La Máquina

-Se presenta el teniente Winslow, Señor. Le traigo el informe detallado de mi viaje a 2015, Señor.
-Siéntese, Winslow. Hágame un resumen.
-Un desastre, Señor.
-¿Cómo? Cuénteme qué pone en ese informe. Explíqueme qué ha pasado.
-Sí, Señor. Verá, las consecuencias del plan concebido por quienes usted ya sabe se resumen en la palabra catástrofe. La idea de contrarrestar la escasez de recursos del planeta con una gran subida de los precios de todos los productos ha provocado el caos en La Tierra.
-Continúe.
-Los estrategas del Grupo de trabajo psico-social han errado en sus cálculos, Señor. La previsión de que el conformismo y el desánimo calarían entre la población de forma proporcional a su pérdida de poder adquisitivo no se ha ajustado a la realidad. De hecho, en los primeros días tras el anuncio de que todos los productos de las principales compañías tecnológicas subirían sus precios un 1000% ya comenzaron a registrarse las primeras revueltas. Es cierto que parecían casos aislados: tiendas de Apple asaltadas aquí y allá, alguna gran superficie comercial incendiada… Poca cosa. Y poco preocupante porque las víctimas que se produjeron fueron todas ciudadanos trabajadores. Sin embargo, antes de que pasara la primera semana desde la aplicación de la medida, una estación logística de distribución de Sony en EEUU sufrió un ataque en el que resultó fallecido uno de los directivos de la firma. Obviamente se dio aviso a los medios de comunicación para que trataran el caso como algo intolerable, pero el descontento por aquel entonces era creciente, y la noticia de la muerte de un alto empleado de una compañía no fue recibida con pesar sino, más bien, con satisfacción.
-Siga.
-Verá, señor, se intentó, como estaba previsto, sofocar las iras ciudadanas con el plan B, es decir, aplicando un considerable aumento de sueldo a los que trabajaban y contratando a muchos de los que estaban en paro, pero no sirvió, ya que esos nuevos salarios de nivel alto no compensaban en modo alguno el incremento del IPC. Además, la tecnología fue solo el principio. Los precios de la energía y del transporte fueron el detonante casi definitivo. En algunos países europeos comenzó a propagarse la idea de que, al no poder acceder la mayoría de la población a muchos bienes y a la mayor parte de los servicios, el sistema de consumo capitalista imperante había demostrado su agotamiento y su inoperancia. Naturalmente, se volvió a recurrir a los medios de comunicación y a la industria cinematográfica para continuar recreando la idea de que se podía aspirar a vivir como un rico, pero, si bien las generaciones con más edad parecía sucumbir a esa encantadora llamada, las más jóvenes parecían inmunes. Comenzaron a unirse en nuevos partidos que ganaban adeptos de forma exponencial. Como ya habíamos aprendido gracias a “La Máquina” que no conviene eliminar el derecho al voto, se apostó por ilegalizar, criminalizar y destruir a esas nuevas formaciones, y se aplicó el plan “ociosidad” facilitando el acceso a las drogas a la juventud, para tratar de marginar y alienar a determinadas zonas. El problema es que esas áreas de descontento eran cada vez mayores, por lo que no tardó en comenzar la violencia. Ahora sabemos que, una vez prendida la llama, no sirvió de nada volver a legalizar sus partidos políticos, porque la ciudadanía ya no quería seguir las reglas políticas. Comenzaron los asesinatos de las personas más adineradas, empezando, obviamente por pequeños empresarios que apenas podían considerarse ricos. Se combatió esa delincuencia con la policía, claro, pero la violación y muerte de Bill Gates y su esposa, a manos de una turba que asaltó su mansión, dio comienzo a una auténtica revolución.
-¿Mataron a Bill Gates y violaron a su esposa?
-Al Revés, Señor… Da igual. La cuestión es que por aquel entonces se había anunciado que el 10% de la población atesoraba más riqueza que el 90% restante, lo que generó una rabia incontenible que derivó en un enfrentamiento abierto.
-Defina enfrentamiento abierto.
-Una guerra, Señor. Se recurrió al ejército en todos los países, lo que generó la idea de que los ricos luchaban contra los pobres y se recrudeció la violencia. Los Hamptons fueron arrasados, al igual que La Moraleja. Un horror. Cualquier persona sospechosa de tener dinero en el banco fue ejecutada. Parte de los militares se negaron a luchar contra su pueblo, con lo que quienes usted sabe tuvieron que refugiarse en Rusia, donde la ciudadanía estaba más acostumbrada a ser ninguneada por nuevos millonarios. Allí crearon un gueto, pero la sublevación de los rusos lo aplastó, aunque ya daba igual porque el sistema se había desmoronado y la población mundial, sin acceso a internet ni a la energía, había vuelto al siglo XV organizándose unos en comunas, y otros en pandillas de vándalos. Fue en ese punto cuando regresé.
-Bien, llevaré su informe a mis superiores. Tendremos que aplicar el protocolo alternativo.
-¿Se refiere a empobrecer a la población en lugar de subir los precios, Señor?
-Sí, Winslow. Y empezaremos mañana mismo generando las primeras crisis económicas. Prepare “La Máquina” para viajar a 2015 y a ver si esta vez tenemos buenos resultados y, tal y como prevén los estrategas del Grupo de trabajo psico-social, la población permanece aborregada.
-A la orden, Señor.

Anuncios

Jóvenes

El pescadero de mi barrio, en distendido debate con el charcutero, había concluido que el Gobierno recortaría las pensiones. Sin embargo, el ejecutivo, en lugar de preguntarle a él, prefirió encomendar la tarea de “explorar” este peliagudo asunto a un grupo de expertos. Supongo que porque en los mítines queda más fino decir que la reducción de la cantidad y la calidad de las pensiones se llevó a cabo por consejo directo de un comité de sabios, que no por el asesoramiento de los empleados del Alimerka. Qué sé yo. La cuestión es que los prohombres encargados del asunto por el Gobierno concluyeron que había que bajar las pensiones en tiempos de crisis, y se quedaron tan anchos.

La verdad, fue un sorpresón. Quién se iba a imaginar que acabarían recomendando recortar las pensiones. Quién a parte de mi pescadero de cabecera. En serio, si te encuentras con esta noticia de sopetón, si te la cuentan a bocajarro, podrías encontrar entre cien y doscientos posibles análisis distintos de la cuestión principal: la reducción de la cantidad y la calidad de las pensiones y el aumento de las dificultades para acceder a ellas. Hay cientos de lecturas y decenas de agudas observaciones que hacer en virtud de lo que connota el anuncio. Hay miles de enrevesadas conjeturas alrededor del porqué de la decisión. Existen chorrecientas opiniones diferentes sobre el adónde. Millones sobre el quién. Trillones sobre el cuándo. Y, a pesar de que las posibilidades de realizar un sesudo e ingenioso análisis de los objetivos implícitos de esta medida son infinitas, yo hoy prefiero quedarme en lo superficial. En la primera capa. En lo que denota a simple vista la conclusión a la que han llegado -ellos solos- un grupúsculo de expertos. Doce, para más señas. Como si en este país no hubiera más.

Efectivamente, amigos, me refiero a la implacable persecución que están sufriendo los jóvenes desde que se abrió la veda de la crisis. Ningún experto parece querer preocuparse por este tema, y creo que es para no quedar como un intelectual de medio pelo que sólo se ocupa de lo obvio. Pero a mí no me dan miedo las etiquetas. Y para demostrarlo, me arriesgaré a quedar como un observador de la realidad miope (y redundante) reiterando que el ajuste de las pensiones es el último ataque a los jóvenes de este país. Ya les dieron duro dificultando su acceso a la educación superior con una subida de tasas que ríete del encarecimiento del cine. Les atizaron empobreciendo su educación obligatoria. Les golpearon otra vez facilitando el despido e incentivando los contratos basura. Se fueron al paro. Malvivieron. Volvieron a casa de sus padres. Y cuando ya creían que nada más les podía caer del cielo gubernamental, a los próceres de la patria se les ocurrió que, si ya no les podían quitar nada más a los jóvenes, se lo quitarían a quienes les sustentan en la actualidad: sus padres. Es decir, Mariano va a conseguir que haya recortes en la paga semanal.

Es probable que la etapa que atravesamos sea una crisis para quienes en algún momento vivimos épocas de bonanza, de la misma forma que puede ser la normalidad para quien siempre haya vivido en la calle, y una época de bonanza para los más jóvenes que hayan nacido con la recesión. Todo esto y mucho más es posible. Lo que es seguro es que estamos ante un robo. Y lo que es peor, un robo a las generaciones más jóvenes.