Menos era más

Es solo una posibilidad, pero Ignacio Prendes podría pasar de ser el único diputado de UPyD, llave de Gobierno y condicionante de la vida política asturiana, a coliderar a los tres diputados del Grupo parlamentario de Ciudadanos en la más absoluta de las irrelevancias políticas. Ahora mismo, o C’s anuncia que pretende “regenerar” la vida política del Principado apoyando la investidura del PP, de Podemos o del PSOE, o cualquier cosa que hagan hasta la constitución del Parlamento regional no le va a importar absolutamente a nadie. Y eso es un problema. Uno muy gordo. Porque probablemente el equipo de Ciudadanos esté pensando ya en la estrategia a seguir durante los próximos meses para hacer la mayor cantidad de ruido posible y tratar de ganar el espacio mediático suficiente que garantice una buena dosis de propaganda de cara a las próximas elecciones generales. Algo tendrán que hacer para hacerse ver. El comodín de la Comisión del caso Villa ya está usado, y el de la Comisión de El Musel, agotado. El del público se lo pulió UPyD, así que ya solo les queda el de la llamada: telefonear a Rivera y hacer lo que éste diga.

En cualquier caso, lo de pedir una comisión de investigación siempre es buena idea, sobre todo si es para “investigar” algún caso de corrupción. Ha quedado claro durante la pasada legislatura que no sirven para nada más que para la propaganda política, pero ningún partido se querrá arriesgar a aparecer en la prensa como el que se opuso a “investigar” un caso de corrupción en la Junta General. Y menos cuando faltan unos meses para otra cita con las urnas. C’s necesita un golpe de efecto. Algo digno de salir en la prensa. Su mejor baza, al margen de las famosas comisiones, es convencer a Podemos e Izquierda Unida de la necesidad de reformar la Ley electoral. Puede que hasta Foro se suba ahora a ese carro, teniendo en cuenta su batacazo electoral en general y en las alas de Asturias en particular. Otra cosa será que todos quieran la misma reforma. Pero si Ciudadanos logra el respaldo en este tema de partidos más relevantes, y si consigue ser quien lidere la cuestión, podrá salir en los medios y ganar notoriedad para afrontar los siguientes comicios. No quiero darles pistas, pero si abren ese frente obligarán al PSOE y al PP a votar juntos en contra del resto de los Grupos parlamentarios. Y si no sale bien, al menos ganarán tiempo para tratar de poner en marcha la dichosa Comisión.

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La de Comisiones

Cuando me enteré de que se iba a constituir una Comisión parlamentaria para investigar a fondo el caso Villa pensé que se estaba fraguando una de las mayores pérdidas de tiempo de la historia reciente de Asturias, pero no quise decírselo a nadie porque todo el mundo parecía muy excitado con la novedad. Daba la impresión, a juzgar por el revuelo que provocó el anuncio del inicio de las pesquisas, de que que se estaba abriendo en el horizonte una ventana de honestidad por la que debía penetrar un fresco aire renovador capaz de limpiar las telarañas del oscuro origen de un dinero que se sabe que existe gracias a un medio de comunicación, El País. Y claro, ante tal alborozo no pude más que sumarme a la algarabía general y celebrar la buena nueva como buena, dado que nueva sí era. Claro que esta adhesión inquebrantable a la masa me duró dos días. Los que pasaron desde que se anunció la comisión y yo me quedé sin yogures, lo que me obligó a ir al supermercado a adquirir un paquete con cuatro de fresa, dos de limón y otros dos de plátano por menos de dos euros.

Allí, en la cola, con los dos euros en una mano y los yugures en la otra, acerte a escuchar la conversación que mantenía a cajera con una señora que luego supe, al ver su tarjeta de puntos, que era de Comisiones Obreras. Atribulada, la sindicalista/esposa de sindicalista comentaba que era una pena lo de Villa, que qué bien que iba a haber una Comisión de investigación parlamentaria, pero que daba igual porque, en cualquier caso, aquello no iba a servir para nada. Fue ahí donde me di cuenta de que había dejado que la opinión general sepultara la mía propia sobre el caso. Fue entonces cuando decidí asumir con valentía que mi sitio no estaba con la masa, sino con esa señora con algún vínculo con CCOO. Levanté la mirada, y dejé que fluyera orgulloso por mi cerebro un pensamiento destinado a salir -eso sí, como un susurro- por mi boca: menuda pérdida de tiempo.

El caso es que, aunque había reforzado mis propias convicciones hasta casi hacerlas públicas, no las tenía todas conmigo. No me atrevía a confesárselo a nadie. Para colmo, todos los medios de comunicación abrían sus ediciones con la noticia como respaldando la tesis de que nos encontrábamos ante el evento del siglo. Total, que volví a sumarme a la masa. Y siguiendo la opinión general estaba cuando comenzó el trabajo de la Comisión y pudimos ver a la familia de Villa riéndose del personal, a la de Postigo riéndose del personal y a Postigo riéndose del personal a la vez que le faltaba al respeto. Y algo ardió en mi interior. Creo que fue al ver a tres advenedizos cuyo único mérito en la vida había sido ser familia de un tío que se creía dios cuando me decidí a rescatar mi idea original de que aquello era una farsa. Y complementé mi tesis con la creencia de que aquello era todo un circo electoral. Aunque quizá también me ayudara un poco comprobar que una persona tan estúpida como para regularizar 50.000 miserables euros (miserables en el sentido de que cualquier defraudador de bien jamás habría regularizado una cantidad que bien se puede ir gastando con el paso del tiempo mientras se ahorra otro dinero más limpio) en una amnistía fiscal, era capaz de pasarse la comisión por el arco del triunfo.

Sí, definitivamente aquello no servía para nada relacionado con la obtención de información o la búsqueda de culpables. Por tanto, deduje, tan solo tiene un objeto: lograr publicidad mediática a la vez que se perjudica al adversario político ante la opinión pública. Vamos, que se ha creado un nuevo foro en el que sacudir al rival y lucir el palmito. Y diréis: pero si todos los grupos quisieron poner en marcha la investigación. Pues claro, porque pobre de aquel que se negara a apoyar la Comisión. Le habrían acusado de obstrucción a la búsqueda de la verdad, por mucho que ésta jamás vaya a salir a la luz en un proceso en el que los citados a declarar no están obligados a contar nada. Es más, el principal protagonista ni siquiera se ha presentado a la cita. Tan solo han dicho algo -vaguedades, sobre todo- los políticos convocados. Y nadie ha hecho preguntas decentes. Excepto Foro, que acertó a preguntar a Javier Fernández por qué defenestró al exlider socialista basándose tan solo en una información periodística. Los demás, nada. Una comisión sin preguntas ni respuestas. Una comisión con la mira puesta en las próximas elecciones. Una Comisión que si acaba sin resultados no pasará nada. Una comisión que no ha acabado y que ojalá dé algún resultado. De verdad lo digo. Nada me gustaría más que saber que nuestros representantes han logrado apovechar todo este tiempo para obtener valiosas conclusiones. Así podría volver al supemercado, plantarme delante de aquella señora, la de Comisiones, y confesarle con una mezcla de pesar y alegría: estábamos equivocados.