Elecciones para todos

La culpa es del receptor. Los emisores utilizaron el mismo canal y superaron las mismas interferencias, pero o los receptores no supimos descifrar el mensaje o su encriptación era demasiado compleja. Así, interpretamos que todos los partidos políticos estaban dispuestos a negociar y llegar a acuerdos para formar un Gobierno que, en función de los componentes del mismo, sería bien reformista, bien progresista reformista, bien del cambio o bien de la gente. Pero dimos por sentado que habría un Gobierno. Quizá poque creímos que los partidos político deseaban que hubiera uno. Uno inmediato. Pensamos que era perentorio, indispensable.

Lo cierto es que los receptores estábamos predispuestos a malinterpretar el mensaje, cuando desde un primer momento éste fue claro y nítido: los partidos quieren un Gobierno liderado o condicionado por ellos o no quieren un Gobierno. Este mensaje es inequívoco en el caso del Partido Popular, el más honesto a la hora de plantear este tipo de supuestos: o Mariano Rajoy preside un Ejecutivo reformista o rompemos la baraja. Los populares son conocedores de su fabuloso suelo electoral y saben que seguirán ganando elecciones mientras el resto del voto esté fragmentado. Su estrategia se ha mimetizado con la de su líder y se limitan a esperar a que el tiempo lo acabe resolviendo todo.

Sin emabrgo, aunque la voluntad del resto de partidos políticos es similar en cuanto a la escasa intención de formar Gobierno, su posición con respecto a su propio electorado no es tan privilegiada, por lo que no se quieren arriesgar a dar la imagen de ser formaciones reacias a negociar. Así, el Partido Socialista, aunque ha ido mutando su estrategia, ésta ha estado dirigida en todo momento a preparar unas nuevas elecciones generales, ya que no está dispuestos a dejar que gobierne el PP y sabe que las matemáticas le impedirán formar un Ejecutivo propio. Que no es que no el PSOE no quiera cumplir con el mandato de formar Gobierno, es más bien que, consciente de que las opciones de lograrlo son escasas, lo más prudente es aprovechar la tarea para sembrar las bases de una nueva campaña elecotral.

Los socialistas empezaron el proceso abierto las tras elecciones desando escarmentar al PP en una sesión de investidura. Desgastar al rival de cara a una cercana campaña electoral parecía un buen movimiento, pero Mariano Rajoy hizo un quiebro inesperado, se ahorró un escarnio público y se situó a la defensiva con la intención de conservar el mayor número de votos posible para los siguientes comicios. Así las cosas, al PSOE sólo le quedaba salir al ataque, buscar la centralidad del tablero y aprovechar la oportunidad para presentarse como única alternativa al PP. No es tonto Pedro Sánchez; sabe que la sesión de investidura, aunque sea la suya, le puede pesar más a los populares que a los socialistas, por lo que es necesario que haya una en la que poder hablar de corrupción y recortes. No se puede permitir una nueva votación popular sin el paso de Rajoy por la tribuna del Congreso. El pleno de esta semana está marcado en la agenda socialista como unos de los momentos relevantes de su campaña electoral para el 26J.

El caso de Ciudadanos es bien distinto. Albert Rivera logró un resultado electoral espectacular que posicionaba a su formación en la mayor irrelevancia política por culpa de la aritmética parlamentaria. Nunca tantos diputados sirvieron para tan poco. En esa coyuntura, los naranjas no tuvieron más remedio que ponerse las pilas, multiplicar sus apariciones públicas y robarle al PP para emitir al mundo el mensaje de que sólo ellos pueden salvar a España. Los populares incluso les incluyeron en su proyecto de Gobierno de concentración, aunque les bastaba el apoyo socialista para tener mayoría. Les usaron como cebo para el PSOE y como medio para evitar un “todos contra el PPSOE”, pero a C’s no les importó. No, porque ese papel era el que querían interpretar. Hacedores de pactos; líderes del reformismo constitucionalista; bisagra de la unidad nacional.

Los movimientos de Ciudadanos están dirigidos en todo momento a ganar visibilidad y lograr en una próxima cita con las urnas ese par de diputados que les faltan para condicionar de verdad a un Gobierno para ser decisivos de verdad. Hoy por hoy, los alardeos con 40 diputados son meros fuegos de artificio. Un espectáculo que contempla desde una esquina Podemos. Obviamente, la condescendencia con la que Pablo Iglesias trató a Pedro Sánchez en su oferta de Gobierno de coalición no podía ser considerada una propuesta seria de pacto. Si el PSOE aceptaba por alguna extrañísima razón, Podemos ganaba. Si no, los morados irían ocupando con soltura el espectro izquierdo del voto. Podemos es el único partido que, aunque quiere otras elecciones, no pretende únicamente condicionar un Gobierno (que también), le vale también tomar el control de la oposición de izquierdas.

En efecto, da la sensación de Pablo Iglesias quiere llegar al Poder, sí, pero no de cualquier forma. Si no puede hacerlo a lo grande, le vale asumir el papel de líder de la oposición progresista. Su idea podría ser la de emular a Felipe en el 82, cuando arrasó tras cocinar en su propio jugo a la derecha durante el trienio anterior y habiendo fagocitado a la izquierda. Porque al final eso es lo mejor para un partido: eliminar rivales favorece el acceso al poder de forma más eficiente que firmar acuerdos. El bipartidismo solo es malo si una de las dos formaciones protagonistas no es la tuya. Lo que no es bueno es reconocer abiertamente que se desean otras elecciones. De ahí que la estrategia obligue a sentarse, aunque sea para intentar retratar al adversario, esté o no en la mesa negociadora.

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Pequeños desatinos

La culpa es de la corrupción, que acapara las escasas críticas de la ciudadanía. Así, los pequeños desatinos diarios que salpican la vida política de cualquier Parlamento autonómico pasan desapercibidos sin que la mayor parte de la gente de bien que nos rodea acierte siquiera a recibir los mensajes de incopetencia que nuestros representantes públicos se afanan en enviarnos día sí y día también. Este jueves, un diputado del Partido Popular asturiano nos ha esbozado el concepto que tiene él mismo, y no sé si su partido, del ejercicio de la política como servicio al pueblo. Jose Agustín Cuervas-Mons ha tenido a bien criticar que PSOE, Podemos, IU y Ciudadanos tienen un pacto oculto para sacar adelante los presupuestos.

La madre que me parió. Maldito contuberrnio izquierdo-derechista-transversal hay montado en la Junta, habrá pensado el bueno de Cuervas, que no ha dudado en airear a los cuatro vientos mediáticos tamaña barbaridad. A quién se le ocurre, de verdad. Qué mente aviesa ha podido perjeñar un pacto en una Cámara de representantes de los ciudadanos. Con qué derecho han acordado o negociado nada. Por qué han tenido que llegar a acuerdos para sacar adelante propuestas. ¡Qué perversión es esa! Es intolerable que haya gente hablando para buscar puntos en común; partidos dispuestos a ceder en sus pretensiones para alcanzar otras que crean más elevadas; políticos que hablen con otros de grupos diferentes. Es IN-A-CEP-TA-BLE, COPÓN.

Obviamente PP y Foro no están en el contubernio. Ellos ya habían dejado clara su postura de no negociar los Presupuestos con el PSOE. Foro incluso había rechazo de mano las líneas generales de las cuentas que el Gobierno les había facilitado por considerarlas “continuistas”. Y eso que el vigente presupuesto lo pactó el PSOE con el PP hace ahora un año. El PP, oiga. El partido con el que Foro concurre en coalición a las elecciones del 20D. Y, por su parte, el Partido Popular considera altura de miras aprobar un Presupuesto con el PSOE y cree un contubernio que todos los Grupos parlamentario menos el suyo y el de Foro negocien la previsión económica de 2016. Todo muy coherente. Todo muy regenerador.

Mucho que ganar

De las conversaciones mantenidas y de la lectura de la prensa se deduce hoy que, como titula El Comercio, la generosidad de Somos ha hecho alcalde al socialista Wenceslao López. No pocos medios han indagado en la intrahistoria del sorprendente pacto que ha apeado al PP de la alcaldía de Oviedo 24 años después, y todos hacen referencia al mismo episodio: un pequeño cónclave en el que participaron un puñado de concejales electos de Somos que, situados entre la espada y la pared, decidieron hacer política, que era para lo que se habían presentado a las elecciones. Es decir, tomaron decisiones por lo que ellos consideraban que era el bien común. No tenían tiempo para montar una consulta ciudadana, así que se amoldaron a las circunstancias eligiendo lo que creían era lo mejor para Oviedo. Se adaptaron, con lo que demostraron determinación, al menos.

No he leído en ninguna parte que este grupo de concejales de Somos hubiera recibido consigna alguna de Podemos. Es más, este partido asegura no intervenir en las decisiones de las candidaturas de unidad popular. Sí tenía órdenes, no obstante, el candidato del PSOE. Wenceslao López debía, a su pesar, presentar candidatura. Él ya había dado síntomas de generosidad al acordar con Somos e IU un programa de gobierno en la víspera del pleno y pocas horas antes de que la FSA prohibiera a la candidatura de la AMSO votar a favor de la investidura de Ana Taboada, obligando a López a presentar su candidatura. Esto era algo que el candidato socialista sabía que iba a ocurrir y aún así se tomó la molestia de participar en un encuentro a tres bandas para firmar un esquema programático que nunca se iba a poder cumplir, aunque algunos de sus ediles estuvieran dispuestos a votar a la CUP, incluido él.

Yo no estuve en ese café previo al pleno, pero todo indica que Somos respondió con generosidad a la generosidad recibida. Da la sensación de que el escaso documento que serviría de base programática para un gobierno de la izquierda en Oviedo suponía más la consolidación de una coalición firme, que un documento de máximos. En este clima propicio, el papel que pudo haber jugado IU pudo ser el mismo que ejerció la coalición en Gijón, aunque en la Villa de Jovellanos sin éxito: el de argamasa; el de animador de voluntades. Pero en Oviedo, desde mi modesto punto de vista, las fisuras del pacto eran menores gracias a la personalidad y a la determinación de sus actores. Por eso creo que esta foto de Luisma Murias para La Nueva España se habría podido producir con el mismo nivel de sonrisa aunque la alcaldesa hubiera sido Ana Taboada. TyW

En Gijón no hubo pacto porque no hubo generosidad, sino hostilidad. Xixón sí puede se negó a impulsar un alcalde socialista en general y que se llamara José María Pérez en particular. Sabían que gobernaría Foro pero les dio igual. Muchos dirán ¿y por qué no hizo Josechu como Taboada y cedió sus votos a la tercera fuerza política? No lo sé, pero creo que el hecho de que las personas con las que debería haber negociado se negaran a ello, mientras insinuaban que Pérez era un corrupto con el que no pactarían porque a lo mejor acababa imputado, tiene algo que ver. No sé, yo no soy político, pero dar tus votos al que te llama corrupto no parece muy asumible. Hasta el candidato de IU dijo a XSP que su actitud era prepotente. Todos lo pudimos escuchar en la reunión abierta a tres bandas que se produjo también el viernes.

Por todo esto, creo que Podemos no está en disposición de celebrar como suyo el éxito negociador en Oviedo sin antes reconocer como suyo el fracaso del pacto en Gijón. Si, por otra parte, no consideran que en Gijón haya habido ningún fracaso, es que el resultado obtenido en el pleno de investidura es de su agrado. Por su parte, la FSA también debería asumir que no ha tenido la altura de miras propia de un partido que está tratando de liderar el resurgir de la izquierda en todo el país. Mi crítica a los socialistas no es por no haber pactado en Gijón, algo que, insisto, a tenor del clima que rodeaba a las negociaciones, me parece normal; es por haber concluido en su Comité autonómico del viernes que los malos modos de XSP debían interferir en la cordialidad de Somos Oviedo. Quisieron castigar la buena sintonía entre los partidos de izquierdas de la capital por culpa del nulo interés negociador que había 28 kilómetros más allá.

La consecuencia de todo ello es que, probablemente, todo este espectáculo político haya afectado negativamente a Podemos en general y a Xixón sí puede en particular. También habrá perjudicado a la FSA. Reforzados saldrán sobre todo Somos, pero también IU y el Grupo municipal socialista en Oviedo. El gijonés se quedará como está. Sin duda el mayor beneficiado será Foro, un partido en disolución en toda Asturias, que ha pasado de 16 a 3 diputados en la Junta en solo 4 años, pero que conserva la mayor población de la región en la que amenza con hacerse fuerte. Quién sabe si acabará convirtiéndose en un partido de ámbito local. Y no sé lo que durará la alcaldía de Wenceslao, ni si se intercambiarán cromos después de las elecciones generales, que parece que es a lo que Podemos y la FSA están mirando, pero sí me atrevo a augurar que si el nivel de compromiso en el gobierno es similar al adquirido en el pacto, Oviedo también tiene mucho que ganar.

Prejuicios

Podemos quiere gobernar en Asturias con la singular, bizarra e hipotética alianza que formarían llegando a un acuerdo con Izquierda Unida, Foro Asturias y Ciudadanos. Es decir, con todas las fuerzas representadas en la Junta General del Principado que tienen menos diputados que ellos. Que los de Daniel Ripa y Emilio León no tienen buena sintonía con los de Javier Fernández y Jesús Gutiérrez no es nada nuevo. Es más, el propio candidato socialista se pasó la campaña electoral atacando a Podemos y hasta llegó a decir que no se tomaría un café con nadie de la formación de Pablo Iglesias. Con estos antecedentes la negociación parecería difícil si no es por que, en teoría, estamos hablando de personas que, supuestamente, quieren hacer todo lo posible por el bien común aunque esto incluya olvidar cualquier tipo de rencilla.

Ojo, que no estoy diciendo que la falta de entendimiento entre la FSA y el Círculo ciudadano se deba a sus malos rollos personales, ni mucho menos. Al parecer, según el candidato de Podemos, Emilio León, los socialistas no están en disposición de aceptar sus severas condiciones para la regeneración democrática. Sí ve, en cambio, más proclives a un entendimiento en esa materia a Foro, o mejor dicho, a FAC, el partido que se inventó Francisco Álvarez Cascos cuando no le dejaron ser el lider supremo del PP asturiano por aclamación. FAC es un partido regenerador de la democracia por naturaleza. Baste comprobar que su líder no está imputado a pesar de que sus siglas aparecen en los papeles de Bárcenas. Otra prueba es la capacidad de otros de sus dirigentes para regenerar la democracia desde un quirófano de una clínica privada a la vez que cobran un sueldo como máximos responsables de un ayuntamiento de una ciudad costera muy poblada.

En Oviedo Foro ha dado muestras de regeneración democrática hasta la desaparición. Tal ha sido su espíritu reformista. Una de sus concejalas fue condenada por insultar y amenazar a un inmigrante, y tuvo que regenerar su propia vida fuera de la política. Incluso tienen diputados regeneradores de las relaciones laborales acusados de acoso sexual. Y eso a pesar de haber paralizado la Administración en el año escaso que estuvieron al frente. Hasta la patronal consideró que su gestión y previsiones eran exageradamente regeneradoras y servían solo para incidir en la crisis. Y qué decir de Ciudadanos. Ese partido sí que está regenerando la vida política. Al menos la de UPyD, de donde salieron la mayoría de miembros de la formación naranja que no provienen del PSOE o que no han tenido que dimitir por insultar gravemente a los catalanes en las redes sociales. Todo muy reformista.

Podemos quiere pactar con estos partidos y me parece bien. Y puede que hasta lógico. Lo que no me parece muy lógico es que pretendan que IU les acompañe en semejante barco. No veo yo a Llamazares codeándose con Cristina Coto, la verdad. O saludando a su nuevo socio Francisco Álvarez Cascos. No lo veo, en serio. Y si Izquierda Unida no se sube a ese carro regenerador de la vida política, a Podemos solo le quedarán Foro y Ciudadanos para auparse a la Presidencia del Principado. Dos partidos de derechas.Y todo a pocos meses de unas elecciones en las que se pretende quitar del Gobierno del Estado a un partido de derechas. Un movimiento estratégico que de poco servirá porque C’s ya ha advertido que no apoyará a partidos que no sean la lista más votada y Podemos es la tercera fuerza en el hemiciclo.

Por eso, porque ese pacto antinatura no va a salir, Podemos podría estar perdiendo la oportunidad de imponer líneas rojas a un Ejecutivo condicionado también por IU. Juntos podrían tratar de orientar a los socialistas hacia las políticas sociales que vean convenientes. Separados se arriesgan a que el PSOE gobierne en minoría apoyándose en unos y en otros, y haciendo concesiones a unos y a otros, pero no exclusivamente a los partidos de izquierdas. Yo también creo que hay que regenerar a vida política mundial. Pero si no tengo la fuerza necesaria para aplicar mi programa, quizá lo prudente sería tratar de que se cumplan los puntos irrenunciables del mismo, invitando al Gobierno a asumirlos como propios a cambio del sostén que éste necesita. Eso es política. Y se consigue negociando. Y para negociar hay que ir sin prejuicios.

Adelantados por la izquierda

Uno de los momentos históricos que se podrían a vivir tras estas sísmicas elecciones autonómicas y municipales se produciría si Oviedo adelanta a Gijón por la izquierda por primera vez en treinta y pico años. Pero antes de que eso ocurra todavía tendremos que asistir perplejos a otras situaciones que no pasarán a la posteridad a no ser en una compilación de decisiones bizarras de la política moderna, un códice que cualquier escribano digital estaría encantado de redactar. Xixón Sí Puede va camino de protagonizar una de las más memorables.

Que no es que a mí me moleste que Mario Suárez, líder de la candidatura impulsada desde Podemos, se presente a la investidura como alcalde de Gijón tras ser la suya la tercera fuerza más votada, no. Faltaría más. La verdad, me da igual. Pero igual tenían que empezar a pensar en tener alguna estrategia política que sirva de cemento para emplastecer las grietas que la ilusión y la bisoñez están abriendo en la imagen que la formación está dando en los medios de comunicación. Y algún medio hay que está aprovechando la información que genera Xixón Sí Puede para impulsar la candidatura que mejor le conviene y que no es precisamente la de Mario Suárez.

Lo que me preocupa, sinceramente, es su inoperancia a la hora de decidir y negociar. Decidir no sé, pero negociar seguro que sí es uno de los mandatos de los ciudadanos que les votaron el 24M. Mientras en Oviedo Ana Taboada ya ha iniciado contactos con éxito con el PSOE para desahuciar al PP de la alcaldía de la capital, en Gijón Mario Suárez sopesa entregar la alcaldía Foro, algo que solo pasaría si el partido antes de Francisco Álvarez Cascos y ahora de Carmen Moriyón logra cerrar el apoyo del concejal de Ciudadanos en la sesión de investidura. Recordemos cómo ha quedado la corporación tras el escrutinio del pasado domingo: FAC, 8 concejales; PSOE, 7; Xixón Sí Puede, 6; PP, 3; IU, 2 y C’s, 1. Y esto es lo que podría pasar si se presentan a la investidura las candidaturas de Foro, la del PSOE y la de Xixón Sí Puede:

  • Foro podría gobernar si, como decimos, obtiene el respaldo de C’S. Aunque empate a votos con la suma del PSOE e IU, gobernaría en todo caso la lista más votada.
  • Los socialistas se quedarían cerca al obtener solo el apoyo de IU -cuyo candidato, Aurelio Martín, ya ha dicho que quiere llegar a un acuerdo para quitar el poder a los discípulos de FAC-, pero tendrían que conformarse con liderar la oposición.
  • Xixón si puede, por su parte, iniciaría una larga travesía por el desierto en solitario en la que no lograría ni la alcaldía, ni el liderazgo de la oposición, ni el control al Gobierno.
  • El PP no apoyaría a Foro si no quiere acabar de desaparecer. Su mejor baza es esperar a que Moriyón no gobierne para que su partido pierda fuerza y poder así los populares tratar de recuperar espacio político a costa de FAC.

Qué es lo que quiere conseguir Xixón Sí Puede presentando su candidatura a la investidura. Pues quiere obligar al PSOE a votarle para poder desalojar a Foro de la alcaldía. Es decir, chantaje. Xixón Sí Puede pretende poner al PSOE ante la plaza pública para obligarle a dar su apoyo a la tercera fuerza más votada, sin haber negociado nada, para retratarle en caso de que su abstención sirva para que gobierne la derecha. Y pretende hacerlo sin rubor, que es lo más extraño. Es decir, que lejos de asimilar que son la tercera fuerza más votada, han decidido que ellos van a convencer a IU para llegar a un acuerdo que sirva de chantaje a los socalistas. Y todo después de que Izquierda Unida haya manifestado publicamente su voluntad de llegar a acuerdos con el PSOE y con XSP para quitar a Foro el poder.

Y lo que es mejor, lo van a hacer previa votación de la ciudadanía. Ojo, si decenas de miles de gijoneses deciden que la estrategia de XSP es la correcta, me callaré y aquí paz y después gloria. Pero la votación deberá ser multitudinaria, porque si apenas unos cientos de ciudadanos deciden el futuro de cientos de miles si la participación en el referendo es baja, XSP habrá perdido las elecciones dos veces. Cada partido tiene su estrategia y Xixón Sí Puede debería tener la suya. Pero para eso es necesario que sepa qué es lo que quiere. Ordenar sus prioridades. Aunque tenga que hacer cien consultas ciudadanas para establecerlas. Pero tiene que aclarar si a) quiere que gobierne la derecha b) quiere que su relación con otras fuerzas se base en el debate o en el chantaje c) quiere ir por libre al entender que sus ciudadanos no se identifican con nada de lo que está pasando desde el 24M. O aclaran estos puntos, o a Xixón le adelanta toda Asturias por la izquierda.

El líder de la manada

Creía que el Partido Popular gobernaría Oviedo con los condicionantes propios de la minoría, pero ahora que su presidenta, Mercedes Fernández, se ha lanzado a tratar de gobernar en Asturias, no lo tengo tan claro. Y eso que yo creo que Mercedes Fernández no tiene la menor intención de sentarse en el sillón de la presidencia del Principado. Desde mi punto de vista, lo que pretende Mercedes Fernández instando a Foro y Ciudadanos a negociar con ella para instaurar un Ejecutivo de derechas es, simplemente, sacar pecho y provocar reacciones. Me explico. No es que crea que Mercedes Fernández desprecie la presidencia, es que -quiero entender- es consciente de que no la va a alcanzar se ponga como se ponga. Pero con su oferta de negociación a FAC y C’s va a propiciar que estos dos partidos se posicionen. En caso de que no la apoyen, reclamará para sí el único liderazgo de la derecha, algo que le puede venir muy bien de cara al futuro a tenor del poco lento proceso de desaparición al que se está sometiendo Foro a sí mismo.

Para gobernar, al Partido Socialista le basta que C’s o Foro hagan caso omiso al llamamiento de Cherines. Y Foro tiene motivos para ello; el PP le negó su apoyo tras las elecciones de 2011 y otra vez después de las de 2012, propiciando así el declive de los discípulos de FAC, que han pasado de tener el gobierno con 16 diputados a casi perder el grupo propio al obtener tan solo 3 escaños. La difícil relación entre PP y FAC invita a pensar que la declaración presidencialista de Mercedes Fernández se debe más a un efecto pavo real que a una intención real de gobernar Asturias. Es decir, es más exhibicionismo de su recuperación, al ganar un diputado aunque haya perdido casi 5.000 votos con respecto a 2011, que oferta sincera de pacto.

La oferta de acuerdo del PP no es solo un mensaje a Foro y PP, es un mensaje a los ciudadanos derechas, para que sepan quién es el partido que manda a ese lado del espectro político. Y, de paso, es un meneo a los partidos de izquierdas, a los que quiere ver unidos para que Mercedes Fernández pueda erigirse en adalid antibolivariano en Asturias. Como estrategia a cuatro años no está mal, la verdad, pero solo será buena si logra el apoyo de Foro y C’s y, como digo, no me parece que lo vaya a lograr. Y si no consigue aglutinar a las fuerzas de la derecha, lo único que habrá conseguido es propiciar que las de la izqierda acerquen posturas. Y si éstos logran entenderse, el Partido Popular perderá la alcaldía de la capital del Principado. Que no digo yo que a la gijonesa Mercedes Fernández le importe lo más mínimo la alcaldía de Oviedo, pero es posible que a su partido sí. Si el PP quiere conservarla, haría bien en negociar, en entenderse con alguien. Y, para eso no le sirven ni Foro ni Ciudadanos

En Oviedo la situación es compleja. Yo creía que gobernaría el PP porque la izquierda no podría ponerse de acuerdo. Los populares han repetido su resultado de 2011, 11 de los 27 concejales. El problema que tienen es que ahora la izquierda suma mayoría, ya que Foro ha desaparecido y Ciudadanos ha entrado solo con dos ediles. Sin embargo, a favor cuentan con otros factores:

1-Agustín Iglesias Caunedo no es Esperanza Aguirre. Ni siquiera Gabino de Lorenzo.

2-Ya han llegado a acuerdos con la izquierda en anteriores ocasiones.

Que Somos sea la segunda fuerza política y que el PSOE haya seguido perdiendo votos cuando parecía que había tocado suelo en 2011, cuando obtuvo en 6 concejales (ahora se ha quedado en 5), hace pensar en que si los socialistas dan su apoyo a una alternativa de izquierdas -cuando se supone que el socialista es un partido de gobierno- podrían acabar diluyéndose en la ciudad. El PSOE lleva en declive en Oviedo desde que perdió la alcaldía el siglo pasado. Cada legislatura da un paso más atrás y en estas elecciones ha logrado sus peores resultados de la historia. Entregar el liderazgo de la alternativa de izquierdas a otros no haría más que apuntalar su ruina. Sin embargo, las negociaciones que la FSA mantenga para recuperar Gijón y dar estabilidad al ejecutivo regional podrían propiciar que la AMSO diera su apoyo a Somos para quitar a Caunedo de la alcaldía de Oviedo. Los socialistas sacrificarían así a la agrupación municipal en la capital, pero dejarían al PP sin Presidencia del Principado, como partido residual en Gijón y sin su tesoro más preciado en los últimos 30 años: la alcaldía de Oviedo.

Da la sensación de que Mercedes Fernández está muy satisfecha con sus resultados. Ha logrado un diputado más, siendo la única candidatura autonómica del PP que ha subido en escaños en estas elecciones en todo el país. La única. Pero claro, ninguna otra candidatura del PP había perdido la mitad de sus diputados hace 4 años, sino todo lo contrario. En ese contexto, la oferta de pacto de Cherines a Foro y C’s puede intepretarse como un bramido de macho alfa de la manada conservadora: “soy el PP y soy el líder de la derecha. Seguidme o desapareced”

Exfieles a UPyD complementan a C’s

Un poco por relatar de forma somera la sucesión de vertiginosos acontecimientos que precedieron a la actual orgía de negociaciones en pro de la regeneración democrática, decir a modo de resumen que Ciudadanos Asturias es un partido que, entre otras cosas, se quedó sin candidato después de que éste dedicara su tiempo libre en las redes sociales a insultar gravemente a los catalanes, esa gente conciudadana de Albert Rivera, líder de Ciudadanos en Cataluña primero y en toda España después. Lo curioso del caso es que mientras la coordinadora del partido en el Principado era sustituida por una gestora, dejando a la responsable de C’s en Asturias al nivel de una mera afiliada de base, el candidato anticatalanista de la formación perdió el liderazgo de la lista, pero no su estatus en el partido y de hecho es uno de los ideólogos de la negociación que hoy continúa con los miembros y exmiembros de UPyD. Que no digo yo que no sea así, pero tal parece que la ascensión o defenestración en Ciudadanos se rige por la infraestructura que cada persona y/o colectivo pueda poner a disposición del partido, habida cuenta de lo escasos que andan en C’s de recursos humanos, inmobiliarios y materiales en el Principado. Desde luego tienen menos que los que acumulan sus hermanos miembros y exmiembros de UPyD. Por eso, en la reunión que hoy continúa quién sabe si, además de la lista autonómica o de candidaturas en otras listas locales de Ciudadanos -para poder dar abrigo a todos aquellos miembros y exmiembros de UPyD que quieren por fin tener un sitio en la cosa pública esa que los liberales de bien quieren minimizar y privatizar por el bien de todos, sean éstos liberales o no- se podría poner sobre la mesa los recursos no humanos que esos aspirantes a pasar del magenta al naranja están dispuestos a aportar por el bien de la lucha contra el bipartidismo. No digo que sea así, pero tampoco nadie se puede molestar porque la inclusión en una lista ganadora lleve aparejado un canon en forma de contribución altruista de medios de los que el partido carece. No seré yo quien se lo eche en cara.

Los miembros y exmiembros de UPyD que son críticos desde hace tiempo con la dirección de su partido pero nunca se atrevieron a dimitir en defensa de sus ideas no son tontos y leen la prensa. Ven desde hace tiempo una campaña mediática en favor de Ciudadanos que amenazaba con crear un monstruo capaz de dar sombra al mismísimo Pablo Iglesias y sus chicos de Podemos. Un partido destinado a equilibrar las fuerzas del descontento ciudadano con el fin de crear un bipartidismo reformista que dé respiro al bipartidismo de toda la vida. Si Podemos se llevó por delante a IU, en UPyD no pocos temieron que Ciudadanos hiciera lo mismo con su formación, y rápidamente se pusieron a trabajar para arreglarlo de la forma más aséptica posible: aliándose con C’s o yéndose a esa formación, siguiendo al pie de la letra el dicho de que si no puedes con ellos, únete a ellos. Como Rosa Díez -famosa porque corre el riesgo de pisar cualquier día de estos su propia altura de miras- tiene cerrada la democracia interna a cal y canto no vaya a ser que se le gaste, algunos de sus críticos decidieron que lo mejor era abandonar la nave y hundir el barco ellos mismos; otros pensaron que lo mejor era hundir la nave ellos mismos y luego abandonarla. Y así llegamos al día de hoy, en el que algunos de esos críticos han salido de UPyD, otros han sido expulsados, y alguno queda que sigue afiliado porque no vaya a ser que se queden fuera en el caso de que Rosa Díez pierda el Congreso extraordinario convocado para después de las elecciones y la nueva dirección de UPyD reformule sus relaciones con Ciudadanos creando una alianza con aspiraciones. Y la dirección nacional magenta parece noqueada. Quiso atajar la insubordinación con un par de gestoras, pero su reacción fue lenta y pesada como la burocracia de una administración local. Ha perdido la iniciativa hace tiempo y va al rebufo de los acontecimientos como un boxeador que aguanta una paliza a la espera del final del último asalto, con la remotísima esperanza de que quizá pueda ganar a los puntos.

Y todos estos de los que estamos hablando, los unos y los otros, se autoproclaman adalides de la regeneración democrática. Y todos enarbolan la bandera de la lealtad institucional cuando es preciso. Y todos aseguran actuar por el bien de la ciudadanía con el consentimiento de sus afiliados. Pues bien, Ciudadanos tenía hasta hace pocos días 150 afiliados en el Principado de los que alrededor de 30 son críticos con la deriva adoptada por sus actuales líderes impuestos a dedazo desde Barcelona. Otro grupo suponemos que estará a favor, y un tercero no se pronuncia porque debe estar flipándolo en colores. Si tenemos en cuenta que hace cuatro años en Ciudadanos pocos sabían dónde queda Asturias exactamente, y en Asturias pocos sabían que había un partido que se llamaba Ciudadanos, nos encontramos con la surrealista paradoja de un partido que dice contar con la opinión de unos militantes que no tiene, y que jura trabajar para una ciudadanía que desconoce. Pero la gran propaganda que se ha hecho a este partido, y la actual crispación ciudadana y su descontento con la política, han generado el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de un banco de votantes que lo mismo les da votar a Foro que a Ciudadanos, y que podrían facilitar la entrada de este último partido con fuerza en la Junta General, aunque sea a costa de dejar fuera a UPyD (y quién sabe si a Foro). Era esta una ola que un buen surfero magenta no puede dejar escapar.

UPyD, por su parte, tiene otros 200 afiliados en Asturias. A la Asamblea de críticos fueron unos 100, con lo que suponemos que el 50% de la militancia o no está de acuerdo con unirse a Ciudadanos o, como suponemos les pasa a algunos afiliados a C’s, lo está flipando en colores. Su posición en el mapa político es bien distinta, ya que no tienen apoyo mediático, parten de unas previsiones electorales nefastas, pero ya tienen representación en el Parlamento asturiano, así como una infraestructura sólida. Cada parte tiene, por tanto, lo que al otro le falta y hoy siguen tratando de organizarse para ponerlo todo en común. Eso sí, con el beneplácito de Albert Rivera, un líder muy al estilo de Rosa Díez pero que todavía no está cuestionado porque sigue cosechando buenos resultados. Y puede estar tranquilo, contará a partir de ahora con la lealtad de los que un día juraron fidelidad a UPyD.