Prejuicios

Podemos quiere gobernar en Asturias con la singular, bizarra e hipotética alianza que formarían llegando a un acuerdo con Izquierda Unida, Foro Asturias y Ciudadanos. Es decir, con todas las fuerzas representadas en la Junta General del Principado que tienen menos diputados que ellos. Que los de Daniel Ripa y Emilio León no tienen buena sintonía con los de Javier Fernández y Jesús Gutiérrez no es nada nuevo. Es más, el propio candidato socialista se pasó la campaña electoral atacando a Podemos y hasta llegó a decir que no se tomaría un café con nadie de la formación de Pablo Iglesias. Con estos antecedentes la negociación parecería difícil si no es por que, en teoría, estamos hablando de personas que, supuestamente, quieren hacer todo lo posible por el bien común aunque esto incluya olvidar cualquier tipo de rencilla.

Ojo, que no estoy diciendo que la falta de entendimiento entre la FSA y el Círculo ciudadano se deba a sus malos rollos personales, ni mucho menos. Al parecer, según el candidato de Podemos, Emilio León, los socialistas no están en disposición de aceptar sus severas condiciones para la regeneración democrática. Sí ve, en cambio, más proclives a un entendimiento en esa materia a Foro, o mejor dicho, a FAC, el partido que se inventó Francisco Álvarez Cascos cuando no le dejaron ser el lider supremo del PP asturiano por aclamación. FAC es un partido regenerador de la democracia por naturaleza. Baste comprobar que su líder no está imputado a pesar de que sus siglas aparecen en los papeles de Bárcenas. Otra prueba es la capacidad de otros de sus dirigentes para regenerar la democracia desde un quirófano de una clínica privada a la vez que cobran un sueldo como máximos responsables de un ayuntamiento de una ciudad costera muy poblada.

En Oviedo Foro ha dado muestras de regeneración democrática hasta la desaparición. Tal ha sido su espíritu reformista. Una de sus concejalas fue condenada por insultar y amenazar a un inmigrante, y tuvo que regenerar su propia vida fuera de la política. Incluso tienen diputados regeneradores de las relaciones laborales acusados de acoso sexual. Y eso a pesar de haber paralizado la Administración en el año escaso que estuvieron al frente. Hasta la patronal consideró que su gestión y previsiones eran exageradamente regeneradoras y servían solo para incidir en la crisis. Y qué decir de Ciudadanos. Ese partido sí que está regenerando la vida política. Al menos la de UPyD, de donde salieron la mayoría de miembros de la formación naranja que no provienen del PSOE o que no han tenido que dimitir por insultar gravemente a los catalanes en las redes sociales. Todo muy reformista.

Podemos quiere pactar con estos partidos y me parece bien. Y puede que hasta lógico. Lo que no me parece muy lógico es que pretendan que IU les acompañe en semejante barco. No veo yo a Llamazares codeándose con Cristina Coto, la verdad. O saludando a su nuevo socio Francisco Álvarez Cascos. No lo veo, en serio. Y si Izquierda Unida no se sube a ese carro regenerador de la vida política, a Podemos solo le quedarán Foro y Ciudadanos para auparse a la Presidencia del Principado. Dos partidos de derechas.Y todo a pocos meses de unas elecciones en las que se pretende quitar del Gobierno del Estado a un partido de derechas. Un movimiento estratégico que de poco servirá porque C’s ya ha advertido que no apoyará a partidos que no sean la lista más votada y Podemos es la tercera fuerza en el hemiciclo.

Por eso, porque ese pacto antinatura no va a salir, Podemos podría estar perdiendo la oportunidad de imponer líneas rojas a un Ejecutivo condicionado también por IU. Juntos podrían tratar de orientar a los socialistas hacia las políticas sociales que vean convenientes. Separados se arriesgan a que el PSOE gobierne en minoría apoyándose en unos y en otros, y haciendo concesiones a unos y a otros, pero no exclusivamente a los partidos de izquierdas. Yo también creo que hay que regenerar a vida política mundial. Pero si no tengo la fuerza necesaria para aplicar mi programa, quizá lo prudente sería tratar de que se cumplan los puntos irrenunciables del mismo, invitando al Gobierno a asumirlos como propios a cambio del sostén que éste necesita. Eso es política. Y se consigue negociando. Y para negociar hay que ir sin prejuicios.

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La de Comisiones

Cuando me enteré de que se iba a constituir una Comisión parlamentaria para investigar a fondo el caso Villa pensé que se estaba fraguando una de las mayores pérdidas de tiempo de la historia reciente de Asturias, pero no quise decírselo a nadie porque todo el mundo parecía muy excitado con la novedad. Daba la impresión, a juzgar por el revuelo que provocó el anuncio del inicio de las pesquisas, de que que se estaba abriendo en el horizonte una ventana de honestidad por la que debía penetrar un fresco aire renovador capaz de limpiar las telarañas del oscuro origen de un dinero que se sabe que existe gracias a un medio de comunicación, El País. Y claro, ante tal alborozo no pude más que sumarme a la algarabía general y celebrar la buena nueva como buena, dado que nueva sí era. Claro que esta adhesión inquebrantable a la masa me duró dos días. Los que pasaron desde que se anunció la comisión y yo me quedé sin yogures, lo que me obligó a ir al supermercado a adquirir un paquete con cuatro de fresa, dos de limón y otros dos de plátano por menos de dos euros.

Allí, en la cola, con los dos euros en una mano y los yugures en la otra, acerte a escuchar la conversación que mantenía a cajera con una señora que luego supe, al ver su tarjeta de puntos, que era de Comisiones Obreras. Atribulada, la sindicalista/esposa de sindicalista comentaba que era una pena lo de Villa, que qué bien que iba a haber una Comisión de investigación parlamentaria, pero que daba igual porque, en cualquier caso, aquello no iba a servir para nada. Fue ahí donde me di cuenta de que había dejado que la opinión general sepultara la mía propia sobre el caso. Fue entonces cuando decidí asumir con valentía que mi sitio no estaba con la masa, sino con esa señora con algún vínculo con CCOO. Levanté la mirada, y dejé que fluyera orgulloso por mi cerebro un pensamiento destinado a salir -eso sí, como un susurro- por mi boca: menuda pérdida de tiempo.

El caso es que, aunque había reforzado mis propias convicciones hasta casi hacerlas públicas, no las tenía todas conmigo. No me atrevía a confesárselo a nadie. Para colmo, todos los medios de comunicación abrían sus ediciones con la noticia como respaldando la tesis de que nos encontrábamos ante el evento del siglo. Total, que volví a sumarme a la masa. Y siguiendo la opinión general estaba cuando comenzó el trabajo de la Comisión y pudimos ver a la familia de Villa riéndose del personal, a la de Postigo riéndose del personal y a Postigo riéndose del personal a la vez que le faltaba al respeto. Y algo ardió en mi interior. Creo que fue al ver a tres advenedizos cuyo único mérito en la vida había sido ser familia de un tío que se creía dios cuando me decidí a rescatar mi idea original de que aquello era una farsa. Y complementé mi tesis con la creencia de que aquello era todo un circo electoral. Aunque quizá también me ayudara un poco comprobar que una persona tan estúpida como para regularizar 50.000 miserables euros (miserables en el sentido de que cualquier defraudador de bien jamás habría regularizado una cantidad que bien se puede ir gastando con el paso del tiempo mientras se ahorra otro dinero más limpio) en una amnistía fiscal, era capaz de pasarse la comisión por el arco del triunfo.

Sí, definitivamente aquello no servía para nada relacionado con la obtención de información o la búsqueda de culpables. Por tanto, deduje, tan solo tiene un objeto: lograr publicidad mediática a la vez que se perjudica al adversario político ante la opinión pública. Vamos, que se ha creado un nuevo foro en el que sacudir al rival y lucir el palmito. Y diréis: pero si todos los grupos quisieron poner en marcha la investigación. Pues claro, porque pobre de aquel que se negara a apoyar la Comisión. Le habrían acusado de obstrucción a la búsqueda de la verdad, por mucho que ésta jamás vaya a salir a la luz en un proceso en el que los citados a declarar no están obligados a contar nada. Es más, el principal protagonista ni siquiera se ha presentado a la cita. Tan solo han dicho algo -vaguedades, sobre todo- los políticos convocados. Y nadie ha hecho preguntas decentes. Excepto Foro, que acertó a preguntar a Javier Fernández por qué defenestró al exlider socialista basándose tan solo en una información periodística. Los demás, nada. Una comisión sin preguntas ni respuestas. Una comisión con la mira puesta en las próximas elecciones. Una Comisión que si acaba sin resultados no pasará nada. Una comisión que no ha acabado y que ojalá dé algún resultado. De verdad lo digo. Nada me gustaría más que saber que nuestros representantes han logrado apovechar todo este tiempo para obtener valiosas conclusiones. Así podría volver al supemercado, plantarme delante de aquella señora, la de Comisiones, y confesarle con una mezcla de pesar y alegría: estábamos equivocados.

Fernández y Cascos se citán a la salida del Debate de orientación política

El Presidente del Principado, Javier Fernández, ha respondido este jueves de forma simpática a los portavoces parlamentarios. Con esto no quiero decir que el jefe del ejecutivo haya estado más dicharachero de lo habitual, sino que el tono de sus respuestas se adaptó a la perfección a las emociones que transmitieron sus interpelantes en sus respectivos turnos de respuesta. Así, Fernández paso del frío al calor, para acabar con el frío otra vez pasando previamente por el templado. Ocurrió en la segunda sesión del Debate de orientación política del periodo 2014-2015, que empezó el miércoles y termina, dios mediante, este viernes, con la votación de las propuestas de resolución de donde saldrá una Comisión de investigación parlamentaria del “Caso Villa”, y otra para indagar sobre si hubo tarjetas opacas en Cajastur. Se trata de sendas iniciativas que el portavoz del Grupo mixto quiere liderar desde una semana después del minuto uno. Esta es la crónica de una jornada en la que ha quedado patente que la absurda y estúpida confusión que llevó a Mariano Rajoy a acabar de leer el texto “fin de la cita” cada vez que recordaba las palabras de su oponente dialéctico, se ha convertido en Trending Topic.

La de este jueves era una sesión que todo el mundo esperaba tensa por varias razones: una, porque el supuesto enriquecimiento de un exlíder sindical y exdirigente socialista venía caldeando el panorama en los últimos días; dos, porque la negociación presupuestaria sigue sin abrirse; tres, porque se trata del último Debate sobre el estado de la región de la legislatura, según dicen unos, o del país, según otros, y nadie querría perder esta oportunidad para sacudir al Presidente sacándole los trapos sucios del incumplimiento programático. En esta coyuntura, cada portavoz eligió unos temas y a éstos les puso un tono. Distinto el de todos ellos. La respuesta del Presidente, no sé si de forma intencionada o no, se ajustó con precisión a cada interpelación, hasta el punto de que bajó a pelear en el fango contra el mejor luchador sobre el barro de la Cámara, al que retó a un cara a cara parlamentario sobre corrupción. Una propuesta de andanadas de hostias dialécticas que estaría bien ver, pero que, sospechamos, jamás se va a producir. Pero vayamos por partes. En orden cronológico, aunque nos dejemos para el final lo más abrupto de la jornada.

Abrió la contienda Ignacio Prendes que, como no podía ser de otra forma, nos dejó un titular: este viernes presentará la citada propuesta de Comisión de investigación. Ninguna sorpresa aquí. Ya se esperaba algo parecido por dos razones:

1) Ignacio Prendes no es mal político, y la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción son argumentos frecuentes de su partido.
2) UPyD busca el titular en cada capítulo político, llámese Debate, llámese negociación presupuestaria. Y lo consigue, lo que refuerza la primera parte del punto 1), Ignacio Prendes no es mal político.

Prendes estuvo duro. Tras repasar todos los incumplimientos, a su juicio, del Gobierno asturiano, se metió de lleno en el papel de adalid de la legalidad para asegurar que la corrupción en Asturias es estructural, por lo que considera que el pacto que ayer ofreció Javier Fernández está vacío. Todo esto para hablar de Villa, que todavía no sabemos si es un corrupto o no, pero que ya lo damos todos por sentado porque, como dirían Rajoy y/o @masaenfurecida, “eso sentará las bases de la recuperación”. La respuesta de Javier Fernández fue, como decimos, simpática. Como si de un fiel seguidor de este blog se tratara, acusó a Prendes de oportunismo político y nos dejó una de sus perlas del pleno. Quizá la frase que todos estaban esperando sin saberlo: aseguró haber actuado con celeridad expulsando a Villa, aún cuando éste no había respondido a sus peticiones de información, “porque no tengo miedo” de lo que pueda salir de este caso. Y luego ambos se enzarzaron en una discusión sobre quién miente más y quién fue el responsable de romper el famosísimo pacto de legislatura más breve de la historia, firmado entre UPyD y PSOE, y vinculado a sacar adelante una reforma de la Ley electoral por mayoría reforzada y todo aquel cristo que seguro recordarán los lectores y que acabó con la prórroga presupuestaria. La conclusión es que a día de hoy siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuántos votos son necesarios en una mayoría reforzada.

Después fue el turno del portavoz de IU, Aurelio Martín, que, quizá por haber leído su discurso muy despacio, pareció el más conciliador de los intervinientes. También negó capacidad de Gobierno a Fernández, pero no se excedió en el caso Villa en un discurso marcado por un tono tipo “ese tío lejano que vemos poco y que cuando llega a casa intenta tratarnos como si nos conociera de toda la vida”. Ya sabéis a qué tono me refiero. Conciliador. Cercano. Amable. Tranquilo. Un poco fuera de lugar, a tenor de lo que nos esperaba en el resto de la jornada. Quizá por eso, o quizá porque IU ha sido el tradicional socio del PSOE en la Junta General, el Presidente usó también un tono conciliador. En este caso el tono “no te olvides de que una vez fuimos amigos, ven para acá que no te voy a pedir dinero”. Y con ese tono amable nos dejó otro de los titulares de la jornada: una propuesta de rebaja fiscal en el tramo autonómico del IRPF, como punto de partida para negociar los presupuestos con la coalición. Yo no sé si porque de verdad no quería hablar de ese asunto, o porque quien lidere la negociación presupuestaria en IU será su Coordinador General -que no es diputado y no estaba en el estrado para contestar-, Martín no entró al trapo, no respondió, y aseguró que su formación acudirá encantada a negociar, pero con sus propias propuestas presupuestarias. Con todo, Aurelio Martín dio la sensación de ser el único en todo el hemiciclo que parecía entender de qué iba el rollo ese de orientar la política general del Gobierno, y tal.

A continuación llegó el turno de Mercedes Fernández, cuya intervención dejó todos locos a propios y extraños, tal y como describiría cualquiera que haya pasado por la Cámara. Empezó hablando de Villa y propuso al PSOE que liderara la Comisión de investigación. No se extendió porque su partido no está para dar lecciones éticas a nadie, cuando está investigado en el ámbito estatal, y en el local mantiene a un concejal no solo imputado, ni tampoco con el juicio oral a la vista, sino condenado por la justicia. Y ahí está, cobrando del Ayuntamiento de Oviedo puntualmente, sin retraso alguno. Su discurso, el de Cherines, fue de mejor a peor y se recuperó en algunos puntos. Fue conciliadora y, por supuesto, no se olvidó de lanzar puyas a Cascos, que para eso lo tenía justo enfrente. Pero el Presidente acertó a responderle con el mismo tono y usando el mismo batiburrillo de argumentos, que se resumen en reprochar a la popular que no defienda en Madrid lo que persigue en Asturias. Mercedes insistía en que la Administración del Principado es mastodóntica, y Javier acertaba en preguntarle qué sociedades públicas recortaría y cuánto pensaba ahorrar. El Presidente le pidió su opinión sobre tres empresas de capital público: SEDES, VIPASA y RTPA, pero la popular solo acertó a criticar a VIPASA mientras se perdía por los ríos y ríos que según ella corren por la variante de Pajares. Todo, como digo, muy loco. Y, aún así, no estuvo mal Cherines, que se mostró prudente e, incluso, agradecida, cuando el Presidente le pidió disculpas por un error dialéctico.

Y fue entonces cuando llegó Cascos con aire de “me da igual lo que me digan, yo he venido aquí a hablar de mi libro” y empezó a repasar los incumplimientos y errores del Presidente, los de Rajoy, los de Aznar, los de Rita Barberá y los de María santísima, para adjudicárselos al primero que pasara por allí (que no era otro que Javier Fernández). Y no contento con eso, habló de Villa. Hay que reconocer que como adversario político, Cascos debe ser terrible. Sacó a Javier Fernández de sus casillas, que le retó a un debate sobre corrupción como quien ofrece hostias a la puerta de un bar. El líder de Foro es único en las distancias cortas porque su actitud es la de “me la pela” las 24 horas del día y el Presidente asturiano cayó en la trampa. Entró al trapo. Se metió en la distancia corta. Se fajó con Gürtel cuando Cascos le pidió información sobre el exsecretario general del SOMA, y se perdió en referencias a la efímera Presidencia del Principado del exministro. Y Cascos no perdió la compostura. Ahí de pie. Como quien se niega a que otro le quite el sitio en la cola del pan. Impertérrito. Cumpliendo con su guión. Atacando a La Nueva España y a RTPA como si eso importara a los ciudadanos que hayan sentido la curiosidad de seguir el debate por… RTPA. Usando argumentos como si fueran ciertos. En su salsa, en definitiva. Un maremagnun. Menos mal que en estos debate el tiempo es limitado y el Presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, hizo sonar la campana, para que luego saliera el portavoz socialista, Fernando Lastra, con su eterno mono de desatascador y su perenne tono reconciliador. No sé muy bien lo que dijo, pero le agradezco que haya sido breve. Fin de la cita

Oportunidades

El Partido Popular desaprovechó ayer una extraordinaria oportunidad de alentar las sospechas sobre el pacto del duernu y, por tanto, de asestar un irónico golpe al Gobierno socialista en minoría, al votar en contra de la tramitación parlamentaria de la Ley de endeudamiento que mañana se debatirá en la Junta General del Principado. La complicidad de los populares con el PSOE habría sido un guiño de yesca para encender las críticas al ejecutivo por su supuesta complicidad con el bipartidismo. Pero nada, en el PP se empecinan en negar esa conspiración por el poder en Asturias, contradiciendo a quienes se empeñan en proclamar que los socialistas hacen todo lo posible por conspirar con los discípulos de Cherines. Eso, o el acuerdo entre ambos partidos sólo obliga al PSOE a hacer concesiones a populares, pero no viceversa. Sea como sea, la presidenta popular, Mercedes Fernández, sigue sin agradecer de forma pública que el PSOE haya rechazado aprobar la reforma de la Ley electoral, un gesto que desde algunos sectores de IU y UPyD se considera como el Boson de Higgs del #ppsoe.

La cuestión es que todo parece indicar que los dos principales partidos de la derecha representados en la Junta General del Principado están deseosos de que los una vez socios (el tácito y el explícito) de los socialistas gobernantes empiecen a frayar al ejecutivo. A quienes son incapaces de pactar nada con nadie les viene bien pescar en un río revuelto; se sienten cómodos en un Parlamento que no les deje en evidencia como los únicos partidos incapaces de llegar a acuerdos, puntuales o a largo plazo, ni siquiera con la formación que ideológicamente podrían tener más cerca, UPyD, a la que parecen contemplar como un sustento, en el sentido alimenticio de la palabra, ya que todo parece indicar que lo que quieren de la formación magenta son sus votantes. Y es curioso, porque ni UPyD ni IU parecen necesitar que nadie les azuce. Ambas formaciones parecen estar más que dispuestas a recordar al PSOE que su rechazo a la reforma de la Ley electoral tiene un precio, que ese precio es elevado y que se lo van a cobrar en cómodas letras en un plazo indefinido. Sin embargo, ambos Grupos aprobaron que la Ley de endeudamiento siguiera con su tramitación. Y también es probable que aprueben el endeudamiento mañana para dejar claro que lo cortés no quita lo valiente. O para dejar constancia de que se cobrarán su deuda más adelante, en una oportunidad que les reporte más rédito. Esperemos que esa oportunidad también genere beneficio a la ciudadanía, que es la que sufre las consecuencias de los juegos políticos.

UPyD e IU dejan que el PSOE siga gobernando en solitario

UPyD da por roto el pacto de legislatura que mantenía con el PSOE y que posibilitó la investidura como Presidente de Javier Fernández. La negativa de los socialistas a aprobar la toma en consideración del proyecto de reforma de la Ley electoral ha sido el detonante, según anunció la poratvoz nacional de Unión Progreso y Democracia, Rosa Díez, durante su intervención en la apertura del segundo Congreso de su partido. Llama la atención que los anuncios de UPyD en Asturias no los haga ni el Coordinador del partido en la región, ni su único diputado, Ignacio Prendes. Tal parece que por los magentas asturianos se tenga que hablar desde Madrid. O desde Vizcaya, según se mire. La connotación del mensaje apunta a un interés de la lideresa Díez por acabar con lo pactado. Es una simple interpretación semántica de la comunicación no verbal (literal y literariamente hablando). Izquierda Unida, que no había firmado nada con el PSOE, también da por finalizado su sustento al ejecutivo. Al no haber documento que romper, la coalición ha sido más discreta en las formas. La consecuencia más inmediata de todo esto es que los socialistas tendrán que gobernar como lo venían haciendo hasta ahora: en solitario.

Lejos estoy de ser un fino analista político internacional y sofisticado, pero creo que UPyD está en su legítimo derecho de anular los pactos que quiera si se siente defraudado. No me corresponde interpretar si lo firmado sobre la reforma de la Ley electoral es que debe apoyarla una mayoría absoluta, reforzada o simplemente alicatada. Sus señorías sabrán. Sin embargo opino que el error del PSOE ha sido llevar hasta el final el proyecto de reforma sin tener ninguna intención de aprobarlo. El argumento socialista es que siempre condicionaron sacar adelante el texto a que éste contara con más apoyo que el de 23 diputados, pero lo cierto es que la propuesta no era de su agrado y el propio presidente regional así lo reconoció en el Pleno de orientación política. Ese reconocimiento público anula cualquier otra tesis.

El PSOE podía haber renunciado a ese punto al inicio de su mandato, aun a riesgo de perder el apoyo de UPyD e IU. Sus hasta ahora colaboradores necesarios se habrían enfadado antes, con lo que el periodo de gobierno en el alambre habría sido un pelín más largo, pero que UPyD e IU rompan con el PSOE no quiere decir que se vayan a entender con los otros dos partido representados en la Junta General del Principado. Sobre todo cuando esos partido -Foro y PP- no se pueden ni ver entre ellos. Unas desavenencias que suponen un gran obstáculo para que ahora se produzca una moción de censura, por ejemplo. Populares y FAC tendrían que crear una amistad que nunca existió, curar sus heridas y protagonizar una increible alianza que sólo beneficiaría a Foro. Por otra parte, aunque el partido de Cascos descartara aliarse con el PP, tampoco lograría el respaldo de IU. Ni el de UPyD, mientras la reforma de la Ley electoral sea innegociable para Ignacio Prendes y compañia. El peligro para el actual gobierno está en su escasa capacidad de maniobra para sacar adelante iniciativas. Entre ellas, la más inmediata e importante, el proyecto de Presupuestos autonómicos para 2014.

Sin embargo, si la palabra de Ignacio Prendes vale lo que él da a entender que vale (y si Rosa Díez no le contradice), UPyD no vinculará la negociación presupuestaria a la ruptura, ya que el diputado magenta ya ha dicho que la reforma de la Ley electoral y las cuentas regionales nos son excluyentes. Tampoco creo que IU vaya a negarse a negociar los Presupuestos sin verlos. Dicho esto, seguro que ninguno de estos partido le pondrá las cosas fácies al ejecutivo de Javier Fernández, pero es lo que hay. No podemos decir que es un peligro la inestabilidad del gobierno a la vez que criticamos la apisonadora recortadora de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy. Lo que toca ahora en Asturias es hacer política. Ni más, ni menos.

Ataques de sinceridad

El Presidente del Principado reconoció en el Debate de orientación política, durante su réplica al portavoz de Izquierda Unida, Ángel González, que no le gusta la reforma de la Ley electoral. Javier Fernández señaló que la aceptó en su día obligado por el acuerdo alcanzado con UPyD, que establecía este punto como condición indispensable para alcanzar un pacto de investidura y legislatura. Pocas veces los políticos airean públicamente los entresijos de sus negociaciones intramuros parlamentarios. Escasas veces. Y es una pena, porque el ciudadano tendría la oportunidad de conocer las cañerías de la vida política en lugar de tener que imaginárselas, con el consiguiente deterioro de la imagen de los representantes públicos.

Pero la cuestión es que al Presidente no le gusta la reforma, lo que deja un poco en entredicho su argumento de que sólo aprobará el proyecto en la Junta General del Principado si éste recibe el voto favorable de alguno de los partidos de la derecha que no son UPyD (Foro y PP). Es decir, que después de reconocer que la iniciativa no le apasiona, Javier Fernández asegura que si su partido no vota a su favor es porque quiere que el texto tenga un respaldo parlamentario más amplio del que otorgan los 23 disputados de PSOE, IU y UPyD, que suponen mayoría absoluta. Y yo no digo que no sea verdad, sólo señalo lo curioso de un argumento que condiciona dar luz verde a una medida que no gusta a que la bendiga al menos uno de los otros dos partidos a los que tampoco les gusta.

Esta reforma de la Ley electoral es clave porque es uno de los asuntos -quizá el de más peso- que los dos partidos que respaldaron la elección del Presidente socialista (IU y UPyD) consideran irrenunciables para seguir manteniendo su apoyo. Y ya no se trata de que Javier Fernández tenga que pasarse unos meses gobernando sin mayoría, sino que ha de presentar y aprobar los Presupuestos de 2014, los que fijen el rumbo del Principado durante el último año antes de las siguientes elecciones autonómicas. Que Asturias tuviera que prorrogar sus cuentas en medio de la crisis que nos azota con paro incontenible y aumento de la pobreza es una temible posibilidad cada vez más cercana.

A pesar de esa proximidad, sigo manteniendo que no será UPyD quien rompa la baraja presupuestaria. Y sigo creyendo que IU si podría acabar con su sustento al Ejecutivo. Precisamente, su portavoz también compartió un momento de extrema sinceridad con Javier Fernández para reconocer que su organización podría estar arrepentida de haber apoyado a los socialistas. Lejos de amilanarse, el Presidente respondió a las urgentes solicitudes de cumplimiento de acuerdos esgrimidas por Ángel González reabriendo el dosier de las negociaciones, para espetarle a la coalición que ellos también debían cumplir su parte, ya que ya se habrían cobrado como pago un Senador por designación de la Junta.

Tanta sinceridad se cruzaron en público quienes apoyaron al gobierno y el propio Presidente, que tuvo que ser el portavoz socialista, Fernando Lastra, quien aprovechara su turno de intervención para tender la mano a sus de momento aliados puntuales, en un gesto que bien pudiera ser una invitación a seguir resolviendo sus diferencias sobre la Ley electoral en privado, negociando al resguardo de una puerta bien cerrada y al calor de una taza de entrañable café.

Sin oposición

Estoy seguro de que a Francisco Álvarez-Cascos le habría gustado, de haber ganado las elecciones, que en el día de su investidura los primeros espadas de los grupos parlamentarios representados en la Junta General del Principado le hubieran dado la oportunidad de protagonizar un debate de altura, un duelo dialéctico sólo apto para políticos de raza, como él. Le habría gustado debatir, con la mejor oratoria como arma, con los líderes de cada una de las formaciones con asiento en el parlamento regional, tal y como él mismo pudo hacer en el Pleno de investidura de hace casi un año, en el que asumió la presidencia del Principado que ocuparía, de forma efímera pero contundente, hasta este miércoles. Yo tuve la oportunidad de presenciar en directo aquel debate en 2011 y debo reconocer que sin duda fue el mejor orador de la tribuna, a pesar del buen nivel mostrado por casi todos los intervinientes: Javier Fernández, Jesús Iglesias e Isabel Pérez Espinosa. Creo sinceramente que la oratoria del ex ministro se impuso a la de sus oponentes (con independencia de que después haya cumplido alguna cosa de las prometidas en aquella intervención). Y lo hizo porque se fue creciendo en la misma medida que sus adversarios mejoraban el debate, demostrando que la grandeza de un político se mide también por la calidad de su oposición (ojo, que hablo de políticos, no de gobernantes).

Sin embargo, otro de los indicadores de la valía política es el buen talante, una expresión que algunos se han esforzado en denostar sólo porque al ex presidente zapatero se le ocurrió adoptarla e incluirla en su repertorio habitual. Por decirlo de otra forma (para no ofender a los detractores de ZP), un buen político (insisto, no hablo de gobernantes) debe observar las formas, actuar con mesura y respetar al rival, tres referencias desconocidas en el amplísimo catálogo de recursos de Álvarez-Cascos. Sin ellas, Cascos es un gran político capaz de vapulear a cualquiera en un debate puntual. Sin ellas, el ex ministro está condenado a ser un buen político que pudo ser, pero no fue, un buen líder.

Con todos mis respetos para Cristina Coto, este miércoles Cascos ha intentado privar a los asturianos en general, y a sus votantes en particular, de la oportunidad de presenciar -en directo o a través de RTPA- un debate de altura en la Junta General del Principado. Lo ha intentado, pero no lo ha conseguido. Ha evitado el enfrentamiento con Javier Fernández en un gesto que, más que un desprecio al investido, parecía un menosprecio a la labor de oposición para la que ha sido elegido. Veremos si la llegará a ejercer.