Análisis de la precampaña

Ha comenzado la campaña electoral, amigos, y con ella los distintos partidos reciben licencia para repetirnos lo que ya nos han contado en la precampaña hasta la saciedad. Es ley de vida; nos toca pasear al perro entre árboles engalanados con los rostros de los candidatos o robar un beso de amor a nuestra pareja apoyados en una pared empapelada con eslóganes que ensalzan los más altos ideales sociales entre siglas de unos y otros.

Todo apunta a que la vigente campaña será hosca en el ámbito nacional e insulsa en el autonómico; no hay datos, a día de hoy (cuando ta sólo llevamos 17 horas inmersos en ella), que inviten a pensar otra cosa. En cualquier caso, eso habrá que estudiarlo más adelante, hoy toca analizar lo que ha dado de sí la precampaña, periodo previo en el que los partidos hacen como que están en campaña electoral y que puede durar entre una semana y cuatro años, en función de cada uno de ellos. Analicemos cualitativa y cuantitativamente la precampaña de los candidatos asturianos de los partidos más relevantes:

PSOE: Adriana Lastra, lo bueno si breve.

Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadaver de tu enemigo pasar. Con este proverbio como estrategia ha desarrollado su precampaña el Partido Socialista durante las últimas 24 horas. No ha necesitado mucho más. La guerra interna en el PP ha hecho innecesario que la candidata Adriana Lastra tuviera que pasar excesivo tiempo en el Principado. La idea que me he formado en la cabeza es la siguiente: Lastra y su equipo elaboran un argumento para embelesar al electorado. Creen que es el argumento definitivo. Les dará una victoria aplastante. Es como el chiste más gracioso del mundo, que hace morir de risa a quien lo escucha, pero en formato propaganda electoral; hará votar al Psoe a quien le llegue. Lo redactan, lo corrigen y lo firman, y, cuando están a punto de expresarlo con toda la pompa que merece, el PP asturiano vuelve a enzarzarse en otra pelea interna. Lastra mete las manos en los bolsillos y se va silbando como quien pasaba por allí por casualidad.

PP-Foro: Paloma Gázquez, la sísifo de la derecha liberal conservadora.

Al PP le ha pasado justamente lo contrario. Paloma Gázquez lleva desde el 15 de marzo de precampaña. Ha fundido siete podómetros. Sale en casi todas las imágenes de Google Street View. Sin salir de Asturias ha recorrido tres veces la distancia entre la Tierra y Marte. Ha estado en el campo, en el mar, en la montaña, en la ciudad, en los pueblos, con los empresarios, con los trabajadores. En ocasiones he temido encontrármela al correr la cortina de la ducha. No ha pasado a día de hoy. Cuando su duelo con Teresa Mallada por ver quién trabajaba más parecía condenado al empate, siempre ha aparecido algún compañero de partido para sacudir la precampaña con alguna trifulca interna para devolver a ambas al punto salida. La metáfora que me he formado en la cabeza es la del juego de la oca: recorres todas las casillas, sorteas el pozo y la carcel y, cuando estás a punto de llegar a la meta, caes en la casilla que te devuelve al inicio de la partida. Como apunte diré que Isidro Martínez Oblanca, el candidato de Foro, es un hombre muy dispuesto al mitin, pero en esta ocasión ha parecido que pesaba más el hecho de que, en las siguientes elecciones de mayo, su partido y el PP van a ser rivales, por lo que ha dado la sensación de que no ha querido prodigarse en argumentos que dentro de un mes iba a tener que corregir.

Unidas Podemos: Sofía Castañón, con Pablo y a lo loco.

A Podemos le pasa un poco como al PP y da la sensación de que van a rebufo de las encuestas. También se han encontrado con el problema de que sus dos candidatos, hoy amigos, serán rivales en las elecciones autonómicas. Igual el por eso que el chaval de Izquierda Unida no ha tenido una precampaña suficientemente intensa como para que el electorado se quede con su nombre. Sofía Castañón, sin embargo, se ha dejado abrazar muchos estos días. Ha contado con la fortuna de haber tenido al amado líder en Asturias, pero tendrá la desventura de no verlo por estos parajes durante la campaña. Casi podríamos decir, por tanto, que el principal acto de campaña de Unidas Podemos ha sido la precampaña, en la que se han esforzado por conversar con todos los colectivos sociales y asociaciones inscritos en el registro oficial. Las cosas como son, la de Castañón es, con la de Pablo Casado, una de las mejores sonrisas del ámbito político. A tenor de las encuestas, la va a necesitar.

Ciudadanos: Ignacio Prendes, pasaba por aquí.

Si a Podemos le pasaba como al PP, a Ciudadanos le pasa como al Psoe. Ignacio Prendes tampoco ha necesitado hacer precampaña. El viento es favorable para él y los suyos ya que todos los sondeos apuntan a que crecerán. Prendes es ya un peso pesado de la política estatal y se ha dejado ver por aquí un ratito para compartir fotografía con Juan Vázquez, el candidato independiente a las autonómicas. La idea que me viene a la cabeza es la de ese jefe enrollado que sólo se pasa por la oficina para preguntar a los empleados qué tal están, felicitarles por el trabajo realizado y desearles un buen fin de semana. Sin embargo, no es que Ignacio Prendes haya hecho una precampaña corta, más bien parece que se ha sumado a la precampaña larga de Vázquez, aprovechando que el Sella pasa por Arriondas.

Actúa

Ángel López es el candidato por Asturias y Gaspar Llamazares estuvo con él el otro día. Un poco esa ha sido su precampaña. Tampoco podíamos pedir mucho más a un partido que se acaba de formar y tiene, de momento, poco peso mediático. Básicamente tiene el de sus impulsores. Su precampaña ha consistido en explicarnos que la izquierda tiene que sumar, que si es sin Podemos mejor, pero que también están invitados, y que Izquierda Unida antes molaba.

Vox

Muy buena precampaña de Vox en Asturias al encontrar un candidato que no haya tenido un pasado neonazi. José María Figaredo Álvarez-Sala ha sido el designado.

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Golpe de derechas

En la primavera de 2011, Foro Asturias Ciudadanos -partido fundado pocos meses antes de las elecciones- obtuvo una inesperada y trascendental victoria en las urnas que llevó a su líder, Francisco Álvarez Cascos, a la Presidencia del Principado. Fue inaudito, Fue brutal. Supuso una insospechada mayoría absoluta de la derecha que derivó en que ésta no gobernara nada más que un año desde entonces y hasta el día de hoy.

La falta de subvenciones para la investigación podría estar frenando las pesquisas de varios posibles equipos científicos que quién sabe si podrían averiguar por qué a derecha le da por suicidarse cada vez que llega al poder en Asturias. Es un misterio inescrutable que, si no se investiga hoy, ya se investigará mañana para alborozo de los IG Nobel. Aquel triunfo de FAC liderado por F.A.C. no fue una excepción.

Cascos ganó las elecciones autonómicas de 2011 haciedo bueno el vaticinio de Cristina Coto, quien, al cierre de los colegios electorales, aseguraba orgullosa que la escisión del PP se había hecho con el triunfo. A partir de ese momento los foristas se dispusieron a gobernar en solitario, no sin antes haber flirteado con los populares, cuyo sustento habría sido determinante para sacar adelante un programa electoral liberal-conservador de toda la vida.

Este blog ya dedicó en su momento varios artículos a defender la opinión de que sostener a Foro no era un buen negocio para el PP. Se insinuó en esta entrada que después sería plagiada vilmente por un articulista de La Nueva España; se explicó ya de forma más exahustiva en esta otra y se continuó argumentado en otras muchas, aquí, por poner otro ejemplo. No es por darme importancia pero el tiempo acabó dándome la razón, y en todos los ámbitos en los que el PP negó su apoyo a Foro, el partido casquista acabó sucumbiendo hasta rozar la desaparición, mientras que en aquellos lugares en los que los populares ayudaron a los foristas fue el PP el que acabó diluyéndose a la sombra de un FAC creciente (sí, hablo de Gijón).

Que no digo yo que Teresa Mallada sea lectora de este blog irregular y perezoso, pero bien aprendida tenía la lección cuando rechazó una posible coalición PP-Foro de cara a las próximas elecciones generales. Una coalición que sí quiso Mercedes Fernández, quien, sin embargo, jamás quiso apoyar a Foro en el Principado y liquidó a la líder de los populares gijoneses que sí voto a los foristas para que no se reeditara un Gobierno socialista en la Villa de Jovellanos (estos episodios también pueden ser revisados en este blog aquí o quizá aquí, ya no me acuerdo).

Lo cierto es que Mallada, como buena candidata que no es Presidenta del partido, acató las directrices de sus superiores y la coalición se firmó hace poco. Desconozco las encuestas que maneja Casado pero, por malas que sean para sus intereses en Asturias, dudo que compensen la pérdida de una oportunidad de oro para anular definitivamente a una de sus más feroces competencias en Asturias en general (ya menos) y en Gijón en particular. Por dos razones: porque Foro cobra vida al mantener probablemente su diputado en el Congreso, lo que les sigue dando visibilidad, y porque Foro por libre quizá podría hacer algo de tapón a la probable irrupción de Vox, fuerza más allá de la derecha que lo tendrá más fácil en las plazas en las que los casquistas no son representativos. Vox es a largo plazo más peligroso para el PP que Foro, al tratarse de un partido de ámbito nacional que, por alguna razón que se me escapa, está teniendo un immenso impacto mediático a pesar de ser una fuerza extraparlamentaria.

Sea como sea, en mayo la derecha tiene una nueva oportunidad para gobernar Asturias. Una muy clara, por lo que los ciudadanos quizá podamos volver a tener la ocasión de presenciar un Hara Kiri político conservador. Aunque yo sigo sin tener muy claro que las fuerzas de la derecha se vayan a poner se acuerdo si Vox irrumpe en la Junta General. Sinceramente, no veo a Juan Vázquez, un intelectual liberal y progresista, antaño cercano al Psoe, exrector, ilustrado y simpático, sentándose a negociar nada en una mesa en la que esté presente un discípulo de Santiago Abascal. No me acabo de imaginar a Vázquez tragando sapos en forma de medidas xenófobas o retrógradas. Antes veo más otro golpe de derechas.

En sus marcas

Las elecciones ya no son lo que eran. Al menos las próximas no serán lo que fueron las celebradas el mes de diciembre pasado. Y no lo serán porque los partidos concurrentes no llegan de la misma forma a la cita, sino que su posición se ha visto condicionada por todo lo acaecido desde que se escrutó el último voto el 20D, que no fue poco. Irrelevante, sí, pero abundante. Los partidos se han movido mucho, quizá porque han valorado que los ciudadanos tendremos en cuenta a la hora de votar quién ha hecho más por negociar o quién es el que ha preferido que hubiera otras elecciones. No consideran que el pueblo pueda tener entre sus indicadores el de quién ha sido más pesado en todo este tiempo.

El PP se presentará a esta nueva convocatoria después de haber hecho radical y absolutamente nada, siguiendo al pie de la letra una estrategia de hechos consumados que les llevó a aprovechar un supuesto pacto entre PSOE y Podemos -en el que sólo los populares tenían intención de creer- para evitar el escarnio que Rajoy podría haber sufrido en una sesión de investidura. La misma estrategia hizo que Rajoy nunca llamara a Pedro Sánchez porque, presuntamente, éste iba a rechazar cualquier propuesta del Presidente en funciones. Así las cosas, y fiel a su estilo, Mariano Rajoy se ha tirado cuatro meses y medio para ir a Bruselas, hablar por teléfono con un Puigdemont de mentira, verse con el Puigdemont de verdad, rechazar tres veces al rey y beber vino con Bertín Osborne, actividades que le garantizan el mismo número de votos de cara a las próximas elecciones que el logrado en 2015, si no alguno más. En este impás, la corrupción ha azotado a su partido por arriba y por abajo, es decir, como antes de las anteriores elecciones, con lo que no habrá mayores consecuencias.

Pedro Sánchez tampoco llega en las mismas condiciones. Ahora está vinculado a un pacto firmado con Ciudadanos que, por mucho que se rompa de cara a la cita con las urnas, va a estar presente en todo momento. Sobre todo porque todo el mundo coincide en que los resultados de los nuevos comicios podrían ser similares a los registrados en diciembre, con lo que es probable que ambos partidos tengan que volver a negociar una investidura sea de quien sea. Si eso se produce, a nadie se le escapa que el texto acordado en esta entente liberal-socialdemócrata podría volver a ser la luz que ilumine el camino. Otro factor que condiciona a Pedro Sánchez de cara a la nueva votación es que, de momento, está diversificando sus ataques. Si antes del 20D su objetivo era Rajoy, ahora está gastando munición también con Pablo Iglesias. A todo esto, antes de que le consideremos candidato tendrá que pasar por las primarias que, ha dicho, convocará su partido. A ver qué pasa.

Pablo Iglesias se presenta a la nueva cita con mayor desgaste. Su partido ha sufrido crisis internas que por su bisoñez se podrían considerar inéditas. Ya tienen dimitidos, cesados, familias e investigados, justo como el resto de las fuerzas políticas tradicionales. Además, -como decimos- ahora tiene al PSOE dándole caña, cosa que no pasaba con tanta virulencia en la previa del 20D. Para colmo, tendrá que volver a negociar con las mareas, que tiene a Compromís yendo por libre y a En Comun Podem sin referendum. Por lo demás, sigue planeando la sombra de un hipotético pacto con IU que antes no se cerró y ahora dios dirá. Perdón, el ciudadano dios dirá.

Ciudadanos ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Propuso pactar con el PP, luego pactó con el PSOE; propuso un presidente tecnócrata y vetó a Podemos; se posicionó a la izquierda, a la derecha, liberal, socialdemócrata; lo hizo todo, todo para lograr la visibilidad que no le pudo dar un extraordinario resultado electoral en diciembre: los 40 diputados más irrelevantes de cara a un pacto de Gobierno que jamás ha visto el Congreso. Ahora todo ese bagaje le pesará o le impulsará, nunca se sabe. Lo cierto es que si ha habido un partido visible y activo ese ha sido C’s. Han sido fuegos de artificio, pero han sido llamativos.

Izquierda Unida parte de una posición no mejor, pero sí distinta a los demás: será difícil que pierdan más diputados. La coalición sólo puede ganar en esta cita y Podemos lo ha visto. A falta de saber si se cerrará el famoso pacto con los morados, Alberto Garzón puede alardear de ser el político mejor valorado, título que casi siempre corresponde en este país a algún líder carismático y sin opciones de Gobierno.

Los partidos minoritarios tendrán en la próxima cita una nueva oportunidad para entrar en el Parlamento. El mejor posicionado es Pacma, el partido que más crece en cada convocatoria electoral y el único, de momento, cuyo nombre responde fielmente a las circunstancias socio-ideológicas de la formación. UPyD podría recuperar su presencia en el Congreso si logra que alguien sepa quién lo dirige. Vox podría reivindicar un espacio en la derecha, otra cosa es que alguien le escuche.

Sea como sea, ya casi todo está listo para que volvamos a votar. Y esta vez tendremos más información. Sólo falta que el rey diga lo de preparados, listos, ya.