El descenso del duernu

La renuncia de la lideresa de Foro Carmen Moriyón a recoger su acta de diputada señala el lugar al que parece condenado el partido fundado por Francisco Álvarez Cascos a medio plazo: fuera de Junta General del Principado. Hay, obviamente, muchas causas que han llevado a la formación forista a perder unos 150.000 votos desde que ganara las primeras elecciones a las que se presentó, allá por 2011. La mayoría de esas causas se deben a su propia inoperancia, pero hay dos decisiones ajenas a Foro que fueron determinantes. Una de ellas ya se señaló en este blog poco después de que Francisco Álvarez Cascos venciera en sus primeros comicios autonómicos bajo sus propias siglas, FAC, y nuevamente cuando perdió los segundos un año después. Efectivamente, me refiero a la decisión del partido Popular de no apoyar en ningún momento a Foro, ni cuando ganó las elecciones en 2011 ni cuando las perdió en 2012.

Ya he señalado que siempre he pensado que si el PP apoyaba a Cascos, dándole la fuerza necesaria para gobernar de forma estable, se arriesgaba a que éste se acabara imponiendo como el referente de la derecha asturiana, condenando a los populares a ser un partido comparsa, como le pasaba en Navarra. No sé si ávidos lectores de estas líneas o no, los dirigentes populares rechazaron acercarse a su exsecretario general y éste acabó cayendo por su propio peso.

A esto ayudó otra decisión: la del líder socialista y por aquel entonces candidato, Javier Fernández, que dejó gobernar a Cascos en solitario pudiendo haber forzado una investidura socialista mediante un pacto con Izquierda Unida. Fernández midió bien. Permitió gobernar a la lista más votada y con su decisión evitó que el Partido Popular reconsiderase su rechazo a apoyar a FAC. En un sencillo ejercicio de política ficción, no nos resultaría difícil concluir que, ante la posibilidad de reeditar un gobierno bipartito de izquierdas, el PP podría habre preferido sumar sus fuerzas a las de don Francisco. Como tal cosa no pasó, FAC gobernó en solitario demostrando una absoluta incapacidad para llegar a acuerdos con nadie.

Así que el principio del Fin de Foro lo marcó el PP, negándole el apoyo, y lo certificó la Federación Asturiana de Empresarios rechazando sus presupuestos. Como ya se ha señalado ene ste blog, el inaudito rechazo de la FADE a unos presupuestos de un partido de derechas liderado por un exministro de Fomento fue la clave para que Francisco Álvarez Cascos convocara unas nuevas elecciones ante su errónea convicción de que mejoraría sus resultados. Nada más lejos de la realidad. En tan sólo un año una parte de sus votantes ya se habían hartado de él. Unos volvieron al PP (pocos) y otros llevaron a Ignacio Prendes al Parlamento asturiano y lo situaron al frente del grupo mixto que ocupaba en exclusiva UPyD.

El resto ya es sabido. Foro ejerció el liderazgo de la oposición porque fue incapaz de negociar un tripartito de derechas. Una vez concluida esa labor opositora, los votantes premiaron a la antigua FAC con 3 diputados en las elecciones de 2015. El partido de Cascos había perdido hasta ese momento más de 130.000 votantes, una tendencia que no parece tener límite. La estrategia que la formación hormiguera puso en marcha para revertir la situación pasaba por llevar a la Junta General a su primera espada, la alcaldesa de Gijón. Carmen Moriyón había confirmado al teoría de este blog de que si el PP apoyaba a Foro, estaba condenado a desaparecer. Es lo que le ocurrió a los populares en la Villa de Jovellanos, decisión que costó el puesto a la popular que la tomó, Pilar Fernández Pardo. Sin embargo, la táctica electoral de Foro no pudo ser peor: Foro continuó desangrándose en Asturias y, de paso, perdió Gijón, la ciudad más poblada del Principado y referente socialista en la región.

Dilapidado el prestigio político de Cascos, y amortizado el de Moriyón, a Foro le queda la travesía del desierto hasta su desaparición, como le pasó a Uras. A no ser, claro está, que encuentren un relevo generacional capaz de revertir una situación muy complicada, habida cuenta de la multiplicación de partidos políticos que vienen a ocupar su mismo espectro ideológico. De momento, en la presente legislatura van a tener que esforzarse por hacer una oposición que llame la atención del votante y que sobresalga entre el elegante busnismo del ciudadano Juan Vázquez y la beligerancia de Vox. Y todo desde un grupo mixto que compartirán con los discípulos de Santiago Abascal y con Izquierda Unida. Les deseamos a todos la mejor de las suertes, la van a necesitar.

El Psoe se sale y Vox entra: análisis del 26M

Escrutadas casi todas las papeletas, y a falta del voto exterior, ya podemos decir que las elecciones europeas, municipales y autonómicas del superdomingo de mayo de 2019 las han ganado casi todos, aunque más que nadie el PSOE. En lo que tiene que ver con Asturias, que es a lo que vamos, su victoria tiene pocas máculas. Quizá la de Oviedo, según reconocía ayer un destacado miembro de la FSA, aunque inmediatamente después pasaba a subrayar -ya con la boca más pequeña- que la capital es una plaza “un tanto complicada”. Efectivamente, los socialistas han perdido Oviedo pero -seamos sinceros- en realidad nunca la tuvieron. Al menos no desde que gobernaba Masip. Total que el PSOE asturiano es el gran vencedor de estos comicios, quizá gracias al viento del sur que soplaba Pedro Sánchez desde Madrid y quizá también gracias a que los asturianos, que demostraron en ocasiones ser favorables a gobiernos del Principado de la derecha, sí parecen ser reacios a un ejecutivo de la derecha con Vox.

De poco sirvió la meticulosa labor de oposición del Gobierno regional al central, a pesar de que fue intensa en ocasiones en asuntos de calado, como la política industrial. Agotada la minería, que ya descansa en los brazos de la prejubilación, y amortizada la lucha del carbón, el mensaje de la transición ecológica parece empezar a calar en una sociedad que antaño llegó incluso a ver con relativo orgullo cómo los mineros defendían su medio de vida con sángre y pólvora. Lo llegó a ver, sí, aunque desde la distancia, todo hay que decirlo, porque en los años previos a la gran crisis, cuando los jóvenes encontraban empleo en los sectores más diversos, se pasó a ver con cierto incomodo no ya la lucha obrera sino sus consecuencias. Porque, a ver, está muy bien que la gente se manifieste y tal, pero no tanto que me hagan llegar tarde a casa por culpa de una barricada.

A falta de algunas inversiones pendientes de fondos mineros, y con a penas un puñado de trabajadores de subcontratas para los que nadie mira, al ejecutivo socialista asturiano ahora en funciones sólo le quedan las térmicas y la industria para hacer oposición a Sánchez durante los pocos días que sigan en el poder, toda vez que la principal exigencia de Arcelor pasa por que se impongan aranceles proteccionistas desde el Gobierno europeo y sus trabajadores cobren lo menos posible. Por su parte, Alcoa se irá de aquí mande el partido que mande, dejando una fábrica que llevará bajo el brazo un jugoso incentivo público-privado para aquel que la quiera comprar y la gestione por un tiempo aún por determinar.

Así las cosas, el principal problema al que se enfrenta ahora mismo el candidato a la presidencia del Principado Adrián Barbón es elegir a su próximo Consejo de Gobierno y tratar de mantener el enorme respaldo electoral que ha recibido, porque difícilmente sus resultados podrían haber sido mejores en una coyuntura multipartidista como la actual. Su victoria, además, le refrenda como líder de la FSA, ya que responde al reto que planteó un destacado exlíder de la Federación Socialista Asturiana, quien en su día dejó en el aire que el nuevo PSOE debía ganar elecciones como lo hacía el viejo, en referencia a que los sanchistas deberían demostrar que son capaces de venecer en las urnas como lo hicieron los javieristas. Adrián Barbón fue un paso más allá y ganó como lo hicieron en su día los arecistas.

Tal fue el ímpetu socialista este pasado 26M, que doblaron en diputados a la segunda fuerza más votada. El PP de Teresa Mallada obtuvo 10 escaños en lo que parece la confirmación de su suelo electoral. Puede parecer un mal resultado pero no lo es. La candidatura de Mallada logra mantener el tipo en unas condiciones muy negativas para ella. Por un lado, los populares han tenido que nadar contra la corriente que se había llevado a su líder nacional. Los inauditos malos resultados de Pablo Casado amenazaban con ser una losa para la expresidenta de Hunosa. Sobre todo porque el sonriente líder del PP se empeña en hacer campaña en clave independentista y es posible que ese sea un mensaje que, aunque importante, no cale en exceso en el electorado asturiano. Por otro lado, Teresa Mallada ha tenido que lidiar con una feroz oposición interna. La dirección de su propio partido en Asturias, descontenta con la elección de la allerana como cabeza de lista, se esforzó por dejar en evidencia a la candidatura regional en cada ocasión que tuvo, por pequeña que ésta fuera.

Entre otras cosas, la presidenta del partido, Mercedes Fernández, apostó por una coalición con Foro para las generales en contra de la opinión de Mallada (y de quien esto escribe) y se reconoció desconocedora del programa electoral de su partido para los comicios autonómicos (con el significado que tiene que una presidenta desconozca las ideas que plantea su propia formación en unas elecciones). Y con todo, Mallada logró mantener el suelo del PP y, de paso, ganarse aspirar a dirigir la formación conservadora. Se avecinan jornadas interesantes entre los populares. También logró otra cosa: que su candidato en Oviedo reeditara un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, lograra números para recuperar el Gobierno perdido. Otros candidatos que no salieron del dedo señalador de Génova no tuvieron el mismo éxito y naufragaron en las turbulentas aguas del voto cantábrico.

Así pues, y a pesar de haber logrado la mitad de escaños que el PSOE, los números del PP no son malos y en la junta doblan en representantes a la tercera fuerza: Ciudadanos. Con la formación naranja siempre pasa lo mismo: sube pero se lamenta de no haber logrado sus objetivos, mientras que los analistas coinciden en hablar de fracaso debido a las expectativas creadas. Yo soy de la opinión de que esas expectativas no son más que estrategia electoral pura y dura para tratar de atraer el voto de aquellos indecisos que buscan que su papeleta no quede en saco roto, que tenga utilidad. Inflando voluntariamente sus aspiraciones reales se sitúan ante el electorado como una potencia política que quiza no sean pero que pueden llegar a ser así, poquito a poquito, paso a paso, elección tras elección, a base de crear expectativas y de lamentar como un fracaso lo que en realidad es un éxito.

Juan Vázquez era un excelente candidato llamado a mejorar, pasara lo que pasara, los resultados de Nicanor García. Logró pasar de 3 a 5 diputados, lo que representa una subida porcentual del voto de casi el 100%. Su partido creció también en Oviedo y en Gijón, y todo con un discurso disconforme con el de la dirección del partido en Madrid. A pesar de que los principales líderes nacionales de C’s impusieron un cordón sanitario al PSOE, Vázquez se mostró siempre dispuesto a negociar con cualquiera, excepto con los extremistas. Rebatió a los primeros espada de Madrcelona reivindicándose como un independiente con ideas propias. Una disparidad de criterios que igual desconcertó a sus votantes pero, a pesar de ello (o precisamente por ello), creció electoralmente. Para mí, un éxito por el que merece una felicitación.

Decía al principio que en estas elecciones han ganado casi todos. Los que no lo han hecho han sido Podemos. Todo hay que decirlo, haberse enfrascado en una disputa interna antes de las elecciones no les ayudó. Hacer una campaña en negativo, tampoco. Que el número dos de la lista tratara de eclipsar a la número uno, menos. Haber dejado que la derecha gobernara en Gijón, es posible que tampoco. Insistieron en focalizar su campaña en destacar los desmanes (presuntos de momento) de un gobierno socialista que concluyó hace 8 años, lo que diluyó la atención del electorado de izquierdas. Sí, la corrupción es un tema importante, que preocupa, pero no s epuede vivir toda la vida del caso Marea. Si hay que destacar algún éxito, sería el de haber logrado dilapidar las posibles ventajas de haber presentado a Lorena Gil, que era una muy buena candidata. Podemos ha reconocido su fracaso y falta por saber si alguien va a asumir alguna responsabilidad por ello o si van a aprender alguna lección del mismo.

Ahora imaginad el siguiente escenario: os hacéis el Hara Kiri justo antes de una maratón y aún así la corréis y la acabáis. Con esta metáfora veréis que los 2 diputados de Izquierda Unida en la Junta General no es un resultado tan malo. La coalición partía con la desventaja de concurrir a los comicios sin siquiera tener coordinador general. Tal era la situación provocada por la marcha de Gaspar Llamazares. Otro handicap era la disparidad de discurso que quedó patente antes y después del proceso de primarias: unos querían ir con Podemos a las urnas, otros ni de coña; unos estaban con Llamzares, otros ni de lejos… Y todo así hasta la debacle final. En Oviedo han pasado de gobernar en el tripartito a desaparecer; en Gijón, de dos a un concejal. Al menos le queda a la formación el consuelo de tener en la Cuenca algún referente de cómo hay que hacer las cosas. Y, ojo, no me refiero a poner a Hanibal Vázquez de Coordinador General. Izquierda Unida ya cubrió su cupo de alcaldes campechanos y bonachones que se hacen valer en un ayuntamiento pero no en una asamblea de la coalición.

Si aplicamos el baremo de las expectativas con el que pretendemos juzgar a Ciudadanos, Foro habría conseguido unos resultados extraordinarios. Y aún así están disgustados. Los asturconservadores han perdido un tercio de sus diputados, es decir, uno. Ahora son dos, cosa que pocas encuestas auguraban. Les daban la mitad como mucho. Los de Cascos renunciaron a la ciudad más poblada de Asturias sólo para tener presencia en la Junta General del Principado. Pudiendo centrarse en Gobernar Gijón perennemente, prefirieron sacrificar a su mejor pieza en Oviedo. Y lo pagaron, claro, cayendo estrepitósamente en la Villa de Jovellanos, donde perdiern 5 de los 8 concejales que tenían y, por supuesto, el Gobierno. Pero lograron conservar representación en la Junta, donde estará la exalcaldesa de Gijón Carmen Moriyón. Sólo el tiempo dirá si su apuesta tendrá resultados positivos, pero mi impresión es que corren el riesgo de diluirse en el Parlamento regional entre el ruido que hará Vox y la muy superior presencia del PP. Su futuro podría pasar, quién sabe, por ser un partido asturianista de derechas o acabar de integrarse en las filas populares previa claudicación, eso sí.

Vox, por último pero no menos importante, ha logrado un buen resultado. Han obtenido dos diputados que tendrán que debatirse entre hacer oposición al PSOE o a las “derechitas cobardes”, no sé muy bien por qué camino irán. Si optan por guerrear contra las derechistas, se lo van a pasar en grande, porque en pocos Parlamentos habrá tantas como en el asturiano. Además, han logrado presencia en varios ayuntamientos, siendo en ellos también el dos su número fetiche. Su reto será conservar la representación que han logrado y, en función del mérito o demérito de las otras derechas, tratar de mejorarla.

Que parezca un bolivariano

“Pablo, Pablito, Pablete”. Sólo el análisis de la condescendencia implícita en las tres primeras palabras que abren el texto supuestamente enviado por Luis Venta Cueli a Pablo González me llevaría tres horas de jocosa redacción. Por el intento de dar a entender ilícitos que, sin embargo, no se denuncian en el juzgado, sobre todo. Sin embargo, no es el asunto que me devuelve hoy, de forma precipitada y alborozada, al blog. No, lo que me ha llamado la atención de la ya célebre misiva es que hasta en dos ocasiones el autor escribe el topónimo asturiano de la Villa de Jovellanos: Xixón.

En el caso de que se confirme que el origen del documento está en la uvieína calle Manuel Pedregal, estaríamos bien ante una asturtzalización de los populares asturianos, bien ante un intento de atribuir el texto a colectivos menos liberal-conservadores de toda la vida y más de “los de la llingüa”. Es decir, quien haya sido el ideólogo de la carta debió pensar -quién sabe por qué motivo- que podría ser creíble que alguien de -qué sé yo- Podemos o Xixón sí Puede habría considerado más acertado advertir vía epistolar a Pablo González de que sus supuestas irregularidades iban a ser aireadas públicamente, en lugar de airearlas directamente en una sala de prensa o plantearlas a la Fiscalía.

Claro, por qué iban a querer los partidos menos afines sacar rédito político de unas supuestas ilegalidades de un líder del PP haciéndolas públicas ante los medios de comunicación, o denunciándolas ante la Ley, pudiendo advertir al sospechoso vía anónimo de que esa información iba a ser filtrada por personas sin identificar, mediante métodos sin determinar y en canales sin confirmar. Todo muy normal. Para incidir en que el origen de la amenaza es bolivariano, el autor cita supuestas empresas de líderes socialistas, como tirando piedras contra el Ppsoe, algo que gusta por igual a foristas y podemistas, pero los primeros se están quitando vía coalición intravenosa.

Golpe de derechas

En la primavera de 2011, Foro Asturias Ciudadanos -partido fundado pocos meses antes de las elecciones- obtuvo una inesperada y trascendental victoria en las urnas que llevó a su líder, Francisco Álvarez Cascos, a la Presidencia del Principado. Fue inaudito, Fue brutal. Supuso una insospechada mayoría absoluta de la derecha que derivó en que ésta no gobernara nada más que un año desde entonces y hasta el día de hoy.

La falta de subvenciones para la investigación podría estar frenando las pesquisas de varios posibles equipos científicos que quién sabe si podrían averiguar por qué a derecha le da por suicidarse cada vez que llega al poder en Asturias. Es un misterio inescrutable que, si no se investiga hoy, ya se investigará mañana para alborozo de los IG Nobel. Aquel triunfo de FAC liderado por F.A.C. no fue una excepción.

Cascos ganó las elecciones autonómicas de 2011 haciedo bueno el vaticinio de Cristina Coto, quien, al cierre de los colegios electorales, aseguraba orgullosa que la escisión del PP se había hecho con el triunfo. A partir de ese momento los foristas se dispusieron a gobernar en solitario, no sin antes haber flirteado con los populares, cuyo sustento habría sido determinante para sacar adelante un programa electoral liberal-conservador de toda la vida.

Este blog ya dedicó en su momento varios artículos a defender la opinión de que sostener a Foro no era un buen negocio para el PP. Se insinuó en esta entrada que después sería plagiada vilmente por un articulista de La Nueva España; se explicó ya de forma más exahustiva en esta otra y se continuó argumentado en otras muchas, aquí, por poner otro ejemplo. No es por darme importancia pero el tiempo acabó dándome la razón, y en todos los ámbitos en los que el PP negó su apoyo a Foro, el partido casquista acabó sucumbiendo hasta rozar la desaparición, mientras que en aquellos lugares en los que los populares ayudaron a los foristas fue el PP el que acabó diluyéndose a la sombra de un FAC creciente (sí, hablo de Gijón).

Que no digo yo que Teresa Mallada sea lectora de este blog irregular y perezoso, pero bien aprendida tenía la lección cuando rechazó una posible coalición PP-Foro de cara a las próximas elecciones generales. Una coalición que sí quiso Mercedes Fernández, quien, sin embargo, jamás quiso apoyar a Foro en el Principado y liquidó a la líder de los populares gijoneses que sí voto a los foristas para que no se reeditara un Gobierno socialista en la Villa de Jovellanos (estos episodios también pueden ser revisados en este blog aquí o quizá aquí, ya no me acuerdo).

Lo cierto es que Mallada, como buena candidata que no es Presidenta del partido, acató las directrices de sus superiores y la coalición se firmó hace poco. Desconozco las encuestas que maneja Casado pero, por malas que sean para sus intereses en Asturias, dudo que compensen la pérdida de una oportunidad de oro para anular definitivamente a una de sus más feroces competencias en Asturias en general (ya menos) y en Gijón en particular. Por dos razones: porque Foro cobra vida al mantener probablemente su diputado en el Congreso, lo que les sigue dando visibilidad, y porque Foro por libre quizá podría hacer algo de tapón a la probable irrupción de Vox, fuerza más allá de la derecha que lo tendrá más fácil en las plazas en las que los casquistas no son representativos. Vox es a largo plazo más peligroso para el PP que Foro, al tratarse de un partido de ámbito nacional que, por alguna razón que se me escapa, está teniendo un immenso impacto mediático a pesar de ser una fuerza extraparlamentaria.

Sea como sea, en mayo la derecha tiene una nueva oportunidad para gobernar Asturias. Una muy clara, por lo que los ciudadanos quizá podamos volver a tener la ocasión de presenciar un Hara Kiri político conservador. Aunque yo sigo sin tener muy claro que las fuerzas de la derecha se vayan a poner se acuerdo si Vox irrumpe en la Junta General. Sinceramente, no veo a Juan Vázquez, un intelectual liberal y progresista, antaño cercano al Psoe, exrector, ilustrado y simpático, sentándose a negociar nada en una mesa en la que esté presente un discípulo de Santiago Abascal. No me acabo de imaginar a Vázquez tragando sapos en forma de medidas xenófobas o retrógradas. Antes veo más otro golpe de derechas.

Las tres voladuras de Cascos

Francisco Álvarez-Cascos ha dinamitado, queriendo o sin querer, en tres ocasiones distintas el partido en el que milita. Que sepamos. Y en todas hubo bajas. Y en todas estuvo Isidro Martínez Oblanca. La primera se remonta al año 2003, tiempo en el que nuestro protagonista todavía hacía valer sus galones de General Secretario del por aquel entonces todopodero Partido Popular. Cascos era poderoso dentro del poderoso partido, pero aún así se preocupaba por las minucias de la Junta Local Popular en la que una vez estuvo afiliado. Es lo que tiene el poder, que te obliga a querer controlarlo todo. Y no iba a ser menos en aquel capítulo de la historia del PP gijonés en el que se mezclaron la confección -como no- de una lista electoral que iba a encabezar Martínez Oblanca (Presidente de la Junta local del PP), las presiones a dicho presidente para configurar la candidatura y los tejemanejes tanto del Partido Popular asturiano como los del propio por aquel entonces Ministro.

Hubo de todo, pero digamos que el saldo de bajas comenzó con las dimisones de los presionantes concejales “casquistas” Alicia Fernández Armayor (portavoz del Grupo Municipal), José Manuel Losa y José Luís Díaz Oliveira, y del presionado presidente de la formación y candidato, el ya dos veces citado Oblanca. Hay que destacar que Isidro se fue, sí, pero al Senado, donde tenía plaza. Por resumir un poco: Los populares gijoneses no tenían ni líder, ni candidato ni Grupo Municipal a pocos meses para las elecciones. Un gabinete de crisis llevó a Pilar Fernández Pardo a liderar tanto la lista electoral como el partido. Fue la elegida por tres razones: 1) Iba a ir en la parte alta de la lista de todas formas 2) Estaba muy bien considerada tanto entre sus compañeros como entre sus rivales y 3) Fue la primera que aceptó después de que se hubiese ofrecido la responsabilidad a otros/as destacados/as líderes/esas del PP gijonés menos audaces.

A Cascos aquello no le gustó nada y decidió hacerle oposición a Pardo desde el minuto uno. Y eso a pesar de que la médico y abogada mejoró los resultados electorales de su partido en Gijón contra todo pronóstico. Pero eso de las elecciones es un asunto accesorio cuando de lo que hablamos es de poder. El casquismo quería recuperarlo en la ciudad sin esperar a que finalizara el año y aquel mismo 2003 presentó batalla en el congreso en el que se renovaría oficialmente la dirección de los populares. El candidato del Ministro fue Lucas Domingo, un hombre simpático que cosechó una inesperada derrota ante Pilar Fernández Pardo, quien se presentaba para revalidar su mandato. Pilar ganó aquel Congreso y el siguiente por mayor diferencia de votos. Y el siguiente, porque ya no hubo adversario. Fernández-Pardo surgió de la primera voladura de Cascos a su partido y se iría con la segunda.

Fue, como la primera, a principios de año, pero en 2011, y también por culpa de una candidatura electoral. Cascos quería liderar la del Partido Popular en Asturias pero el PP, no. Bueno, la parte del PP que mandaba en el Principado, no; la otra estaba encantada de su regreso. El exministro no es dado a primarias y congresos en los que tendría que medirse a otros aspirantes. Él quería liderar la lista y la formación por aclamación pero, como no fue así, montó un partido que llevaría sus siglas, que presidiría y cuya candidatura encabezaría con éxito: Foro Asturias Ciudadanos. Fue su voladura política más exitosa, no sólo porque ganó las elecciones, sino porque hundió a su rival, el PP, tanto en la Junta General del Principado como en el ayuntamiento de Gijón. Y fue una voladura que produjo un efecto inverso al de la primera: Isidro Martínez Oblanca volvió a la política reclamado por el carismático líder.

Ironías de la vida, Cascos, que se había tirado años intentando apear a Pilar Fernández Pardo del sillón de la Junta Local del PP de la Villa de Jovellanos sin conseguirlo, lo logró indirectamente una década después, ya que fue el partido que fundó al salir del PP el que dio la excusa a los populares para defenestrar a Pardo. Y, circunstancias de la vida, la Presidenta del PP asturiano que le dio la estocada fue la que fuera gran aliada de Francisco Álvarez Cascos una década atrás: la excandidata a la alcaldía de Gijón, exdelegada del Gobierno en Asturias y exsíndica, Mercedes Fernández. Recordemos brevemente que a Pardo se la cargaron por apoyar desde un exiguo grupo municipal popular a Foro para evitar que el Psoe gobernara en Gijón.

La tercera voladura del PAC, perdón, de FAC, ocurrió esta semana y todavía no tenemos todos los datos. Pero, siempre según la Presidenta del partido que fundó el exministro (llamado ahora escuetamente Foro), Cristina Coto, Francisco Álvarez-Cascos (que es General Secretario de la citada formación) la habría desautorizado por tomar una decisión de forma unilateral. Ni que fuera la presidenta o algo así. Esto es ser genio y figura hasta la sepultura. La sepultura de tu partido, quiero decir.

Es cierto que el declive de Foro ya había empezado el mismo momento que ganó las elecciones. Cascos formo un gobierno en minoría, no logró pactar nada en la Junta General del Principado, elaboró unos presupuestos que fueron criticados hasta por la patronal y tuvo que llamar a las urnas nuevamente. Perdió por los pelos, pero cavó su propia tumba, lo que le vendría muy bien para enterrar todos los éxitos logrados debajo de los resultados de los siguientes comicios: tres diputados y gracias. De gobernar a la irrelevancia en tres sencillos pasos: 1) Obtenga el poder 2) Ejerza el poder 3) Dinamite con ese poder.

 

Pequeños desatinos

La culpa es de la corrupción, que acapara las escasas críticas de la ciudadanía. Así, los pequeños desatinos diarios que salpican la vida política de cualquier Parlamento autonómico pasan desapercibidos sin que la mayor parte de la gente de bien que nos rodea acierte siquiera a recibir los mensajes de incopetencia que nuestros representantes públicos se afanan en enviarnos día sí y día también. Este jueves, un diputado del Partido Popular asturiano nos ha esbozado el concepto que tiene él mismo, y no sé si su partido, del ejercicio de la política como servicio al pueblo. Jose Agustín Cuervas-Mons ha tenido a bien criticar que PSOE, Podemos, IU y Ciudadanos tienen un pacto oculto para sacar adelante los presupuestos.

La madre que me parió. Maldito contuberrnio izquierdo-derechista-transversal hay montado en la Junta, habrá pensado el bueno de Cuervas, que no ha dudado en airear a los cuatro vientos mediáticos tamaña barbaridad. A quién se le ocurre, de verdad. Qué mente aviesa ha podido perjeñar un pacto en una Cámara de representantes de los ciudadanos. Con qué derecho han acordado o negociado nada. Por qué han tenido que llegar a acuerdos para sacar adelante propuestas. ¡Qué perversión es esa! Es intolerable que haya gente hablando para buscar puntos en común; partidos dispuestos a ceder en sus pretensiones para alcanzar otras que crean más elevadas; políticos que hablen con otros de grupos diferentes. Es IN-A-CEP-TA-BLE, COPÓN.

Obviamente PP y Foro no están en el contubernio. Ellos ya habían dejado clara su postura de no negociar los Presupuestos con el PSOE. Foro incluso había rechazo de mano las líneas generales de las cuentas que el Gobierno les había facilitado por considerarlas “continuistas”. Y eso que el vigente presupuesto lo pactó el PSOE con el PP hace ahora un año. El PP, oiga. El partido con el que Foro concurre en coalición a las elecciones del 20D. Y, por su parte, el Partido Popular considera altura de miras aprobar un Presupuesto con el PSOE y cree un contubernio que todos los Grupos parlamentario menos el suyo y el de Foro negocien la previsión económica de 2016. Todo muy coherente. Todo muy regenerador.

Mucho que ganar

De las conversaciones mantenidas y de la lectura de la prensa se deduce hoy que, como titula El Comercio, la generosidad de Somos ha hecho alcalde al socialista Wenceslao López. No pocos medios han indagado en la intrahistoria del sorprendente pacto que ha apeado al PP de la alcaldía de Oviedo 24 años después, y todos hacen referencia al mismo episodio: un pequeño cónclave en el que participaron un puñado de concejales electos de Somos que, situados entre la espada y la pared, decidieron hacer política, que era para lo que se habían presentado a las elecciones. Es decir, tomaron decisiones por lo que ellos consideraban que era el bien común. No tenían tiempo para montar una consulta ciudadana, así que se amoldaron a las circunstancias eligiendo lo que creían era lo mejor para Oviedo. Se adaptaron, con lo que demostraron determinación, al menos.

No he leído en ninguna parte que este grupo de concejales de Somos hubiera recibido consigna alguna de Podemos. Es más, este partido asegura no intervenir en las decisiones de las candidaturas de unidad popular. Sí tenía órdenes, no obstante, el candidato del PSOE. Wenceslao López debía, a su pesar, presentar candidatura. Él ya había dado síntomas de generosidad al acordar con Somos e IU un programa de gobierno en la víspera del pleno y pocas horas antes de que la FSA prohibiera a la candidatura de la AMSO votar a favor de la investidura de Ana Taboada, obligando a López a presentar su candidatura. Esto era algo que el candidato socialista sabía que iba a ocurrir y aún así se tomó la molestia de participar en un encuentro a tres bandas para firmar un esquema programático que nunca se iba a poder cumplir, aunque algunos de sus ediles estuvieran dispuestos a votar a la CUP, incluido él.

Yo no estuve en ese café previo al pleno, pero todo indica que Somos respondió con generosidad a la generosidad recibida. Da la sensación de que el escaso documento que serviría de base programática para un gobierno de la izquierda en Oviedo suponía más la consolidación de una coalición firme, que un documento de máximos. En este clima propicio, el papel que pudo haber jugado IU pudo ser el mismo que ejerció la coalición en Gijón, aunque en la Villa de Jovellanos sin éxito: el de argamasa; el de animador de voluntades. Pero en Oviedo, desde mi modesto punto de vista, las fisuras del pacto eran menores gracias a la personalidad y a la determinación de sus actores. Por eso creo que esta foto de Luisma Murias para La Nueva España se habría podido producir con el mismo nivel de sonrisa aunque la alcaldesa hubiera sido Ana Taboada. TyW

En Gijón no hubo pacto porque no hubo generosidad, sino hostilidad. Xixón sí puede se negó a impulsar un alcalde socialista en general y que se llamara José María Pérez en particular. Sabían que gobernaría Foro pero les dio igual. Muchos dirán ¿y por qué no hizo Josechu como Taboada y cedió sus votos a la tercera fuerza política? No lo sé, pero creo que el hecho de que las personas con las que debería haber negociado se negaran a ello, mientras insinuaban que Pérez era un corrupto con el que no pactarían porque a lo mejor acababa imputado, tiene algo que ver. No sé, yo no soy político, pero dar tus votos al que te llama corrupto no parece muy asumible. Hasta el candidato de IU dijo a XSP que su actitud era prepotente. Todos lo pudimos escuchar en la reunión abierta a tres bandas que se produjo también el viernes.

Por todo esto, creo que Podemos no está en disposición de celebrar como suyo el éxito negociador en Oviedo sin antes reconocer como suyo el fracaso del pacto en Gijón. Si, por otra parte, no consideran que en Gijón haya habido ningún fracaso, es que el resultado obtenido en el pleno de investidura es de su agrado. Por su parte, la FSA también debería asumir que no ha tenido la altura de miras propia de un partido que está tratando de liderar el resurgir de la izquierda en todo el país. Mi crítica a los socialistas no es por no haber pactado en Gijón, algo que, insisto, a tenor del clima que rodeaba a las negociaciones, me parece normal; es por haber concluido en su Comité autonómico del viernes que los malos modos de XSP debían interferir en la cordialidad de Somos Oviedo. Quisieron castigar la buena sintonía entre los partidos de izquierdas de la capital por culpa del nulo interés negociador que había 28 kilómetros más allá.

La consecuencia de todo ello es que, probablemente, todo este espectáculo político haya afectado negativamente a Podemos en general y a Xixón sí puede en particular. También habrá perjudicado a la FSA. Reforzados saldrán sobre todo Somos, pero también IU y el Grupo municipal socialista en Oviedo. El gijonés se quedará como está. Sin duda el mayor beneficiado será Foro, un partido en disolución en toda Asturias, que ha pasado de 16 a 3 diputados en la Junta en solo 4 años, pero que conserva la mayor población de la región en la que amenza con hacerse fuerte. Quién sabe si acabará convirtiéndose en un partido de ámbito local. Y no sé lo que durará la alcaldía de Wenceslao, ni si se intercambiarán cromos después de las elecciones generales, que parece que es a lo que Podemos y la FSA están mirando, pero sí me atrevo a augurar que si el nivel de compromiso en el gobierno es similar al adquirido en el pacto, Oviedo también tiene mucho que ganar.