, porque difícilmente sus resultados podrían haber sido mejores en una coyuntura multipartidista como la actual. Su victoria, además, le refrenda como líder de la FSA, ya que responde al reto que planteó un destacado exlíder de la Federación Socialista Asturiana, quien en su día dejó en el aire que el nuevo PSOE debía ganar elecciones como lo hacía el viejo, en referencia a que los sanchistas deberían demostrar que son capaces de venecer en las urnas como lo hicieron los javieristas. Adrián Barbón fue un paso más allá y ganó como lo hicieron en su día los arecistas.

Tal fue el ímpetu socialista este pasado 26M, que doblaron en diputados a la segunda fuerza más votada. El PP de Teresa Mallada obtuvo 10 escaños en lo que parece la confirmación de su suelo electoral. Puede parecer un mal resultado pero no lo es. La candidatura de Mallada logra mantener el tipo en unas condiciones muy negativas para ella. Por un lado, los populares han tenido que nadar contra la corriente que se había llevado a su líder nacional. Los inauditos malos resultados de Pablo Casado amenazaban con ser una losa para la expresidenta de Hunosa. Sobre todo porque el sonriente líder del PP se empeña en hacer campaña en clave independentista y es posible que ese sea un mensaje que, aunque importante, no cale en exceso en el electorado asturiano. Por otro lado, Teresa Mallada ha tenido que lidiar con una feroz oposición interna. La dirección de su propio partido en Asturias, descontenta con la elección de la allerana como cabeza de lista, se esforzó por dejar en evidencia a la candidatura regional en cada ocasión que tuvo, por pequeña que ésta fuera.

Entre otras cosas, la presidenta del partido, Mercedes Fernández, apostó por una coalición con Foro para las generales en contra de la opinión de Mallada (y de quien esto escribe) y se reconoció desconocedora del programa electoral de su partido para los comicios autonómicos (con el significado que tiene que una presidenta desconozca las ideas que plantea su propia formación en unas elecciones). Y con todo, Mallada logró mantener el suelo del PP y, de paso, ganarse aspirar a dirigir la formación conservadora. Se avecinan jornadas interesantes entre los populares. También logró otra cosa: que su candidato en Oviedo reeditara un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, lograra números para recuperar el Gobierno perdido. Otros candidatos que no salieron del dedo señalador de Génova no tuvieron el mismo éxito y naufragaron en las turbulentas aguas del voto cantábrico.

Así pues, y a pesar de haber logrado la mitad de escaños que el PSOE, los números del PP no son malos y en la junta doblan en representantes a la tercera fuerza: Ciudadanos. Con la formación naranja siempre pasa lo mismo: sube pero se lamenta de no haber logrado sus objetivos, mientras que los analistas coinciden en hablar de fracaso debido a las expectativas creadas. Yo soy de la opinión de que esas expectativas no son más que estrategia electoral pura y dura para tratar de atraer el voto de aquellos indecisos que buscan que su papeleta no quede en saco roto, que tenga utilidad. Inflando voluntariamente sus aspiraciones reales se sitúan ante el electorado como una potencia política que quiza no sean pero que pueden llegar a ser así, poquito a poquito, paso a paso, elección tras elección, a base de crear expectativas y de lamentar como un fracaso lo que en realidad es un éxito.

Juan Vázquez era un excelente candidato llamado a mejorar, pasara lo que pasara, los resultados de Nicanor García. Logró pasar de 3 a 5 diputados, lo que representa una subida porcentual del voto de casi el 100%. Su partido creció también en Oviedo y en Gijón, y todo con un discurso disconforme con el de la dirección del partido en Madrid. A pesar de que los principales líderes nacionales de C’s impusieron un cordón sanitario al PSOE, Vázquez se mostró siempre dispuesto a negociar con cualquiera, excepto con los extremistas. Rebatió a los primeros espada de Madrcelona reivindicándose como un independiente con ideas propias. Una disparidad de criterios que igual desconcertó a sus votantes pero, a pesar de ello (o precisamente por ello), creció electoralmente. Para mí, un éxito por el que merece una felicitación.

Decía al principio que en estas elecciones han ganado casi todos. Los que no lo han hecho han sido Podemos. Todo hay que decirlo, haberse enfrascado en una disputa interna antes de las elecciones no les ayudó. Hacer una campaña en negativo, tampoco. Que el número dos de la lista tratara de eclipsar a la número uno, menos. Haber dejado que la derecha gobernara en Gijón, es posible que tampoco. Insistieron en focalizar su campaña en destacar los desmanes (presuntos de momento) de un gobierno socialista que concluyó hace 8 años, lo que diluyó la atención del electorado de izquierdas. Sí, la corrupción es un tema importante, que preocupa, pero no s epuede vivir toda la vida del caso Marea. Si hay que destacar algún éxito, sería el de haber logrado dilapidar las posibles ventajas de haber presentado a Lorena Gil, que era una muy buena candidata. Podemos ha reconocido su fracaso y falta por saber si alguien va a asumir alguna responsabilidad por ello o si van a aprender alguna lección del mismo.

Ahora imaginad el siguiente escenario: os hacéis el Hara Kiri justo antes de una maratón y aún así la corréis y la acabáis. Con esta metáfora veréis que los 2 diputados de Izquierda Unida en la Junta General no es un resultado tan malo. La coalición partía con la desventaja de concurrir a los comicios sin siquiera tener coordinador general. Tal era la situación provocada por la marcha de Gaspar Llamazares. Otro handicap era la disparidad de discurso que quedó patente antes y después del proceso de primarias: unos querían ir con Podemos a las urnas, otros ni de coña; unos estaban con Llamzares, otros ni de lejos… Y todo así hasta la debacle final. En Oviedo han pasado de gobernar en el tripartito a desaparecer; en Gijón, de dos a un concejal. Al menos le queda a la formación el consuelo de tener en la Cuenca algún referente de cómo hay que hacer las cosas. Y, ojo, no me refiero a poner a Hanibal Vázquez de Coordinador General. Izquierda Unida ya cubrió su cupo de alcaldes campechanos y bonachones que se hacen valer en un ayuntamiento pero no en una asamblea de la coalición.

Si aplicamos el baremo de las expectativas con el que pretendemos juzgar a Ciudadanos, Foro habría conseguido unos resultados extraordinarios. Y aún así están disgustados. Los asturconservadores han perdido un tercio de sus diputados, es decir, uno. Ahora son dos, cosa que pocas encuestas auguraban. Les daban la mitad como mucho. Los de Cascos renunciaron a la ciudad más poblada de Asturias sólo para tener presencia en la Junta General del Principado. Pudiendo centrarse en Gobernar Gijón perennemente, prefirieron sacrificar a su mejor pieza en Oviedo. Y lo pagaron, claro, cayendo estrepitósamente en la Villa de Jovellanos, donde perdiern 5 de los 8 concejales que tenían y, por supuesto, el Gobierno. Pero lograron conservar representación en la Junta, donde estará la exalcaldesa de Gijón Carmen Moriyón. Sólo el tiempo dirá si su apuesta tendrá resultados positivos, pero mi impresión es que corren el riesgo de diluirse en el Parlamento regional entre el ruido que hará Vox y la muy superior presencia del PP. Su futuro podría pasar, quién sabe, por ser un partido asturianista de derechas o acabar de integrarse en las filas populares previa claudicación, eso sí.

Vox, por último pero no menos importante, ha logrado un buen resultado. Han obtenido dos diputados que tendrán que debatirse entre hacer oposición al PSOE o a las “derechitas cobardes”, no sé muy bien por qué camino irán. Si optan por guerrear contra las derechistas, se lo van a pasar en grande, porque en pocos Parlamentos habrá tantas como en el asturiano. Además, han logrado presencia en varios ayuntamientos, siendo en ellos también el dos su número fetiche. Su reto será conservar la representación que han logrado y, en función del mérito o demérito de las otras derechas, tratar de mejorarla.

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Análisis de la precampaña

Ha comenzado la campaña electoral, amigos, y con ella los distintos partidos reciben licencia para repetirnos lo que ya nos han contado en la precampaña hasta la saciedad. Es ley de vida; nos toca pasear al perro entre árboles engalanados con los rostros de los candidatos o robar un beso de amor a nuestra pareja apoyados en una pared empapelada con eslóganes que ensalzan los más altos ideales sociales entre siglas de unos y otros.

Todo apunta a que la vigente campaña será hosca en el ámbito nacional e insulsa en el autonómico; no hay datos, a día de hoy (cuando ta sólo llevamos 17 horas inmersos en ella), que inviten a pensar otra cosa. En cualquier caso, eso habrá que estudiarlo más adelante, hoy toca analizar lo que ha dado de sí la precampaña, periodo previo en el que los partidos hacen como que están en campaña electoral y que puede durar entre una semana y cuatro años, en función de cada uno de ellos. Analicemos cualitativa y cuantitativamente la precampaña de los candidatos asturianos de los partidos más relevantes:

PSOE: Adriana Lastra, lo bueno si breve.

Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadaver de tu enemigo pasar. Con este proverbio como estrategia ha desarrollado su precampaña el Partido Socialista durante las últimas 24 horas. No ha necesitado mucho más. La guerra interna en el PP ha hecho innecesario que la candidata Adriana Lastra tuviera que pasar excesivo tiempo en el Principado. La idea que me he formado en la cabeza es la siguiente: Lastra y su equipo elaboran un argumento para embelesar al electorado. Creen que es el argumento definitivo. Les dará una victoria aplastante. Es como el chiste más gracioso del mundo, que hace morir de risa a quien lo escucha, pero en formato propaganda electoral; hará votar al Psoe a quien le llegue. Lo redactan, lo corrigen y lo firman, y, cuando están a punto de expresarlo con toda la pompa que merece, el PP asturiano vuelve a enzarzarse en otra pelea interna. Lastra mete las manos en los bolsillos y se va silbando como quien pasaba por allí por casualidad.

PP-Foro: Paloma Gázquez, la sísifo de la derecha liberal conservadora.

Al PP le ha pasado justamente lo contrario. Paloma Gázquez lleva desde el 15 de marzo de precampaña. Ha fundido siete podómetros. Sale en casi todas las imágenes de Google Street View. Sin salir de Asturias ha recorrido tres veces la distancia entre la Tierra y Marte. Ha estado en el campo, en el mar, en la montaña, en la ciudad, en los pueblos, con los empresarios, con los trabajadores. En ocasiones he temido encontrármela al correr la cortina de la ducha. No ha pasado a día de hoy. Cuando su duelo con Teresa Mallada por ver quién trabajaba más parecía condenado al empate, siempre ha aparecido algún compañero de partido para sacudir la precampaña con alguna trifulca interna para devolver a ambas al punto salida. La metáfora que me he formado en la cabeza es la del juego de la oca: recorres todas las casillas, sorteas el pozo y la carcel y, cuando estás a punto de llegar a la meta, caes en la casilla que te devuelve al inicio de la partida. Como apunte diré que Isidro Martínez Oblanca, el candidato de Foro, es un hombre muy dispuesto al mitin, pero en esta ocasión ha parecido que pesaba más el hecho de que, en las siguientes elecciones de mayo, su partido y el PP van a ser rivales, por lo que ha dado la sensación de que no ha querido prodigarse en argumentos que dentro de un mes iba a tener que corregir.

Unidas Podemos: Sofía Castañón, con Pablo y a lo loco.

A Podemos le pasa un poco como al PP y da la sensación de que van a rebufo de las encuestas. También se han encontrado con el problema de que sus dos candidatos, hoy amigos, serán rivales en las elecciones autonómicas. Igual el por eso que el chaval de Izquierda Unida no ha tenido una precampaña suficientemente intensa como para que el electorado se quede con su nombre. Sofía Castañón, sin embargo, se ha dejado abrazar muchos estos días. Ha contado con la fortuna de haber tenido al amado líder en Asturias, pero tendrá la desventura de no verlo por estos parajes durante la campaña. Casi podríamos decir, por tanto, que el principal acto de campaña de Unidas Podemos ha sido la precampaña, en la que se han esforzado por conversar con todos los colectivos sociales y asociaciones inscritos en el registro oficial. Las cosas como son, la de Castañón es, con la de Pablo Casado, una de las mejores sonrisas del ámbito político. A tenor de las encuestas, la va a necesitar.

Ciudadanos: Ignacio Prendes, pasaba por aquí.

Si a Podemos le pasaba como al PP, a Ciudadanos le pasa como al Psoe. Ignacio Prendes tampoco ha necesitado hacer precampaña. El viento es favorable para él y los suyos ya que todos los sondeos apuntan a que crecerán. Prendes es ya un peso pesado de la política estatal y se ha dejado ver por aquí un ratito para compartir fotografía con Juan Vázquez, el candidato independiente a las autonómicas. La idea que me viene a la cabeza es la de ese jefe enrollado que sólo se pasa por la oficina para preguntar a los empleados qué tal están, felicitarles por el trabajo realizado y desearles un buen fin de semana. Sin embargo, no es que Ignacio Prendes haya hecho una precampaña corta, más bien parece que se ha sumado a la precampaña larga de Vázquez, aprovechando que el Sella pasa por Arriondas.

Actúa

Ángel López es el candidato por Asturias y Gaspar Llamazares estuvo con él el otro día. Un poco esa ha sido su precampaña. Tampoco podíamos pedir mucho más a un partido que se acaba de formar y tiene, de momento, poco peso mediático. Básicamente tiene el de sus impulsores. Su precampaña ha consistido en explicarnos que la izquierda tiene que sumar, que si es sin Podemos mejor, pero que también están invitados, y que Izquierda Unida antes molaba.

Vox

Muy buena precampaña de Vox en Asturias al encontrar un candidato que no haya tenido un pasado neonazi. José María Figaredo Álvarez-Sala ha sido el designado.

Golpe de derechas

En la primavera de 2011, Foro Asturias Ciudadanos -partido fundado pocos meses antes de las elecciones- obtuvo una inesperada y trascendental victoria en las urnas que llevó a su líder, Francisco Álvarez Cascos, a la Presidencia del Principado. Fue inaudito, Fue brutal. Supuso una insospechada mayoría absoluta de la derecha que derivó en que ésta no gobernara nada más que un año desde entonces y hasta el día de hoy.

La falta de subvenciones para la investigación podría estar frenando las pesquisas de varios posibles equipos científicos que quién sabe si podrían averiguar por qué a derecha le da por suicidarse cada vez que llega al poder en Asturias. Es un misterio inescrutable que, si no se investiga hoy, ya se investigará mañana para alborozo de los IG Nobel. Aquel triunfo de FAC liderado por F.A.C. no fue una excepción.

Cascos ganó las elecciones autonómicas de 2011 haciedo bueno el vaticinio de Cristina Coto, quien, al cierre de los colegios electorales, aseguraba orgullosa que la escisión del PP se había hecho con el triunfo. A partir de ese momento los foristas se dispusieron a gobernar en solitario, no sin antes haber flirteado con los populares, cuyo sustento habría sido determinante para sacar adelante un programa electoral liberal-conservador de toda la vida.

Este blog ya dedicó en su momento varios artículos a defender la opinión de que sostener a Foro no era un buen negocio para el PP. Se insinuó en esta entrada que después sería plagiada vilmente por un articulista de La Nueva España; se explicó ya de forma más exahustiva en esta otra y se continuó argumentado en otras muchas, aquí, por poner otro ejemplo. No es por darme importancia pero el tiempo acabó dándome la razón, y en todos los ámbitos en los que el PP negó su apoyo a Foro, el partido casquista acabó sucumbiendo hasta rozar la desaparición, mientras que en aquellos lugares en los que los populares ayudaron a los foristas fue el PP el que acabó diluyéndose a la sombra de un FAC creciente (sí, hablo de Gijón).

Que no digo yo que Teresa Mallada sea lectora de este blog irregular y perezoso, pero bien aprendida tenía la lección cuando rechazó una posible coalición PP-Foro de cara a las próximas elecciones generales. Una coalición que sí quiso Mercedes Fernández, quien, sin embargo, jamás quiso apoyar a Foro en el Principado y liquidó a la líder de los populares gijoneses que sí voto a los foristas para que no se reeditara un Gobierno socialista en la Villa de Jovellanos (estos episodios también pueden ser revisados en este blog aquí o quizá aquí, ya no me acuerdo).

Lo cierto es que Mallada, como buena candidata que no es Presidenta del partido, acató las directrices de sus superiores y la coalición se firmó hace poco. Desconozco las encuestas que maneja Casado pero, por malas que sean para sus intereses en Asturias, dudo que compensen la pérdida de una oportunidad de oro para anular definitivamente a una de sus más feroces competencias en Asturias en general (ya menos) y en Gijón en particular. Por dos razones: porque Foro cobra vida al mantener probablemente su diputado en el Congreso, lo que les sigue dando visibilidad, y porque Foro por libre quizá podría hacer algo de tapón a la probable irrupción de Vox, fuerza más allá de la derecha que lo tendrá más fácil en las plazas en las que los casquistas no son representativos. Vox es a largo plazo más peligroso para el PP que Foro, al tratarse de un partido de ámbito nacional que, por alguna razón que se me escapa, está teniendo un immenso impacto mediático a pesar de ser una fuerza extraparlamentaria.

Sea como sea, en mayo la derecha tiene una nueva oportunidad para gobernar Asturias. Una muy clara, por lo que los ciudadanos quizá podamos volver a tener la ocasión de presenciar un Hara Kiri político conservador. Aunque yo sigo sin tener muy claro que las fuerzas de la derecha se vayan a poner se acuerdo si Vox irrumpe en la Junta General. Sinceramente, no veo a Juan Vázquez, un intelectual liberal y progresista, antaño cercano al Psoe, exrector, ilustrado y simpático, sentándose a negociar nada en una mesa en la que esté presente un discípulo de Santiago Abascal. No me acabo de imaginar a Vázquez tragando sapos en forma de medidas xenófobas o retrógradas. Antes veo más otro golpe de derechas.

Debate sobre la gestión de los tiempos electorales. Acto I

Corrupción hay en todas partes. Dicho en el bar, entre compadres ebrios, luces tenues y música hortera, parece el típico chascarrillo previo a un trago, pero habiendo salido la frase de la boca del Presidente del Gobierno en sede parlamentaria, deja en el aire la pregunta de si debemos empezar a asumir la corrupción como éndémica y crónica. Quién sabe, igual haríamos bien aceptándolo más pronto que tarde. Quizá nos iría mejor si fuésemos todos corruptos.

La cosa es que Mariano Rajoy asume como inevitable que “corrupción hay en todas partes” en un discurso a la defensiva en el debate de la segunda moción de censura a la que se tiene que enfrentar desde que no tiene una mayoría absoluta aplastante. Una moción de censura que no se presenta por ser el de Rajoy un partido corrupto, sino porque -según una sentencia- se ha beneficiado de la corrupción, que no es lo mismo por similar que parezca.

El debate fue breve. Duró lo que tardó el candidato, Pedro Sánchez en este caso, en comprometerse a gobernar con el Presupuesto aprobado en el Congreso y elaborado y negociado por el Partido Popular a la medida del partido que tiene la llave para desalojar a Mariano Rajoy de Moncloa: el PNV. Después de eso, todo cuesta abajo. Las horas de la basura.

Y eso que el duelo diálectico prometía. Lo abrió José Luís Ábalos, portavoz socialista y encargado de presentar y exponer la moción. Y no lo hizo mal hasta que cometió el error de bajar al fango a pelear con un curtido Rajoy que sacó provecho de la distancia corta en el intercambio de imputados por parte de ambos partidos. Se siente cómodo el todavía presidente en esa lid. Se gusta. Le permite tirar de ironía, sacar la hemeroteca y, en definitiva, ser públicamente ese socarrón que ya muchos intuímos es en la intimidad.

Y así esperó Mariano las embestidas de Sánchez. Con la guardia alta tras haber sacudido a Ábalos, la sonrisa presta y el desafío en la mirada. Pero la embestida de Sánchez no llegó. El candidato se plantó con un tono neutro y sin aspavientos sugirió a Rajoy que dimitiese. Acto seguido anunció que gobernaría con los presupuestos que hacen grandes concesiones a los nacionalistas vascos y ahí se acabó todo. Rajoy se empezó a desmoronar un poco. Dejó de espererar con la guardia alta y se vio obligado a pasar al ataque. Y no le fue bien.

No le fue bien porque ya todo el mundo sabe que va a tirar de hemeroteca para poder recurrir a su ya consabido “fin de la cita”. Pero, sobre todo, porque sus citas son un arma de doble filo. Lo son porque quiso dejar en evidencia a Sánchez -como antes quiso hacer con Ábalos- recordando algunas de las píldoras que el del Psoe dedicó en su día a los partidos que deben apoyar la moción de censura. Recordó las críticas del socialista a los independentistas catalanes, a los nacionalistas vascos o a Podemos. Perlas que, por otra parte, no distan mucho de lo que el propio Rajoy y su partido han dicho de esos mismos actores.

Es decir, el PP, que critica a los partidos catalanes, intenta dejar en evidencia al Psoe por criticar a los partido catalanes. O Rajoy, que critica a Podemos, trata de descreditar a Pedro Sánchez por haber criticado a Podemos. No se da cuenta el presidente que tratar de dividir a sus oponentes no le va a granjear adhesiones. Como mucho logrará que voten a favor de la moción de censura con los ojos cerrados y una pinza en la nariz, lo que no impediría su salida de Moncloa.

La resolución a todo, como sabemos, la tendremos en la votación de mañana. Eso si se llega a producir, porque si esta tarde el PNV hace pública su intención de votar a favor de la moción de censura, y el resto de partidos confirman una elección similar, Rajoy podría pensar en la dimisión de forma seria, algo que ayer era plausible, a media mañana de hoy parecía imposible pero que ya no es descartable. Todo dependerá de cómo vaya a conjugar sus intereses electorales particulares, que es de lo que va todo esto. Manejar los tiempos en tiempos revueltos. La razón por la que Ciudadanos rechaza apoyar la moción. Netflix debería hacer una serie con eso.

Primero de Primarias

Patxi López no quiere formar parte de la candidatura de Pedro Sánchez a las primarias del partido Socialista Obrero Español y a mí me parece normal. Cuando el exLehendakari presentó su precandidatura me dejó la sensación de estar tratando de restar apoyos a Sánchez en una -hipotética de aquella, ya que ninguno había dado ningún paso todavía- batalla entre el exSecretario General y la Presidenta andaluza. Claro, si la candidatura de López nació con ese objetivo, con la intención de obstaculizar a Sánchez, entonces es lógico que no quiera unirse a él, ya que la votación todavía no se ha producido y, por tanto, no ha cumplido su cometido.

Así las cosas -y siempre en el supuesto de que la candidatura de López sólo pretenda contener la euforia sanchista-, el líder socialista vasco seguirá en campaña ahora con más fuerza que nunca, teniendo en cuenta que la candidatura de Pedro Sánchez ha logrado meter el miedo en el cuerpo a la de Susana Díaz con la presentación de un similar número de avales. Así que suerte, Patxi, las encuenstas dicen que la vas a necesitar. Y suerte también a los militates y votantes socialistas, ya que e este proceso de primarias decidirán, creo yo, algo más que el líder de todos ellos.

Una de las cosas que me va quedando claro del Partido Socialista, sea del país que sea, es que después de la borrachera de éxito de finales del siglo pasado ha llegado una resaca de tal magnitud que ha dañado la conexión entre el aparato y la militancia y ha arrasado la conexión entre el partido y el votante. La estrategia que han parecido querer adoptar en todas partes ante el imparable declive de votos ha sido la de culpar al que fuera el líder en cada momento, desdeñando la idea de que igual el partido debía renovarse, ordenar sus ideas y -quién sabe- recuperar el espíritu izquierdista que una vez le dio alas. La militancia, por su parte, se está empeñando en votar a líderes cada vez menos centrados y más escorados a la izquierda, con independencia de que luego no ganen votos, como ha pasado en Francia.

Hace más de tres años el Partido Socialista español necesitaba una refundación. No lo digo yo, lo decía Rodríguez Ibarra entre otros destacados miembros del Psoe. Ante tal urgencia, el partido del puño y la rosa (a veces sólo de la rosa) decidió abordar tan procelosa labor en una Conferencia política de la que salieron airosos proclamando que la cita había servido para unir al partido en torno a unas ideas claras. Hace más de tres años de eso, insisto, casi cuatro. De aquel cónclave, el entonces líder socialista Alfredo Pérez Rubalcaba destacó dos ideas fundamentales (entre muchas otras): una, la generosidad de su partido por apostar por las primarias “en un ejercicio de la mejor democracia” y, otra, echar al PP por sus “repugnantes” decisiones. La segunda proposición no la han logrado todavía, pero las primarias sí dejaron consecuencias: Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez se tomó al pie de la letra aquella proclama rubalcabista y estuvo dispuesto a que el Partido Socialista no permitiera al PP seguir gobernando. Ya, ya sé que muchos dicen que no lo hizo ni por el partido ni por España, que lo hizo para mantenerse en el sillón y tal y cual. Y parte de razón tendrán cuando coinciden en tal afirmación miembros del PP, de Ciudadanos y del Psoe. Tanta unidad de criterio no puede estar desencaminada.

No conozco cuáles fueron las motivaciones del por aquel entonces Secretario General de todos los socialistas y a mí, personalmente, me dan igual, pero lo cierto es que Sánchez continúa hoy dispuesto a alcanzarlas. De hecho, hoy se está jugando su futuro en el Psoe al comodín de la militancia. No tiene el respaldo del aparato del partido pero cuenta con una ventaja: su posición de outsider le permite moverse por el tablero con total libertad, decir lo que le venga en gana y criticar lo que le parezca, mientras que Susana deambula con prudencia, tratando de aparentar poder en todo momento y siempre atenta a lo que pueda hacer el Gobierno que su corriente ayudó a instaurar. La andaluza tiene un ojo puesto en Sánchez y otro en Rajoy, porque cada escándalo de corrupción que salpica al Presidente resuena en su cabeza como el eco lejano de un #NoEsNo. Patxi López simplemente está, y eso ya es bastante (siempre teniendo en cuenta la hipótesis planetada al principio del texto).

Como creo que los problemas del Partido Socialista van más allá de quién sea su líder, mantengo que la solución a esos problemas no va a salir de estas primarias. Habrá que esperar, como mínimo, al Congreso. Y, sobre todo, a ver cómo evolucionan el resto de partidos de la esfera parlamentaria. Si el PP sigue empeñado en intentar autodestruirse (de momento sin éxito) a base de casos de corrupción, quién sabe si alguna vez logarará su objetivo y dejará espacio para que crezcan los socialistas. O, si Podemos sigue empeñado en destruir al Psoe en lugar de tratar de alcanzar el Gobierno, quién sabe si dejará de ser una alternativa al PP y abrirá, por tanto, espacio a los socialistas. O, incluso, si Ciudadanos un día deja de interpretar que la estabilidad está reñida con castigar a los partidos políticos imputados en casos de corrupción, quién sabe si, incluso, permitirá el ascenso de un partido que esté todavía por fundarse. Quién sabe lo que podría pasar en tan hipotéticas coyuturas.

 

Embestidura

Mariano Rajoy no tiene, de momento, rival en el Pleno del Congreso. En la sesión de este jueves de la sesión que acabará con su investidura, el candidato del PP ha demostrado que está en otro nivel aunque no por méritos propios. El principal argumento que sostiene la supremacía dialéctica de Rajoy es que puede decir lo que quiera sin que sus votantes se vean agraviados, ofendidos o deseosos de entregar su papeleta a otro partido. Y, claro, eso amplía con holgura la libertad de decir cualquier cosa. Además, ha tenido a casi todos los portavoces enfrente, pero no en contra.

Abrió el debate el discurso de Antonio Hernando, portavoz parlamentario con Sánchez y sin él; hombre cuestionado por parte de sus propios compañeros; el político antes conocido como el adalid del No es No; el hacedor de pactos con Ciudadanos en la tormenta y madre de dragones. Con ese curriculum no es de extrañar que Hernando saliera al estrado condicionado. Casi acongojado. Con dos ideas fundamentales en la cabeza: el Psoe es la oposición y la abstención no presupone estabilidad. El problema es que todas sus críticas a Rajoy, su Gobierno, su corrupción y sus recortes chocaban frontalmente con la proposición ya asumida de que su grupo va a permitir que el popular vuelva a gobernar. En esa coyuntura, Rajoy tuvo fácil su réplica: insistió en el chantaje; no sólo quiere gobernar, sino que quiere hacerlo con estabilidad. Lo que no sabemos es si Hernando cogió el mensaje o si pronto veremos una cabeza de caballo bajo sus sábanas. Para que nadie diga que Rajoy es un insensible, el candidato del PP mostró su magnanimidad paralizando las reválidas sin tener la menor intención de retirar la Lomce. Ya tiene argumentos para exigir lealtad institucional a los socilistas.

El debate se tornó duro con la llegada de Pablo Iglesias al estrado. Llegó con sonrisa de pillo. Casi de muñeco diabólico. Empezó con tono suave porque la primera idea que quiso transmitir era que el suyo era el principal partido de la oposición. Para demostrarlo, empezó a subir el tono hasta que por su ceño hubiera podido transitar la quilla del Bribón I. Atacó a Rajoy con los recortes y la corrupción y logró su objetivo principal: provocar. Por su sonrisa triunfante durante los recesos que tuvo que hacer por culpa de las quejas e increpaciones de la bancada popular (entre otras), se puede deducir que lo que pretendía era polemizar. Como decimos, tuvo éxito. Quiso desatar al Rajoy socarrón y lo logró. El culmen fue cuando, a respuetsa de un chascarrillo del líder de Podemos, el popular hizo un chiste sobre sus SMS a Bárcenas. Sí, amigos, Rajoy ya se ríe de aquel capítulo bochornoso en el que pedía al ahora exTesorero del PP (imputado y en pleno proceso judicial) que fuera fuerte. Y que ironice sobre ese capítulo ya sólo puede significar dos cosas: 1) que Rajoy da por amortizado el tema; es algo del pasado, una batalla del abuelo más que es mejor no remover. 2) que Rajoy desprecia a esa minoría de ciudadanos escandalizados por ese capítulo. Hay una tercera opción, y es que se le haya escapado sin querer, pero eso reforzaría en cualquier caso la tesis número 1.

Todo el mundo interpreta que Rajoy estuvo ágil para responder, pero este capítulo me ha hecho reflexionar sobre otra posibilidad: Pablo Iglesias pudo provocar conscientemente a Rajoy sabedor de que cualquier barbaridad que se le ocurriera decir al popular era una piedra sobre el tejado del Psoe, que es el que va a facilitar su Gobierno. Si es así, a Iglesias le salió bien la jugada. Puso el capote y Rajoy entró a la “embestidura”, un palabro que me acabo de inventar para hacer un juego semántico y poder titular este texto. Si no lo hizo conscientemente, entonces tuvo suerte. Y eso es algo muy importante en política como el propio Mariano Rajoy se empeña en demostar día tras día.

Por último, dedicaré unas líneas a la intervención de Albert Rivera, conciliador y templado. Jugó el papel de portavoz del grupo que sostiene al Gobierno y dedicó más tiempo a atacar a Pablo Iglesias que a condicionar el Gobierno de Rajoy. Flaco favor le hizo al Psoe, ya que fue Rivera el primero en identificar a Unidos Podemos como primer partido de la oposición. Rajoy fue paternalista con él en su respuesta y sólo le restó acabar su réplica con un abrazo. En algo sí tiene razón el líder naranja: esta puede ser una gran legislatura. Que cada uno lo interprete como quiera.

 

 

El bipartidismo contraataca

La eclosión de nuevos partidos con presencia parlamentaria no es el culmen del último paso evolutivo de la vida política, según lo visto en el Debate de Investidura de este miércoles cuyo análisis por este blog comenzó aquí. En líneas generales, en esa sesión nos encontramos a un Mariano Rajoy empeñado en que le dejen no sólo ser Presidente sino gobernar. El candidato del PP mantiene que debe haber un Ejecutivo para aprobar los Presupuestos, lo que indica que su objetivo de ser investido lo tiene ya amortizado y su mirada está puesta ya en lo que va a hacer desde Moncloa. A Rajoy, da la sensación, el pluripartidismo se la trae al pairo, lo mismo que el bipartidismo, porque lo suyo es la búsqueda de un monoparidismo plural, es decir: él gobierna y los demás acatan protestando unos más y otros menos. Pero Rajoy no es el único que nos envía señales que indican el fin del pluripartidismo. Psoe, Podemos y C’s también lo han hecho.

Por que también observamos en el citado debate cómo Pedro Sánchez defendía la tradición socialista forjada en el bipartidismo de rechazar al Partido Popular y punto. Sin más. Es decir, lo lógico. Nunca se ha visto al Psoe apoyando por activa o por pasiva una investidura popular pero no está claro todavía si nunca se verá. De momento, Sánchez ha sido inasequible a estímulos externos y en su universo autárquico solo tiene en el punto de mira a su némesis liberalconservadora. Su postura, unida a la situación de bloqueo que está provocando Rajoy, refuerza el bipartidismo probablemente de manera inconsciente, porque a esta tarea también contribuyen Podemos y Ciudadanos como hemos dicho.

Sí, porque vimos a un Pablo Iglesias bipolar en la sesión del miércoles. A ratos espontáneo y brillante y por momentos visceral y enquistado. Tal fue su dedicación a la búsqueda del liderazgo de la oposición, que olvidó que ese puesto ya estaba reservado y se quedó a medio camino, en tierra de nadie, como si se hubiera apagado la música y fuera el único sin silla. No contribuyeron a mejorar su situación las intervenciones de los portavoces de sus confluencias, que demostraron que la fórmula del reparto de tiempos es pintoresca, gallarda y todo un alarde de cara a la galería, pero divide las fuerzas. Como a quien hay que dividir para vencer es al rival, la estrategia no parece muy acertada. En cualquier caso, Iglesias se vio condicionado por la férrea posición de Pedro Sánchez y sus esfuerzos para quitarle el lidrazgo de la oposición fueron inútiles a pesar de que el líder de Podemos fue de los mejores en el cuerpo a cuerpo contra Rajoy. Iglesias quiso lanzar el mensaje de que él es la antítesis de Mariano, pero tuvo la mala suerte de intervenir después de Sánchez, quien acaparó todos los focos mediáticos (para bien y para mal) quedando señalado como el auténtico antagonista de la investidura (villano según qué medios). A Unidos Podemos se le multiplicará ahora el trabajo al tener que hacer oposición a Rajoy (obligatorio si quiere ser alternativa de Gobierno) y a Pedro Sánchez, lo que acabará por desgastar no solo a su líder, sino a la propia esencia del partido, que acabará siendo visto por el electorado como unos cascarrabias que se oponen a todo y a todos.

Con Podemos perdiendo fuelle en la carrera por la oposición, y no digamos por el Gobierno, llegó el turno de Albert Rivera. Taciturno, casi encorvado, trató de explicar en el debate por qué el suyo es un partido bisagra que lo mismo apoya a unos que a otros, una ambigüedad que roza la indefinición y que le condena como posible partido de Gobierno de cara a la mayoría del electorado. Como se ha apuntado, para aspirar al Gobierno es necesario hacer oposición y da la sensación de que Rivera ha evitado esta tarea en la anterior y en esta legislatura. El votante puede ser listo o no, pero quiere que se lleven a cabo las políticas que propone el partido que ha votado, no que se se lleven a cabo algunas políticas parecidas a las propuestas por el partido que ha votado. Albert Rivera ha lanzado el mensaje de que su generosa capacidad negociadora hará que cualquier propuesta electoral pueda ser matizable después en una negociaicón. Y no sólo eso, sino que esa matización se puede inclinar a la derecha o a la izquierda en función del partido con el que se vaya a aliar. Esta posición a priori aperturista y regeneradora tiene poco recorrido sobre todo porque, al haberse celebrado dos elecciones consecutivas y dos sesiones de investidura lideradas por candidatos de distinto signo, C’s ha enseñado sus cartas antes de tiempo; ha quedado en evidencia que su programa siempre estará condicionado al resultado de las elecciones y con el tiempo sus votantes con más poso ideológico acabarán por confiar su apoyo a alternativas menos flexibles con sus promesas. No digo que Ciudadanos vaya a desaparecer, sino que si no logra defender su propio programa sin concesiones quedará relegado al papel de facilitador. Un papel que bien vestido puede ser presentado como el de “engranaje de la democracia”, pero de reojo se puede ver como una “veleta de amplio espectro”.

El bipartidismo, por tanto, puede estar tranquilo. Solo tiene una amenaza: el monopartidismo que defiende Rajoy.