El Psoe se sale y Vox entra: análisis del 26M

Escrutadas casi todas las papeletas, y a falta del voto exterior, ya podemos decir que las elecciones europeas, municipales y autonómicas del superdomingo de mayo de 2019 las han ganado casi todos, aunque más que nadie el PSOE. En lo que tiene que ver con Asturias, que es a lo que vamos, su victoria tiene pocas máculas. Quizá la de Oviedo, según reconocía ayer un destacado miembro de la FSA, aunque inmediatamente después pasaba a subrayar -ya con la boca más pequeña- que la capital es una plaza “un tanto complicada”. Efectivamente, los socialistas han perdido Oviedo pero -seamos sinceros- en realidad nunca la tuvieron. Al menos no desde que gobernaba Masip. Total que el PSOE asturiano es el gran vencedor de estos comicios, quizá gracias al viento del sur que soplaba Pedro Sánchez desde Madrid y quizá también gracias a que los asturianos, que demostraron en ocasiones ser favorables a gobiernos del Principado de la derecha, sí parecen ser reacios a un ejecutivo de la derecha con Vox.

De poco sirvió la meticulosa labor de oposición del Gobierno regional al central, a pesar de que fue intensa en ocasiones en asuntos de calado, como la política industrial. Agotada la minería, que ya descansa en los brazos de la prejubilación, y amortizada la lucha del carbón, el mensaje de la transición ecológica parece empezar a calar en una sociedad que antaño llegó incluso a ver con relativo orgullo cómo los mineros defendían su medio de vida con sángre y pólvora. Lo llegó a ver, sí, aunque desde la distancia, todo hay que decirlo, porque en los años previos a la gran crisis, cuando los jóvenes encontraban empleo en los sectores más diversos, se pasó a ver con cierto incomodo no ya la lucha obrera sino sus consecuencias. Porque, a ver, está muy bien que la gente se manifieste y tal, pero no tanto que me hagan llegar tarde a casa por culpa de una barricada.

A falta de algunas inversiones pendientes de fondos mineros, y con a penas un puñado de trabajadores de subcontratas para los que nadie mira, al ejecutivo socialista asturiano ahora en funciones sólo le quedan las térmicas y la industria para hacer oposición a Sánchez durante los pocos días que sigan en el poder, toda vez que la principal exigencia de Arcelor pasa por que se impongan aranceles proteccionistas desde el Gobierno europeo y sus trabajadores cobren lo menos posible. Por su parte, Alcoa se irá de aquí mande el partido que mande, dejando una fábrica que llevará bajo el brazo un jugoso incentivo público-privado para aquel que la quiera comprar y la gestione por un tiempo aún por determinar.

Así las cosas, el principal problema al que se enfrenta ahora mismo el candidato a la presidencia del Principado Adrián Barbón es elegir a su próximo Consejo de Gobierno y tratar de mantener el enorme respaldo electoral que ha recibido, porque difícilmente sus resultados podrían haber sido mejores en una coyuntura multipartidista como la actual. Su victoria, además, le refrenda como líder de la FSA, ya que responde al reto que planteó un destacado exlíder de la Federación Socialista Asturiana, quien en su día dejó en el aire que el nuevo PSOE debía ganar elecciones como lo hacía el viejo, en referencia a que los sanchistas deberían demostrar que son capaces de venecer en las urnas como lo hicieron los javieristas. Adrián Barbón fue un paso más allá y ganó como lo hicieron en su día los arecistas.

Tal fue el ímpetu socialista este pasado 26M, que doblaron en diputados a la segunda fuerza más votada. El PP de Teresa Mallada obtuvo 10 escaños en lo que parece la confirmación de su suelo electoral. Puede parecer un mal resultado pero no lo es. La candidatura de Mallada logra mantener el tipo en unas condiciones muy negativas para ella. Por un lado, los populares han tenido que nadar contra la corriente que se había llevado a su líder nacional. Los inauditos malos resultados de Pablo Casado amenazaban con ser una losa para la expresidenta de Hunosa. Sobre todo porque el sonriente líder del PP se empeña en hacer campaña en clave independentista y es posible que ese sea un mensaje que, aunque importante, no cale en exceso en el electorado asturiano. Por otro lado, Teresa Mallada ha tenido que lidiar con una feroz oposición interna. La dirección de su propio partido en Asturias, descontenta con la elección de la allerana como cabeza de lista, se esforzó por dejar en evidencia a la candidatura regional en cada ocasión que tuvo, por pequeña que ésta fuera.

Entre otras cosas, la presidenta del partido, Mercedes Fernández, apostó por una coalición con Foro para las generales en contra de la opinión de Mallada (y de quien esto escribe) y se reconoció desconocedora del programa electoral de su partido para los comicios autonómicos (con el significado que tiene que una presidenta desconozca las ideas que plantea su propia formación en unas elecciones). Y con todo, Mallada logró mantener el suelo del PP y, de paso, ganarse aspirar a dirigir la formación conservadora. Se avecinan jornadas interesantes entre los populares. También logró otra cosa: que su candidato en Oviedo reeditara un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, lograra números para recuperar el Gobierno perdido. Otros candidatos que no salieron del dedo señalador de Génova no tuvieron el mismo éxito y naufragaron en las turbulentas aguas del voto cantábrico.

Así pues, y a pesar de haber logrado la mitad de escaños que el PSOE, los números del PP no son malos y en la junta doblan en representantes a la tercera fuerza: Ciudadanos. Con la formación naranja siempre pasa lo mismo: sube pero se lamenta de no haber logrado sus objetivos, mientras que los analistas coinciden en hablar de fracaso debido a las expectativas creadas. Yo soy de la opinión de que esas expectativas no son más que estrategia electoral pura y dura para tratar de atraer el voto de aquellos indecisos que buscan que su papeleta no quede en saco roto, que tenga utilidad. Inflando voluntariamente sus aspiraciones reales se sitúan ante el electorado como una potencia política que quiza no sean pero que pueden llegar a ser así, poquito a poquito, paso a paso, elección tras elección, a base de crear expectativas y de lamentar como un fracaso lo que en realidad es un éxito.

Juan Vázquez era un excelente candidato llamado a mejorar, pasara lo que pasara, los resultados de Nicanor García. Logró pasar de 3 a 5 diputados, lo que representa una subida porcentual del voto de casi el 100%. Su partido creció también en Oviedo y en Gijón, y todo con un discurso disconforme con el de la dirección del partido en Madrid. A pesar de que los principales líderes nacionales de C’s impusieron un cordón sanitario al PSOE, Vázquez se mostró siempre dispuesto a negociar con cualquiera, excepto con los extremistas. Rebatió a los primeros espada de Madrcelona reivindicándose como un independiente con ideas propias. Una disparidad de criterios que igual desconcertó a sus votantes pero, a pesar de ello (o precisamente por ello), creció electoralmente. Para mí, un éxito por el que merece una felicitación.

Decía al principio que en estas elecciones han ganado casi todos. Los que no lo han hecho han sido Podemos. Todo hay que decirlo, haberse enfrascado en una disputa interna antes de las elecciones no les ayudó. Hacer una campaña en negativo, tampoco. Que el número dos de la lista tratara de eclipsar a la número uno, menos. Haber dejado que la derecha gobernara en Gijón, es posible que tampoco. Insistieron en focalizar su campaña en destacar los desmanes (presuntos de momento) de un gobierno socialista que concluyó hace 8 años, lo que diluyó la atención del electorado de izquierdas. Sí, la corrupción es un tema importante, que preocupa, pero no s epuede vivir toda la vida del caso Marea. Si hay que destacar algún éxito, sería el de haber logrado dilapidar las posibles ventajas de haber presentado a Lorena Gil, que era una muy buena candidata. Podemos ha reconocido su fracaso y falta por saber si alguien va a asumir alguna responsabilidad por ello o si van a aprender alguna lección del mismo.

Ahora imaginad el siguiente escenario: os hacéis el Hara Kiri justo antes de una maratón y aún así la corréis y la acabáis. Con esta metáfora veréis que los 2 diputados de Izquierda Unida en la Junta General no es un resultado tan malo. La coalición partía con la desventaja de concurrir a los comicios sin siquiera tener coordinador general. Tal era la situación provocada por la marcha de Gaspar Llamazares. Otro handicap era la disparidad de discurso que quedó patente antes y después del proceso de primarias: unos querían ir con Podemos a las urnas, otros ni de coña; unos estaban con Llamzares, otros ni de lejos… Y todo así hasta la debacle final. En Oviedo han pasado de gobernar en el tripartito a desaparecer; en Gijón, de dos a un concejal. Al menos le queda a la formación el consuelo de tener en la Cuenca algún referente de cómo hay que hacer las cosas. Y, ojo, no me refiero a poner a Hanibal Vázquez de Coordinador General. Izquierda Unida ya cubrió su cupo de alcaldes campechanos y bonachones que se hacen valer en un ayuntamiento pero no en una asamblea de la coalición.

Si aplicamos el baremo de las expectativas con el que pretendemos juzgar a Ciudadanos, Foro habría conseguido unos resultados extraordinarios. Y aún así están disgustados. Los asturconservadores han perdido un tercio de sus diputados, es decir, uno. Ahora son dos, cosa que pocas encuestas auguraban. Les daban la mitad como mucho. Los de Cascos renunciaron a la ciudad más poblada de Asturias sólo para tener presencia en la Junta General del Principado. Pudiendo centrarse en Gobernar Gijón perennemente, prefirieron sacrificar a su mejor pieza en Oviedo. Y lo pagaron, claro, cayendo estrepitósamente en la Villa de Jovellanos, donde perdiern 5 de los 8 concejales que tenían y, por supuesto, el Gobierno. Pero lograron conservar representación en la Junta, donde estará la exalcaldesa de Gijón Carmen Moriyón. Sólo el tiempo dirá si su apuesta tendrá resultados positivos, pero mi impresión es que corren el riesgo de diluirse en el Parlamento regional entre el ruido que hará Vox y la muy superior presencia del PP. Su futuro podría pasar, quién sabe, por ser un partido asturianista de derechas o acabar de integrarse en las filas populares previa claudicación, eso sí.

Vox, por último pero no menos importante, ha logrado un buen resultado. Han obtenido dos diputados que tendrán que debatirse entre hacer oposición al PSOE o a las “derechitas cobardes”, no sé muy bien por qué camino irán. Si optan por guerrear contra las derechistas, se lo van a pasar en grande, porque en pocos Parlamentos habrá tantas como en el asturiano. Además, han logrado presencia en varios ayuntamientos, siendo en ellos también el dos su número fetiche. Su reto será conservar la representación que han logrado y, en función del mérito o demérito de las otras derechas, tratar de mejorarla.

Anuncios

En sus marcas

Las elecciones ya no son lo que eran. Al menos las próximas no serán lo que fueron las celebradas el mes de diciembre pasado. Y no lo serán porque los partidos concurrentes no llegan de la misma forma a la cita, sino que su posición se ha visto condicionada por todo lo acaecido desde que se escrutó el último voto el 20D, que no fue poco. Irrelevante, sí, pero abundante. Los partidos se han movido mucho, quizá porque han valorado que los ciudadanos tendremos en cuenta a la hora de votar quién ha hecho más por negociar o quién es el que ha preferido que hubiera otras elecciones. No consideran que el pueblo pueda tener entre sus indicadores el de quién ha sido más pesado en todo este tiempo.

El PP se presentará a esta nueva convocatoria después de haber hecho radical y absolutamente nada, siguiendo al pie de la letra una estrategia de hechos consumados que les llevó a aprovechar un supuesto pacto entre PSOE y Podemos -en el que sólo los populares tenían intención de creer- para evitar el escarnio que Rajoy podría haber sufrido en una sesión de investidura. La misma estrategia hizo que Rajoy nunca llamara a Pedro Sánchez porque, presuntamente, éste iba a rechazar cualquier propuesta del Presidente en funciones. Así las cosas, y fiel a su estilo, Mariano Rajoy se ha tirado cuatro meses y medio para ir a Bruselas, hablar por teléfono con un Puigdemont de mentira, verse con el Puigdemont de verdad, rechazar tres veces al rey y beber vino con Bertín Osborne, actividades que le garantizan el mismo número de votos de cara a las próximas elecciones que el logrado en 2015, si no alguno más. En este impás, la corrupción ha azotado a su partido por arriba y por abajo, es decir, como antes de las anteriores elecciones, con lo que no habrá mayores consecuencias.

Pedro Sánchez tampoco llega en las mismas condiciones. Ahora está vinculado a un pacto firmado con Ciudadanos que, por mucho que se rompa de cara a la cita con las urnas, va a estar presente en todo momento. Sobre todo porque todo el mundo coincide en que los resultados de los nuevos comicios podrían ser similares a los registrados en diciembre, con lo que es probable que ambos partidos tengan que volver a negociar una investidura sea de quien sea. Si eso se produce, a nadie se le escapa que el texto acordado en esta entente liberal-socialdemócrata podría volver a ser la luz que ilumine el camino. Otro factor que condiciona a Pedro Sánchez de cara a la nueva votación es que, de momento, está diversificando sus ataques. Si antes del 20D su objetivo era Rajoy, ahora está gastando munición también con Pablo Iglesias. A todo esto, antes de que le consideremos candidato tendrá que pasar por las primarias que, ha dicho, convocará su partido. A ver qué pasa.

Pablo Iglesias se presenta a la nueva cita con mayor desgaste. Su partido ha sufrido crisis internas que por su bisoñez se podrían considerar inéditas. Ya tienen dimitidos, cesados, familias e investigados, justo como el resto de las fuerzas políticas tradicionales. Además, -como decimos- ahora tiene al PSOE dándole caña, cosa que no pasaba con tanta virulencia en la previa del 20D. Para colmo, tendrá que volver a negociar con las mareas, que tiene a Compromís yendo por libre y a En Comun Podem sin referendum. Por lo demás, sigue planeando la sombra de un hipotético pacto con IU que antes no se cerró y ahora dios dirá. Perdón, el ciudadano dios dirá.

Ciudadanos ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Propuso pactar con el PP, luego pactó con el PSOE; propuso un presidente tecnócrata y vetó a Podemos; se posicionó a la izquierda, a la derecha, liberal, socialdemócrata; lo hizo todo, todo para lograr la visibilidad que no le pudo dar un extraordinario resultado electoral en diciembre: los 40 diputados más irrelevantes de cara a un pacto de Gobierno que jamás ha visto el Congreso. Ahora todo ese bagaje le pesará o le impulsará, nunca se sabe. Lo cierto es que si ha habido un partido visible y activo ese ha sido C’s. Han sido fuegos de artificio, pero han sido llamativos.

Izquierda Unida parte de una posición no mejor, pero sí distinta a los demás: será difícil que pierdan más diputados. La coalición sólo puede ganar en esta cita y Podemos lo ha visto. A falta de saber si se cerrará el famoso pacto con los morados, Alberto Garzón puede alardear de ser el político mejor valorado, título que casi siempre corresponde en este país a algún líder carismático y sin opciones de Gobierno.

Los partidos minoritarios tendrán en la próxima cita una nueva oportunidad para entrar en el Parlamento. El mejor posicionado es Pacma, el partido que más crece en cada convocatoria electoral y el único, de momento, cuyo nombre responde fielmente a las circunstancias socio-ideológicas de la formación. UPyD podría recuperar su presencia en el Congreso si logra que alguien sepa quién lo dirige. Vox podría reivindicar un espacio en la derecha, otra cosa es que alguien le escuche.

Sea como sea, ya casi todo está listo para que volvamos a votar. Y esta vez tendremos más información. Sólo falta que el rey diga lo de preparados, listos, ya.

La mayoría de los asturianos cree que el PSOE ganará las elecciones

Acaban de salir del horno los resultados de la Gran Encuesta Electoral bola9 2015 para las Autonómica del 24 de mayo, lo que quiere decir, obviamente, que los datos están cocinados. Es broma. Pero si quisiéramos trasladar estos números a escaños debería ser así, porque la mayor parte del centenar de participantes en el sondeo es votante de izquierdas. Y porque no he establecido división de circunscripciones, entre otras cosas.  De hecho, he considerado prudente poner en cuarentena los resultados puros relativos a la pregunta “A quién vas a votar”, que serían los siguientes: el 38% votaría a Podemos; el 17%, al PSOE; el 13, a IU, otro 13%, a Ciudadanos; el 7% votaría a Foro; el 4%, al PP, el 2% a Equo; el 1% a UPyD, y el 5% restante, a otros partidos políticos.

Estos datos pueden no ser una referencia en sí mismos, pero resultan reveladores si se comparan con los obtenidos en las otras dos cuestiones planteadas. Por un lado, se preguntaba “Quién crees que ganará las elecciones” y el resultado es contundente: casi el 63% de los participantes en el sondeo cree que ganará el PSOE; el 21% opina que venecerá Podemos; el 7% apuesta por el PP, y casi el 6%, por Foro. Por otro lado, ante el planteamiento de “A quén votaste en las elecciones de 2012” nos encontramos con las siguientes respuestas: el 35,5% de los sondeados votó a IU; el 28,7%, al PSOE; poco más del 9%, a Foro; el 7% a UPyD; el 2,3%, a Equo; el 1% al PP y el 16% a otros partidos.

Con estos números se me ocurren varias reflexiones:

  • La mayoría de los encuestados cree que el PSOE ganará las elecciones.
  • IU, los pequeños partidos minoritarios y, sobre todo, UPyD sufrirán la mayor pérdida porcentual de votantes.
  • Todos los partidos bajarán para que Podemos y C’s suban con fuerza.
  • Aumentará la participación.

La principal conclusión es obvia y ya la he destacado en el titular: la mayor parte de los encuestados cree que va a ganar el PSOE, aunque luego su intención sea votar a otro partido. De hecho, el número de personas que cree que los socialistas vencerán en los comicios triplica al de encuestados que aseguran que les votarán dentro de algo más de dos semanas. Además, el 50% de los votantes de Podemos considera que ese partido no ganará las elecciones. Tal parece que han asumido el romanticismo de la exclamación “de victoria en victoria hasta la derrota final”. También, como anécdota, destacaré que hay más gente que cree que el PP va a ganar las elecciones de la que ha respondido que va a votar a ese partido.

De la comparación de las preguntas sobre la intención de voto y sobre el voto emitido en las pasadas elecciones sacamos varias conclusiones reveladoras de la procedencia del voto de C’S y Podemos. En primer lugar, IU perdería casi dos tercios de los votos confesados en 2012. Casi, algo menos. Pero, aún así, el descenso en la intención de voto es notable. En la misma línea, el PSOE perdería el 33% de sus votantes en 2012. Con todo, el descenso más llamativo es el de UPyD, que perdería casi el 90% de sus votantes. La opción de votar a “otros” también registra una caída notable y tan solo un tercio de los que apostaron por partidos alternativos en 2012 volvería a votarlos en 2015. Foro, PP y EQUO mantendrían más o menos los mismos resultados que hace 3 años.

En definitiva, que a excepción de Podemos y Ciudadanos, todos los partidos bajarán, lo que parece lógico si tenemos que repartir el misimo pastel entre dos comensales más. Lo que pasa es que unos bajarán más que otros: Según los resultados, los mayores batacazos serán los de UPyD, IU. Otro dato inquietante es que de esta encuesta se deduce que habrá votos para C’S llegados del PSOE o IU (presumo que del PSOE, pero la encuesta era absolutamente anónima y no puedo saber quién votó cada opción).

Que la opción de votar a “otros” partidos haya perdido dos tercios de los votos confesados en 2012 hace pensar que las pequeñas formaciones que nunca tuvieron muchas opciones de entrar en la Junta van a tener ahora menos todavía. Además, cabe pensar que se cumplirá el pronóstico de que UPyD saldrá del Parlamento asturiano, vete a saber si para no volver. También quiero destacar que hay un 13% menos de respuestas en la pregunta sobre el voto emitido en 2012 que en la pregunta sobre la intención futura de voto, lo que me lleva a pensar que quizá en estas elecciones participarán más personas que en las pasadas. De ser así, los partidos emergentes (Podemos y C’S) acapararían sus votos mayoritariamente.

Fernández y Cascos se citán a la salida del Debate de orientación política

El Presidente del Principado, Javier Fernández, ha respondido este jueves de forma simpática a los portavoces parlamentarios. Con esto no quiero decir que el jefe del ejecutivo haya estado más dicharachero de lo habitual, sino que el tono de sus respuestas se adaptó a la perfección a las emociones que transmitieron sus interpelantes en sus respectivos turnos de respuesta. Así, Fernández paso del frío al calor, para acabar con el frío otra vez pasando previamente por el templado. Ocurrió en la segunda sesión del Debate de orientación política del periodo 2014-2015, que empezó el miércoles y termina, dios mediante, este viernes, con la votación de las propuestas de resolución de donde saldrá una Comisión de investigación parlamentaria del “Caso Villa”, y otra para indagar sobre si hubo tarjetas opacas en Cajastur. Se trata de sendas iniciativas que el portavoz del Grupo mixto quiere liderar desde una semana después del minuto uno. Esta es la crónica de una jornada en la que ha quedado patente que la absurda y estúpida confusión que llevó a Mariano Rajoy a acabar de leer el texto “fin de la cita” cada vez que recordaba las palabras de su oponente dialéctico, se ha convertido en Trending Topic.

La de este jueves era una sesión que todo el mundo esperaba tensa por varias razones: una, porque el supuesto enriquecimiento de un exlíder sindical y exdirigente socialista venía caldeando el panorama en los últimos días; dos, porque la negociación presupuestaria sigue sin abrirse; tres, porque se trata del último Debate sobre el estado de la región de la legislatura, según dicen unos, o del país, según otros, y nadie querría perder esta oportunidad para sacudir al Presidente sacándole los trapos sucios del incumplimiento programático. En esta coyuntura, cada portavoz eligió unos temas y a éstos les puso un tono. Distinto el de todos ellos. La respuesta del Presidente, no sé si de forma intencionada o no, se ajustó con precisión a cada interpelación, hasta el punto de que bajó a pelear en el fango contra el mejor luchador sobre el barro de la Cámara, al que retó a un cara a cara parlamentario sobre corrupción. Una propuesta de andanadas de hostias dialécticas que estaría bien ver, pero que, sospechamos, jamás se va a producir. Pero vayamos por partes. En orden cronológico, aunque nos dejemos para el final lo más abrupto de la jornada.

Abrió la contienda Ignacio Prendes que, como no podía ser de otra forma, nos dejó un titular: este viernes presentará la citada propuesta de Comisión de investigación. Ninguna sorpresa aquí. Ya se esperaba algo parecido por dos razones:

1) Ignacio Prendes no es mal político, y la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción son argumentos frecuentes de su partido.
2) UPyD busca el titular en cada capítulo político, llámese Debate, llámese negociación presupuestaria. Y lo consigue, lo que refuerza la primera parte del punto 1), Ignacio Prendes no es mal político.

Prendes estuvo duro. Tras repasar todos los incumplimientos, a su juicio, del Gobierno asturiano, se metió de lleno en el papel de adalid de la legalidad para asegurar que la corrupción en Asturias es estructural, por lo que considera que el pacto que ayer ofreció Javier Fernández está vacío. Todo esto para hablar de Villa, que todavía no sabemos si es un corrupto o no, pero que ya lo damos todos por sentado porque, como dirían Rajoy y/o @masaenfurecida, “eso sentará las bases de la recuperación”. La respuesta de Javier Fernández fue, como decimos, simpática. Como si de un fiel seguidor de este blog se tratara, acusó a Prendes de oportunismo político y nos dejó una de sus perlas del pleno. Quizá la frase que todos estaban esperando sin saberlo: aseguró haber actuado con celeridad expulsando a Villa, aún cuando éste no había respondido a sus peticiones de información, “porque no tengo miedo” de lo que pueda salir de este caso. Y luego ambos se enzarzaron en una discusión sobre quién miente más y quién fue el responsable de romper el famosísimo pacto de legislatura más breve de la historia, firmado entre UPyD y PSOE, y vinculado a sacar adelante una reforma de la Ley electoral por mayoría reforzada y todo aquel cristo que seguro recordarán los lectores y que acabó con la prórroga presupuestaria. La conclusión es que a día de hoy siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuántos votos son necesarios en una mayoría reforzada.

Después fue el turno del portavoz de IU, Aurelio Martín, que, quizá por haber leído su discurso muy despacio, pareció el más conciliador de los intervinientes. También negó capacidad de Gobierno a Fernández, pero no se excedió en el caso Villa en un discurso marcado por un tono tipo “ese tío lejano que vemos poco y que cuando llega a casa intenta tratarnos como si nos conociera de toda la vida”. Ya sabéis a qué tono me refiero. Conciliador. Cercano. Amable. Tranquilo. Un poco fuera de lugar, a tenor de lo que nos esperaba en el resto de la jornada. Quizá por eso, o quizá porque IU ha sido el tradicional socio del PSOE en la Junta General, el Presidente usó también un tono conciliador. En este caso el tono “no te olvides de que una vez fuimos amigos, ven para acá que no te voy a pedir dinero”. Y con ese tono amable nos dejó otro de los titulares de la jornada: una propuesta de rebaja fiscal en el tramo autonómico del IRPF, como punto de partida para negociar los presupuestos con la coalición. Yo no sé si porque de verdad no quería hablar de ese asunto, o porque quien lidere la negociación presupuestaria en IU será su Coordinador General -que no es diputado y no estaba en el estrado para contestar-, Martín no entró al trapo, no respondió, y aseguró que su formación acudirá encantada a negociar, pero con sus propias propuestas presupuestarias. Con todo, Aurelio Martín dio la sensación de ser el único en todo el hemiciclo que parecía entender de qué iba el rollo ese de orientar la política general del Gobierno, y tal.

A continuación llegó el turno de Mercedes Fernández, cuya intervención dejó todos locos a propios y extraños, tal y como describiría cualquiera que haya pasado por la Cámara. Empezó hablando de Villa y propuso al PSOE que liderara la Comisión de investigación. No se extendió porque su partido no está para dar lecciones éticas a nadie, cuando está investigado en el ámbito estatal, y en el local mantiene a un concejal no solo imputado, ni tampoco con el juicio oral a la vista, sino condenado por la justicia. Y ahí está, cobrando del Ayuntamiento de Oviedo puntualmente, sin retraso alguno. Su discurso, el de Cherines, fue de mejor a peor y se recuperó en algunos puntos. Fue conciliadora y, por supuesto, no se olvidó de lanzar puyas a Cascos, que para eso lo tenía justo enfrente. Pero el Presidente acertó a responderle con el mismo tono y usando el mismo batiburrillo de argumentos, que se resumen en reprochar a la popular que no defienda en Madrid lo que persigue en Asturias. Mercedes insistía en que la Administración del Principado es mastodóntica, y Javier acertaba en preguntarle qué sociedades públicas recortaría y cuánto pensaba ahorrar. El Presidente le pidió su opinión sobre tres empresas de capital público: SEDES, VIPASA y RTPA, pero la popular solo acertó a criticar a VIPASA mientras se perdía por los ríos y ríos que según ella corren por la variante de Pajares. Todo, como digo, muy loco. Y, aún así, no estuvo mal Cherines, que se mostró prudente e, incluso, agradecida, cuando el Presidente le pidió disculpas por un error dialéctico.

Y fue entonces cuando llegó Cascos con aire de “me da igual lo que me digan, yo he venido aquí a hablar de mi libro” y empezó a repasar los incumplimientos y errores del Presidente, los de Rajoy, los de Aznar, los de Rita Barberá y los de María santísima, para adjudicárselos al primero que pasara por allí (que no era otro que Javier Fernández). Y no contento con eso, habló de Villa. Hay que reconocer que como adversario político, Cascos debe ser terrible. Sacó a Javier Fernández de sus casillas, que le retó a un debate sobre corrupción como quien ofrece hostias a la puerta de un bar. El líder de Foro es único en las distancias cortas porque su actitud es la de “me la pela” las 24 horas del día y el Presidente asturiano cayó en la trampa. Entró al trapo. Se metió en la distancia corta. Se fajó con Gürtel cuando Cascos le pidió información sobre el exsecretario general del SOMA, y se perdió en referencias a la efímera Presidencia del Principado del exministro. Y Cascos no perdió la compostura. Ahí de pie. Como quien se niega a que otro le quite el sitio en la cola del pan. Impertérrito. Cumpliendo con su guión. Atacando a La Nueva España y a RTPA como si eso importara a los ciudadanos que hayan sentido la curiosidad de seguir el debate por… RTPA. Usando argumentos como si fueran ciertos. En su salsa, en definitiva. Un maremagnun. Menos mal que en estos debate el tiempo es limitado y el Presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, hizo sonar la campana, para que luego saliera el portavoz socialista, Fernando Lastra, con su eterno mono de desatascador y su perenne tono reconciliador. No sé muy bien lo que dijo, pero le agradezco que haya sido breve. Fin de la cita

Al Grupo mixto, antes de ser expulsado

Los procedimientos burocráticos harán que sea por muy poco tiempo pero, a día de hoy, el condenado por prevaricación por fraccionar contratos para la adquisición de monolitos para señalar fosas comunes, Ángel González, tendrá que compartir el mismo despacho parlamentario que el diputado de UPyD Ignacio Prendes, actualmente único beneficiario de los recursos destinados al Grupo mixto. Bien es cierto que González tiene pocas posibilidades de seguir en la Cámara asturiana -será expulsado, según ha podido saber este blog, mientras él se sigue aferrando a cuantos cabos ardiendo puedan ayudarle a salvar su honor de exviceconsejero-, por lo que IU no tendrá que temer que se reduzca la dotación económica que le corresponde a su grupo al ver mermado el número de diputados que lo componen. En caso de rápida expulsión del Parlamento asturiano, tampoco tendrá que temer el citado Prendes, pues, aunque el Grupo mixto vería incrementados sus recursos ligeramente, éstos y el tiempo de exposición mediática tendrían que ser compartidos con González (en el improbable caso de que éste no salga disparado del hemiciclo con su sentencia condenatoria y su recurso ante el Supremo bajo el brazo). Con razón quiere Prendes que dimita cuanto antes. A ver si van a tener que compartir protagonismo; a ver si van a tener que compartir asesores… En fin, el lunes se reúne la Mesa de la Junta para decidir sobre todo este tinglado que podría terminar con el tribunal Supremo dando la razón a Ángel González, pero con la carrera política de éste finiquitada en cualquier caso. Nunca se sabe, porque, como se suele decir, la política es una carrera de fondo. Y, en el fondo, González podría ser inocente.