Elecciones para todos

La culpa es del receptor. Los emisores utilizaron el mismo canal y superaron las mismas interferencias, pero o los receptores no supimos descifrar el mensaje o su encriptación era demasiado compleja. Así, interpretamos que todos los partidos políticos estaban dispuestos a negociar y llegar a acuerdos para formar un Gobierno que, en función de los componentes del mismo, sería bien reformista, bien progresista reformista, bien del cambio o bien de la gente. Pero dimos por sentado que habría un Gobierno. Quizá poque creímos que los partidos político deseaban que hubiera uno. Uno inmediato. Pensamos que era perentorio, indispensable.

Lo cierto es que los receptores estábamos predispuestos a malinterpretar el mensaje, cuando desde un primer momento éste fue claro y nítido: los partidos quieren un Gobierno liderado o condicionado por ellos o no quieren un Gobierno. Este mensaje es inequívoco en el caso del Partido Popular, el más honesto a la hora de plantear este tipo de supuestos: o Mariano Rajoy preside un Ejecutivo reformista o rompemos la baraja. Los populares son conocedores de su fabuloso suelo electoral y saben que seguirán ganando elecciones mientras el resto del voto esté fragmentado. Su estrategia se ha mimetizado con la de su líder y se limitan a esperar a que el tiempo lo acabe resolviendo todo.

Sin emabrgo, aunque la voluntad del resto de partidos políticos es similar en cuanto a la escasa intención de formar Gobierno, su posición con respecto a su propio electorado no es tan privilegiada, por lo que no se quieren arriesgar a dar la imagen de ser formaciones reacias a negociar. Así, el Partido Socialista, aunque ha ido mutando su estrategia, ésta ha estado dirigida en todo momento a preparar unas nuevas elecciones generales, ya que no está dispuestos a dejar que gobierne el PP y sabe que las matemáticas le impedirán formar un Ejecutivo propio. Que no es que no el PSOE no quiera cumplir con el mandato de formar Gobierno, es más bien que, consciente de que las opciones de lograrlo son escasas, lo más prudente es aprovechar la tarea para sembrar las bases de una nueva campaña elecotral.

Los socialistas empezaron el proceso abierto las tras elecciones desando escarmentar al PP en una sesión de investidura. Desgastar al rival de cara a una cercana campaña electoral parecía un buen movimiento, pero Mariano Rajoy hizo un quiebro inesperado, se ahorró un escarnio público y se situó a la defensiva con la intención de conservar el mayor número de votos posible para los siguientes comicios. Así las cosas, al PSOE sólo le quedaba salir al ataque, buscar la centralidad del tablero y aprovechar la oportunidad para presentarse como única alternativa al PP. No es tonto Pedro Sánchez; sabe que la sesión de investidura, aunque sea la suya, le puede pesar más a los populares que a los socialistas, por lo que es necesario que haya una en la que poder hablar de corrupción y recortes. No se puede permitir una nueva votación popular sin el paso de Rajoy por la tribuna del Congreso. El pleno de esta semana está marcado en la agenda socialista como unos de los momentos relevantes de su campaña electoral para el 26J.

El caso de Ciudadanos es bien distinto. Albert Rivera logró un resultado electoral espectacular que posicionaba a su formación en la mayor irrelevancia política por culpa de la aritmética parlamentaria. Nunca tantos diputados sirvieron para tan poco. En esa coyuntura, los naranjas no tuvieron más remedio que ponerse las pilas, multiplicar sus apariciones públicas y robarle al PP para emitir al mundo el mensaje de que sólo ellos pueden salvar a España. Los populares incluso les incluyeron en su proyecto de Gobierno de concentración, aunque les bastaba el apoyo socialista para tener mayoría. Les usaron como cebo para el PSOE y como medio para evitar un “todos contra el PPSOE”, pero a C’s no les importó. No, porque ese papel era el que querían interpretar. Hacedores de pactos; líderes del reformismo constitucionalista; bisagra de la unidad nacional.

Los movimientos de Ciudadanos están dirigidos en todo momento a ganar visibilidad y lograr en una próxima cita con las urnas ese par de diputados que les faltan para condicionar de verdad a un Gobierno para ser decisivos de verdad. Hoy por hoy, los alardeos con 40 diputados son meros fuegos de artificio. Un espectáculo que contempla desde una esquina Podemos. Obviamente, la condescendencia con la que Pablo Iglesias trató a Pedro Sánchez en su oferta de Gobierno de coalición no podía ser considerada una propuesta seria de pacto. Si el PSOE aceptaba por alguna extrañísima razón, Podemos ganaba. Si no, los morados irían ocupando con soltura el espectro izquierdo del voto. Podemos es el único partido que, aunque quiere otras elecciones, no pretende únicamente condicionar un Gobierno (que también), le vale también tomar el control de la oposición de izquierdas.

En efecto, da la sensación de Pablo Iglesias quiere llegar al Poder, sí, pero no de cualquier forma. Si no puede hacerlo a lo grande, le vale asumir el papel de líder de la oposición progresista. Su idea podría ser la de emular a Felipe en el 82, cuando arrasó tras cocinar en su propio jugo a la derecha durante el trienio anterior y habiendo fagocitado a la izquierda. Porque al final eso es lo mejor para un partido: eliminar rivales favorece el acceso al poder de forma más eficiente que firmar acuerdos. El bipartidismo solo es malo si una de las dos formaciones protagonistas no es la tuya. Lo que no es bueno es reconocer abiertamente que se desean otras elecciones. De ahí que la estrategia obligue a sentarse, aunque sea para intentar retratar al adversario, esté o no en la mesa negociadora.

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Huida hacia delante

Es difícil de tragar el trajín de declaraciones cruzadas en torno a posibles pactos, gobiernos e investiduras al que nos están sometiendo estos días, pero más díficil es digerirlo. Declinaciones de propuestas de formar gobierno, ofertas propias de la sonrisa del destino, vetos, manos abiertas, puños cerrados… La estrategia política está incandescente y, como los políticos quieren y necesitan que los ciudadanos la vayamos conociendo (al menos en la forma, que no en el fondo), nos atiborran con toda suerte de propuestas, advertencias y/o amenazas. Es complicado separar la paja del trigo pero yo me he quedado con cuatro posibles titulares concretos:

1- PP y Podemos podrían estar más interesados en repetir elecciones que en otra cosa, pero nadie en su sano juicio reconocería tal extremo. Ambos partidos, por diferentes razones, podrían ser proclives a volver a citarnos en las urnas porque ambos creen que podrían mejorar sus actuales resultados. En concreto, el PP podría estar pensando que ha tocado fondo; que si con todos los casos de corrupción que acumula -algunos de ellos salpicando incluso la campaña electoral- ha conseguido ganar las elecciones, nada podrá impedir que vuelva a repetir al menos el mismo resultado. Es más, sospechan que el hastío ciudadano por la falta de Gobierno podría invitar a volver al redil popular a algunos de los disidentes que prestaron temporalmente su voto a Ciudadanos. Su idea sería la de recuperar el suficiente peso como para obligar a un mermado C’s a prestarle su apoyo o, incluso, aguardar que los barones socialistas decapiten a su líder y presenten a otro candidato más partidario de un entendimiento con la derecha, quién sabe.

Podemos, por su parte, podría estar confiando en -como señala el Presidente del Principado y Secretario General de los socialistas asturianos, Javier Fernández- ocupar el espacio del PSOE; llevar al extremo a los socialistas y hacerles perder peso político. La idea sería que el PSOE cediera terreno electoral y no tuviera más remedio que ceder a las pretensiones de Podemos si quiere gobernar. Otra opción más ambiciosa estaría condicionada por una lectura más optimista de las expectativas de voto en unas nuevas elecciones que pusieran a Podemos por delante de los socialistas, lo que haría que Pablo Iglesias recordara que, cuando ofreció su apoyo a Pedro Sánchez para formar un “Gobierno del cambio”, dijo que a él le gustaría que le ofreciesen esa ayuda. Sin duda Iglesias cuenta con al menos repetir resultados, algo que podría estar condicionado por la indefinición que últimamente muestra sobre el referendum en Cataluña. Difícil será que repita los votos allí obtenidos.

2- Podemos podría querer ser la oposición de izquierdas. Para poder ocupar el espacio político del PSOE, se entiende. Con un Pedro Sánchez desbocado en la carrera por formar Gobierno antes de que le descabecen sus propios compañeros de partido para regocijo de Mariano Rajoy, Pablo Iglesias podría estar saboreando ya un posible pacto entre los socialistas y Ciudadanos con o sin el PP, da igual. En cualquier caso Podemos podría presentarse como la primera fuerza de la izquierda en la oposición. Es una estrategia que prevé recoger resultados a medio plazo (en caso de que no se repitan los comicios), es decir en las próximas elecciones que se celebren en 2020 y que previsiblemente estarán marcadas porque ese podría ser el año de la recuperación. O no, eso no lo sabe nadie, ya que el año de la recuperación se ha anunciado de forma implacable desde 2012 hasta hoy. En cualquier caso, la comunicación no verbal de Iglesias en sus mensajes hacia Sánchez nos dice claramente que al líder de Podemos no le interesa el socialista sino sus votantes.

3-El PSOE o es estrella o se estrella. Nadie sabe si el alocado ímpetu de Pedro Sánchez por formar gobierno es sincero afán reformista o una huida hacia delante pero, sea como sea, no hay vuelta atrás. Si no logra formar un Gobierno, los pedazos que de él queden cabrán en el bolso de mano de Susana Díaz y su partido tendría que empezar a pensar en ir al registro para cambiar sus siglas por PSOA. Quizá algún Barón socialista vea en un supuesto fracaso de Sánchez una oportunidad de oro para subir al poder en su partido, pero lideraría un campo de cenizas sobre el que han echado sal. Ahora que hay alternativas en la izquierda, cualquier síntoma de división es una invitación a la deserción (del votante).

Si Pedro logra formar Gobierno, habrá logrado un hito sin precedentes en la democracia hispana, aunque luego tendrá que gestionar una difícil arquitectura de pactos. Pero habrá demostrado, al menos, que su convicción es firme y su determinación, implacable. Habrá demostrado que los socialistas pueden sobrevivir a Podemos. Es más, si no se alía con la derecha, estaría en disposición de comenzar a ocupar el espacio de la formación morada al menos para recuperar a algunos de los votantes del PSOE fugados por las grietas de la centralidad política. Sánchez tiene ahora a su favor el haber sido designado líder de un proceso, lo que le otorga varias facultades. Una de ellas es la de poder hacer que el resto de agentes políticos implicados se retraten. No le costará mucho.

4- Ciudadanos lucha por no quedarse a verlas venir. Los resultados electorales han sido crueles con los naranjas porque por muy poco se han quedado sin ser una fuerza determinante en el actual panorama político. Esto les obliga a decir cada diez minutos que ellos están dispuestos a pactar, como si eso le importase a alguien. También insisten en la necesidad de reformas y cambios, como si eso no lo dijeran todos. Están hechos un lío; obligados a incumplir su palabra sobre pactos y Gobiernos o a quedar abandonados a la insignificancia. No son el partido clave para nadie, así que o se dedican a opinar de todo o podría haber quien les acabe olvidando, incluso. En esta coyuntura, la repetición de elecciones no les es favorable, por lo que solo les quedan dos opciones: lograr que alguien gobierne con su apoyo o con su oposición, o cambiarse todos a UPyD y probar suerte de nuevo.

Pequeños desatinos

La culpa es de la corrupción, que acapara las escasas críticas de la ciudadanía. Así, los pequeños desatinos diarios que salpican la vida política de cualquier Parlamento autonómico pasan desapercibidos sin que la mayor parte de la gente de bien que nos rodea acierte siquiera a recibir los mensajes de incopetencia que nuestros representantes públicos se afanan en enviarnos día sí y día también. Este jueves, un diputado del Partido Popular asturiano nos ha esbozado el concepto que tiene él mismo, y no sé si su partido, del ejercicio de la política como servicio al pueblo. Jose Agustín Cuervas-Mons ha tenido a bien criticar que PSOE, Podemos, IU y Ciudadanos tienen un pacto oculto para sacar adelante los presupuestos.

La madre que me parió. Maldito contuberrnio izquierdo-derechista-transversal hay montado en la Junta, habrá pensado el bueno de Cuervas, que no ha dudado en airear a los cuatro vientos mediáticos tamaña barbaridad. A quién se le ocurre, de verdad. Qué mente aviesa ha podido perjeñar un pacto en una Cámara de representantes de los ciudadanos. Con qué derecho han acordado o negociado nada. Por qué han tenido que llegar a acuerdos para sacar adelante propuestas. ¡Qué perversión es esa! Es intolerable que haya gente hablando para buscar puntos en común; partidos dispuestos a ceder en sus pretensiones para alcanzar otras que crean más elevadas; políticos que hablen con otros de grupos diferentes. Es IN-A-CEP-TA-BLE, COPÓN.

Obviamente PP y Foro no están en el contubernio. Ellos ya habían dejado clara su postura de no negociar los Presupuestos con el PSOE. Foro incluso había rechazo de mano las líneas generales de las cuentas que el Gobierno les había facilitado por considerarlas “continuistas”. Y eso que el vigente presupuesto lo pactó el PSOE con el PP hace ahora un año. El PP, oiga. El partido con el que Foro concurre en coalición a las elecciones del 20D. Y, por su parte, el Partido Popular considera altura de miras aprobar un Presupuesto con el PSOE y cree un contubernio que todos los Grupos parlamentario menos el suyo y el de Foro negocien la previsión económica de 2016. Todo muy coherente. Todo muy regenerador.

Mucho que ganar

De las conversaciones mantenidas y de la lectura de la prensa se deduce hoy que, como titula El Comercio, la generosidad de Somos ha hecho alcalde al socialista Wenceslao López. No pocos medios han indagado en la intrahistoria del sorprendente pacto que ha apeado al PP de la alcaldía de Oviedo 24 años después, y todos hacen referencia al mismo episodio: un pequeño cónclave en el que participaron un puñado de concejales electos de Somos que, situados entre la espada y la pared, decidieron hacer política, que era para lo que se habían presentado a las elecciones. Es decir, tomaron decisiones por lo que ellos consideraban que era el bien común. No tenían tiempo para montar una consulta ciudadana, así que se amoldaron a las circunstancias eligiendo lo que creían era lo mejor para Oviedo. Se adaptaron, con lo que demostraron determinación, al menos.

No he leído en ninguna parte que este grupo de concejales de Somos hubiera recibido consigna alguna de Podemos. Es más, este partido asegura no intervenir en las decisiones de las candidaturas de unidad popular. Sí tenía órdenes, no obstante, el candidato del PSOE. Wenceslao López debía, a su pesar, presentar candidatura. Él ya había dado síntomas de generosidad al acordar con Somos e IU un programa de gobierno en la víspera del pleno y pocas horas antes de que la FSA prohibiera a la candidatura de la AMSO votar a favor de la investidura de Ana Taboada, obligando a López a presentar su candidatura. Esto era algo que el candidato socialista sabía que iba a ocurrir y aún así se tomó la molestia de participar en un encuentro a tres bandas para firmar un esquema programático que nunca se iba a poder cumplir, aunque algunos de sus ediles estuvieran dispuestos a votar a la CUP, incluido él.

Yo no estuve en ese café previo al pleno, pero todo indica que Somos respondió con generosidad a la generosidad recibida. Da la sensación de que el escaso documento que serviría de base programática para un gobierno de la izquierda en Oviedo suponía más la consolidación de una coalición firme, que un documento de máximos. En este clima propicio, el papel que pudo haber jugado IU pudo ser el mismo que ejerció la coalición en Gijón, aunque en la Villa de Jovellanos sin éxito: el de argamasa; el de animador de voluntades. Pero en Oviedo, desde mi modesto punto de vista, las fisuras del pacto eran menores gracias a la personalidad y a la determinación de sus actores. Por eso creo que esta foto de Luisma Murias para La Nueva España se habría podido producir con el mismo nivel de sonrisa aunque la alcaldesa hubiera sido Ana Taboada. TyW

En Gijón no hubo pacto porque no hubo generosidad, sino hostilidad. Xixón sí puede se negó a impulsar un alcalde socialista en general y que se llamara José María Pérez en particular. Sabían que gobernaría Foro pero les dio igual. Muchos dirán ¿y por qué no hizo Josechu como Taboada y cedió sus votos a la tercera fuerza política? No lo sé, pero creo que el hecho de que las personas con las que debería haber negociado se negaran a ello, mientras insinuaban que Pérez era un corrupto con el que no pactarían porque a lo mejor acababa imputado, tiene algo que ver. No sé, yo no soy político, pero dar tus votos al que te llama corrupto no parece muy asumible. Hasta el candidato de IU dijo a XSP que su actitud era prepotente. Todos lo pudimos escuchar en la reunión abierta a tres bandas que se produjo también el viernes.

Por todo esto, creo que Podemos no está en disposición de celebrar como suyo el éxito negociador en Oviedo sin antes reconocer como suyo el fracaso del pacto en Gijón. Si, por otra parte, no consideran que en Gijón haya habido ningún fracaso, es que el resultado obtenido en el pleno de investidura es de su agrado. Por su parte, la FSA también debería asumir que no ha tenido la altura de miras propia de un partido que está tratando de liderar el resurgir de la izquierda en todo el país. Mi crítica a los socialistas no es por no haber pactado en Gijón, algo que, insisto, a tenor del clima que rodeaba a las negociaciones, me parece normal; es por haber concluido en su Comité autonómico del viernes que los malos modos de XSP debían interferir en la cordialidad de Somos Oviedo. Quisieron castigar la buena sintonía entre los partidos de izquierdas de la capital por culpa del nulo interés negociador que había 28 kilómetros más allá.

La consecuencia de todo ello es que, probablemente, todo este espectáculo político haya afectado negativamente a Podemos en general y a Xixón sí puede en particular. También habrá perjudicado a la FSA. Reforzados saldrán sobre todo Somos, pero también IU y el Grupo municipal socialista en Oviedo. El gijonés se quedará como está. Sin duda el mayor beneficiado será Foro, un partido en disolución en toda Asturias, que ha pasado de 16 a 3 diputados en la Junta en solo 4 años, pero que conserva la mayor población de la región en la que amenza con hacerse fuerte. Quién sabe si acabará convirtiéndose en un partido de ámbito local. Y no sé lo que durará la alcaldía de Wenceslao, ni si se intercambiarán cromos después de las elecciones generales, que parece que es a lo que Podemos y la FSA están mirando, pero sí me atrevo a augurar que si el nivel de compromiso en el gobierno es similar al adquirido en el pacto, Oviedo también tiene mucho que ganar.

Adelantados por la izquierda

Uno de los momentos históricos que se podrían a vivir tras estas sísmicas elecciones autonómicas y municipales se produciría si Oviedo adelanta a Gijón por la izquierda por primera vez en treinta y pico años. Pero antes de que eso ocurra todavía tendremos que asistir perplejos a otras situaciones que no pasarán a la posteridad a no ser en una compilación de decisiones bizarras de la política moderna, un códice que cualquier escribano digital estaría encantado de redactar. Xixón Sí Puede va camino de protagonizar una de las más memorables.

Que no es que a mí me moleste que Mario Suárez, líder de la candidatura impulsada desde Podemos, se presente a la investidura como alcalde de Gijón tras ser la suya la tercera fuerza más votada, no. Faltaría más. La verdad, me da igual. Pero igual tenían que empezar a pensar en tener alguna estrategia política que sirva de cemento para emplastecer las grietas que la ilusión y la bisoñez están abriendo en la imagen que la formación está dando en los medios de comunicación. Y algún medio hay que está aprovechando la información que genera Xixón Sí Puede para impulsar la candidatura que mejor le conviene y que no es precisamente la de Mario Suárez.

Lo que me preocupa, sinceramente, es su inoperancia a la hora de decidir y negociar. Decidir no sé, pero negociar seguro que sí es uno de los mandatos de los ciudadanos que les votaron el 24M. Mientras en Oviedo Ana Taboada ya ha iniciado contactos con éxito con el PSOE para desahuciar al PP de la alcaldía de la capital, en Gijón Mario Suárez sopesa entregar la alcaldía Foro, algo que solo pasaría si el partido antes de Francisco Álvarez Cascos y ahora de Carmen Moriyón logra cerrar el apoyo del concejal de Ciudadanos en la sesión de investidura. Recordemos cómo ha quedado la corporación tras el escrutinio del pasado domingo: FAC, 8 concejales; PSOE, 7; Xixón Sí Puede, 6; PP, 3; IU, 2 y C’s, 1. Y esto es lo que podría pasar si se presentan a la investidura las candidaturas de Foro, la del PSOE y la de Xixón Sí Puede:

  • Foro podría gobernar si, como decimos, obtiene el respaldo de C’S. Aunque empate a votos con la suma del PSOE e IU, gobernaría en todo caso la lista más votada.
  • Los socialistas se quedarían cerca al obtener solo el apoyo de IU -cuyo candidato, Aurelio Martín, ya ha dicho que quiere llegar a un acuerdo para quitar el poder a los discípulos de FAC-, pero tendrían que conformarse con liderar la oposición.
  • Xixón si puede, por su parte, iniciaría una larga travesía por el desierto en solitario en la que no lograría ni la alcaldía, ni el liderazgo de la oposición, ni el control al Gobierno.
  • El PP no apoyaría a Foro si no quiere acabar de desaparecer. Su mejor baza es esperar a que Moriyón no gobierne para que su partido pierda fuerza y poder así los populares tratar de recuperar espacio político a costa de FAC.

Qué es lo que quiere conseguir Xixón Sí Puede presentando su candidatura a la investidura. Pues quiere obligar al PSOE a votarle para poder desalojar a Foro de la alcaldía. Es decir, chantaje. Xixón Sí Puede pretende poner al PSOE ante la plaza pública para obligarle a dar su apoyo a la tercera fuerza más votada, sin haber negociado nada, para retratarle en caso de que su abstención sirva para que gobierne la derecha. Y pretende hacerlo sin rubor, que es lo más extraño. Es decir, que lejos de asimilar que son la tercera fuerza más votada, han decidido que ellos van a convencer a IU para llegar a un acuerdo que sirva de chantaje a los socalistas. Y todo después de que Izquierda Unida haya manifestado publicamente su voluntad de llegar a acuerdos con el PSOE y con XSP para quitar a Foro el poder.

Y lo que es mejor, lo van a hacer previa votación de la ciudadanía. Ojo, si decenas de miles de gijoneses deciden que la estrategia de XSP es la correcta, me callaré y aquí paz y después gloria. Pero la votación deberá ser multitudinaria, porque si apenas unos cientos de ciudadanos deciden el futuro de cientos de miles si la participación en el referendo es baja, XSP habrá perdido las elecciones dos veces. Cada partido tiene su estrategia y Xixón Sí Puede debería tener la suya. Pero para eso es necesario que sepa qué es lo que quiere. Ordenar sus prioridades. Aunque tenga que hacer cien consultas ciudadanas para establecerlas. Pero tiene que aclarar si a) quiere que gobierne la derecha b) quiere que su relación con otras fuerzas se base en el debate o en el chantaje c) quiere ir por libre al entender que sus ciudadanos no se identifican con nada de lo que está pasando desde el 24M. O aclaran estos puntos, o a Xixón le adelanta toda Asturias por la izquierda.

El líder de la manada

Creía que el Partido Popular gobernaría Oviedo con los condicionantes propios de la minoría, pero ahora que su presidenta, Mercedes Fernández, se ha lanzado a tratar de gobernar en Asturias, no lo tengo tan claro. Y eso que yo creo que Mercedes Fernández no tiene la menor intención de sentarse en el sillón de la presidencia del Principado. Desde mi punto de vista, lo que pretende Mercedes Fernández instando a Foro y Ciudadanos a negociar con ella para instaurar un Ejecutivo de derechas es, simplemente, sacar pecho y provocar reacciones. Me explico. No es que crea que Mercedes Fernández desprecie la presidencia, es que -quiero entender- es consciente de que no la va a alcanzar se ponga como se ponga. Pero con su oferta de negociación a FAC y C’s va a propiciar que estos dos partidos se posicionen. En caso de que no la apoyen, reclamará para sí el único liderazgo de la derecha, algo que le puede venir muy bien de cara al futuro a tenor del poco lento proceso de desaparición al que se está sometiendo Foro a sí mismo.

Para gobernar, al Partido Socialista le basta que C’s o Foro hagan caso omiso al llamamiento de Cherines. Y Foro tiene motivos para ello; el PP le negó su apoyo tras las elecciones de 2011 y otra vez después de las de 2012, propiciando así el declive de los discípulos de FAC, que han pasado de tener el gobierno con 16 diputados a casi perder el grupo propio al obtener tan solo 3 escaños. La difícil relación entre PP y FAC invita a pensar que la declaración presidencialista de Mercedes Fernández se debe más a un efecto pavo real que a una intención real de gobernar Asturias. Es decir, es más exhibicionismo de su recuperación, al ganar un diputado aunque haya perdido casi 5.000 votos con respecto a 2011, que oferta sincera de pacto.

La oferta de acuerdo del PP no es solo un mensaje a Foro y PP, es un mensaje a los ciudadanos derechas, para que sepan quién es el partido que manda a ese lado del espectro político. Y, de paso, es un meneo a los partidos de izquierdas, a los que quiere ver unidos para que Mercedes Fernández pueda erigirse en adalid antibolivariano en Asturias. Como estrategia a cuatro años no está mal, la verdad, pero solo será buena si logra el apoyo de Foro y C’s y, como digo, no me parece que lo vaya a lograr. Y si no consigue aglutinar a las fuerzas de la derecha, lo único que habrá conseguido es propiciar que las de la izqierda acerquen posturas. Y si éstos logran entenderse, el Partido Popular perderá la alcaldía de la capital del Principado. Que no digo yo que a la gijonesa Mercedes Fernández le importe lo más mínimo la alcaldía de Oviedo, pero es posible que a su partido sí. Si el PP quiere conservarla, haría bien en negociar, en entenderse con alguien. Y, para eso no le sirven ni Foro ni Ciudadanos

En Oviedo la situación es compleja. Yo creía que gobernaría el PP porque la izquierda no podría ponerse de acuerdo. Los populares han repetido su resultado de 2011, 11 de los 27 concejales. El problema que tienen es que ahora la izquierda suma mayoría, ya que Foro ha desaparecido y Ciudadanos ha entrado solo con dos ediles. Sin embargo, a favor cuentan con otros factores:

1-Agustín Iglesias Caunedo no es Esperanza Aguirre. Ni siquiera Gabino de Lorenzo.

2-Ya han llegado a acuerdos con la izquierda en anteriores ocasiones.

Que Somos sea la segunda fuerza política y que el PSOE haya seguido perdiendo votos cuando parecía que había tocado suelo en 2011, cuando obtuvo en 6 concejales (ahora se ha quedado en 5), hace pensar en que si los socialistas dan su apoyo a una alternativa de izquierdas -cuando se supone que el socialista es un partido de gobierno- podrían acabar diluyéndose en la ciudad. El PSOE lleva en declive en Oviedo desde que perdió la alcaldía el siglo pasado. Cada legislatura da un paso más atrás y en estas elecciones ha logrado sus peores resultados de la historia. Entregar el liderazgo de la alternativa de izquierdas a otros no haría más que apuntalar su ruina. Sin embargo, las negociaciones que la FSA mantenga para recuperar Gijón y dar estabilidad al ejecutivo regional podrían propiciar que la AMSO diera su apoyo a Somos para quitar a Caunedo de la alcaldía de Oviedo. Los socialistas sacrificarían así a la agrupación municipal en la capital, pero dejarían al PP sin Presidencia del Principado, como partido residual en Gijón y sin su tesoro más preciado en los últimos 30 años: la alcaldía de Oviedo.

Da la sensación de que Mercedes Fernández está muy satisfecha con sus resultados. Ha logrado un diputado más, siendo la única candidatura autonómica del PP que ha subido en escaños en estas elecciones en todo el país. La única. Pero claro, ninguna otra candidatura del PP había perdido la mitad de sus diputados hace 4 años, sino todo lo contrario. En ese contexto, la oferta de pacto de Cherines a Foro y C’s puede intepretarse como un bramido de macho alfa de la manada conservadora: “soy el PP y soy el líder de la derecha. Seguidme o desapareced”

Fernández y Cascos se citán a la salida del Debate de orientación política

El Presidente del Principado, Javier Fernández, ha respondido este jueves de forma simpática a los portavoces parlamentarios. Con esto no quiero decir que el jefe del ejecutivo haya estado más dicharachero de lo habitual, sino que el tono de sus respuestas se adaptó a la perfección a las emociones que transmitieron sus interpelantes en sus respectivos turnos de respuesta. Así, Fernández paso del frío al calor, para acabar con el frío otra vez pasando previamente por el templado. Ocurrió en la segunda sesión del Debate de orientación política del periodo 2014-2015, que empezó el miércoles y termina, dios mediante, este viernes, con la votación de las propuestas de resolución de donde saldrá una Comisión de investigación parlamentaria del “Caso Villa”, y otra para indagar sobre si hubo tarjetas opacas en Cajastur. Se trata de sendas iniciativas que el portavoz del Grupo mixto quiere liderar desde una semana después del minuto uno. Esta es la crónica de una jornada en la que ha quedado patente que la absurda y estúpida confusión que llevó a Mariano Rajoy a acabar de leer el texto “fin de la cita” cada vez que recordaba las palabras de su oponente dialéctico, se ha convertido en Trending Topic.

La de este jueves era una sesión que todo el mundo esperaba tensa por varias razones: una, porque el supuesto enriquecimiento de un exlíder sindical y exdirigente socialista venía caldeando el panorama en los últimos días; dos, porque la negociación presupuestaria sigue sin abrirse; tres, porque se trata del último Debate sobre el estado de la región de la legislatura, según dicen unos, o del país, según otros, y nadie querría perder esta oportunidad para sacudir al Presidente sacándole los trapos sucios del incumplimiento programático. En esta coyuntura, cada portavoz eligió unos temas y a éstos les puso un tono. Distinto el de todos ellos. La respuesta del Presidente, no sé si de forma intencionada o no, se ajustó con precisión a cada interpelación, hasta el punto de que bajó a pelear en el fango contra el mejor luchador sobre el barro de la Cámara, al que retó a un cara a cara parlamentario sobre corrupción. Una propuesta de andanadas de hostias dialécticas que estaría bien ver, pero que, sospechamos, jamás se va a producir. Pero vayamos por partes. En orden cronológico, aunque nos dejemos para el final lo más abrupto de la jornada.

Abrió la contienda Ignacio Prendes que, como no podía ser de otra forma, nos dejó un titular: este viernes presentará la citada propuesta de Comisión de investigación. Ninguna sorpresa aquí. Ya se esperaba algo parecido por dos razones:

1) Ignacio Prendes no es mal político, y la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción son argumentos frecuentes de su partido.
2) UPyD busca el titular en cada capítulo político, llámese Debate, llámese negociación presupuestaria. Y lo consigue, lo que refuerza la primera parte del punto 1), Ignacio Prendes no es mal político.

Prendes estuvo duro. Tras repasar todos los incumplimientos, a su juicio, del Gobierno asturiano, se metió de lleno en el papel de adalid de la legalidad para asegurar que la corrupción en Asturias es estructural, por lo que considera que el pacto que ayer ofreció Javier Fernández está vacío. Todo esto para hablar de Villa, que todavía no sabemos si es un corrupto o no, pero que ya lo damos todos por sentado porque, como dirían Rajoy y/o @masaenfurecida, “eso sentará las bases de la recuperación”. La respuesta de Javier Fernández fue, como decimos, simpática. Como si de un fiel seguidor de este blog se tratara, acusó a Prendes de oportunismo político y nos dejó una de sus perlas del pleno. Quizá la frase que todos estaban esperando sin saberlo: aseguró haber actuado con celeridad expulsando a Villa, aún cuando éste no había respondido a sus peticiones de información, “porque no tengo miedo” de lo que pueda salir de este caso. Y luego ambos se enzarzaron en una discusión sobre quién miente más y quién fue el responsable de romper el famosísimo pacto de legislatura más breve de la historia, firmado entre UPyD y PSOE, y vinculado a sacar adelante una reforma de la Ley electoral por mayoría reforzada y todo aquel cristo que seguro recordarán los lectores y que acabó con la prórroga presupuestaria. La conclusión es que a día de hoy siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuántos votos son necesarios en una mayoría reforzada.

Después fue el turno del portavoz de IU, Aurelio Martín, que, quizá por haber leído su discurso muy despacio, pareció el más conciliador de los intervinientes. También negó capacidad de Gobierno a Fernández, pero no se excedió en el caso Villa en un discurso marcado por un tono tipo “ese tío lejano que vemos poco y que cuando llega a casa intenta tratarnos como si nos conociera de toda la vida”. Ya sabéis a qué tono me refiero. Conciliador. Cercano. Amable. Tranquilo. Un poco fuera de lugar, a tenor de lo que nos esperaba en el resto de la jornada. Quizá por eso, o quizá porque IU ha sido el tradicional socio del PSOE en la Junta General, el Presidente usó también un tono conciliador. En este caso el tono “no te olvides de que una vez fuimos amigos, ven para acá que no te voy a pedir dinero”. Y con ese tono amable nos dejó otro de los titulares de la jornada: una propuesta de rebaja fiscal en el tramo autonómico del IRPF, como punto de partida para negociar los presupuestos con la coalición. Yo no sé si porque de verdad no quería hablar de ese asunto, o porque quien lidere la negociación presupuestaria en IU será su Coordinador General -que no es diputado y no estaba en el estrado para contestar-, Martín no entró al trapo, no respondió, y aseguró que su formación acudirá encantada a negociar, pero con sus propias propuestas presupuestarias. Con todo, Aurelio Martín dio la sensación de ser el único en todo el hemiciclo que parecía entender de qué iba el rollo ese de orientar la política general del Gobierno, y tal.

A continuación llegó el turno de Mercedes Fernández, cuya intervención dejó todos locos a propios y extraños, tal y como describiría cualquiera que haya pasado por la Cámara. Empezó hablando de Villa y propuso al PSOE que liderara la Comisión de investigación. No se extendió porque su partido no está para dar lecciones éticas a nadie, cuando está investigado en el ámbito estatal, y en el local mantiene a un concejal no solo imputado, ni tampoco con el juicio oral a la vista, sino condenado por la justicia. Y ahí está, cobrando del Ayuntamiento de Oviedo puntualmente, sin retraso alguno. Su discurso, el de Cherines, fue de mejor a peor y se recuperó en algunos puntos. Fue conciliadora y, por supuesto, no se olvidó de lanzar puyas a Cascos, que para eso lo tenía justo enfrente. Pero el Presidente acertó a responderle con el mismo tono y usando el mismo batiburrillo de argumentos, que se resumen en reprochar a la popular que no defienda en Madrid lo que persigue en Asturias. Mercedes insistía en que la Administración del Principado es mastodóntica, y Javier acertaba en preguntarle qué sociedades públicas recortaría y cuánto pensaba ahorrar. El Presidente le pidió su opinión sobre tres empresas de capital público: SEDES, VIPASA y RTPA, pero la popular solo acertó a criticar a VIPASA mientras se perdía por los ríos y ríos que según ella corren por la variante de Pajares. Todo, como digo, muy loco. Y, aún así, no estuvo mal Cherines, que se mostró prudente e, incluso, agradecida, cuando el Presidente le pidió disculpas por un error dialéctico.

Y fue entonces cuando llegó Cascos con aire de “me da igual lo que me digan, yo he venido aquí a hablar de mi libro” y empezó a repasar los incumplimientos y errores del Presidente, los de Rajoy, los de Aznar, los de Rita Barberá y los de María santísima, para adjudicárselos al primero que pasara por allí (que no era otro que Javier Fernández). Y no contento con eso, habló de Villa. Hay que reconocer que como adversario político, Cascos debe ser terrible. Sacó a Javier Fernández de sus casillas, que le retó a un debate sobre corrupción como quien ofrece hostias a la puerta de un bar. El líder de Foro es único en las distancias cortas porque su actitud es la de “me la pela” las 24 horas del día y el Presidente asturiano cayó en la trampa. Entró al trapo. Se metió en la distancia corta. Se fajó con Gürtel cuando Cascos le pidió información sobre el exsecretario general del SOMA, y se perdió en referencias a la efímera Presidencia del Principado del exministro. Y Cascos no perdió la compostura. Ahí de pie. Como quien se niega a que otro le quite el sitio en la cola del pan. Impertérrito. Cumpliendo con su guión. Atacando a La Nueva España y a RTPA como si eso importara a los ciudadanos que hayan sentido la curiosidad de seguir el debate por… RTPA. Usando argumentos como si fueran ciertos. En su salsa, en definitiva. Un maremagnun. Menos mal que en estos debate el tiempo es limitado y el Presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, hizo sonar la campana, para que luego saliera el portavoz socialista, Fernando Lastra, con su eterno mono de desatascador y su perenne tono reconciliador. No sé muy bien lo que dijo, pero le agradezco que haya sido breve. Fin de la cita