Viva el PreCrimen

Bienvenidos al futuro. Lo que nos auguró la antaño futurista Minority report ya está amortizado. Podemos empezar a actuar contra los políticos antes incluso de que sean imputados. Eso es lo que los precognitivos de Xixón sí puede pretenden, por lo visto, al pedir responsabilidades políticas al socialista José María Pérez por si resulta después imputado por el caso de supuesto fraude en El Musel, ya que Pérez fue consejero del puerto. El también conocido como Josechu debería sentarse en el sofá a esperar que unos policías se presenten en su casa armados hasta los dientes y le metan en prisión sin falta de condena alguna.

Se acabó el debate sobre si la línea roja está en la imputación o en la apertura de juicio oral. Para XSP está claramente en su particular opinión sobre si en algún momento alguien puede llegar a ser llamado a declarar en calidad de imputado/investigado. Y no me opongo, pero debo señalar que con esta fórmula nos quedaremos sin alcaldables en menos de 10 minutos. Conste que hago esta crítica con todos mis respetos para esta candidatura de unidad popular surgida de las entrañas de Podemos, de la que espero lo mejor porque se supone que representa a lo más sano de la política ciudadana, y que a día de hoy no tiene mácula. Pero ojo, podría tenerla, advierto usando el mismo argumento precognitivo.

Mordida máxima garantizada

La codicia implícita en la naturaleza humana es solo uno de los factores que nos invitan a pensar que es imposible acabar con los corruptos. Debemos rendirnos a la evidencia y claudicar ante la certeza de que siempre habrá prevaricadores, defraudadores, ladrones, chantagistas, sobornadores, alzadores de bienes y demás especímenes de condición corrupta. Jamás podremos deshacernos de ellos y cuanto antes lo asumamos, mejor; más rápido podremos comenzar a diseñar una estrategia para hacerles frente. Porque es imposible eliminar a los corruptos, pero sí se puede vencer a la corrupción. Y a continuación procederé a explicar cómo.

Lo primero, obviamente, es reconocer que hay un problema: cualquiera de nosotros puede ser corrupto. Yo mismo. Tú mismo. Tu propio padre. La hermana de tu tía política. Cualquiera. No, es que yo soy muy íntegro y me desvelo por el bien común, porque mi vocación es la de servic… NO. MENTIRA. Todos somos presuntos corruptos. Nadie puede poner la mano en el fuego por sí mismo. Un ejemplo: te doy la oportunidad de vivir con todos los lujos, con euros ilimitados durante 30 años. 30 añazos solo para empezar. A todo tren. Sin complejos. Y con una renta que heredarán tus hijos y tus nietos y les asegurará un futuro de abundancia. Ahora quizás no tengas hijos ni nietos, pero puede que dentro de 30 años sí. Y les querrás con locura. Y desearás lo mejor para ellos. ¿No querrías asegurar su futuro? Solo tienes que hacer una cosa, pasar una temporadita en la cárcel. En una especialmente diseñada para ricos. Con presos que te protegen. Y estarás muy poco tiempo, ya que tendrás a los mejores abogados. Dispondrás de la buena voluntad de los jueces. Y cuando salgas, a disfrutar de tus millones con tus hijos y tus nietos, como ya hiciste durante los 30 años anteriores. Piénsalo. Habrá quien lo rechace, sí, porque afortunadamente hay gente íntegra, aunque no sepamos dónde, pero la amplia mayoría aceptará.

Lo segundo que hay que hacer es conocer cuánto se llevan en el sobre los corruptos. Cuánto por conceder una obra a un colega. Cuánto por adjudicar un servicio. Cuánto por hacer la vista gorda. Calcular cuál es la cifra mágica por la que un político se vende. Obviamente las cantidades variararán en función del latrocinio, por supuesto. No será lo mismo adjudicar el servicio de recogidas de basura de Villadelpuerto de arriba que conceder el permiso para perforar el subsuelo marino en una macroobra de ingeniería capaz de provocar terremotos. No podemos esperar que haya mordidas iguales ante beneficios dispares, lógicamente. Habrá, por tanto, que analizar cada caso de forma individualizada. Y establecer un baremo. Es fundamental un baremo de comisiones, sí.

Una vez que tenemos una rientación económica, lo siguiente es aplicar un novedoso concepto fundamental: la Mordida máxima garantizada. Se trata de una propuesta ambiciosa destinada a todo aquel político o funcionario que haya sido tentado por la corrupción. La idea es que se le pueda ofrecer desde la Administración un incentivo superior hasta en un 100% al soborno ofrecido por el corruptor, de modo que el político o funcionario tentado prefiera seguir los cauces legales de una licitación o djudicación antes que cometer un delito por pura avaricia económica. Por poner un ejemplo: si te ofrecen 2 millones por proyectar y construir un aeropuerto que luego no va a ser usado, y cuya una finalidad será lucrar al constructor de turno, la Mordida máxima garantizada hará que puedas rechazar ese proyecto a cambio de ingresar 4 millones de euros. A la administración le sale barato, ya que se ahorra 146s de millones de euros y libra a un municipio de tener que soportar un páramo de cemento cuyo coste de mantenimiento podría llegar a costar, no sé, unos 17 millones de euros, así a ojo, cada año. En 10 años el ahorro sería de 300 millones e euros. Y todo por invertir 4 millones de nada en la Mordida máxima garantizada. Un chollo, señores. Un auténtico chollo.

Así sí saldremos de la crisis. Sin recortar en educación ni sanidad. Porque si un político recibe una oferta por privatizar un servicio sanitario a cambio de un puesto en una empresa cuando a acbe su vida política, pues se calcula cuánto va a cobrar y se multiplica por el número de años que podría vivir ese corrupto. La cantidad obtenida se duplica y se le entrega al político en su domicilio de Madrid. Sea lo que sea compensará el ahorro tanto en gasto de subvenciones y cánones como en salud de todos los ciudadanos. La idea no es mía, sino de @CPerezOviedo. Ahora solo falta que algún político con amplitud de miras la lleve en su programa electoral. Le lloverán los votos.

Fernández y Cascos se citán a la salida del Debate de orientación política

El Presidente del Principado, Javier Fernández, ha respondido este jueves de forma simpática a los portavoces parlamentarios. Con esto no quiero decir que el jefe del ejecutivo haya estado más dicharachero de lo habitual, sino que el tono de sus respuestas se adaptó a la perfección a las emociones que transmitieron sus interpelantes en sus respectivos turnos de respuesta. Así, Fernández paso del frío al calor, para acabar con el frío otra vez pasando previamente por el templado. Ocurrió en la segunda sesión del Debate de orientación política del periodo 2014-2015, que empezó el miércoles y termina, dios mediante, este viernes, con la votación de las propuestas de resolución de donde saldrá una Comisión de investigación parlamentaria del “Caso Villa”, y otra para indagar sobre si hubo tarjetas opacas en Cajastur. Se trata de sendas iniciativas que el portavoz del Grupo mixto quiere liderar desde una semana después del minuto uno. Esta es la crónica de una jornada en la que ha quedado patente que la absurda y estúpida confusión que llevó a Mariano Rajoy a acabar de leer el texto “fin de la cita” cada vez que recordaba las palabras de su oponente dialéctico, se ha convertido en Trending Topic.

La de este jueves era una sesión que todo el mundo esperaba tensa por varias razones: una, porque el supuesto enriquecimiento de un exlíder sindical y exdirigente socialista venía caldeando el panorama en los últimos días; dos, porque la negociación presupuestaria sigue sin abrirse; tres, porque se trata del último Debate sobre el estado de la región de la legislatura, según dicen unos, o del país, según otros, y nadie querría perder esta oportunidad para sacudir al Presidente sacándole los trapos sucios del incumplimiento programático. En esta coyuntura, cada portavoz eligió unos temas y a éstos les puso un tono. Distinto el de todos ellos. La respuesta del Presidente, no sé si de forma intencionada o no, se ajustó con precisión a cada interpelación, hasta el punto de que bajó a pelear en el fango contra el mejor luchador sobre el barro de la Cámara, al que retó a un cara a cara parlamentario sobre corrupción. Una propuesta de andanadas de hostias dialécticas que estaría bien ver, pero que, sospechamos, jamás se va a producir. Pero vayamos por partes. En orden cronológico, aunque nos dejemos para el final lo más abrupto de la jornada.

Abrió la contienda Ignacio Prendes que, como no podía ser de otra forma, nos dejó un titular: este viernes presentará la citada propuesta de Comisión de investigación. Ninguna sorpresa aquí. Ya se esperaba algo parecido por dos razones:

1) Ignacio Prendes no es mal político, y la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción son argumentos frecuentes de su partido.
2) UPyD busca el titular en cada capítulo político, llámese Debate, llámese negociación presupuestaria. Y lo consigue, lo que refuerza la primera parte del punto 1), Ignacio Prendes no es mal político.

Prendes estuvo duro. Tras repasar todos los incumplimientos, a su juicio, del Gobierno asturiano, se metió de lleno en el papel de adalid de la legalidad para asegurar que la corrupción en Asturias es estructural, por lo que considera que el pacto que ayer ofreció Javier Fernández está vacío. Todo esto para hablar de Villa, que todavía no sabemos si es un corrupto o no, pero que ya lo damos todos por sentado porque, como dirían Rajoy y/o @masaenfurecida, “eso sentará las bases de la recuperación”. La respuesta de Javier Fernández fue, como decimos, simpática. Como si de un fiel seguidor de este blog se tratara, acusó a Prendes de oportunismo político y nos dejó una de sus perlas del pleno. Quizá la frase que todos estaban esperando sin saberlo: aseguró haber actuado con celeridad expulsando a Villa, aún cuando éste no había respondido a sus peticiones de información, “porque no tengo miedo” de lo que pueda salir de este caso. Y luego ambos se enzarzaron en una discusión sobre quién miente más y quién fue el responsable de romper el famosísimo pacto de legislatura más breve de la historia, firmado entre UPyD y PSOE, y vinculado a sacar adelante una reforma de la Ley electoral por mayoría reforzada y todo aquel cristo que seguro recordarán los lectores y que acabó con la prórroga presupuestaria. La conclusión es que a día de hoy siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuántos votos son necesarios en una mayoría reforzada.

Después fue el turno del portavoz de IU, Aurelio Martín, que, quizá por haber leído su discurso muy despacio, pareció el más conciliador de los intervinientes. También negó capacidad de Gobierno a Fernández, pero no se excedió en el caso Villa en un discurso marcado por un tono tipo “ese tío lejano que vemos poco y que cuando llega a casa intenta tratarnos como si nos conociera de toda la vida”. Ya sabéis a qué tono me refiero. Conciliador. Cercano. Amable. Tranquilo. Un poco fuera de lugar, a tenor de lo que nos esperaba en el resto de la jornada. Quizá por eso, o quizá porque IU ha sido el tradicional socio del PSOE en la Junta General, el Presidente usó también un tono conciliador. En este caso el tono “no te olvides de que una vez fuimos amigos, ven para acá que no te voy a pedir dinero”. Y con ese tono amable nos dejó otro de los titulares de la jornada: una propuesta de rebaja fiscal en el tramo autonómico del IRPF, como punto de partida para negociar los presupuestos con la coalición. Yo no sé si porque de verdad no quería hablar de ese asunto, o porque quien lidere la negociación presupuestaria en IU será su Coordinador General -que no es diputado y no estaba en el estrado para contestar-, Martín no entró al trapo, no respondió, y aseguró que su formación acudirá encantada a negociar, pero con sus propias propuestas presupuestarias. Con todo, Aurelio Martín dio la sensación de ser el único en todo el hemiciclo que parecía entender de qué iba el rollo ese de orientar la política general del Gobierno, y tal.

A continuación llegó el turno de Mercedes Fernández, cuya intervención dejó todos locos a propios y extraños, tal y como describiría cualquiera que haya pasado por la Cámara. Empezó hablando de Villa y propuso al PSOE que liderara la Comisión de investigación. No se extendió porque su partido no está para dar lecciones éticas a nadie, cuando está investigado en el ámbito estatal, y en el local mantiene a un concejal no solo imputado, ni tampoco con el juicio oral a la vista, sino condenado por la justicia. Y ahí está, cobrando del Ayuntamiento de Oviedo puntualmente, sin retraso alguno. Su discurso, el de Cherines, fue de mejor a peor y se recuperó en algunos puntos. Fue conciliadora y, por supuesto, no se olvidó de lanzar puyas a Cascos, que para eso lo tenía justo enfrente. Pero el Presidente acertó a responderle con el mismo tono y usando el mismo batiburrillo de argumentos, que se resumen en reprochar a la popular que no defienda en Madrid lo que persigue en Asturias. Mercedes insistía en que la Administración del Principado es mastodóntica, y Javier acertaba en preguntarle qué sociedades públicas recortaría y cuánto pensaba ahorrar. El Presidente le pidió su opinión sobre tres empresas de capital público: SEDES, VIPASA y RTPA, pero la popular solo acertó a criticar a VIPASA mientras se perdía por los ríos y ríos que según ella corren por la variante de Pajares. Todo, como digo, muy loco. Y, aún así, no estuvo mal Cherines, que se mostró prudente e, incluso, agradecida, cuando el Presidente le pidió disculpas por un error dialéctico.

Y fue entonces cuando llegó Cascos con aire de “me da igual lo que me digan, yo he venido aquí a hablar de mi libro” y empezó a repasar los incumplimientos y errores del Presidente, los de Rajoy, los de Aznar, los de Rita Barberá y los de María santísima, para adjudicárselos al primero que pasara por allí (que no era otro que Javier Fernández). Y no contento con eso, habló de Villa. Hay que reconocer que como adversario político, Cascos debe ser terrible. Sacó a Javier Fernández de sus casillas, que le retó a un debate sobre corrupción como quien ofrece hostias a la puerta de un bar. El líder de Foro es único en las distancias cortas porque su actitud es la de “me la pela” las 24 horas del día y el Presidente asturiano cayó en la trampa. Entró al trapo. Se metió en la distancia corta. Se fajó con Gürtel cuando Cascos le pidió información sobre el exsecretario general del SOMA, y se perdió en referencias a la efímera Presidencia del Principado del exministro. Y Cascos no perdió la compostura. Ahí de pie. Como quien se niega a que otro le quite el sitio en la cola del pan. Impertérrito. Cumpliendo con su guión. Atacando a La Nueva España y a RTPA como si eso importara a los ciudadanos que hayan sentido la curiosidad de seguir el debate por… RTPA. Usando argumentos como si fueran ciertos. En su salsa, en definitiva. Un maremagnun. Menos mal que en estos debate el tiempo es limitado y el Presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, hizo sonar la campana, para que luego saliera el portavoz socialista, Fernando Lastra, con su eterno mono de desatascador y su perenne tono reconciliador. No sé muy bien lo que dijo, pero le agradezco que haya sido breve. Fin de la cita

Al curling, si tienes huevos

Creía que no me podría dar más vergüenza ajena la frase “Soy español, a qué quieres que te gane”, pero los juegos olímpicos de Sochi me están demostrando que estaba rotundamente equivocado. Y lo digo con todo el respeto para la delegación española, que no tiene la culpa de que un pazguato cuya idea del deporte es bajar al bar a ver al Madrid en la tele se vanaglorie de semejante leyenda y la aplique a modo de Viagra para el orgullo. Y muy mal hay que estar de orgullo para tener que hincharlo con logros deportivos. De hecho se me ocurren numerosas disciplinas (muchísimas) en las que ningún deportista español es capaz de dar la talla. Por poner un par de ejemplos de ámbitos bien diferenciados: el rugby, el ajedrez. Uno es sinónimo de nobleza y el otro de inteligencia. Ahí lo dejo, amigos del fútbol.

Queda claro que no hay que escarbar mucho para descubrir que los éxitos hispanos se circunscriben a una pequeña muestra del extensísimo catálogo de actividades deportivas, por lo que el debate sobre a qué podría perder un español deberíamos extenderlo a otras parcelas, para ver si salimos bien parados. Qué sé yo, por poner un ejemplo al azar: la economía. No, lo digo porque como, al parecer, estamos asombrando al mundo con nuestra recuperación de la crisis. Y ahí están los datos. Excepto a 24 países, el resto del planeta tiene que estar flipando con nuestras cifras de paro. Brutales. Que están muy bien para ganar un concurso de “A ver quién tiene más desempleados”, pero dudo mucho que nadie quiera siquiera competir en esa disciplina.

Otro ejemplo: la corrupción. Podríamos ganar un campeonato europeo si nos lo propusiéramos. Un mundial estaría difícil, pero todo es ponerse. Basta con la ciudadanía continúe como hasta ahora pasando de todo, protestando solo en la barra del chigre al calor de un chato, para que la bola de inmundicia siga creciendo al calor del todo vale.

Más: la educación. ¿Quién quiere tener educación teniendo a Cristiano Ronaldo? Nadie. Porque Cristiano no tiene educación. Y le va bien. Mejor que a mí. ¿Ganaríamos una competición que valorara el nivel educativo? No ¿Por qué? Porque nuestra idea de I+D+i es hacer y vender camisetas que pongan “Soy español, a qué quieres que te gane”.

En fin, que nadie con arraigado sentimiento patrio se ofenda, porque me parece muy bien que se sientan españoles. Alguien tiene que ser patriota en este país. Obviamente los empresarios no, ya que ellos ya viven en un mundo globalizado y España y los españoles se la traen floja en general, a no ser la selección de fútbol, en cuyos partidos pueden cerrar suculentos tratos en los palcos.

Gañanes

Una de las cosas que más me repele de la mal llamada Troika (se les debería llamar Triada), formada por el FMI, la CE y el BCE, es la imposición de gobiernos tecnócratas allá donde lo consideren necesario. Es una manía antidemocrática de lo más molesta. Vale que la tecnocracia se asume como un modelo de gobierno destinado a obtener resultados concretos en coyunturas específicas merced al trabajo de técnicos expertos en las distintas materias de su competencia, pero, como dijo el sabio, ¿quién eres tú para decime a mí cuántos gobernantes incompetentes tengo que tener?. Esto es así. Y qué pasa si quiero que me gobiernen inútiles. Es mi derecho por vivir en una sociedad libre. Y lo reclamo. Y hay partidos políticos resueltos a satisfacer mi demanda. Claro que sí. A cascoporro. Una jartá de ellos. Y relevantes desde el punto de vista electoral, no os vayáis a creer.

Porque si tú lo que quieres es fundar un partido político que represente a todo el espectro social español, algún gañán tienes que incorporar al equipo. Sí o sí. Que otra cosa no, pero gañanes en este país hay a porrillo. Otra jartá. Total, que tienes que tener algún que otro incompetente. Y darle responsabilidad. Eso desde luego. Te tienes que asegurar, además, de que esa persona cumpla los requisitos de incapacidad necesaria para el cargo, porque hay que ser precavido. Hay que procurar que sea un individuo capaz de cometer errores infantiles, como aceptar caramelos de desconocidos a la puerta de un colegio o firmar recibos sin recibir nada a cambio, por ejemplo. Qué sé yo, alguien que vaya a sacar dinero del banco, que no se lo den pero que se lo descuenten de su cuenta, y que no pueda reclamar lo que es suyo por haber firmado un recibí. Alguien de ese calado sería fenomenal. Con gente como esa en sus filas cualquier partido político podría presentarse ante el electorado como la formación más capacitada para sacar al país de cualquier crisis. Así, sí.

No es corrupción, es estupidez. Hay que decirlo alto y claro. Y son estúpidos porque son el reflejo de la ciudadanía. La que les vota, la que no, y la que no vota a nadie. Son incompetentes, sí, pero son nuestros incompetentes. Nos los hemos ganado a pulso. Son nuestros y ningún organismo supranacional nos los puede quitar sin nuestro permiso. Y se ríen de nosotros, sí.  Y qué. Lo hacen porque se lo permitimos. Basta ya de criticar a nuestros gobernantes, joder. Que me tengo que enfadar y todo, hostia. Que si no saben inglés, que si se financian ilegalmente, que si cobran en B con dinero donado por empresas que luego reciben adjudicaciones, que si compran a los jueces, que si recortan derechos sociales adquiridos tras siglos de lucha, que si una ministra se fue de vacaciones a cargo de una trama de empresas corruptoras… Basta ya. Eso no son más que malentendidos en unos casos, y errores por incapacidad en otros. Dejemos de mirar para nuestros gobernantes. Mirémonos en el espejo de sus partidos políticos. Cuanto menos gañanes seamos nosotros, menos lo serán ellos. Un saludo a todos.

Paradojas de la evolución

Como Sísifo, cada día empujo una gigantesca piedra con la intención de dejarla caer sobre el mundo para aplastarlo y aniquilarlo. Pero cuando tengo la pesada carga en el punto de inflexión, siempre acabo dejándola caer otra vez hasta el origen, para volver a empezar a arrastrarla como un enajenado con la misma intención destructora de siempre.

En ese momento místico en el que el ocaso revela el gris del cielo salpicado de borrones de nubes inconexas; justo cuando el sol invisible acierta a descubrir que las sombras mueren con él; en el último y preciso instante en el que todavía se advierten las siluetas, se coló en mi cabeza la descabellada idea de que la singularidad de La Tierra es el fenómeno universal menos valorado por la humanidad, por estar ésta absorta en el complejo proceso de descifrado de los códigos necesarios para mantener la dignidad en un mundo voraz. Cierto es que hay prioridades en este planeta que merecen eclipsar al maravilloso cúmulo de casualidades evolutivas que nos ha traído a todos hasta el día de hoy, cierto. El hambre, por ejemplo. A ver quién encuentra fuerzas para reflexionar sobre la inigualable condición de “habitable” con la que abrimos la lista de cualidades de nuestro mundo cuando uno no tiene un mendrugo que llevarse a la boca. A ver quién. El hambre es una mirilla estrecha que reduce las perspectivas personales al más corto de los plazos, de eso no hay duda.

Claro que, en estos días, otro nuevo fenómeno viene a apartar nuestros pensamientos de la infinita majestuosidad de La Tierra como excentricidad periférica del cosmos. Me refiero a la perspectiva de pasar hambre. En general, la perspectiva de perder, sea la comida, sea el techo, es la anteojera del nuevo siglo XXI, del que empezó en 2008. Quizás penséis que muy bien me van las cosas si me puedo detener un instante a disfrutar de una efímera reflexión sobre esa increíble consecución de mutaciones aleatorias desarrolladas durante millones de décadas que, de momento, concluyen con que en un pequeño territorio de una enorme masa que rota alrededor del sol gobierne Mariano Rajoy. Y no es que el lento proceso evolutivo que desde hace decenas de millones de años ha derivado en que yo esté aquí escribiendo me haya sido propicio de momento. No estoy para tirar cohetes, vaya. No me sobra ni uno. Es sólo que creo que a veces es necesario pararse un segundo a respirar, centrar los pensamientos y reflexionar sobre esa mutación concreta, acaecida en un momento determinado, que ha generado el cambio definitivo que ha permitido que uno sea un ser humano. Una mutación que sólo ha sido posible gracias a las condiciones únicas de este planeta.

¿No es grande? Es enorme. Gigantesco. Una puñetera mutación espontánea y vil, propiciada por excelentes condiciones para la vida, nos ha puesto a George Bush en el mapa, por ejemplo; a Goldman Sachs y a Kim Jon Un; Al Santander y a Rodrigo Rato. La evolución de no sé qué célula le ha permitido a un tal Francisco Correa relacionarse con todo un partido de gobierno para generar una red corrupta que ha evaporado millones de euros públicos y aquí no ha pasado nada. Y ha sido todo gracias a la jodida singularidad de este planeta y sus condiciones climáticas. Con razón nos lo estamos cargando, joder. Lentamente. Para que sufra. Y, sobre todo, para que deje de propiciar la evolución de grandísimos hijosdeputa. Es cierto que esas pequeñas variaciones que los seres vivos han experimentado para adaptarse al entorno han concluido, en ocasiones, en genialidades. Qué sé yo: Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Mozart, Greg Cartwright… Pero no es menos cierto que las mutaciones evolutivas son muy caprichosas y lo mismo te dejan en el paritorio un genio del bien que uno del mal. Y no hay manera de saber ni cómo ni cuándo va a suceder.

Por eso deberíamos acabar con La Tierra. Por facilitar las condiciones idóneas para que la evolución del cerebro humano propicie que un hombre sea capaz de esclavizar a otro, de recortarle su pensión, de facilitar su despido y de generar en él un perverso y cegador miedo a perderlo todo.  Hay gente dispuesta a cobrar impuestos por el uso de energías renovables provenientes del sol, forzando el uso de combustibles fósiles o radioactivos que asfixian el ecosistema. Hay gente así y existen por culpa de La Tierra y sus fenomenales condiciones para la vida evolutiva de baja estofa. Destruiría el planeta con mis propias manos si no fuera porque algunos de los humanos que la pueblan, adaptándose merced a mutaciones aleatorias, han empezado a cargársela por su cuenta. Y el hecho de que quienes no duden en empobrecer a sus conciudadanos se dediquen también a asesinar a La Tierra me hace desconfiar y sopesar la idea de convertirme en ecologista. Padezco el cruel destino de querer proteger este mundo a pesar de que soy consciente de que debería contribuir a destruirlo por ser el caldo de cultivo de toda una clase infecta de mangantes egoístas.

Feliz resaca

Consumir altas dosis de información de garrafa produce una resaca terrible. De esas que no mitigan ni los paracetamoles de alta gama. De esas que te dejan todo el día con la cabeza embotada, mientras brotan en tu cabeza los recuerdos difusos de las noticias ingeridas la semana anterior. Como fantasmas. Pero reales y amenazantes como sólo lo puede ser la vida misma . Hay quien dice que el problema no es tanto consumir una gran cantidad de contenidos garrafoneros sino mezclar varios de distinto palo. Qué sé yo, por poner un ejemplo, el problema sería recibir una severa dosis de noticias sobre corrupción, combinadas con no imputaciones atroces, sobreseimientos sibilinos y alevosos delitos prescritos y, cuando estás medio grogui, enterarte de que hay empresarios que no sólo piensa, sino que proclaman a los cuatro vientos que los contratos indefinidos son un privilegio. Es un cóctel atroz. Letal. Así estoy yo ahora, que me duele todo el cuerpo. Hay quien sugiere que para aliviar esta horrible resaca basta con seguir metiéndote entre pecho y espalda noticias  de garrafón de baja intensidad etílica, pero tengo comprobado que sólo sirve para empeorar las cosas.

 

El problema, desde mi punto de vista, es que, al contrario que pasa con otros productos nocivos, el consumo de información de garrafa no sólo es legal, sino que está bien visto en esta sociedad hipócrita. Y no pasa nada. Y te puedes pasar el día entre contenidos tóxicos. Empiezas con la tontería del empresario que busca repartidores de bollos que hayan terminado empresariales; sigues con un poco de Urdangarín, su esposa y su palacete; a media mañana algo de movilidad exterior; luego recuerdas un #quesejodan; sin quererlo y sin beberlo te llegan los datos del paro; te enteras de que la bolsa bulle mientras el 50% de los preferentistas perderán su dinero; a esto le sumas que en Bankia repartieron la práctica totalidad de sus preferentes entre clientes minoristas; pasas a algo más ligero con Ana Botella diciendo que Madrid ya ha recibido bastante beneficio presentándose tres veces sin éxito como candidata a unos Juegos Olímpicos; enseguida te metes con algún disco duro borrado o alguna agenda destruida; llegan los Eres; un poco de Siria y algo de Merkel; Fukushima y la madre que los pario a todos. Cuando te quieres dar cuenta es demasiado tarde. Estás ebrio de inmundicia. Nadie te va a quitar la peor resaca del siglo.

 

Y no hay clínicas de desintoxicación. La única opción que te queda es recluirte en un bosque. Uno que no esté amenazado de tala para la construcción de chalets de lujo. Uno en el que no vayan a poner un Ikea. Huir. Escapar al menos hasta que recibas algún mensaje positivo. Qué sé yo, un mensaje sobre la ciudadanía harta de la clase dirigente. Sobre ciudadanos que ponen su voto al servicio de sus conciudadanos. Sobre gobernantes que priman la dignidad de sus gobernados sobre los intereses de las empresas. Noticias de otro tipo. Informaciones que no hemos recibido en nuestra vida. Que levante la mano quien haya visto una noticia positiva que luego no se haya convertido en mugre, como por ejemplo el milagro económico español del señor Aznar. Sencillamente no existe. Puede que a algunos les valga de placebo la información deportiva, pero a mí no me alegra decir que jugando a la pelota somos los mejores. Feliz resaca.